Thursday, March 29, 2018

Los Seder atípicos, pero ahora convencionales, de la judería estadounidense: Buscando un significado detrás de una metáfora vacía - Jonathan Tobin - JNS



Para aquellos que se preocupan por el futuro de la judería estadounidense, la Pascua trae algo de consuelo. Según una encuesta publicada en 2014 por Pew Research Center, el 70% de los judíos estadounidenses que se identifican como judíos asisten a un Seder de Pascua. Eso es mucho más que aquellos que ayunan en Yom Kipur, que encienden las velas del Shabat, asisten a los servicios religiosos o se mantienen kosher. Las cifras siguen siendo significativas incluso para aquellos a quienes Pew etiquetó como "judíos sin religión" en su histórico estudio de la comunidad publicado el año anterior. Según Pew, el 42% de los integrantes de ese grupo demográfico de rápido crecimiento y que solo mantiene vínculos tenues con el judaísmo y el pueblo judío participan en un Seder.

Eso hace del Seder una de las pocas conexiones restantes a la tradición judía de muchos judíos estadounidenses. Dado que el Seder es un ejercicio único en la memoria nacional que transporta a los judíos a sus orígenes - y los desafía no solo a conmemorar el éxodo de Egipto, sino a participar personalmente en él -, eso hace que el servicio ritual sea un momento poderoso en el que podemos captar un sentido y significado en que el pueblo judío puede reafirmarse.

Pero, ¿y si esa no es la forma en que la mayoría de los judíos estadounidenses celebra la Pascua? ¿Qué pasa si, a pesar de su ubicuidad, el Seder al que asisten tantos judíos no es tanto un recordatorio de sus orígenes y el desafío particular de una vida judía, sino una metáfora vacía en la que se puede celebrar cualquier causa o creencia?

Ese es el dilema al que se enfrenta una comunidad judía estadounidense a medida que se acerca a otra Pascua y en la que algunos tratan al Seder como un mero vehículo para promover cualquier causa de moda que esté en la cima de la actual agenda liberal y progresista. La historia de la huida de los hijos de Israel de la esclavitud en Egipto hacia la libertad siempre ha sido una metáfora de la lucha por la libertad de todos los pueblos. Pero, ¿qué sucede cuando los propios judíos dejan de verlo como la historia de cómo se forjó su propia identidad y comienzan a verlo más en términos de lo que simboliza a otras preocupaciones? ¿Qué significará si una masa crítica de judíos comenzara a sentirse más cómoda usando su historia como una razón para preocuparse por otras preocupaciones, en lugar de expresar su propia fe e historia?

Esa es una pregunta a la que estamos obligados a responder sobre el significado de la Pascua para la mayoría de los judíos estadounidenses que esta semana asisten a los Seder. ¿Estamos cada vez más cerca de un punto de inflexión, donde el ritual de la Pascua dejaría de ser principalmente una reafirmación de la identidad judía y en su lugar se convertirá en la celebración anual de un credo universalista en el que el particularismo del judaísmo es degradado?

Aunque no estamos ni cerca del momento en que incluso la mayoría de los judíos no ortodoxos dejen de contar la historia del Éxodo de una manera que se divorcie de una lucha específicamente judía por la libertad, también debe reconocerse que los días en que los Seder alternativos cuyo objetivo es promover otras causas, ya sean los derechos civiles, el ambientalismo, los sindicatos, la difícil situación de los inmigrantes o incluso la lucha de los árabes palestinos para destruir a Israel, ya no resultan atípicos.

Esta tendencia se puede remontar a la Hagadá del "Seder de la Libertad" escrita por el rabino Arthur Waskow. Publicado por primera vez en la revista izquierdista Ramparts en 1969, en el aniversario del asesinato de Martin Luther King Jr. (luego publicado en forma de libro al año siguiente y posteriormente reeditado periódicamente por su Shalom Center), Waskow transformó la liturgia tradicional en una pieza política  que identificaba al judaísmo y a la historia del Éxodo con la lucha por la igualdad en América. Si bien la causa del Dr. King y los derechos civiles era justa, la inteligente adaptación de Waskow estaba orientada a dirigir a los participantes hacia un tipo de activismo izquierdista.

El "Seder de la Libertad" fue adoptado como una forma de promover una agenda de justicia social que era en muchos aspectos compatible con el judaísmo tradicional. En las décadas que siguieron, se publicaron otros Seder alternativos en los que el contenido judío del Seder fue cada vez más relegado para ser reemplazado por varias causas que fueron tratadas como el enfoque principal.

