Sunday, November 30, 2014

Gran artículo: ¿Y cuando hablarán de la Nabka judía? - Ben-Dror Yemeni - Ynet


Manifestación a favor de la Nabka y contramanifestación en la Universidad de Tel Aviv

"Si el Estado judío trata de convertirse en un hecho, y los pueblos árabes se dan cuenta de ello, entonces conducirán a los judíos que viven entre ellos al mar". Esta declaración fue realizada por Hassan al-Banna, el fundador de la Hermandad Musulmana, alrededor de un mes y medio después de la Declaración de Independencia, y con el Ejército egipcio invadiendo el territorio asignado al Estado judío.

El Mufti, Haj Amin al-Husseini, explicó en sus memorias: "Nuestra condición fundamental para cooperar con Alemania fue poder tener manos libres para erradicar hasta el último judío de Palestina y del mundo árabe".

Y la Liga Árabe, en esos momentos, también adoptó dos decisiones que se materializaron en un proyecto de ley para confiscar las cuentas bancarias de los judíos (viviendo en los países árabes) y despojarlos de sus pertenencias, un proyecto de ley que fue puesto posteriormente aplicada a las comunidades judías muy bien establecidos y ricas en lugares como Egipto, Libia, Siria e Irak. Como consecuencia de ellos, enteras comunidades judías fueron destruidas.

Durante décadas, los palestinos han alimentado el ethos de la Nakba. De hecho, la han convertido en la experiencia que define la identidad palestina. Israel, por su parte, optó por restar importancia a la persecución, expulsión y desposesión de los judíos de los estados árabes.

Solamente este año la Knesset ha decidido celebrar un día especial, el 30 de noviembre, para conmemorar la Nakba judía. La mayoría de los niños en edad escolar en Israel saben lo que se hizo a los judíos en Kishinev y también saben lo que hicieron algunos judíos en Deir Yassin. Pero la mayoría de los estudiantes israelíes no saben nada acerca de la Nakba judía. Ellos no saben nada acerca de una larga serie de pogromos y masacres perpetradas contra los judíos en la mayoría de los países árabes. Los pogromos de Kishinev en 1906 se cobraron la vida de 29 judíos. Solamente un año más tarde, en 1907, se produjo una serie de pogromos en Marruecos, 50 judíos fueron asesinados en la ciudad de Settat, y otros 30 fueron asesinados en Casablanca.

¿Cuántos estudiantes de secundaria saben algo acerca de estos hechos? ¿Y cuántos saben acerca del pogrom en Adén, en 1948, en el que 82 judíos fueron asesinados? ¿Y cuántos saben acerca de los cientos más que fueron asesinados durante ese período en Irak, Egipto, Siria y Libia sólo porque eran judíos?

Los "narrativas" han tomado el control de los campus universitarios y del sistema escolar. En su nombre, a los estudiantes israelíes se les cuenta "la versión de la historia de la otra parte". No es que uno deba menospreciar el dolor de los palestinos. Dios no lo quiera. La cuestión es que no hay nada único ni exclusivo en la historia palestina en particular. La gente huyó. También algunos fueron deportados a la fuerza. Pero, ¿dónde está la diferencia respecto a otras acciones similares en aquella época?

Y sin embargo, la Nakba judía se desvaneció en el aire, a pesar del hecho de que solamente por su número y circunstancias fue mucho más grave. Después de todo, los judíos de los estados árabes no declararon la guerra a los países árabes, tampoco tuvieron a un líder como el Mufti que estuviera planeando y tramando erradicar a todos los que no fueran árabes, hasta el último. Por el contrario, los judíos de los países árabes se comportaron como pacíficos ciudadanos dondequiera que estuvieran.

Vamos a poner las cosas en claro. La desintegración de los imperios, comenzando por el otomano, yendo hasta el austro-húngaro, y finalmente el británico, intensificó las demandas de autodeterminación de los distintos pueblos que los componían, para acabar no habiendo más estados multiétnicos bajo un dominio imperial, sino naciones con una identidad independiente en su lugar. Algunos lo llamarían un patrimonio imaginario, pero eso no es importante.

El resultado fue enormes oleadas de transferencia de poblaciones, a partir de 1912 y hasta los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Alrededor de 52 millones de personas fueron sometidas a esa experiencia, incluyendo decenas de millones en el período posterior a la guerra. Millones de alemanes, húngaros, polacos, ucranianos, turcos, griegos, búlgaros, rumanos, indios, paquistaníes y muchos más se vieron obligados a abandonar sus lugares de nacimiento para dar paso a las entidades nacionales, antiguas y nuevas. Sería difícil encontrar un solo conflicto durante el período en cuestión que no terminara sin un intercambio de población.

