Sunday, June 08, 2014

Una lectura absolutamente recomendada: "Esa inconveniente verdad acerca de los judíos de los países árabes. Entrevista a Nathan Weinstock" - Haaretz



Nathan Weinstock no había planeado escribir un libro acerca de los judíos de tierras árabes. Pero cuando levantó la vista para obtener información acerca de la historia moderna de Marruecos o de la judería iraquí, se sorprendió al descubrir que no había ningún libro en francés que contara la historia de la eliminación de las comunidades judías en el Oriente Medio y el Norte de África a mediados del siglo XX.

"Al final", dice, "me decidí a escribirlo yo mismo".

Uno de los sorprendentes descubrimientos que hizo fue el fuerte vínculo con sus raíces que sentían muchos de los aproximadamente un millón de judíos del norte de África y del Oriente Medio que dejaron sus hogares en la década posterior a la creación de Israel.

"La historia que yo conocía", comenta Weinstock en una entrevista por Skype desde su casa en Niza, en el sur de Francia, "era que los judíos estaban felices de abandonar los países árabes en el momento en que se les dio la oportunidad de hacerlo. No nos dijeron nada sobre la conexión profunda de esos judíos con la cultura árabe, por ejemplo. Fue sólo después que me enteré que los escritores judíos fueron la base de la literatura iraquí. Y que a mediados del siglo XIX en Egipto, el hombre que inventó el lema nacionalista de 'Egipto para los egipcios', y que era conocido como 'el Molière egipcio', era un judío llamado Jacob Sanua". 

"En el curso de mi investigación", continúa, "me enteré de que la historia que nos habían contado - que los judíos dejaron los países árabes porque eran sionistas - estaba en su mayor parte equivocada. Es cierto que tenían una gran afinidad con la Tierra de Israel - lo que es sin duda correcto -, pero el movimiento sionista organizado era muy débil en los países árabes. La gran masa de los judíos salió bajo coacción. Fueron expulsados. Fueron sometidos a tal enorme presión que no tenían más remedio que irse".

Weinstock, un historiador autodidacta, ahora de unos 70 años, que publicó anteriormente estudios sobre el movimiento Bund en Europa del Este y sobre literatura yiddish, decidió asumir la tarea de escribir una crónica de la expulsión de los judíos de los países árabes. El resultado es un libro que fue publicado en Francia en 2008 como "Una si longue présence: Comment le monde arabe a perdu ses Juifs, 1947-1967" ("Una presencia tan larga: Cómo el mundo árabe perdió a sus judíos, 1947-1967") y que ahora ha aparecido en hebreo.

Se trata de un libro muy completo, detallado, interesante y persuasivo, con más de 900 notas a pie de página, y uno de los primeros en abordar en este contexto a la minoría judía de la Palestina Otomana. Weinstock se ha basado principalmente en fuentes secundarias, pero también ha utilizado algunas fuentes primarias en francés de los archivos de la Alliance Israelite Universelle de París, por ejemplo.

Lo que hace que la decisión de Weinstock de escribir sobre la expulsión de los judíos del mundo árabe es especialmente sorprendente por su propia biografía política: Fue una de las principales figuras de la izquierda antisionista en Francia durante los años 1960 y 70. De ver a Israel y al sionismo como un proyecto colonial destinado a desposeer a los palestinos, Weinstock sufrió una especie de conmoción conceptual dramática que le llevó a abordar un aspecto doloroso que raramente se discute el conflicto árabe-israelí.

"Este libro es la historia de una tragedia", escribió en una introducción especial a la edición en hebreo, "el desarraigo de cientos de miles de judíos mizrahi, que fueron arrancados cruelmente de sus hogares y tierras. Comunidades enteras de judíos, que siempre habían residido en el corazón del mundo árabe-musulmán, fueran sometidas a la expulsión, la persecución y a liquidaciones maliciosas... Sin embargo, este drama sigue siendo desconocido y se ha negado durante un largo período".

Weinstock, que nació en Amberes en 1939, abrazó las opiniones pro-palestinas y antisionistas, incluso antes de la Guerra de los Seis Días de 1967. Como tal, fue invitado tres semanas antes del estallido de la guerra para hablar con el sindicato de estudiantes palestinos en París. El corresponsal en París del diario israelí Maariv, Uri Dan, informó sobre dicho evento en ese momento: "La parte más deprimente de todo fue la aparición de Nathan Weinstock, un judío que tenía un lugar de honor en el escenario y que pronunció el discurso de apertura... Weinstock fue aún más radical y extremo que los árabes en los ataques que lanzó contra Israel".

