Wednesday, March 18, 2015

Una visión desde la izquierda: Un pueblo de derechas elige a un gobierno de derecha - Lily Galili - i24news


Partidarios del Likud 

Contrariamente al sentimiento de que "todo era posible" después de que fueran publicadas el martes las encuestas a la salida de la votación, los resultados con el 99% de los votos escrutados prueban fuera de toda duda que Benjamin Netanyahu es el próximo primer ministro y que va a formar un gobierno orientado a la derecha. A pesar de la sensación general de shock, realzado por las encuestas que predijeron lo contrario una y otra vez, algo sencillo y auténtico sucedió: un país donde una gran mayoría se define como de centro derecha eligió un gobierno de la derecha. De hecho, la extrema derecha ha tenido un éxito limitado, el centro se ha reducido y la izquierda sionista es casi inexistente. La lista conjunta árabe es el único partido izquierdista israelí importante, aunque eso no sea totalmente cierto. Algunas de las facciones de esa lista conjunta árabe son de extrema derecha y nacionalista árabe.

Esa es la verdad, y los resultados reflejan esta realidad. El llamamiento de la izquierda a cambiar el gobierno del país ha sido sustituido por un desagradable llamamiento a "cambiar su gente". Algo sumamente equivocado. Ya hay suficientes voces antidemocráticas en la derecha. La izquierda ya debería saberlo. Aunque ahora sean pocos relevantes, tienen ahora un papel que jugar en el proceso de preservación de la democracia aplastada por la reciente campaña, empapada con demasiados matices antidemocráticos.

Aparte del simple hecho de que las personas que tienen puntos de vista de derecha eligen a gobiernos de derecha, tres lecciones están incrustados en la victoria de Netanyahu.

La primera pertenece al propio Netanyahu. Hace apenas unos días, Netanyahu parecía casi perdido y derrotado. Su campaña, defectuosa y escandalosamente errada, iba de mal en peor. Incluso los más fervientes partidarios del Likud estaban diciendo "no" a su propio líder. Decían que permanecía "ajeno" y "desconectado", de una forma egocéntrica y egoísta. Durante los últimos cinco días, Netanyahu logró dar la vuelta a todo eso.

La fórmula era bastante simple: después de años de hablar sobre todo ante los medios de comunicación extranjeros y de visitar Washington con más frecuencia que Tel Aviv, de repente hizo todo lo contrario. Se puso en marcha una campaña ininterrumpida de entrevistas inclusive en los más marginales programas de radio y televisión, realizó visitas urgentes a poblaciones pequeñas, pronunció un discurso en una céntrica plaza de Tel Aviv ante decenas de miles de derechistas, y todo ello condimentado con una alusión racista a los ciudadanos árabes (las "manadas de votantes árabes" que supuestamente eran llevadas ante las urnas por organizaciones de la izquierda). Añadir a esto su constante ataque a la izquierda israelí, acusándolo de intentos ilegales para derrocar a su gobierno (la financiación de gobiernos extranjeros de la campaña anti-Bibi) y todo funcionó como magia.

Las multitudes que antes desertaron respondieron como se esperaba: habían querido castigarlo, y lo hicieron. Él fue presa del pánico, les rogó y les amenazó. Les prometió - contrariamente a anteriores compromisos - que diría "no" a un Estado palestino. Y luego ellos le dijeron: "OK. Eso es suficiente. El castigo ha terminado. Es hora de volver a casa, al Likud". En consecuencia, Netanyahu se acerca formar el próximo gobierno. Lo inesperado se hizo obvio. Todo depende de que el viejo-nuevo primer ministro y líder del Likud interiorice la dura lección que sus votantes querían enseñarle. Una lección de humildad.

La segunda lección es que los israelíes responden mal al sentimiento de sentirse no deseados o rechazados. Así es como la mayoría de ellos interpretaron el rechazo mundial de Netanyahu. Ellos lo vieron como un insulto personal a ellos mismos, y fueron a votar con despecho. Su propio sentido de haber sido insultados ha preservado el gobierno de Netanyahu.

La tercera lección enseña mucho sobre la psique de los israelíes. Los israelíes han tenido malas experiencias con los cambios. Durante las dos últimas décadas se han movido de izquierda a derecha y de derecha a izquierda. Lo han intentado todo, pero en vano. Nada ha cambiado realmente, nada ha mejorado realmente. Tienen más de lo mismo bajo primeros ministros de izquierda y de derecha, así que ¿por qué molestarse?

Isaac Herzog, el líder de la Unión Sionista, también merece mucho crédito. Casi logró lo imposible, conseguir la mayor victoria que el Partido Laborista ha logrado en décadas. Las masivas protestas sociales en 2011 resuenan con fuerza en este logro. Ofreció a los israelíes esperanza, mejores medios de vida, renovar el diálogo con los palestinos y cierta asociación con los árabes israelíes. Muchos respondieron positivamente a la opción de reemplazar la constante sensación de una catástrofe inminente por una agenda más mundana de todos los días. Funcionó bien, pero no lo suficientemente bien para él. El miedo es, presumiblemente, más potente que la esperanza. Lo conocido es más seguro que lo desconocido. La inercia es más cómoda que el cambio.

Cuando pase la sensación de euforia de la derecha por su victoria y la sensación de pérdida en la izquierda, la sociedad israelí necesitará desesperadamente tiempo para sanar. La sociedad israelí sale de esta elección herida, con cicatrices, desgarrada como nunca antes. Lo que el país necesita ahora no es solamente un primer ministro, sino un sanador.

