Sunday, November 30, 2014

El Mito del Status Quo (Monte del Templo) - Yoel Meltzer - Ynet



Con las tensiones aún en alza en Jerusalén y en todo el resto de Israel, el último término de moda que está siendo rebotado por los medios de comunicación regionales e internacionales es "status quo". Más específicamente, se acusa a Israel por parte de los árabes y de sus partidarios de tratar de cambiar el status quo en el Monte del Templo, mientras que altos funcionarios del gobierno americano solicitan a Israel que alivie las restricciones a los fieles musulmanes en el Monte del Templo con el fin de preservar el status quo.

Del mismo modo, dentro de Israel varios diputados judíos critican a otros diputados judíos que insisten en visitar el Monte del Templo acusándoles de agravar una situación ya tensa con los árabes, mientras que el gran rabino sefardí de Israel ha ido más allá y ha acusado a los judíos que visitan el Monte del Templo de provocar el terror árabe y hacer que la sangre judía continúe fluyendo (una acusación similar a la de culpar a la violada de provocar a su violador).

Ante tal situación, ¿cómo puede alguien cuestionar la validez de la afirmación de que Israel está tratando de cambiar el status quo ya que, si todo el mundo insiste en ello, deberá ser verdad?

No obstante, y con el debido respeto a los proveedores habituales de desinformación, la verdad es que no hay un estatus existente claramente definido, también conocido como status quo, entre las poblaciones judías y árabes en Israel. De hecho, se puede argumentar que lo opuesto es la verdad y que el estado de cosas entre los dos grupos no es estático, sino que ha ido cambiando durante años. Yendo más allá, y en contra de la actual reclamación, este cambio continuo en las relaciones ha ido principalmente en perjuicio de los judíos, y no de los árabes.

Desde hace ya no pocos años, ciertos árabes en muchas partes del país se comportan de una manera cada vez más descarada en su falta de respeto a cualquier apariencia de soberanía israelí. Aunque ciertamente no se trata de la mayoría de la población árabe-israelí, en general hay una clara tendencia hacia una creciente radicalización y un crecimiento del sentimiento anti-Israel entre la población árabe de Israel.

Además, cuando uno observa el caos total que envuelve a la región desde el comienzo de la primavera árabe - ese levantamiento que tanto nos insistieron que iba a marcar el comienzo de una nueva era de paz y de democracia en la región -, la tendencia existente en Israel no debe representar una sorpresa.

Yo personalmente fui testigo de esto en una visita a un kibbutz en el normalmente tranquilo valle de Jezreel hace dos veranos. Allí nuestra barbacoa nocturna fue interrumpida por el sonido de unos disparos amenazantes que emanaban de la aldea árabe cercana. Cuando le pregunté a uno de los miembros del kibbutz si esto era algo nuevo, el joven, que durante más de dos horas estuvo al teléfono pidiendo a la policía y a los oficiales de seguridad regionales que fueran a comprobar lo que sucedido, me explicó que esta locura llevaba  ocurriendo desde hace más de tres años, y que a pesar del impacto directo periódico de alguna bala en alguna casa del kibbutz, nada se estaba haciendo ya que la policía se mostraba temerosa a la hora de entrar en el pueblo árabe.

A continuación, me explicó que, al igual que los miembros de un kibbutz cercano al día siguiente, además de los ocasionales ataques árabes, los robos árabes en la región estaban fuera de control y no se hacía nada para detenerlos.

Este es sólo un pequeño ejemplo, alejado del Monte del Templo, de lo que ha estado ocurriendo en Israel en los últimos años. Una vez más, esto no quiere decir que la mayoría de los árabes-israelíes se hayan radicalizado y se muestren más agresivamente hostiles a la soberanía israelí. Hay una mayoría de árabes en Israel que no son de esta manera. Sin embargo, al igual que sus hermanos árabes en otras partes del Oriente Medio, son en realidad prácticamente irrelevantes cuando se trata de detener los cambios atemorizantes que se están produciendo.

En relación con el Monte del Templo, la situación es horrible. Aunque todo el mundo, judíos y no judíos, deben tener un acceso libre al Kotel (Muro Occidental), los judíos han sido discriminados durante años en el Monte del Templo. Sin embargo, a pesar de que sus derechos son pisoteados por la autoridad islámica que básicamente controla el Monte del Templo, y esto a menudo con la aprobación tácita de las autoridades israelíes, a nadie parece importarle.

Incluso ahora, cuando se aplaude a Israel por eliminar las restricciones de edad para los fieles musulmanes en el Monte del Templo, las restricciones que se pusieron en marcha por la policía israelí a causa de la violencia árabe han tenido como objeto a los visitantes judíos, cuyo número a la hora de visitar el Monte del Templo se ha reducido drásticamente. A partir de ahora, no más de cinco judíos a la vez puede visitar el lugar más sagrado en el mundo de acuerdo al judaísmo. Y si eso no fuera suficiente, les esta prohibido por las autoridades islámicas del Monte del Templo, bajo amenaza de expulsión inmediata del lugar, recitar cualquier tipo de oración o incluso mover los labios en lo que aparenta ser una oración.

Así que el hecho de que más y más judíos quieran expresar su identidad judía visitando el Monte del Templo no tiene nada que ver con ningún status quo, ya sea real o imaginario. Más bien, como ha sido el caso desde que el proceso de Oslo empezó hace ahora veintiún años, los árabes están utilizando eficazmente  el arma de la violencia combinándola con las amenazas y las mentiras sin fundamento, para así obligar a Israel a realizar aún más concesiones. Esto a su vez crea un nuevo y actualizado "status quo", que inevitablemente cambiará después de la próxima ronda de agresiones árabes. Este patrón resulta ya muy familiar.

Sin embargo, y a pesar de la amplia evidencia que confirma estos cambios en curso en Israel, ya sea en el norte, en el sur o en Jerusalén, muchos judíos israelíes todavía prefieren mantener su cabeza en la arena en lugar de enfrentarse a esta desagradable realidad.

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