Sunday, April 24, 2016

Una esperanza, una petición, una promesa: El Seder en Etiopía, a 3.000 km de distancia de Tierra Santa - Melanie Lidman - Times of Israel





Fue cuando los niños del Bnei Akiva comenzaron a bailar, por supuesto, al final del Seder de Pesaj, cuando decimos cantar "L'Shanah haba'ah B'Yerushalayim" - El próximo año en Jerusalén -. Estos niños, que han estado esperando durante años para hacer aliya a Israel, pronunciaron las palabras con pasión, bailando en círculos y saltando con sus manos en la espalda e izando a los niños más pequeños a sus hombros.

Las palabras "El próximo año en Jerusalén" se siente de una manera agridulce en la comunidad judía de Gondar. Ellos tienen momentos de esperanza, pero también poseen décadas de añoranza, un sinnúmero de frustraciones, demasiados obstáculos burocráticos, el dolor de la separación de las familias y miles de años de tradición. El Seder de Pesaj, que vuelve a contar la historia de la salida de Egipto hacia Israel, de la esclavitud a la libertad, trae sobre el tapete su lucha por convertirse en israelíes.

Algunos de los 6.000 miembros efectivos de la comunidad judía de Gondar han estado esperando durante más de 25 años para trasladarse a Israel, viéndose atrapados en un limbo por las disputas políticas que se suceden en Israel y que observan desde la lejanía.

Cerca de 135.000 judíos de origen etíope ya están viviendo en Israel. Decenas de miles de judíos de Etiopía fueron transportados por aire a Israel durante la Operación Moisés en 1984 y la Operación Salomón en el año 1992. Desde entonces, 50.000 judíos etíopes adicionales han hecho aliya a Israel, a un ritmo de alrededor de 200 por mes.

Pero todavía hay aproximadamente unos 9.000 judíos abandonados en Etiopía según la comunidad etíope. Los judíos que aún quedan en Etiopía son los llamados "Falash Mura", descendientes de aquellos judíos que se convirtieron al cristianismo hace generaciones, a menudo bajo coacción.

En noviembre, los judíos de Etiopía celebraron la decisión del Gobierno de aprobar la aliya de los 9.000 judíos restantes en Etiopía. Pero esta decisión fue echada atrás tres meses más tarde, cuando la Oficina del Primer Ministro se negó a poner en práctica el programa porque eran necesarios para financiar la consiguiente absorción de esa población de unos 1.000 millones de dólares que no formaban parte del presupuesto. Sin embargo, se encontró finalmente la financiación y la aliya fue aprobada de nuevo el 7 de abril.

La aliya de los "últimos" 9.000 judíos etíopes se espera que comience en junio y que continuará durante aproximadamente cinco años.

Para el Seder de Pesaj del viernes se reunieron aproximadamente unas 3.000 personas en Gondar, ya que muchos dentro de la comunidad creen que tal vez sea el último, que los próximos los celebrarán en Israel.

"Ustedes no están solos, la gente de todo el mundo está pensando en que cómo decir las mismas palabras esta noche", dijo el rabino Menajem Waldman al comienzo del Seder. Waldman, un rabino de Haifa que ha actuado como el rabino de la comunidad judía de Etiopía durante los últimos 35 años, ahora trabaja para la Agencia Judía. Mencionó los nombres de los diputados que visitan o apoyan a esta comunidad, incluyendo los diputados del Likud David Amsalem y Avraham Neguise, quienes se negaron a votar con la coalición gubernamental durante dos meses hasta que la Knesset aprobó el plan para llevar a los 9.000 judíos etíopes a Israel.

Waldman recordó a la comunidad que la Agencia Judía nuevamente patrocina la comida del Seder por vez primera desde el anunció del "fin de la aliya" de Etiopía en agosto de 2013. Y que miles de judíos de todo el mundo, en Israel y en los Estados Unidos, abogan por la reanudación de la aliya y la reunificación de las familias entre Etiopía e Israel.