En retrospectiva, nos explica Weinstock, ese evento le mostró como interpretar el papel de "idiota útil" en esos momentos. "Me emocioné cuando me levanté para hablar a los estudiantes palestinos", me dijo. "Muy ingenuamente, yo estaba convencido de que los estudiantes palestinos estarían felices de oír mi mensaje pacifista. Así que me quedé asombrado cuando ninguno de ellos mostró el más mínimo interés por lo que dije. En su lugar, escuchaban extasiados a Radio El Cairo, deleitándose con cada palabra y tragándose sus anuncios jactanciosos de que los ejércitos árabes no tardarían en lanzar a todos los judíos al mar".

En 1969, Weinstock publicó "Sionismo: el Falso Mesías", un panfleto antisionista (en francés, una traducción inglesa salió una década más tarde), que rápidamente se convirtió en la biblia de la propaganda anti-israelí en Francia. Gradualmente, sin embargo, se fue dando cuenta de "la naturaleza antisemita del ataque ciego contra Israel".
En primer lugar, "los sionistas estaban condenados, luego seguía  la toma de control sionista de los medios de comunicación, y, finalmente, la dominación sionista del mundo sionista. Cuando me pidieron el libro, mi crítica de los palestinos, aunque fuera menor, siempre era omitida. Al final, comprendí que me habían utilizado. Mis oyentes no tenían ningún interés por mí. Para ellos, yo era una coartada judía por su postura anti-judía". 
La gota que colmó el vaso para Weinstock fue el fracaso de la cumbre de Camp David en el año 2000. "Una vez más el liderazgo palestino evitó asumir la responsabilidad", nos dice. "El liderazgo palestino era cobarde, y no quiso decirle a su nación que uno tiene que saber cuándo concluir la lucha ya que el objetivo central se ha logrado".

- ¿Cómo explica usted su inversión de polos políticos, de gurú antisionista de la izquierda radical en su juventud, a partidario de Israel hoy en día?

"En la década de 1960 estaba bajo una fuerte influencia trotskista, y tomé un enfoque doctrinario a los problemas, no sobre la base de un verdadero intento de analizarlos, sino con el fin de ajustarlos a posiciones simplistas preestablecidas. La izquierda radical no ha reconsiderado ese período, y en muchos sentidos, sus sonidos son exactamente los mismos hoy. Cuando uno mira a quienes apoyan a los palestinos en Europa - y está claro que los palestinos sí tienen derechos que deben ser abordados - se ve que no les importa otra cosa: ni los armenios, ni la cuestión chipriota griega, ni lo que está pasando en el Sáhara Occidental... Sólo hay una cosa que les interesa, y no puedo aceptar eso".

"También tenemos que recordar", continúa diciendo "que Israel tomó una postura hipócrita en ese período, y que era muy difícil expresar críticas sobre su comportamiento. Mientras tanto, una generación de 'nuevos historiadores' surgió en Israel, como Benny Morris, quien tenía una visión realista de la historia. Al igual que en todos los países, hay zonas oscuras en Israel que necesitan ser examinadas. Pero, ¿ha existido algún país en la historia sin rincones oscuros que se mantuvieran ocultos? Este proceso está en marcha hoy en día en Israel, pero ¿dónde están los 'nuevos historiadores' palestinos? Para salir de la maraña, los palestinos deben mostrar coraje y elegir el camino de la convivencia con los israelíes. Esta es una tarea que sólo ellos pueden realizar por sí mismos".

En 1945, nos señala Weinstock, casi un millón de judíos vivían en el mundo árabe, mientras que hoy en día solo quedan cerca de 4.500, la gran mayoría de ellos en Marruecos. Según Weinstock, no hay precedente de un fin tan dramático de las comunidades judías en cualquier parte del mundo, incluso durante el Holocausto. ¿Qué fue entonces lo que provocó la salida masiva de los judíos de los países árabes? "No fue el sionismo el que provocó una desconexión de los judíos con su entorno", nos dice. "Por el contrario, en la mayoría de los casos al movimiento sionista le fue difícil conseguir partidarios. De hecho, los judíos también trataron de formar parte de los movimientos de liberación nacional árabe. Por ejemplo, el rabino jefe de Egipto durante mediados del siglo XX, Chaim Nahum, a menudo se pronunció en contra del sionismo; en Irak, los comunistas judíos fundaron la Liga Anti-Sionista. Activistas comunistas judíos del norte de África expresaron su solidaridad con los pueblos del Magreb y estaban en la vanguardia de la demanda de una liberación nacional".