En su forma más anodina, tales esfuerzos pueden ser un suplemento inofensivo del ritual judío. Sin embargo, ¿qué sucede cuando las alternativas se convierten en la principal forma de entender la Pascua, especialmente entre la gran mayoría de judíos cuya versión del Seder ya está muy desprovista de su contenido judío, y una especie de carrera para atravesar algunos pasajes obligatorios antes de que se sirva una comida festiva?

Ya es suficientemente malo cuando el Seder se distorsiona en un ritual que no respeta la memoria judía, como aquellos que compararían la difícil situación de los inmigrantes ilegales en Estados Unidos no solo con los esclavos en Egipto, sino también con los judíos que huyen del Holocausto.

Peor aún es lo que sucede cuando el Seder es secuestrado como parte de una campaña de propaganda para deslegitimar al Estado judío: la máxima expresión de la libertad que celebra la Hagadá. Esa es la única manera de describir una Hagadá difundida por el grupo antisionista Voz Judía por la Paz que busca la destrucción de Israel y en la que los palestinos son sustituidos por los hijos de Israel.

Lo que tienes entonces es la ilustración perfecta de la famosa frase de la autora Cynthia Ozick en la que afirmaba que "el universalismo es el particularismo de los judíos". Aquellos que usan el ritual judío de esta manera, están ayudando en lugar de combatiendo a las fuerzas que debilitan la vida judía en la Diáspora. Aquellos que ven a la Pascua como un arma para ser usada contra la identidad y los derechos judíos, finalmente están librando una guerra contra el judaísmo y el pueblo judío.

Los Seder alternativos pueden tener sus usos, y todas las familias deben pensar en formas en que puedan darle vida a sus rituales para que tengan sentido. Los Seder son la experiencia definitiva de la educación familiar y deben ser vistos como oportunidades para enseñar de maneras innovadoras, así como para reunirnos para comer y cantar algunas melodías familiares.

Pero una metáfora vacía no sirve para nadie. Cuando se conviertan en baluartes para la asimilación o incluso en contra de la existencia de Israel, los Seder alternativos deben ser vistos no solo como un pobre sustituto de la tradición, sino también como un medio para extinguirla.

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Sunday, May 01, 2016

Cómo mantienen con vida los israelíes las tradiciones de Pascua - Yuval Avivi - Al Monitor




Para un observador externo puede parecerle extraño e incluso rozar la locura: Durante la tradicional cena de Pascua (Seder), cuando los participantes leen la Hagadá sobre el éxodo de Israel de Egipto, cada comensal toma una cebolla verde y arremete contra la espalda de su compañero de mesa con eso. Esta es sólo una de las inusuales tradiciones de Pascua. Esta tradición proviene de la judería persa, pero otras comunidades judías también mantienen sus propias tradiciones. Los judíos de Djerba (una isla de Túnez) mantienen otra tradición. Al leer el capítulo "Este es el pan de nuestra aflicción", el patriarca de la familia gira el plato ceremonial del Seder por encima de las cabezas de los comensales, incluyendo niños pequeños, e incluso sobre las de aquellos que ya han muerto. Y ello por el verso citado en la Hagadá, "Derrama tu ira sobre las naciones", que leen el libro en hebreo y árabe.

En otras comunidades judías, cuando se recitan las diez plagas (infligidas por Dios a los egipcios), todo el mundo sale a la calle con velas encendidas y grita los nombres de las plagas en público.

A pesar de estas diferencias esenciales entre las comunidades y las extrañas tradiciones que algunas de ellas todavía mantienen, el investigador Hizky Shoham del Instituto Shalom Hartman en Jerusalén explica que hoy en día la mayoría de los israelíes se adhieren a lo que denomina la "copia de la Hagadot". Se refiere al Hagadot estándar que carece de cualquier singularidad, publicado en decenas o incluso en cientos de miles de copias antes de las vacaciones, y distribuido por las entidades comerciales y diversas organizaciones.

"La sensación es que para la mayoría de las familias israelíes - y no importa de qué fondo judío proceda - el Seder tiene el mismo aspecto, con un mínimo de etapas e incluso los mismos agotadores chistes. La mayoría de las familias no mantienen realmente sus propias tradiciones folklóricas, excepto para la comida. Eso es lo que sorprende antropológicamente... la mayoría de la gente toma la copia de la Hagadot sin alterarla, quieren terminar la lectura de la Hagadá de forma rápida y comer, y todos lo hacen".