Un Seder con 3,000 personas es caótico, ruidoso, bullicioso y excitante. Se requieren dos semanas de preparación a mano para hornear las 50.000 matzas ​​sobre el fuego. El jueves transcurrió barriendo el piso de tierra de la sinagoga de arriba a abajo, y el viernes se dedicó a la preparación de los alimentos: hervir 2.000 huevos y 400 kg de patatas, aplastar la mezcla de manís-dátiles-plátanos con dos grandes mazos de madera.

A principios del viernes por la tarde, cuando el sol se volvió dorado y las banderas de Etiopía e Israel revoloteaban en la brisa, los frenéticos preparativos fueron completados finalmente.

Las personas comenzaron a llegar con dos horas de antelación, las mujeres vestidas con hermosos y blancos sudarios y los niños muy limpios y excitados. Decenas de líderes de la sinagoga trabajaron durante todo el viernes para rellenar las "bolsas del Seder" para cada participante, con una patata cocida, un huevo, un pedazo de lechuga y la matzá. Tal vez el mayor milagro fue que las bolsas se repartieran más de tres horas antes del comienzo del Seder, y que casi nadie, ni siquiera los niños más pequeños, abrió la bolsa para tomar un aperitivo antes del Seder.

La velada comenzó con los servicios del Kabalat Shabat (la bienvenida del sábado), ya que la Pascua comenzó el viernes por la noche. A medida que la multitud comenzó a cantar la tradicional canción local de la noche del viernes "Sambuse, Sambuse", las mujeres estallaron en aullidos y la multitud se volvió loca, bailando y lanzando sus brazos al aire.

Tomó cierto tiempo a los líderes de la comunidad conseguir que todos se sentaran de modo que Waldman pudiera comenzar el Seder.

Mientras recitaba un texto abreviado - este es el pan de la aflicción, esta es la hierba amarga, esta es la primera copa de vino - las personas izaban los artículos, con un mar de huevos cocidos elevándose a lo largo de la sinagoga. Alrededor de 50 niños cantaron las cuatro preguntas con toda la fuerza de sus pulmones, y el resto de la comunidad les aplaudió.

El vino dulce hecho en casa, gracias a 40 kg de pasas de uva fermentadas en dos grandes cubos durante una semana, fue el mayor éxito del Seder, con los niños trepando para conseguir una taza.

Un Seder con 3.000 personas no deja mucho espacio a discusiones y reflexiones profundas sobre los temas de la Pascua. Pero tal vez se trataba menos acerca de las palabras, y más acerca de la realidad del anhelo de Israel, y de la esperanza de que este año sus propios éxodos lleguen a su fin.

Cuando la noche terminó cantando el Hatikva, el himno nacional de Israel, el canto se transformó en una triste melodía. Era un despertar y un gritó de resolución y de fuerza. Era una promesa, no una petición. Y cuando lo cantaron, no pudimos evitar emocionarnos.

Porque vivo en Israel sé que no será el lugar perfecto de sus sueños, o de los sueños de los demás. "¿Ellos no saben lo difícil que será cuando lleguen?", les quería decir parte de mí . "¿Ellos no conocen que la sociedad israelí a veces puede caracterizarse por un racismo banal que tratará de borrar su cultura, de cambiarles el nombre, de negarles oportunidades educativas sólo por el color de su piel? ¿Ellos también desconocen el racismo, la violencia y el terrorismo sin sentido al que se enfrenta Israel a causa de sus enemigos?".

Y sin embargo. No importa cuán difícil pueda ser Israel, también hay momentos de gran belleza que quitan el aliento. "Voy a extrañar a Etiopía, pero ahora más que nunca mi alma necesita alcanzar Tierra Santa", me dijo uno de los cantores de Etiopía mientras supervisaba la preparación de matzá. Y lo comprendí.

En algún momento del viernes, casi todos los judíos del mundo vuelven sus pensamientos hacia un solo lugar, Jerusalén, ya que se vuelve a contar la historia de la salida de Egipto.

Para los judíos de Etiopía, estas palabras no son solamente una historia tradicional. Son una realidad, una esperanza, una petición, una promesa. Este año somos esclavos, el año que viene seremos libres. Ahora estamos en nuestra Egipto, pero tenemos la esperanza de que "el próximo año en Jerusalén".

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