Weinstock nos cita un gran número de ataques y pogromos contra las comunidades judías en los países árabes, los cuales rara vez se mencionan en los planes de historia de Israel. En 1912, 12 judíos fueron asesinados en Shiraz, Irán, y 51 fueron asesinados ese año en Fez, Marruecos. En 1934, 25 judíos fueron asesinados en la ciudad argelina de Constantina.

En Irak, 150 judíos fueron asesinados en la revuelta de Farhud de 1941, un pogromo de tres días. Siete años más tarde, tras el establecimiento de Israel, Irak declaró la ley marcial y lanzó una ola de persecuciones antijudías. Muchos judíos fueron arrestados, juzgados y condenados, algunos fueron condenados a muerte, otros recibieron penas de cárcel o como mal menor grandes multas. En esta etapa, a los judíos se les prohibió salir del país, pero en 1950 Irak permitió a los judíos a emigrar siempre que renunciaran a su ciudadanía y a sus bienes.

"El continuo deterioro de la situación de los judíos, y el ambiente de odio que les rodeaba los condujo a una huida masiva del país", escribe Weinstock.  La mayoría de la población judía (el 90% de un comunidad de 150 000) abandonó el país ese año, en medio de un saqueo masivo de sus bienes por parte de las autoridades.

En Egipto, los disturbios anti-judíos estallaron en noviembre de 1945, en el aniversario de la Declaración de Balfour, pero la declaración del Estado de Israel tres años más tarde desencadenó una persecución aún más seria. Cientos de judíos fueron arrestados, acusados ​​de participar en partidos sionistas o comunistas y les confiscaron sus bienes. Los continuos ataques contra los judíos comenzaron ese junio. Bombas fueron plantadas en el barrio judío de El Cairo, y dicho barrio y el de Alejandría fueron incendiados. La mitad de la comunidad judía del país se fue en ese mismo momento, y el resto fue expulsada ​​durante la Guerra del Sinaí de 1956. A los judíos que fueron expulsados ​​no se les permitió llevarse o vender sus propiedades.

"La policía llegó y echó de sus camas a comerciantes, carpinteros, orfebres y vidrieros, pero también a abogados bien conocidos", escribe Weinstock.

- ¿Existía algo en común entre las diferentes comunidades?

"Sí, en cuanto a la condición jurídica y social que los judíos compartían bajo el dominio islámico. Poseían el estatus de dhimmi, que significa 'persona protegida'. Se proporcionó a los judíos la protección de las autoridades, pero al mismo tiempo se les colocaba en una posición inferior, de humillado y despreciado. A los judíos no se les permitía portar armas en estos países, en los que portar un arma se considera un signo sobresaliente de virilidad. En algunos casos, como a principios del siglo XIX en Marruecos, los judíos fueron obligados a ir descalzos o a llevar una ropa humillante".

A cambio de la protección del gobierno, los judíos tenían que pagar un impuesto especial. "Nada mejor describe el desprecio que entraña la condición de la dimmitud", escribe Weinstock, "que el ritual de humillación que acompañaba el pago anual del impuesto sobre la subyugación en Marruecos, en fechas tan recientes como el final del siglo XIX. Cada año, en una fecha fijada, el líder de cada comunidad judía tenía que entregar el dinero al representante del sultán, quien por su parte tenía que dar una palmada [al judío] o golpearlo con un palo con el fin de recalcar la desigualdad entre el dador y el receptor, por la naturaleza de su nacimiento".

"En Yemen, la 'ordenanza de letrinas', introducida con el mismo espíritu, fijaba obligación de la comunidad judía de limpiar periódicamente los pozos negros y los cadáveres de animales que bloqueaban la vía pública. (La ley estuvo en vigor hasta 1950)"

Weinstock describe un estado de cosas muy distinto a ese mito almibarado acerca de las relaciones armoniosas entre los judíos y los árabes bajo el dominio islámico. Menos de 100 años después de que el sultán otomano invitara a los exiliados de España para instalarse en todo su imperio, por ejemplo, uno de sus descendientes, Murat III, ordenó "la liquidación de todos los judíos". El médico judío del sultán convenció a su madre para que intercediera, y la orden fue rescindida.

Con los años, numerosas leyes fueron promulgadas discriminando a los judíos, desde la prohibición de montar a caballo, a la necesidad de llevar una ropa en particular, la prohibición de prestar declaración ante el tribunal o la prohibición de construir viviendas de una cierta altura.

