Saturday, June 07, 2014

Los judíos del mundo quieren un "Israel judío y democrático", algo que no es demasiado diferente de lo que desean los propios israelíes – Shmuel Rosner - Jewish Journal


Natán Sharansky y Ruth Gavison

 Hace unos días el Instituto de Política del Pueblo Judío (JPPI) dio a conocer su informe especial, "Judío y democrático: Perspectivas de la judería mundial", un informe en el cual también intervengo (y soy jefe del proyecto junto con el embajador Avi Gil). Tuvimos una pequeña reunión en el JPPI con el Jefe de la Agencia Judía Natán Sharansky y con la profesora Ruth Gavison como ponentes. El proyecto JPPI se inició para complementar el trabajo de la profesora Gavison sobe la naturaleza judía y democrática de Israel. La profesora Gavison fue nombrada por la Ministra de Justicia para que investigara la necesidad de un nuevo "acuerdo constitucional” sobre la identidad de Israel como un estado "judío y democrático". Ella cree, como nosotros, que el proyecto del JPPI sienta un precedente importante en el intento de inyectar las perspectivas de las comunidades judías de todo el mundo en una discusión principalmente "israelí".

El informe es largo, y nuestros seis meses de trabajo, que han incluido docenas de seminarios en comunidades judías de todo el mundo, no puede ser resumido plenamente en un breve mensaje. Sin embargo, en la breve introducción al proyecto intentamos dar a nuestros lectores una versión encapsulada de los temas principales que han surgido de este esfuerzo. Con el permiso de mis superiores del JPPI, he redactado esta y os invito a echar un vistazo a el informe completo en la página web de JPPI. Estoy bastante seguro de que esto no es la última palabra sobre este tema tan oportuno. Aquí vamos:

En una época de disputas frecuentes sobre políticas, lenguaje y conductas específicas, y en una época donde los conflictos y las disputas ocupan el centro de atención creando una (mala) impresión de grietas insalvables, el proyecto del JPPI sobre las opiniones de los judíos del mundo con relación al carácter judío y democrático de Israel concluye con una nota positiva: los judíos de todo el mundo apoyan a Israel y ven su conexión con Israel como importante y perdurable. Israel es - y podría serlo aún más - un denominador común positivo e inspirador para los judíos del mundo. Los judíos no israelíes tienen una visión de Israel que está mucho más alineada de la que está en disputa. Por otra parte, la visión de los judíos de la diáspora de Israel es a menudo similar a la de los propios israelíes.

Seguramente, hay lagunas en la interpretación y en los énfasis sobre las necesidades y metas que no deben pasarse por alto. Hay diferencias entre las comunidades y personas no israelíes, y entre ellos y el público judío israelí. También es muy posible que la metodología de este proyecto contribuyera a la relativa armonía que encontramos (dedicamos un capítulo a explicar las fortalezas y limitaciones de los procesos del JPPI). Sin embargo, este informe les dejará con la impresión de que el objetivo general de la mayoría de los judíos es trabajar de manera conjunta en la construcción de un Estado "judío y democrático". Un estado que sea seguro, moral, vital económica y culturalmente, próspero y marcadamente judía.

Los judíos de todo el mundo no han iniciado esta discusión. Fueron invitados y animados a tomar parte en la discusión interna en curso en Israel. Sin embargo, los judíos que vinieron a nuestras mesas de trabajo - representantes de decenas de comunidades de todo el mundo que difieren en forma, tamaño y carácter - lo hicieron con gusto. Ellos entendieron la importancia de la discusión que se lleva a cabo en Israel, y no tardaron en demostrar que lo que es importante para Israel también es importante para ellos. En estos seminarios del JPPI celebrados en Brasil, Holanda, Francia, Gran Bretaña, Canadá, Estados Unidos y Australia, los judíos profundizaron en las cuestiones de matices que se les presentaron como partes interesadas. "Esto es muy personal, esto es acerca de mí", comentó un participante de Nueva York al hablar del carácter judío del Estado judío.

