Thursday, March 19, 2015

Después de la paliza electoral, ¿qué futuro para la izquierda israelí? - Haviv Rettig Gur - Times of Israel


Partidarios de Herzog

Una gran cantidad de grupos se están lamiendo ahora sus heridas después de la paliza que el Likud le dio a la Unión Sionista dirigida por los Laboristas este martes.

La izquierda israelí, sin duda, cosechó el mejor resultado en casi una generación. Se reunió alrededor del partido Laborista, dinamizó su base electoral y envió a miles de voluntarios a "salir a votar".

Y perdió. Espectacularmente.

En el proceso, los políticos, los expertos, los encuestadores y los analistas aprendieron algunas lecciones importantes: no sólo  humildad, sino también el rostro cambiante del electorado israelí.

La derecha se enteró de que el Likud es su gran partido indispensable, la gran carpa en la que se reúne en los momentos de peligro. Ese espíritu de unidad subyacente entre las facciones generalmente pendencieras de la derecha, se enfrentó el martes al más potente reto propuesto desde la izquierda en casi dos décadas. No se olvidará pronto.

Todos aprendimos que la derecha sabe cómo salir victoriosa de una votación. O, al menos, que el primer ministro Benjamin Netanyahu lo sabe. Su método fue simple: hablar incesantemente acerca de la participación del enemigo - la izquierda, los árabes, la financiación extranjera, viendo sombras detrás de todo -. No fueron exactamente unos nobles u honestos días finales de campaña del Likud, pero funcionó.

Se sostuvo que una mayor participación en esta elección, y el empleo de una inteligente financiación sosteniendo este incremento favorecería a la izquierda. Después de todo, fueron los izquierdistas los que estuvieron ausentes en las elecciones anteriores. Pero a raíz de la impresionante oleada del Likud en el contador final, una oleada no predecida por ninguna encuesta y por ningún encuestador, el simple hecho es ineludible: los derechistas salieron a votar, esos derechistas que no se habían molestado en votar en las más recientes elecciones, esos derechistas a los que no les gustaba o no apoyaban a Netanyahu, todos ellos se sintieron obligados a salvar a Israel de la perspectiva de una victoria de la izquierda. En las dos últimas horas de votación, la participación aumentó de dos puntos en 2013 a más de cinco puntos. Esa prisa, ahora es justo decirlo, era la de los votantes de la derecha que proporcionaron la primera "sorpresa electoral" de la derecha.

Cada elección en la historia reciente ha proporcionado alguna sorpresa. El Partido de los Pensionistas llegó hasta 7 escaños un día de elecciones en 2006, después de presuponerle solo 2 escaños. Yesh Atid logró 19 escaños en otra jornada electoral después de que los sondeos pronosticaran 14. Pero quizás parecía que estas sorpresas sólo podrían suceder en el centro y en la izquierda. Ya no. El Likud produjo su propia sorpresa, y lo hizo al ganar la carrera de la participación.

¿Por qué la participación se ha incrementado de manera tan dramática? Simple: la mayoría del electorado israelí continúa desconfiando del juicio de la izquierda. Es un déficit de confianza arraigado en una desconfianza mucho más general en las intenciones palestinas, en la Casa Blanca de Obama y en otras piedras de toque de las políticas de la izquierda. En retrospectiva, puede ser una de las amargas ironías de esta campaña que el propio lema de los Laboristas, "o nosotros, o él", puede haber hecho tanto para garantizar la victoria de Netanyahu como cualquier cosa que Netanyahu pudiera haber hecho.

Y eso nos lleva a lo que la izquierda puede aprender de esta carrera electoral. La desesperación que emana de los votantes y de los expertos de la izquierda está fuera de lugar. La izquierda lo ha hecho mejor en estas elecciones de lo que lo hizo en mucho tiempo. Pero la izquierda se ha pasado casi dos décadas tildando básicamente al electorado que les ha ignorado de "demasiado ignorante", de "atrapado por el miedo o repleto de odio", como para que su campaña fuera seria. Esa, al menos, ha sido la explicación de medios de comunicación de la izquierda como el Haaretz, a lo largo de los continuos años triunfales de Benjamin Netanyahu en las urnas. El camino hacia la recuperación de un electorado que había sido ridiculizado y despreciado durante tanto tiempo es una cuestión difícil. Pero, por desgracia, la izquierda no puede conducir realmente a Israel sin el apoyo de la mayoría de los israelíes. No obstante, Isaac Herzog es el primer líder de la izquierda en un buen número de años que parece haber entendido eso.

Por suerte para la izquierda, el sol saldrá mañana jueves, y de nuevo el viernes, y también todos los días de la próxima semana. Y con el tiempo, probablemente más pronto que tarde dada la historia reciente de Israel, este nuevo gobierno caerá. La política no termina con una sola derrota.