Al mismo tiempo, señala Weinstock, las leyes no se hacían cumplir de manera idéntica en cada lugar y en cada período. Por ejemplo, un estudio de los documentos de la Geniza de El Cairo, que se remonta al siglo IX, muestra que las regulaciones sobre la ropa no se observaban en general.

"Hubo períodos en que los judíos tuvieron mucho éxito en el mundo musulmán", nos dice Weinstock. "A veces, ellos formaron parte de la élite. Las regulaciones de los dhimmi y la escala de la humillación también difiere de un lugar a otro y de una época a otra. Pero el eje central que dictó la actitud hacia los judíos era su estatus de dhimmi, lo que significaba el sometimiento al grupo gobernante musulmán".

Weinstock cita a un sultán de Marruecos que dijo a mediados del siglo XIX: "Nuestra gloriosa religión les otorga solamente signos de oprobio y de inferioridad".

Weinstock también examina la situación en Tierra Santa a través del prisma de la dhimmitud. La minoría judía que vivía bajo el dominio otomano experimentó la humillación y la subordinación, nos comenta. Los disturbios anti-judíos fueron fomentados una y otra vez en los siglos XVIII y XIX. Nos cita como el cónsul británico en Palestina escribía en 1831 que la extorsión y los actos de represión contra los judíos eran tan numerosos que se decía "que los judíos tenían que pagar incluso por el aire que respiran".

En el ocaso de la dominación otomana, hace un siglo, fue fundada la primera "ciudad hebrea" (la actual Tel Aviv), un renacimiento de la lengua hebrea comenzó a hacerse sentir, y se establecieron asentamientos agrícolas cooperativos judíos. La población árabe local, nos comenta Weinstock, sintió que la tierra estaba desapareciendo bajo sus pies, mientras esos judíos dhimmi, a quienes se suponía poseedores de un estatus inferior, cada vez se esforzaban más, incluso por la independencia.

Según Weinstock, lo que subyace en la creciente hostilidad hacia la población judía en Palestina fue la constatación de que los judíos dhimmi abandonaban su estatus jurídico tradicional de humillación y sumisión. En retrospectiva, el escritor mantiene que el estatus de dhimmi, por una parte, y el intento declarado por el movimiento sionista de librarse de él, por el otro, en última instancia condujo al rechazo de los árabes del plan de partición de las Naciones Unidas en 1947 y a la Guerra de la Independencia el año siguiente.

Los palestinos locales y el mundo árabe se negó a conceder a los judíos del país un estatus diferente del de dhimmi, y eran aún mucho menos propensos a reconocer los derechos nacionales de los judíos. El sionismo, por su parte, no podía aceptar la soberanía árabe sobre toda Palestina, una situación en la que la minoría judía volvería a encontrarse bajo el estatus de dhimmi. "Históricamente", nos afirma Weinstock a continuación, "el estatus de dhimmi es la raíz del conflicto".

- ¿Qué impacto mantiene esa actitud (de la dhimmitud) hoy en día? 

"Sigue afectando a las relaciones árabe-israelíes, incluso hoy en día, porque a ojos árabes el judío que ahora vive en Israel es el mismo judío que habitualmente veía como un ser humillado, y que ahora está tomando su venganza. Los árabes experimentaron y experimentan el establecimiento y la existencia de Israel, hasta el día de su venganza, como un hecho muy doloroso, y su deseo es que revertir hacia la dimmitud. Este es un aspecto muy significativo y profundo del problema político actual, que no podemos permitir ignorar. Sin entender esto, es imposible entender el conflicto".

- Entonces ¿por qué no se le presta más atención por parte de académicos y por la prensa? 

"Para el mundo judío, la razón es que los judíos asquenazi, en Israel y en otros lugares, siguen siendo indiferentes, e incluso desdeñosos, ante los judíos Mizrahi. Para el mundo árabe, esto no debería ser ninguna sorpresa, ya que la autocrítica no es popular entre los periodistas, intelectuales y líderes de opinión pública árabes. Con la excepción de una nota incidental muy corta por parte del difunto profesor Edward Said en uno de sus libros, es difícil encontrar referencias serias a la emigración masiva de los judíos de los países árabes y sus causas".

"La izquierda tiende a evitar el tema, ya que no lo considera 'kosher'. La izquierda se ha vuelto extraordinariamente dogmática y carece hoy en día de capacidad de autocrítica. Las personas se definen como identificadas con 'la causa palestina" y eso es todo: no hay pensamiento detrás de ello. Este tema podría molestar a su visión del mundo de malos y buenos, de defender a un solo lado en definitiva, por lo que simplemente lo evitan.

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