Tuesday, June 24, 2014

Gran, gran artículo: "Si los judíos israelíes fueran los conquistados..." - Alexander Yakobson - Haaretz



El escritor y columnista árabe del Haaretz, Sayed Kashua, ha pedido a los judíos israelíes que se imaginen una situación en la que "ellos fueran la parte débil y vencida". "A veces me pregunto si, en el caso de que los palestinos fueran capaces de invadir los hogares de Israel, de enviar a sus soldados para arrebatar a la gente de sus camas frente a sus familias... ¿cómo serían las cosas entonces? ¿quién se comportaría de una manera más humana en esos casos?".

Esta es, realmente, una muy importante pregunta hipotética. Pero el que la plantea también tiene que estar preparado para escuchar una respuesta honesta. Sayed Kashua, aparentemente, cree que la apatía de los judíos israelíes hacia el sufrimiento palestino se deriva del hecho de que "nunca se preguntan qué pasaría si los papeles se invirtieran". Pero creo que es precisamente todo lo contrario lo que es cierto: "esa apatía de los judíos israelíes es en gran medida el resultado de plantearse esa cuestión demasiadas veces". Y se debe a que la respuesta que el público judío se da cuando se imagina una derrota militar y una conquista árabe, "es que en tal caso ya no habría dos pueblos sobre esta tierra".

Incluso entre aquellos judíos israelíes que se oponen con vehemencia y rechazan la ocupación israelí, sólo unos pocos de ellos mantienen alguna ilusión con respecto a lo que supondría una ocupación árabe. Por esta razón, no hay ninguna necesidad de imaginarse lo que sería una búsqueda masiva, casa por casa, de tres adolescentes palestinos que hubieran sido secuestrados por un grupo clandestino judío.

La hipótesis que prevalece entre la población judía es que si Israel fuera derrotado y vencido, "la conquista árabe no daría lugar a la creación de un prolongado régimen de ocupación", sino a lo que se canta en un videoclip que recientemente apareció en la web del ala militar de Hamas: "Dos partes, una que sería devuelta / a su tierra de origen, la única que verdaderamente la desea / y la otra, la loca, / que tercamente / estaíar destinado / a terminar bajo el polvo". La única cuestión pendiente sería cuál sería la proporción entre la dos partes.

Y cuando un judío de Israel reflexiona hoy en día sobre las furiosas y sangrientas disputas internas dentro del mundo árabe que le rodea - y no hay ningún ciudadano israelí, judío o árabe, que no lo haga -, no hay ninguna razón para que sea optimista. Y tenemos que recordar que en todas esas diferencias interárabes, ninguna de las partes en disputa ve a la otra como un implante extranjero en la región o como un invasor colonialista. Obviamente, la situación aquí es diferente.

Por otra parte, cuando un judío israelí recuerda lo que supuso la toma del control de Gaza por Hamas  - a pesar de que si nos atenemos a los actuales sucesos regionales sería ejemplar por su moderación -, tampoco habría razón para el optimismo. Si, por ejemplo, la derecha israelí derrotara la izquierda israelí en una guerra civil y los izquierdistas pudieran huir a Gaza para salvar sus vidas, tal como la gente de Fatah huyó a Israel cuando perdió Gaza, tal vez entonces habría lugar para preguntarnos en serio "¿quién se comportaría de una manera más humana?".

¿Hay en todo el Oriente Medio un guerrillero o militante árabe que no preferiría, si pudiera elegir, caer en las manos de los israelíes y no en manos de la facción árabe rival? En cualquier caso, eso es lo que hicieron los combatientes de Fatah de la Franja de Gaza, así como los hombres de Fatah en Jordania durante el Septiembre Negro hace más de 40 años. Es difícil de creer que estas sean noticias nuevas para Kashua, que ha escrito muchas cosas honestas y valientes sobre el mundo árabe. Es una lástima que justamente cuando "está invitando a los judíos a mostrar honestidad y valentía", esos rasgos parezcan haberlo abandonado.

Nada de esto, de ninguna de las maneras, contradice la necesidad de poner fin a la ocupación y dividir la tierra entre los dos pueblos. Eso es lo más justo y lo más apropiado, y va en el interés supremo de Israel. Porque si Israel termina derrotado en este conflicto, es seguro asumir que no será una derrota militar, sino una derrota diplomática que se traducirá en la creación de un único estado entre el río y el mar. Tal estado ya no será Israel. Lo irónico es que los que tratan de imponer esa derrota a Israel se llaman a sí mismos el "campo nacional".

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