El lugar prominente que mantiene la fiesta de Pascua entre los israelíes está en gran medida ligado a este proceso hacia la uniformidad. En su libro "Celebremos. Fiestas y cultura ciudadana en Israel", Shoham argumenta que "la Hagadá de Pascua sigue siendo reescrita incluso en nuestra generación, así como su texto y la ceremonia responde nuevamente a acontecimientos históricos como el Holocausto y el establecimiento del Estado de Israel, así como a las visiones sionistas socialistas, liberal, feminista, y demás...".

De acuerdo con Shoham, sin embargo, la sociedad israelí contemporánea se está alejando realmente de esa tendencia a reescribir el texto. En el pasado, los israelíes intentaron reformular el Seder, tal como hicieron los kibbutz con textos que incorporaban el amor por la naturaleza y la agricultura, el sionismo, o por el ejemplo el "Seder de las mujeres", donde la ceremonia de la cena de la Pascua se lleva a cabo de una manera igualitaria. Pero hoy en día, estos esfuerzos están en los márgenes, e inclusive los Seder innovadores tienen lugar en otras fechas más bien que en la víspera de la Pascua. Casi todo el mundo celebra el Seder de Israel con la familia.

Esa parece ser la principal razón de la popularidad sin precedentes que goza el Seder de Pascua en Israel. La más reciente encuesta sobre religión y tradición de la Oficina Central de Estadística realizada en 2009, encontró que el 88% de los israelíes que se definen como seculares o tradicionales participan en el Seder de Pascua, un porcentaje mucho más alto que cualquier otra costumbre judía, incluyendo encender las velas del Shabat o el ayuno en Yom Kipur.

Más recientemente, en una encuesta realizada por Ynet en el 2012, el 94% de los encuestados dijo que celebraba el Seder de Pascua. "Esta es una comida familiar, y los israelíes aman las comidas familiares", dijo Yael desde el norte de Israel. "Hay comida, que a los israelíes les gusta mucho, y una familia extensa. Adoro el Seder. Este año, por ejemplo, vamos a reunirnos con mi primo que regresó del extranjero. Realmente me hace feliz".

Yael comparte la opinión de muchos. Shoham le dijo a Al-Monitor que "los ritos familiares entre los judíos son siempre lo más importante. A este respecto, Pascua es similar a la festividad de Acción de Gracias y a Navidad, donde toda la familia se reúne. A pesar de las tensiones y quejas [dentro de la familia], forma parte del folklore. Pascua siempre se adapta al culto a la familia en la cultura occidental industrializada".

Shoham también argumenta que el "Seder de Pascua es un doble rito de socialización del individuo en dos familias: la familia particular en un formato extenso y la imaginada familia aún más numerosa de todos los judíos del mundo". Aquí entra en la ecuación el papel que juega el folklore de los diversos orígenes étnicos. "Como una enorme familia, los judíos aportan unas características similares a cualquier familia concreta y extensa: se llevan a cabo ceremonias 'extrañas' que entran en conflicto con las relaciones internas, junto con momentos de euforia, unidad y orgullo. Se trata de una tradición quizás demasiado patriarcal que, por supuesto, une a la familia de cara al acoso de los extraños".

Por lo tanto, Shoham alude al aspecto bien conocido de la Pascua (y las comidas de las fiestas en general): el deseo de participar en una gran comida con numerosas personas, hecho que se acompaña del desagrado para muchas personas de interactuar con miembros de la familia con los que no se lleva bien. Esto se expresa en muchas producciones culturales israelíes, la más destacada entre ellas la película "Lelyasede" (1995) y la obra "Hametz", en el centro de las cuales se pone de manifiesto las difíciles dinámicas familiares que tienen lugar durante el Seder de Pascua.

Hay otra razón para la centralidad de la Pascua. "Se adapta al tipo ideal de vacaciones propia de la era industrial", nos dice Shoham. "La Pascua sostiene cuatro orientaciones: Familia, niños, consumismo e identidad étnica". Esta última orientación se expresa mediante la conservación de algunos ritos tradicionales, sobre todo abstenerse de comer "jametz" (alimentos fermentados que están prohibidos por la ley judía durante la semana de Pascua) en público y la lectura de la Hagadá.

