Saturday, June 25, 2016

El narcisismo de gritar constantemente 'fascismo' se dirige contra Israel y solo sirve a la derecha dura - Gadi Taub - Haaretz



Mi artículo de opinión de este mes sobre por qué a algunos israelíes les gusta comparar su país con la Alemania pre-nazi de Weimar molestó a muchas personas. En sus respuestas, repitieron sus posiciones, lo cual es una buena cosa, porque para mí alivio descubrí que muchas de las personas que gritan "fascismo" en realidad no están hablando realmente de fascismo.

Ellos no hablan de un régimen de partido único con un líder que está por encima de la ley y con una policía secreta que puede llamar a su puerta en cualquier momento. Quieren hacer notar que el ultranacionalismo y el racismo están en aumento, lo que podría poner en peligro a la sociedad libre a largo plazo. Por lo tanto, me regañaron porque según ellos no debería desechar sus argumentos que utilizan comparaciones pedantes con la Alemania de Weimar en vísperas de la toma del poder por los nazis.

Pero aun teniendo en cuenta esa afirmación, ¿no serían más justificables titulares bastante más suaves que los titulares de miedo que nos administran? ¿La sociedad israelí es realmente cada vez más ultranacionalista y menos libre?

Para ayudar a probar esta tendencia "fascista", el profesor Zvi Rosen-Ishay citó una encuesta realizada por el diario Israel Hayom según la cual la mayoría de los jóvenes judíos no creen que los árabes deban estar representados en la Knesset. Supongo que, basándome en otras posiciones expresadas en su artículo, Mr. Rosen-Zvi no siempre depende y asume sin reservas lo que publica el Israel Hayom.

Parece ser que él no tiene a mano, una vez más, otras encuestas más detalladas y sistemáticas como las del profesor Sammy Smooha de la Universidad de Haifa, y que muestran una mejoría de las actitudes de la opinión pública judía hacia los árabes durante la última década y media.

El Índice de Democracia del Instituto de la Democracia de Israel tampoco apunta a un deterioro catastrófico en la democracia israelí. Los encuestadores del instituto han señalado que "ese discurso público lleno de dolor y desesperación por el deterioro de la democracia en Israel" no es válido si lo comparamos con otros datos procedentes del extranjero (donde se dan similares fenómenos y no existen esas voces denunciando un supuesto fascismo).

Uno de los problemas de este griterío que denuncia el "fascismo" radica en los testimonios anecdóticos que lo apoyan. Así, por ejemplo, se le da mucha importancia a las formas de la ministra de Cultura (que no se pone de pie ante el Alto Tribunal de Justicia), mientras que no hay ninguna mención al hecho de que este gobierno ha puesto en marcha una reforma histórica en la asignación de recursos para la comunidad árabe, una reforma que no se veía desde los días de Isaac Rabin. (Los cínicos elogiaron esta reforma en su nacimiento, pero la mayor parte de ella ya se ha puesto en marcha.)

De la misma manera, se ha hablado mucho de una desagradable expresión del primer ministro el día de las elecciones [N.P.: cuando movilizó a su electorado diciendo que la izquierda estaba promoviendo el voto en masa de los árabes como posibles futuros aliados], sin mencionar que de esa manera reforzó al centro-derecha a expensas de la extrema derecha. Una mirada sobria revela un Israel más democrático, pluralista y liberal que nunca. Eso no quiere decir que todo esté bien, solo que no hay ninguna justificación para esta desesperación teatral.

Aun así, se nos dice que los “llantos y lamentos por la democracia” son válidos en sí mismo. Después de todo, ¿qué tiene de malo un poco de exageración para despertar a la gente de su complacencia?

El problema es que la exageración no sirve bien a la causa. Sirve a la derecha dura. Cuando una gran parte de los argumentos de la izquierda giran de manera tan emocional acerca de "lo malo que es Israel", de lo que a veces algunos parecen presumir para así asegurar su superioridad moral, entonces no resulta difícil convencer a los votantes israelíes de mantenerse alejados de estas personas y de sus ideas.

¿Por qué si lo pensamos bien, por qué los votantes israelíes deberían poner al frente del timón del país a personas que piensan tan mal de ellos y tienen un juicio tan equivocado, o incluso peor, que ya no creen que el buque, Israel, sea digno de ser salvado? Cualquier persona que use un término tan extremo como el de fascismo para referirse a Israel lo que quiere decir en realidad es que “cualquier persona decente debe dar la espalda a Israel”.

Para convencer a los israelíes de que existe una alternativa al gobierno actual, necesitamos un centro y una izquierda que tenga empatía por Israel, no a esas personas que han perdido toda esperanza y que “buscan aislarse del resto de los ciudadanos israelíes con el fin de preservar su pureza". En mi artículo llamé a esto "narcisismo", porque el grito de "fascismo" parece en realidad un complemento de estas personas. Y se dirige contra la democracia israelí, no en su defensa o para su servicio.

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