De hecho, ha sido la cuestión de la naturaleza judía de Israel donde los mensajes de la comunidad judía mundial han sido más potentes: Si Israel quiere ser un Estado "judío y democrático", esa decisión también repercute en los judíos no israelíes, por lo que sería preciso tener en cuenta primeramente su comprensión de lo que significa ser "judío" para muchos millones de judíos de hoy, y encontrar una manera más inclusiva de tenerlos en cuenta. En cada debate llevado a cabo por el JPPI en cada comunidad, los judíos locales desafiaron la interpretación actual de lo que representa ser un judío en Israel. Durante la conferencia en Glen Cove, en la culminación de los debates, uno de los momentos más dramáticos se produjo cuando una mujer del movimiento religioso conservador habló sobre su lucha con la realidad religiosa de Israel. "Nuestro apoyo a Israel no es ambiguo, es espalda contra espalda", dijo ella, "pero quiero saber que hay un lugar allí para mí donde poder ponerme mi talit cada mañana. ¿Puedo hacer eso en el Estado de Israel y que no me lo prohíban? ¿El gobierno me arrestaría? ¿Hay un lugar para mí en Israel?"

La identificación de lo judío predominante en Israel fue impugnada porque, según lo ven los judíos del mundo, para que el Estado de Israel sea verdaderamente merecedor del título de "judío", tendría que ser ese lugar donde más judíos puedan sentirse cómodos a la hora de la expresar su tipo particular de judaísmo. También fue puesta en cuestión esa identificación por no ser - para los judíos de la diáspora - inclusiva y tolerante con otros tipos de judaísmo, y eso hacía a Israel menos "democrático".

Los judíos no israelíes no son ciegos a las dificultades que debe superar cotidianamente Israel, ni a los peligros que debe afrentar en su esfuerzo por mantener su carácter judío y democrático. También rechazan las falsas acusaciones en contra de la democracia de Israel, así un ejemplo notable de las discusiones en los debates del JPPI fue el rechazo casi unánime de los intentos de presentar la Ley del Retorno como un impedimento a la naturaleza democrática de Israel.

Pero también identificaron un gran obstáculo que Israel debe superar para conformar los valores democráticos: "Judío" y "democrático", por igual, son términos vinculantes para ellos, al igual que el mandato de sensibilidad hacia las minorías y el respeto de los derechos humanos. Cuando se pidió a los ponentes que observarán el texto del himno nacional de Israel, el Hatikva, y las dificultades que podría plantear para los israelíes no judíos, se debatieron entre su apego instintivo al himno junto con el entendimiento de que era, en efecto, un tanto excluyente de las minorías no judías (su letra habla del anhelo del pueblo judío). La conclusión alcanzada sobre el Hatikva fue algo borrosa en muchas de las discusiones, pero se podía sintetizar en mantener el Hatikvah pero ser "sensibles" con respecto a los demás. En la actualidad, bastantes judíos de la diáspora consideran que Israel es ahora menos meticuloso a la hora de mantener adecuadamente los valores que protegen los derechos humanos, o bien a la hora de mostrar la adecuada sensibilidad cuando las circunstancias lo exigen, justificando esa desviación de una estricta interpretación de estos valores.

Hay una cierta calidad de moderación en los resultados presentados en este informe. Así como las opiniones políticas y afiliaciones religiosas predicen con exactitud la posición de los encuestados israelíes en las encuestas de opinión pública sobre el espectro judío democrático, lo mismo es cierto para los judíos de la diáspora. Los judíos de ámbitos políticos de extrema derecha y de extrema izquierda a veces pueden "descartar la cuestión [de lo que es más importante, el carácter judío o el democrático] por ser demasiado obvia para ellos su preferencia como para tener que justificarla". Los grupos de extrema derecha subrayan "la prioridad del carácter judío [como nación] de Israel sobre su carácter democrático", y los grupos que se inclinan a la extrema izquierda consideran que "el carácter judío de Israel es algo anacrónico". Pero la mayoría de los judíos que se sitúan más al centro desean tener ambas cosas, y creen que es posible lograrlo. De este modo, las preguntas relacionadas con las tensiones y contradicciones entre "judío" y "democrático" resultan muy difíciles de contestar. Con frecuencia, las respuestas se mueven alrededor de las tensiones y mantienen la formulación de ambos valores intactos.

Para muchos judíos, algunas de las apelaciones a la formulación “judío y democrático" permanecen vagas. Cuanto más se profundiza en los intentos de exigirles un significado, más algunos de ellos se sienten en la necesidad de darse de baja en desacuerdo. "La vaguedad es buena para Israel, mejor que una especificación clara. Es mejor no definir el judaísmo. El judaísmo nunca ha sido una entidad fija. Siempre ha sido algo gris", dijo un colaborador en un seminario en Washington DC.

Uno de los mensajes, sin embargo, fue transmitido en todo el proceso sin ambigüedades: "a los judíos de todo el mundo le gustaría ser consultados por Israel a la hora de asuntos de importancia para ellos, y muchos de ellos creen que estas consultas deberían tener más impacto en las políticas de Israel".

El sumario del informe aquí

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