La orientación hacia el consumismo se expresa de manera bastante grotesca, por ejemplo, en una "pesada Hagadá" que una vez fue incluida en la revista semanal de entretenimiento PNAI Plus, donde junto con los "Maror" y "Karpas" (vegetales que forman parte de la ceremonia) y la canción tradicional Seder "Quién lo conoce", donde aparecen anuncios de vestidos de novia, alfombras, móviles, muebles, salones de banquetes, velas artísticas, colchones, un spa, un centro de cirugía cosmética, relojes de lujo y utensilios de cocina.

"Una de las características que ayuda a que estas fiestas sobrevivan en la era industrial es su adecuación a la cultura de consumo", concluye Shoham. "En la Pascua, hay una tradición de comer la matzá y de realizar la limpieza de primavera, y los intereses comerciales están allí también presentes. No es que predomine una cínica comercialización, pero forma parte de la celebración".

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Sunday, April 24, 2016

Una esperanza, una petición, una promesa: El Seder en Etiopía, a 3.000 km de distancia de Tierra Santa - Melanie Lidman - Times of Israel





Fue cuando los niños del Bnei Akiva comenzaron a bailar, por supuesto, al final del Seder de Pesaj, cuando decimos cantar "L'Shanah haba'ah B'Yerushalayim" - El próximo año en Jerusalén -. Estos niños, que han estado esperando durante años para hacer aliya a Israel, pronunciaron las palabras con pasión, bailando en círculos y saltando con sus manos en la espalda e izando a los niños más pequeños a sus hombros.

Las palabras "El próximo año en Jerusalén" se siente de una manera agridulce en la comunidad judía de Gondar. Ellos tienen momentos de esperanza, pero también poseen décadas de añoranza, un sinnúmero de frustraciones, demasiados obstáculos burocráticos, el dolor de la separación de las familias y miles de años de tradición. El Seder de Pesaj, que vuelve a contar la historia de la salida de Egipto hacia Israel, de la esclavitud a la libertad, trae sobre el tapete su lucha por convertirse en israelíes.

Algunos de los 6.000 miembros efectivos de la comunidad judía de Gondar han estado esperando durante más de 25 años para trasladarse a Israel, viéndose atrapados en un limbo por las disputas políticas que se suceden en Israel y que observan desde la lejanía.

Cerca de 135.000 judíos de origen etíope ya están viviendo en Israel. Decenas de miles de judíos de Etiopía fueron transportados por aire a Israel durante la Operación Moisés en 1984 y la Operación Salomón en el año 1992. Desde entonces, 50.000 judíos etíopes adicionales han hecho aliya a Israel, a un ritmo de alrededor de 200 por mes.

Pero todavía hay aproximadamente unos 9.000 judíos abandonados en Etiopía según la comunidad etíope. Los judíos que aún quedan en Etiopía son los llamados "Falash Mura", descendientes de aquellos judíos que se convirtieron al cristianismo hace generaciones, a menudo bajo coacción.

En noviembre, los judíos de Etiopía celebraron la decisión del Gobierno de aprobar la aliya de los 9.000 judíos restantes en Etiopía. Pero esta decisión fue echada atrás tres meses más tarde, cuando la Oficina del Primer Ministro se negó a poner en práctica el programa porque eran necesarios para financiar la consiguiente absorción de esa población de unos 1.000 millones de dólares que no formaban parte del presupuesto. Sin embargo, se encontró finalmente la financiación y la aliya fue aprobada de nuevo el 7 de abril.

La aliya de los "últimos" 9.000 judíos etíopes se espera que comience en junio y que continuará durante aproximadamente cinco años.

Para el Seder de Pesaj del viernes se reunieron aproximadamente unas 3.000 personas en Gondar, ya que muchos dentro de la comunidad creen que tal vez sea el último, que los próximos los celebrarán en Israel.

"Ustedes no están solos, la gente de todo el mundo está pensando en que cómo decir las mismas palabras esta noche", dijo el rabino Menajem Waldman al comienzo del Seder. Waldman, un rabino de Haifa que ha actuado como el rabino de la comunidad judía de Etiopía durante los últimos 35 años, ahora trabaja para la Agencia Judía. Mencionó los nombres de los diputados que visitan o apoyan a esta comunidad, incluyendo los diputados del Likud David Amsalem y Avraham Neguise, quienes se negaron a votar con la coalición gubernamental durante dos meses hasta que la Knesset aprobó el plan para llevar a los 9.000 judíos etíopes a Israel.