Y lo mismo sucedió en el conflicto árabe-judío. Cuando la Comisión Peel apostó en 1937 por un intercambio de población, una de las razones que ofreció para apoyar su decisión fue el hecho de que los iraquíes habían llevado a cabo transferencias de población en contra de la minoría asiria, pese a sus previas garantías de salvaguardar sus derechos.

Los intercambios de población entre Grecia y Turquía también sirvieron de telón de fondo para la decisión de la comisión. En ese momento, se trataba de la posición defendida y mantenida por estadistas, académicos e intelectuales. Por otra parte, en 1930, la Corte Permanente de Justicia Internacional, la instancia judicial internacional más alta en aquel momento, aprobó el traslado de poblaciones por la fuerza cuando resolvió que el propósito de las transferencias masivas de población era "ayudar de la manera más eficaz al proceso de pacificación del Oriente Próximo".

Ese es el trasfondo. Los árabes de Palestina pagaron un precio por dos razones: en primer lugar, a causa de las acciones recalcitrantes e imprudentes de sus líderes; y en segundo lugar, como se ha mencionado, porque esa era la manera en que las cosas funcionaban durante ese período.

No hubiera sido posible sin una gran invasión árabe, acompañada por altisonantes y públicas declaraciones de destrucción de los judíos por parte de los líderes árabes, como el secretario general de la Liga Árabe en aquellos momentos, quien declaró: "Esta será una guerra de exterminio y de masacres, que hará que se olviden las masacres de los tártaros o las guerras de los cruzados".

La guerra contra el naciente Estado judío terminó con una contundente derrota de los árabes. Pero entre aquellos que pagaron el precio se encontraban los cientos de miles de judíos de los países árabes. Tomen nota, no todos fueron expulsados; pero los que no lo fueron también supieron que su tiempo había terminado. Ha habido intentos aquí y allá de evaluar el valor de la propiedad judía dejado atrás en los estados árabes.

Según las estimaciones ofrecidas por el economista Sidney Zabludoff, los bienes abandonados por los refugiados árabes ascienden a 3.900 millones de dolares, en comparación con los 6.000 millones de activos abandonados por los refugiados judíos. Hay otras evaluaciones también.

Lo que está claro es el hecho de que esas decenas de millones de personas de todo el mundo que fueran sometidas a la experiencia de los intercambios de población no recibieron un solo centavo, y ciertamente no recibieron el "derecho de retorno". Hace apenas unos años, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos rechazó una reclamación de restitución de la propiedad presentada por refugiados griegos de Chipre.

Los judíos de Europa recibieron compensaciones porque su historia es diferente. Ellos fueron desposeídos por causas ajenas a ellos, y no en el marco de unos intercambios de población. No sólo eso, se cree que han recibido sólo el 20% del valor de los activos que poseían en aquellos momentos. Cuando sale a la luz la situación real, y no las "narrativas". el derecho de los judíos a una indemnización es mucho mayor que la de los árabes.

Una ceremonia para conmemorar la Nakba judía se llevará a cabo este domingo en la residencia del presidente, tras la reciente promulgación de una ley que designa el 30 de noviembre como un día para celebrar la salida y expulsión de los judíos de los estados árabes e Irán. Y la ceremonia, en esencia, es una expresión de nuestra necesidad de reconocer la situación general. Tenemos que saber y reconocer la existencia de esos enormes intercambios de población.

Tenemos que saber que esos enormes intercambios de población también incluyeron a cientos de miles de judíos de los países árabes expulsados ​​y desposeídos. Tenemos que saber que exagerar la Nakba palestina - bajo la forma de ese festival de cine de la Nakba en la Cinemateca de Tel Aviv - se ha convertido en realidad en un factor que frena la posibilidad de un acuerdo y de un entendimiento, y que el reconocimiento de esa situación común dejará claro para todos que no hay vuelta atrás en el reloj.

Millones de hindúes no volverán a sus antiguos hogares a Pakistán. Millones de alemanes no van a volver a esas zonas de la actual Polonia que una vez fueron Alemania. Millones de polacos y ucranianos no regresarán respectivamente a esa Ucrania anteriormente polaca o a esa Polonia previamente ucraniana. Millones de palestinos no van a volver a Israel, y millones de judíos no van a volver a los estados árabes.

Hoy en día, ignorar todo ese amplio panorama es perjudicial para la paz. La ceremonia en favor de los judíos árabes, esa que tendrá lugar el domingo en la residencia del Presidente de Israel, no va a cambiar las percepciones equivocadas de los palestinos, ni de esa izquierda israelí que ha adoptado la narrativa palestina.

Esto sólo puede lograrse a través de una inversión masiva en el sistema escolar, no para enseñar la narrativa sionista o palestina, sino para enseñar en su lugar la verdad. Tal vez lo hemos olvidado, pero eso es lo que se necesita.

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