Sunday, August 24, 2014

¿Quién habla en nombre de la izquierda israelí? - Alexander Yakobson - Haaretz



El ex presidente del Meretz, Haim Oron, cuyo nieto soldado resultó gravemente herido en Gaza mientras que su hijo es piloto de helicópteros, dice que está enojado porque se requiere a los izquierdistas que demuestren su patriotismo. En una entrevista publicada en el Haaretz este fin de semana, no estaba de acuerdo con Gideon Levy cuando insultaba a los pilotos por cometer las "obras más bajas desde las alturas más elevadas" (ataques desde el aire).

Parece, sin embargo, que cuando los israelíes de hoy piensan en "la izquierda israelí", tienen en mente mucho más a Gideon Levy que a Haim Oron. Para los israelíes, la marca o las palabras que distinguen a la "izquierda" se asocia con esas "obras más bajas..." y otros posicionamientos similares, esos que van hasta el "derecho de retorno" y a "una solución de un estado".

Todo el mundo sabe que sólo una minoría de los portavoces de la izquierda expresan ese tipo de opiniones, pero desde luego parecen hablar en nombre de unos valores básicos en los que está comprometida la totalidad de la izquierda. Estos minoritarios portavoces pretenden ser la voz de la conciencia de toda la izquierda, incluso si no representan a su voz oficial. Desde luego, ellos sí se consideran la manifestación más pura y consistente de los valores en los que cree la izquierda.

No obstante, esta impresión resulta inevitable cuando los líderes mayoritarios de la izquierda no repudian esta interpretación de sus valores. Ante esta situación, la mayoría de la izquierda suele seguir una línea bastante coherente: por lo general, ignoran tales puntos de vista, criticándolos aquí y allá ligeramente, pero nunca repudiándolos.

En la entrevista con Oron - a pesar de sus objeciones al ataque de Levy a los pilotos - no se puede deducir que, además de su argumento inicial contra la derecha, él también mantenga una serie disputa con aquellos que, desde la misma izquierda, interpretan sus valores en el espíritu de las "obras más bajas...", "el derecho de retorno y un único estado".

La derecha, naturalmente, hace todo lo posible para vincular a toda la izquierda con tales posiciones, pero no obstante la mayor parte de ese trabajo es realizado por la propia izquierda, y no me refiero a la izquierda radical, que simplemente expresa sus opiniones, sino la corriente mayoritaria de la izquierda, con su manifiesto silencio.

Por lo tanto, la opinión pública siempre va a asociar a la izquierda con las posiciones más radicales expresadas en nombre de los "auténticos valores de la izquierda", a menos que los propios líderes y portavoces de la izquierda mayoritaria dejen en claro que esas posiciones no son la manifestación auténtica de los valores de la izquierda, sino más bien una distorsión radical de ellos.

La equidad requeriría que la misma regla se aplicara a la derecha, pero la vida no siempre es justa. La derecha también paga su propio precio político por las palabras y los hechos de sus radicales, pero aún no parece pagar el precio total y adecuado.

Cualquiera puede opinar que aludir a las "obras más bajas..." representa a la voz de la conciencia de la izquierda israelí, o bien que no la representa. Si se piensa que sí representa de alguna manera dicha conciencia, la reacción bien puede ser dejar hacer sin necesidad de repudiar nada, pues no habría que entusiasmarse demasiado con unas exageraciones retóricas cuando la corriente principal sí piensa de manera correcta y equilibrada. Ahora bien, si fuera así, la izquierda mayoritaria no podría quejarse de que los israelíes la asocien con tales posiciones.

En cuanto a la libertad de expresión, por supuesto que tales opiniones son legítimas. Pero aparte de la libertad de expresión, los israelíes tienen otro importante derecho democrático: elegir libremente a sus representantes electos. Los israelíes (o cualquier otra persona en una situación similar) nunca pondrá su destino en manos de un grupo político que se identifique con dichas posiciones, aunque sólo sea parcialmente. Incluso si la izquierda persuade a la gente que tiene toda la razón en todos los demás asuntos y temas en cuestión, incorporar y hacer suyas opiniones como las "obras más bajas...", de tal manera que formen parte, o den la impresión de formar parte, del sistema de valores asociados a la izquierda, sería como multiplicar todo el resto de acertados valores por cero.

Si, por el contrario, Oron y sus colegas creen que estas posturas no representan a la verdadera voz de la izquierda israelí, deben decirlo alto y claro. Durante muchos años la izquierda israelí mayoritaria ha evitado hacerlo. Las consecuencias políticas de ello no deberían sorprender a nadie, y menos a la propia izquierda

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