Waldman recordó a la comunidad que la Agencia Judía nuevamente patrocina la comida del Seder por vez primera desde el anunció del "fin de la aliya" de Etiopía en agosto de 2013. Y que miles de judíos de todo el mundo, en Israel y en los Estados Unidos, abogan por la reanudación de la aliya y la reunificación de las familias entre Etiopía e Israel.

Un Seder con 3,000 personas es caótico, ruidoso, bullicioso y excitante. Se requieren dos semanas de preparación a mano para hornear las 50.000 matzas ​​sobre el fuego. El jueves transcurrió barriendo el piso de tierra de la sinagoga de arriba a abajo, y el viernes se dedicó a la preparación de los alimentos: hervir 2.000 huevos y 400 kg de patatas, aplastar la mezcla de manís-dátiles-plátanos con dos grandes mazos de madera.

A principios del viernes por la tarde, cuando el sol se volvió dorado y las banderas de Etiopía e Israel revoloteaban en la brisa, los frenéticos preparativos fueron completados finalmente.

Las personas comenzaron a llegar con dos horas de antelación, las mujeres vestidas con hermosos y blancos sudarios y los niños muy limpios y excitados. Decenas de líderes de la sinagoga trabajaron durante todo el viernes para rellenar las "bolsas del Seder" para cada participante, con una patata cocida, un huevo, un pedazo de lechuga y la matzá. Tal vez el mayor milagro fue que las bolsas se repartieran más de tres horas antes del comienzo del Seder, y que casi nadie, ni siquiera los niños más pequeños, abrió la bolsa para tomar un aperitivo antes del Seder.

La velada comenzó con los servicios del Kabalat Shabat (la bienvenida del sábado), ya que la Pascua comenzó el viernes por la noche. A medida que la multitud comenzó a cantar la tradicional canción local de la noche del viernes "Sambuse, Sambuse", las mujeres estallaron en aullidos y la multitud se volvió loca, bailando y lanzando sus brazos al aire.

Tomó cierto tiempo a los líderes de la comunidad conseguir que todos se sentaran de modo que Waldman pudiera comenzar el Seder.

Mientras recitaba un texto abreviado - este es el pan de la aflicción, esta es la hierba amarga, esta es la primera copa de vino - las personas izaban los artículos, con un mar de huevos cocidos elevándose a lo largo de la sinagoga. Alrededor de 50 niños cantaron las cuatro preguntas con toda la fuerza de sus pulmones, y el resto de la comunidad les aplaudió.

El vino dulce hecho en casa, gracias a 40 kg de pasas de uva fermentadas en dos grandes cubos durante una semana, fue el mayor éxito del Seder, con los niños trepando para conseguir una taza.

Un Seder con 3.000 personas no deja mucho espacio a discusiones y reflexiones profundas sobre los temas de la Pascua. Pero tal vez se trataba menos acerca de las palabras, y más acerca de la realidad del anhelo de Israel, y de la esperanza de que este año sus propios éxodos lleguen a su fin.

Cuando la noche terminó cantando el Hatikva, el himno nacional de Israel, el canto se transformó en una triste melodía. Era un despertar y un gritó de resolución y de fuerza. Era una promesa, no una petición. Y cuando lo cantaron, no pudimos evitar emocionarnos.

Porque vivo en Israel sé que no será el lugar perfecto de sus sueños, o de los sueños de los demás. "¿Ellos no saben lo difícil que será cuando lleguen?", les quería decir parte de mí . "¿Ellos no conocen que la sociedad israelí a veces puede caracterizarse por un racismo banal que tratará de borrar su cultura, de cambiarles el nombre, de negarles oportunidades educativas sólo por el color de su piel? ¿Ellos también desconocen el racismo, la violencia y el terrorismo sin sentido al que se enfrenta Israel a causa de sus enemigos?".

Y sin embargo. No importa cuán difícil pueda ser Israel, también hay momentos de gran belleza que quitan el aliento. "Voy a extrañar a Etiopía, pero ahora más que nunca mi alma necesita alcanzar Tierra Santa", me dijo uno de los cantores de Etiopía mientras supervisaba la preparación de matzá. Y lo comprendí.

En algún momento del viernes, casi todos los judíos del mundo vuelven sus pensamientos hacia un solo lugar, Jerusalén, ya que se vuelve a contar la historia de la salida de Egipto.

Para los judíos de Etiopía, estas palabras no son solamente una historia tradicional. Son una realidad, una esperanza, una petición, una promesa. Este año somos esclavos, el año que viene seremos libres. Ahora estamos en nuestra Egipto, pero tenemos la esperanza de que "el próximo año en Jerusalén".

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