Una de las preguntas a más largo plazo que se derivan de estas elecciones es si la izquierda será capaz de utilizar esta derrota como un catalizador para una futura victoria. Si, como ha sido su costumbre, la izquierda vuelve a caer en su retórica tradicional que representa al Israel de Netanyahu como azotado por el hambre, la pobreza y la guerra, y al borde de un colapso inminente, entonces volverá a firmar por un continuado fracaso. Esa forma de hablar es difícil tomarla en serio cuando se lucha en unas elecciones, y sería verdaderamente peligroso tomarla en serio después de perder una. La izquierda debe ahora aprovechar su éxito, encontrar nuevos grupos, desarrollar un "juego sobre la tierra", no sólo en los dos meses antes de una elección, sino en los tres años que las separan. La desesperación no debe ganarles ahora, cuando solo tienen que ganar.

Por último, los observadores de Israel, todos esos profesionales, periodistas, expertos y analistas de todo el mundo, deberían aprender (algo que probablemente no harán) una lección importante sobre los israelíes de esta carrera electoral. Un tema recurrente en las cuentas de Twitter de los corresponsales extranjeros - al menos de esa abrumadora mayoría cuya opinión sobre Netanyahu no es favorable - es que Netanyahu ganó las elecciones a través del "alarmismo".

Es cierto que Netanyahu explícitamente "utilizó el miedo", y que esto le valió su pronunciada ventaja el martes. Pero los críticos internacionales de Netanyahu malinterpretan de una manera fundamental a su público, a su electorado, y a su vez malinterpretan profundamente de que tipo es exactamente ese "alarmismo".

Los críticos de Netanyahu insisten en que "utilizó el miedo" a Irán y a los palestinos. Pero no le hacía falta, porque no tenía por qué hacerlo. El electorado israelí hace ya mucho tiempo que ha catalogado a los políticos palestinos como no fiables y como "socios" con los no puede firmar la paz. Y es Irán, no Netanyahu, el que ha convencido a casi todos los israelíes, de casi todos las partidos del espectro político, que Irán es un peligro muy real para Israel.

Todo lo que Netanyahu tenía que hacer era advertir, a veces en términos descaradamente racistas, que la izquierda y los árabes estaban votando en masa. Su alarmismo no radicaba en su disconformidad con una izquierda y los árabes que "votaba en masa", sino simplemente trataba de advertir que la izquierda podría ganar. Eso por sí solo aceleró el voto del Likud, incluso en las frías horas de la tarde-noche del día de las elecciones.

El supuesto que está detrás de la acusación de "alarmismo" es que Netanyahu es la auténtica razón por la cual los israelíes desconfían de las iniciativas de paz o de las ofertas de Irán. Esa es una presunción muy conveniente, pues sugiere que si se deshacen de Netanyahu el problema estaría resuelto, pero eso es totalmente erróneo. La enemistad o la pelea de la Casa Blanca o de los políticos de la Unión Europea con Netanyahu no está centrada en realidad en el propio Netanyahu, sino en esa corriente principal del electorado israelí que respondió con tanta fuerza el martes, cuando finalmente fueron convencidos de que su país podría verse obligado muy pronto a nuevas concesiones o más peligrosos compromisos en un precario Oriente Medio.

El resultado de las elecciones se apartó de esa casi segura derrota de la derecha, la cual fue pronosticada en una encuesta tras otra por toda la panoplia de encuestadores israelíes, para convertirse finalmente en una de las victorias más espectaculares de la derecha en décadas. Las lecciones abundan: cambiar la participación significó que la geografía no acabó de jugar el papel esperado; los colonos votaron en masa al Likud aunque eso supuso desaparecer como grupo de presión en las primarias del Likud; y la campaña V15 probablemente terminó movilizando más a los derechistas que a los izquierdistas el día de las elecciones.

Pero la principal lección es también la más obvia. La izquierda lo hizo mejor el martes que en mucho tiempo previamente. Sin embargo, en realidad sólo dio su primer paso en el largo camino a la rehabilitación y la victoria.

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1 Comments:

Blogger Miguel said...

Buen artículo, solo un apunte:

"La derecha se enteró de que el Likud es su gran partido indispensable, la gran carpa en la que se reúne en los momentos de peligro."

Creo que la clave estuvo más ahí. El aumento de la participación (y otros factores que se comentan) benefició algo a la derecha, pero realmente los diputados que sacó la derecha fueron los mismos que en 2013, por lo que ocurrió principalmente fue un trasvase masivo de votantes de otros partidos de derecha (básicamente de Bennet y Yahad) al Likud. Los votantes de derechas se unieron entorno a Bibi, los de centro-izquierda hicieron cada uno la guerra por su cuenta: Que si Avodá, que si Lapid, que si los de los porros, etc (Shavit lo comentaba hoy en un artículo).

3:39 AM  

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