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4 Comments:

Blogger Miguel said...

Artículo interesante, pero un apunte. Dice:

"un país donde una gran mayoría se define como de centro derecha eligió un gobierno de la derecha."

Esto es un poco más complicado. Israel es verdad esta mas orientado a la derecha que a la izquierda (no entraremos en definir estas ya que seguramente el actual Kahlon puede ser más de izquierdas en el conflicto con los palestinos que Rabin en 1995), pero la mayoría de votantes están al rededor del centro.

Así la mayoría de votantes del Likud (y de Liberman y Bennet) no se definen de centro-derecha sino de derecha.

Por otro lado gran parte de votantes de centro-derecha no vota a partidos de derechas sino a partidos de centro (básicamente Lapid y Kahlon). Estos comentarios sobre una encuesta al respecto lo explican:

"You’re oversimplifying a bit. If you look at the polling above, most of the center-right voters vote for centrist parties, rather than right-wing parties, while almost no centrists vote for the Right, so what becomes possible is a coalition between the Left (Meretz and left wing of Labour), the Center-Left (right wing of Labour and left wing of Yesh Atid) the Center (basically just Lapid) and the Center-Right (right wing of Yesh Atid and Kulanu).

Basically, the Left in Israel is weak, but the Center-Left, Center and Center-Right are, collectively, 57% of voters. In short, as Israeli politicians have been saying for years, most of the voters are in the center. Moreover, at least in this election, centrists seem far more interested in the fact that they can’t afford an apartment and corruption than in speeches about Iran."


http://knessetjeremy.com/2015/03/10/panelsknesset-channel-poll-zionist-union-24-likud-21-yesh-atid-14-the-joint-arab-list-13-bayit-yehudi-12-kulanu-9/#comment-12896

Also, while a lot of people are taking careful note of the preferences of Kahlon’s voters, what interested me most was the fact that self-described centre/centre-left/left voters basically never vote for anyone to the right of Lapid (excluding the haredim). Moreover, the centre-right seems far more inclined to vote for Yesh Atid or Kulanu than Likud. So, while that part of the poll looks like it should be very good for Likud (59% right or centre-right) the reality is that the out of the 59% who might be inclined to vote right of Lapid (as this doesn’t seem to happen for self-described centre/centre-left/left voters), the centre is scooping up 4-5 seats (out of a bit more than 40 total seats) from self-described right-wing voters, while the whole of the right (excluding Shas and UTJ) are only scooping up 10-12 seats worth of center-right voters (out of just under 30 seats worth of centre-right voters). This puts a very different spin on persistent claims that Israelis have veered right, as the ‘centre-right’ seems quite happy to vote centre-left, while the centre-left never votes centre-right (at least in this election).

http://knessetjeremy.com/2015/03/10/panelsknesset-channel-poll-zionist-union-24-likud-21-yesh-atid-14-the-joint-arab-list-13-bayit-yehudi-12-kulanu-9/#comment-12850

Y decir que tanto los votantes de Kahlon como los de Lapid preferían a Herzog (más claro en el caso de los votantes de Lapid situados más a la izquierda):

Who do you want your party leader to endorse at the President’s Residence (Phase 2)?

Yesh Atid voters – 79% Herzog, 14% Netanyahu, 7% Don”t care

Kulanu voters – 47% Herzog, 33% Netanyahu, 20% Don’t Care

2:09 AM  
Blogger José Antonio said...

Pienso que lo del centro-izquierda es un cliché muy cómodo por parte del electorado (tb. occidental) a la hora de definirse: abarca una "amplitud de miras" (a derecha e izquierda), una cómoda ambigüedad ideológica muy significativa del materialismo ambiental (las derechas e izquierdas estrictas son más ideológicas) y se guardan las formas políticamente correctas.

Respecto al binomio Netanyahu / Herzog para los centristas, se trata más bien de un tema personal, de la personalidad de cada uno, siendo obviamente Herzog una figura vista como mucho más moldeable, "más centrista".

No hace falta decir que una continua ambigüedad resulta algo insatisfactoria cuando se plantean las cosas bajo una tesitura, exagerada o no, drástica y se suele elegir lo malo conocido que lo bueno por conocer

10:54 AM  
Blogger Miguel said...

Un cosa:

Con los resultados actuales si realmente todos los partidos nominarán para PM al candidato que prefieren sus votantes Herzog tendría 63 nominaciones y Bibi 57, por lo que Herzog podría tomar la iniciativa de formar gobierno, seguramente del tipo: HaMajane HaTzioni + Meretz + Yesh Atid + Kulanu + haredim (63 MK´s).

Esto no sucederá, porque Kulanu no nominará a Herzog con un 30-24 para el Likud. Con la misma distribución por “bloques” (derecha, centro-izquierda, haredim, partidos árabes) pero con un 26-22 para Herzog las cosas podrían haber sido diferentes. La actual Knesset no es más de derechas/haredim que antes, más bien el acontrario (ahora 57, 61 en 2013, 65 en 2009) pero a concentración del voto de la derecha en el Likud hizo la gran diferencia y puede dar a Israel el gobierno más de derechas/haredim de su historia (si bien pueden existir algunos contrapesos por parte de Kahlon y algunos de sus diputados, así como algunos diputados moderados del Likud, veremos).

9:04 PM  
Blogger Miguel said...

This comment has been removed by the author.

9:04 PM  

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