Saturday, January 03, 2015

Borrar a Israel del mapa - Ruthie Blum - Israel Hayom


El businnes occidental políticamente correcto


Así celebra Fatah sus 50 años de longevidad

El miércoles, la Agencia Judía y el Ministerio de Absorción lanzaron sus cifras de la aliya para 2014. Las cifras muestran el nivel más alto de los últimos 10 años, con 26.500 nuevos inmigrantes que se han establecido en Israel.

Según el presidente de la Agencia Judía, Natan Sharansky, las estadísticas también constituyen "un cambio histórico: por primera vez en la historia de Israel el número de inmigrantes que llegaron a Israel desde el mundo libre es mayor que el de los inmigrantes que huyeron de países en apuros".

De hecho, de los 26.500 de nuevos inmigrantes, 3.870 vinieron de los Estados Unidos y 8.640 de Europa Occidental, sobre todo de Francia.

Lo que Sharansky y otros optimistas no señalaron, sin embargo, es el lado oscuro de este brillante resultado. Si bien es cierto que cada vez más judíos están optando por salir de las sociedades opulentas de Occidente para establecerse en Israel, ellos no representan simplemente a alegres pioneros que cogen sus maletas para unirse a sus compañeros sionistas en la Tierra de Israel.

No, lo están haciendo porque sus países de origen se están convirtiendo en cada vez más hostiles a los judíos.

No hay nada reprochable en esto desde una perspectiva israelí. Por el contrario, la Ley de retorno permite que cualquier persona considerada como judía - y perseguida como tal por los antisemitas - pueda buscar refugio en la patria y en el Estado del pueblo judío.

Lo que es alarmante es la creciente necesidad de ese refugio, incluso para aquellos judíos procedentes de países en los que habían estado a salvo durante décadas después del Holocausto.

Pero tenía que suceder, dado el clima global.

La explosión del islamismo radical, junto con la disculpa y comprensión de la izquierda occidental por la barbarie procedente de ciertos países del Tercer Mundo, por un lado, y el miedo a las acusaciones musulmanas de discriminación, por el otro, han permitido que un antisemitismo al viejo estilo resurja en las "buenistas y políticamente correctas sociedades occidentales".

Durante un tiempo, la única forma pública que adoptó esta deriva fue una crítica obsesiva a Israel. Pero ahora, sin embargo, incluso ese disfraz se ha vuelto innecesario. El incremento de la inseguridad en muchas partes de Europa para aquellos judíos europeos que colocan mezuzot en las jambas de sus puertas (debido al aumento del riesgo del vandalismo) lo dice todo.

Mientras tanto, asistimos a un reto ideológico en Israel - donde oír hablar en francés e inglés por las calles se ha vuelto tan común tanto como oír hablar en hebreo, ruso y amárico -, la integración.

En 2005, el ex presidente de Irán, Mahmoud Ahmadinejad, provocó una tormenta de fuego con su declaración de que Israel debería ser "borrado del mapa". Y en ese momento, el sentimiento predominante entre los israelíes era que desde luego era mucho mejor que se oyera como esos líderes expresaban abiertamente sus intenciones genocidas sin el manto protector del seductor lenguaje diplomático. (Ya saben, como el que emplea su sucesor, el presidente Hassan Rounani). Lo mismo se aplica a Hamas. Con respecto a sus objetivos, volvía difícil incluso a sus posibles simpatizantes occidentales negar que querían aniquilar a Israel.

Fatah, por su parte, adoptó una táctica diferente: sólo decir la verdad en árabe, mientras que moderaba su mensaje en inglés para el consumo internacional y para obtener el apoyo consecuente. Esto funcionó a las mil maravillas, por lo que los lobos con piel de oveja están especialmente alborozados por el 50 aniversario que se encuentran en proceso de celebrar.

Como Palestinian Media Watch señala, el Intilaqa (Lanzamiento) de Fatah sucedió el 1 de enero de 1965, cuando intentó bombardear el Acueducto Nacional de Israel. Hoy, después de 50 años de ataques terroristas exitosos contra israelíes inocentes, no tiene empacho en publicar mapas de "Palestina" en Facebook que borran por completo Israel. Ya no hay necesidad de ocultarlo. Después de todo, el presidente palestino Mahmoud Abbas firmó el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional el miércoles, con el fin de demandar a Israel por crímenes de guerra.

Sin embargo, realmente éste es un giro positivo en los acontecimientos. Abbas nunca tuvo la intención de hacer la paz con el Estado judío, a pesar de todos los esfuerzos israelíes, estadounidenses y europeos para resolver el conflicto a través de una solución de dos estados. Y esto nunca supuso una novedad para nadie con ojos y oídos.

Mucho más interés periodístico tiene la eliminación de Israel - pero no la "Cisjordania y Gaza" - de los mapas de un atlas del Oriente Medio publicado recientemente por el gigante editorial HarperCollins. Vendido a escuelas de habla inglesa en los estados del Golfo, el atlas muestra como Jordania y Siria se extienden hasta el Mediterráneo .

Cuando recibieron las críticas de una publicación católica internacional semanal, The Tablet, sobre esta parodia, Collins Bartholomew, la filial de HarperCollins que se especializa en mapas, explicó que la inclusión de Israel habría sido "inaceptable" para los clientes objetivo de la empresa.

En respuesta a la protesta que siguió, HarperCollins publicó una declaración el miércoles donde "lamentaba la omisión del nombre de Israel de sus atlas Collins del Oriente Medio. Este producto ha sido retirado de la venta en todos los territorios y todo el stock restante se destruido. HarperCollins se disculpa sinceramente por esta omisión y por cualquier ofensa causada".

Sin embargo, el libro aún estaba disponible para su compra a través de Amazon y Barnes and Noble este mismo jueves.

A diferencia de auténticos antisemitas del mundo, HarperCollins representa más bien al típico negocio que trata de conseguir como sea algunos millones de dólares. Por lo tanto, trató de agradar a un grupo de clientes y, posteriormente, se echó atrás cuando otro grupo amenazó su reputación. Pero el mismo hecho de que una sociedad tan grande y con tanta experiencia pudiera incluso considerar hacer una cosa así, en primer lugar es indicativo de cuán aceptable se ha convertido tratar a Israel como una entidad temporal y controvertida.

Es por esto que Israel está viendo un aumento en la aliya desde Occidente, lo que sin duda no es motivo de regocijo para la Agencia Judía. Ya que supone, sin lugar a dudas, una buena razón para recordar por qué los judíos necesitan y merecen un Estado propio.

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