Sunday, August 30, 2015

Gran artículo: La vergonzosa conexión trazada entre el Holocausto y la Nakba - Ben-Dror Yemeni - Ynet



El próximo lunes, el Instituto Van Leer de Jerusalén llevará a cabo un evento sobre el Holocausto y la Nakba basado en un libro titulado "El Holocausto y la Nakba: Memoria, Identidad Nacional y asociación entre judíos y árabes".

He recibido un montón de mensajes de enojo de sobrevivientes del Holocausto. ¿Cómo, se pregunta uno de ellos, se atreven a dibujar un vínculo entre el Holocausto y la Nakba? Le comenté que el instituto afirma que no tratan de realizar una comparación, según trataron de explicarme. Lo que quieren señalar es que entre ambas naciones, esos son unos eventos seminales que han afectado a sus respectivas identidades. El libro contiene artículos, añadí a mi interlocutor, que realmente hacen hincapié en la diferencia. No obstante, él no estaba convencido. A decir verdad, yo tampoco

Desde hace muchos años hay gente entre nosotros que tratan de minimizar el Holocausto. Un profesor inclusive trató de borrarlo de la memoria. La idea es que una conversación basada en el victimismo conduce al odio entre las naciones, al chovinismo, al nacionalismo e incluso al fascismo. ¿Pero entonces la Nakba?

El caso es que son estas mismas personas las que afirman que la Nakba, precisamente la Nakba, sí hay que fomentarla y difundirla. Ellos quieren que haya más y más atención sobre la Nakba, para que así se pueda entender la catástrofe vivida por el otro lado. Aquellos que se oponen a la memoria del Holocausto basándose en los peligros del victimismo son repentinamente los mayores partidarios del victimismo de la Nakba.

No todos los artículos en el libro forman parte de esta industria de tonterías. Pero el hecho mismo de que el Holocausto y la Nakba estén unidos en él dan fe de que el libro es, o bien un error o una locura. Después de todo, los representantes de estas fuerzas de progreso y del Instituto Van Leer no han escrito, ni publicado, ni celebrado un evento sobre la Nakba judía - los pogromos y la expulsión de cientos de miles de judíos de los países árabes -. Y ellos no escribieron, ni publicaron un libro, ni celebraron un evento sobre el Mufti Haj Amin al-Husseini, quien fomentó la empresa de exterminio judío. Y tampoco hay ninguna posibilidad de que los aficionados a la Nakba cuenten a sus estudiantes o publiquen artículos, sobre el hecho de que en esos años las transferencias de población eran la norma, y ​​que esa fue una experiencia compartida por decenas de millones de personas. Ninguna de esas personas es un refugiado en la actualidad. Excepto los palestinos. Y eso no va a suceder porque en algunas partes del mundo académico israelí la Nakba se ha convertido en la escuela hegemónica de pensamiento.

Sin duda, la Nakba es un hecho. Podemos y debemos compartir en el dolor de los que la sufrieron. Lo que pasa es que a diferencia de las decenas de millones de personas que también sufrieron la expulsión, los árabes utilizaron la Nakba con un solo propósito: su lucha contra Israel.

En 1949, el canciller egipcio Mohamed Salah al-Din Bey aclaró que: "Es bien sabido y entendido que para los árabes, al exigir el regreso de los refugiados a Palestina, significa su regreso como amos de la Patria..., lo que significan la liquidación del Estado de Israel". En 1959, la Liga Árabe aclaró que "Los países árabes no concederán la ciudadanía a los solicitantes de origen palestino con el fin de evitar su asimilación en los países de acogida". En 1960, el presidente egipcio Gamal Abdel Nasser aclaró que "Si los refugiados regresan a Israel, Israel dejará de existir". Y el ayudante de Arafat, Sakher Habash, aclaró a los jóvenes palestinos que "para nosotros, el tema de los refugiados es la carta ganadora que significa el fin del Estado de Israel". Y hoy en día, el "derecho de retorno" es el lema del movimiento BDS que rechaza cualquier acuerdo con Israel.

Podríamos seguir. Hay mucho más. La glorificación de la Nakba en un libro que la enlaza con el Holocausto es suficiente para demostrar este punto.

De vez en cuando, los representantes de la escuela de pensamiento de la Nakba tratan de comercializar la afirmación de que existe la necesidad de reconocer la Nakba con el fin de lograr la reconciliación y la comprensión. La reconciliación es importante, pero la conciencia de la Nakba promueve exactamente lo contrario de eso. La paz sólo puede lograrse cuando la parte árabe en su conjunto, y los palestinos en particular, reconozcan su responsabilidad, su intransigencia, el hecho de que su liderazgo declaró la guerra y habló desde el inicio de la erradicación de la población judía. Ningún cambio puede venir sin esos reconocimientos, reflexionando ante el hecho de que rechazando cualquier plan de partición evitaron la formación de un estado palestino entre los años 1949-1967, antes de que hubiera una ocupación.

Pero ellos - los palestinos y los representantes de la escuela de pensamiento de la Nakba - no quieren un estado al precio de la pervivencia de Israel. Ellos no quieren hacer nada por sí mismos y desean perpetuar el problema. Es por eso que la escuela de pensamiento de la Nakba anima la victimización, legitima cualquier mentira bajo los auspicios de la "narrativa palestina" y promueve la fantasía del "derecho de retorno".

