Thursday, March 19, 2015

Una visión interesante, aunque egocéntrica, procedente de los judíos progresistas americanos: Los judíos americanos y las elecciones israelíes - Rob Eshman



Si hay una lección que los judíos americanos deben aprender de las elecciones en Israel, es esta: los judíos israelíes no son nosotros.

Israel no es Nueva York. O LA. O Chicago o Boston o Miami o Filadelfia. Se trata de una "comunidad" judía como ninguna otra en América.

Los israelíes fueron a las urnas este martes y volvieron a elegir al primer ministro Benjamin Netanyahu como su primer ministro. Bibi, si se hubiera enfrentado a Isaac Herzog ante los votantes judíos estadounidenses, habría perdido. Él habría perdido de tal manera que habría igualado la derrota de Barack Obama ante Bibi en el propio Israel. El hecho de que Netanyahu obtuviera 30 mandatos en contra de los 24 de su oponente resultó tan impactante para la mayoría de los judíos americanos como el hecho de que esos mismos judíos estadounidenses votaran abrumadoramente - por dos veces - por Barack Obama frente a la opinión de la mayoría de los israelíes.

La vida judía se compone de tribus - ortodoxa, secular, mi sinagoga, su club de campo, asquenazís, mizrahim, etíopes, etcétera. Pero las dos tribus más grandes son las estadounidenses e israelíes. Las diferentes culturas, los diferentes idiomas, la diferentes realidades. Israel y los Estados Unidos son un estudio de gemelos de la vida judía: el mismo nacimiento, la misma herencia, pero muy diferente crianza y por lo tanto muy diferente naturaleza.

Durante años, el mayor mito que los judíos americanos se han estado diciendo a sí mismos es que los judíos israelíes eran como ellos. Eso funciona porque tendemos a probarnos esto a nosotros mismos mediante la selección del Israel con quién más nos identificamos. Nos enamoramos de Abba Eban como los franceses se enamoraron de Jerry Lewis. Los israelíes, por su parte, se burlaban de él. Un amigo mío no entendía por qué el ex embajador israelí Michael Oren, que figuraba en la lista de Kulanu, no iba en la primera posición en ella. Oren había nacido en los Estados Unidos, se educó en Princeton, es brillante, elocuente y centrista. Le dije que el líder de Kulanu es Moshe Kahlon, un israelí de línea más bien dura (y también inteligente) de orígenes libios.

"Pero Oren habla tan buen inglés", me dijo absolutamente perplejo.

Los israelíes en los que nos centramos y a los que apoyamos, o invitamos a hablar, no son representativos de todos esos israelíes con los que nunca entramos en contacto, o preferimos ignorar. Nos encantan los artistas israelíes, y los empresarios, los modelos, los escritores y los actores, muchos de los cuales, si no la mayoría, están entre la minoría que votó a los partidos perdedores.

El idioma, los ingresos, el origen étnico, la ideología, la práctica religiosa, todo ellos nos separan de la gran masa de votantes israelíes: esos que no vienen a hablar ante nuestras sinagogas, o conducen seminarios Birthright a nuestros hijos, o aparecen en los periódicos con la última invención tecnológica. Hay miles de Amos en Israel, pero solamente conocemos a un Amos Oz.

Y vamos en una deriva diferente. Si los ingleses y los estadounidenses son dos pueblos separados por una lengua común, los judíos israelíes y los estadounidenses son un pueblo separado por un país común.

Nosotros no conocemos verdaderamente a la mayoría de los judíos israelíes, y no entendemos realmente sus vidas. Económicamente se esfuerzan más que la mayoría de los judíos estadounidenses, especialmente los más activos e influyentes en la vida judía y cívica. Más importante aún, ellos viven en un país que se enfrenta a amenazas muy reales de unos enemigos muy reales. Ellos y sus hijos e hijas están llamados a vestir el uniforme, tomar las armas y prepararse a morir por su país, algo de lo que algunos judíos estadounidenses tienen experiencia, pero no la gran mayoría.

La cultura importa. Las circunstancias son importantes. En las habituales ceremonias en los innumerables banquetes judíos de recaudación de fondos ellos y nosotros somos un pueblo, y sí, sobre el papel es verdad. Pero si usted está hablando de la realidad, entonces es más cierto decir que estamos viviendo vidas muy diferentes y que hemos desarrollado dos ramas distintas de una familia muy pequeña.

Eso explica la reacción de la mayoría de los judíos estadounidenses ante la elección. Parecían pensar que los israelíes no podrían reelegir a una persona que había llegado a representar tan anatema para nosotros. La pregunta más común que he escuchado es "¿Cómo ha sucedió esto?", y mi respuesta es: porque querían que sucediera, y votaron, y tú no.

¿Y ahora qué?

Israel confía en el poder de los EEUU, que es importante, y del poder que se deriva en gran parte de la influencia de los judíos estadounidenses en la política interna, que no es insignificante. La fuerza de esta relación, que ha servido a todos, Israel, los Estados Unidos y a la comunidad judía norteamericana, depende de la fuerza de la unión entre la comunidad judía estadounidense y la israelí. Para asegurarla hay mucho trabajo que hacer.

Los judíos estadounidenses tienen que llegar a conocer, a falta de una palabra mejor, al verdadero Israel, ese mundo donde si Bibi no es exactamente el rey, sí es la opción segura y confiable (Por cierto, también muchos dentro de la izquierda en Israel tendrían que hacer un mejor trabajo a la hora de conocer a esa parte de su propio país). Si quieren entender, o incluso influir, en esos votantes, tienen que verlos no como unos oscuros mini-yo, sino como lo que realmente son.

Y ¿qué pasa con los israelíes? La brecha tampoco les hace ningún favor. Israel no puede basarse únicamente en el apoyo de los religiosos y de la derecha. Simplemente porque tengan a Sheldon Adelson y a una base activa de conservadores aliados, eso no significa que tengan a la judería norteamericana. De hecho, cuanto más se alinee Israel con los valores de la derecha religiosa y con oligarcas como Adelson, más se alejará de la mayoría de la comunidad judía estadounidense.

"La derecha [dentro de la comunidad judía estadounidense] está creciendo mucho más rápidamente", le dijo Michael Oren en una entrevista previa a las elecciones a Jeffrey Goldberg en el Atlantic, "incluso como porcentaje dentro de la comunidad judía. Hay un mayor porcentaje que es más religiosa y más conservadora. Esa disparidad va a crecer a favor de la derecha en los próximos años".

Esto puede ser cierto, pero descuida a un número creciente de jóvenes judíos estadounidenses que las encuestas muestran a la izquierda de las políticas israelíes. Estos serán los futuros americanos que Israel necesitará para ganar amigos y personas de influencia en Washington DC y en otros lugares, y no puede permitirse el lujo de perderlos.

La derecha y la religión por sí solas nunca pueden ser lo suficientemente grandes como para determinar una diferencia crucial sobre los grandes temas. Y cuando el péndulo oscile en Israel y un gobierno progresista tome el poder, estos actuales fuertes partidarios podrían llegar a trabajar en contra de ese gobierno israelí.

Bibi viró hacia la derecha ante la dificultad a la hora de ganar las elecciones israelíes. Si continúa navegando en esa dirección dejará a la comunidad judía estadounidense en una orilla distante, diciendo adiós.

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