Wednesday, August 13, 2014

¿Qué hay que hacer con Gaza? – Efraim Inbar – BESA



Las negativas de Hamas a aceptar un alto el fuego permanente indican que la operación Margen Protector ha fracasado hasta ahora a la hora de alcanzar su modesta meta de garantizar la calma en la frontera de Israel con Gaza. Jerusalén, al no esperar una paz o una integración con sus vecinos, solamente quiere que lo dejen solo y en paz.

Está claro que Hamas no se siente lo suficientemente debilitado o amenazado como para aceptar un alto el fuego. Si la mayor parte de sus condiciones se cumplen, podrían estar de acuerdo en un frágil alto el fuego que podría ser violado a voluntad, lo que equivaldría a una victoria de Hamas. Tal resultado sería desastroso para Israel, con negativas implicaciones políticas y estratégicas.

Israel no tiene más remedio que seguir atacando objetivos de Hamas para conseguir un más elevado coste para la organización. Hasta ahora, el gobierno israelí ha mostrado una cautela encomiable y su renuencia a utilizar una fuerza masiva. Los informes de los medios sobre el uso desproporcionado de la fuerza son el resultado de manipulaciones de Hamas y muestran poca comprensión de las realidades de la guerra.

Por otra parte, los ataques aéreos, con la excepción de los asesinatos selectivos, tienen un impacto limitado. Los objetivos más destruibles son renovables. La limitada incursión terrestre tampoco forzó a Hamas a aceptar un alto el fuego permanente, a pesar de la destrucción de muchos de sus  túneles.

Por lo tanto, una escalada del esfuerzo militar resulta necesaria. Muchos israelíes abogan reconquistar Gaza y realizar una limpieza de su infraestructura terrorista yendo contra todos los miembros de las organizaciones terroristas, principalmente Hamas y la Yihad Islámica. Este objetivo no está muy alejado de las capacidades del IDF y tiene mucho apoyo en Israel. Sin embargo, una reconquista necesitaría semanas e incluso muchos meses, y sería costoso en términos de víctimas.

No está claro que Israel pueda obtener el apoyo de la comunidad internacional, en particular de los EEUU, para un funcionamiento prolongado. Sin embargo, si Hamas no se suaviza, puede que no  haya más remedio que volver a esta opción. En ausencia de voluntad por parte de Hamas de detener el lanzamiento de cohetes por un período prolongado, se necesitará la conquista de toda Gaza para erradicar las capacidades militares de Hamas y asegurar la calma para Israel. Sin embargo, podría sería problemático, ya que las sociedades democráticas son cada vez más reacias a verse como conquistadores ilustrados.

Mientras tanto, opciones militares menos drásticas están disponibles. En el pasado, el ejército israelí ha establecido corredores hasta el mar, cortando la Franja de Gaza en varias partes, y dejando que Hamas tenga que adivinar donde se radicaría la siguiente ubicación del ejército israelí. El gobierno de Israel debe demostrar que no tiene miedo a la idea de que el IDF ingrese en zonas urbanas, incluso si conlleva muchas bajas. La sociedad israelí está preparada para ello. Por otra parte, las bajas ahora podrían salvar aún más bajas en el futuro.

El IDF puede necesitar poner en marcha un ataque terrestre que llegue hasta el punto de que Hamas tema que su dominio sobre Gaza pueda estar en juego. Es cierto que Hamas no tiene un reconocible centro de gravedad que si se le presiona aseguraría la victoria, pero es evidente  que los líderes políticos y militares de Hamas valoran muy mucho su poder y más aún sus vidas. Sin ir más profundo en Gaza tal amenaza no se podría desarrollar.

Cuanto antes ocurra, mejor. Varias propuestas para involucrar a los actores internacionales y a las fuerzas de la ONU están siendo popularizadas. La experiencia de Israel con este tipo de experimentos es terrible. Todos los mecanismos internacionales y las tropas de mantenimiento de la paz en el ámbito árabe-israelí han demostrado no ser, una y otra vez, eficaces. La última fuerza de la ONU estacionada en el sur del Líbano para evitar los cohetes lanzados por Hezbollah (2006) fue un fracaso total. En Gaza, justo un año después de su llegada, los observadores europeos estacionados en el paso fronterizo de Rafah huyeron a la primera señal de problemas. Israel no puede hacer depender la responsabilidad de su seguridad en extraños.

Se habla mucho acerca de revaluar el enfoque de Israel hacia el imperio de Hamas en Gaza. Algunos abogan por poner fin a su dominio y traer de vuelta el presidente palestino Mahmoud Abbas a la Franja de Gaza gracias a las fuerzas israelíes, lo que podría reactivar el desacreditado paradigma de dos estados para dos pueblos. Pero no está claro en absoluto si Abbas está preparado y es capaz de tomar el control de Gaza. Esta propuesta también muestra la arrogancia israelí y la escasa memoria de otros intentos de Israel de implantar su ingeniería política en el Líbano (la guerra de 1982) y entre los palestinos (los "Pueblos Ligas" de finales de 1970). La participación de Israel en la decisión de quién es el gobernante entre nuestros vecinos árabes nos ha traído pocos beneficios. Está más allá del poder de Israel influir en la dinámica política dentro de las sociedades árabes que nos rodean. Por otra parte, favorecer el acceso al poder de un contendiente inmediatamente se convierte en un boomerang, ya que socava la legitimidad del contendiente. La cooperación pragmática con Israel no gana muchos enteros en el ranking de popularidad del mundo árabe.

Por otra parte, el desarraigo Hamas no está en las cartas. Es un movimiento popular que atrae el apoyo de más del 30% de los palestinos. Tiene un ala civil que ofrece muchos servicios a los habitantes de Gaza. Hamas también ganó las elecciones en 2006, lo que indica un apoyo aún mayor entre los palestinos. La lucha violenta contra Israel es popular, a pesar del alto precio pagado por la población civil de Gaza. Desafortunadamente, los palestinos no han sido educados para buscar la paz, sino para hacer sacrificios y ser mártires en una guerra santa contra el Estado judío.

Mientras los palestinos no cambien su sistema de educación, no habrá un final para este conflicto e Israel sólo podrá gestionarlo. Seguirá viviendo por la espada y tendrá que "cortar el césped" cuando lo considere necesario. Israel no tiene poder para moldear su entorno estratégico, sólo el poder de debilitar las capacidades de sus enemigos para dañarlo. En el caso de Hamas, más de esto es lo que se precisa.

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