Uno de los escritores participantes en el libro, el escritor Salman Natur,  presenta una "narrativa" hecha enteramente de autoengaño. "Es una suerte", escribe, "que los nazis fueran detenidos en El Alamein, ya que podrían haber traído el desastre sobre el mundo árabe". Lo siento, pero los nazis controlaron una parte del mundo árabe, el norte de África, y allí ellos no persiguieron a los musulmanes, al contrario, persiguieron a los judíos. De hecho, en 1941, los árabes llevaron a cabo, alentados por el muftí y el nazismo, el pogromo conocido como "Farhud" contra los judíos de Bagdad. Y mítines pro-nazis se llevaron a cabo en todo el mundo árabe, con la esperanza de que Rommel ganara. En ese momento, Hitler era citado con admiración como "Abu Ali", y el saludo "Heil Rommel" se escuchaba. De hecho, los árabes que se opusieron al mufti planeaban escapar porque resultaba claro para ellos que el muftí nazi también los eliminaría. Y de hecho, tras la guerra, los criminales nazis encontraron asilo en Egipto y Jordania. Pero lo de Salman Natur es comercializar una "narrativa", no la auténtica historia. Con el patrocinio académico de un instituto y de una editorial israelí.

Natur ha dedicado toda su energía a promover el "derecho de retorno" desde hace muchos años. Al igual que el movimiento BDS. No se trata pues de autodefinición, ni se trata de la paz, y ni mucho menos de dos estados. Sólo de la Nakba, de los refugiados y del derecho al retorno, todo envuelto en el celofán de la igualdad de derechos. Esa igualdad que no funciona en ningún lugar del mundo árabe, pero los delirios están exentos de hacer frente a los hechos. Y sobre todo, a diferencia de las mentiras alimentadas por la escuela de pensamiento de la Nakba, no existe un "derecho de retorno" en la ley de las naciones. Eso sí, debería dar las gracias a todos los que trabajaron duro en su favor, el Instituto Van Leer y la editorial Kibbutz Meuhad. Estos últimos no obtendrán su amada reconciliación, pero sí vamos a obtener una nueva edición de la demanda de convertir a Israel en Irak o Siria gracias al "derecho de retorno".

El proyecto de enlazar el Holocausto y la Nakba está financiado por, entre otros, la Fundación Heinrich Böll, que está afiliada con el Partido Verde alemán. Este dinero apesta, y apesta porque esta fundación alemana no se atrevería a financiar un evento sobre la Nakba alemana. Después de todo, al liderazgo árabe - y no sólo al mufti - también le picó el gusanillo de las aspiraciones a exterminar poblaciones. Después de todo, los alemanes, como los árabes, representaron al lado agresor, y después todo terminó con su derrota, lo que significó una Nakba para ambos. Como resultado de esta derrota, 12-16 millones de alemanes, la mayoría de los cuales ni siquiera eran nazis, fueron expulsados ​​de los países de Europa Central.

Así pues, ¿por qué no hay ninguna posibilidad de que una fundación o los medios académicos alemanes promueven un proyecto de investigación acerca de las similitudes entre la Nakba alemán y la Nakba árabe, pero por contra promueven un proyecto que enlaza el Holocausto con la Nakba? Fácil, debido a que las "fuerzas de progreso" no van a permitir que la verdad se oiga. La percepción falsa gana y oprime.

Hay una cosa que debemos admitir y en la cual los organizadores del evento tienen razón. El Holocausto y la Nakba jugaron un papel, para ambas naciones, en la creación de la memoria colectiva nacional. Excepto que hay una diferencia insondable: En el caso de los judíos, se utilizó esta memoria colectiva para construir. En el caso de los árabes, esta memoria colectiva se utilizó, y todavía se sigue utilizando, para intensificar el odio y el resentimiento. Los judíos no formaron decenas de organizaciones terroristas para erradicar la entidad alemana, y no justificaron el terrorismo. Para los árabes, la Nakba fue y sigue siendo el principal motor de la industria del terror y sirve para perpetuar el problema de los refugiados. El mundo árabe tiene una inmensa fortuna, pero ni un solo dólar se utilizó para la rehabilitación de los refugiados. Decenas de millones de dólares se utilizaron para financiar la industria del terror y de la destrucción. Pero desde luego la escuela académica de pensamiento que vincula el Holocausto y la Nakba no se ocupará de estas cuestiones. No hay ninguna posibilidad de que lo haga.

Al final del año escolar anterior, estaba dando una conferencia en la Universidad Ben Gurion sobre estas cuestiones entre otras cosas. "Algo aquí no tiene sentido para mí", me dijo un estudiante. "Todo lo que está diciendo es lo contrario de lo que he estudiado aquí". No hay que generalizar. No todos los profesores y no todos los departamentos forman parte de la escuela de pensamiento de la Nakba. Pero el estudiante tiene razón. A muchos estudiantes les han lavado el cerebro. La libertad académica ha sido derrotada y la opresión hegemónica ideológica se ha impuesto. Y si necesitábamos más pruebas de ello ahora tenemos este libro y este evento.

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