Sunday, August 07, 2016

La inexorable decadencia del petulante judaísmo liberal americano: Cuando el tema es "Israel" y no los israelíes - Haviv Rettig Gur - Times of Israel



No todos los días uno lee una intolerante diatriba contra una gran parte de la comunidad judía de quien se describe a si misma como una "historiadora judía americana" y en las páginas de un periódico israelí.

Pero ahí está.

La historiadora Hasia Diner utilizó al Haaretz [N.P.: una elección nada inocente y casual] para revelar su momento de epifanía cuasi religiosa que finalmente le llevó a abandonar el sionismo y, al parecer, comenzó a culpar a los judíos por la destrucción de milenarias comunidades judías que fueron exterminados en el siglo XX.

"La muerte de un gran número de comunidades judías, como resultado de la actividad sionista, ha empobrecido al pueblo judío, robándonos muchas de estas culturas que han caído en las fauces de la homogeneización de Israel", escribe esta eminente historiadora.

Sí, han leído bien. Fueron los judíos sionistas, no los árabes o los europeos en el siglo XX, quienes son los responsables de la destrucción de la vida y de la historia judía a través de tres continentes. Si Israel no existiera, las antiguas comunidades judías de Bagdad, Salónica y Varsovia presumiblemente ahora florecerían en plena felicidad.

Esta profesora de la Universidad de Nueva York de historia judía estadounidense sigue con su diatriba: "El ideal de un estado neutral en lo religioso funcionó sorprendentemente bien para los millones de judíos que llegaron a América".

En efecto. Pero lo que es indescriptiblemente trágico, y de lo que ella no comenta nada, es que cuando millones de judíos europeos necesitaron un refugio para sobrevivir a su aniquilación, las puertas de esos maravillosos Estados Unidos estuvieran selladas.

Por cierto, si usted está lamentando la "fauces de la homogeneización de Israel" que se supone que entonó el toque de difuntos de la diversidad judía, parece extraño que a continuación celebre a la comunidad judía estadounidense en la frase siguiente. Resulta que me encanta la comunidad judía estadounidense, pero no creo que se pueda decir de ella que posee un alto grado de diversidad, es  más, si usted busca una elevada manifestación de las diversas culturas judías las encontrará en Israel, no en América, Por lo tanto, si lo que le interesa es la diversidad se equivoca de país y de escenario.

De hecho, Israel fue construido en gran medida por refugiados de diferentes culturas y orígenes y por sus descendientes. Es completamente legítimo quejarse de la cultura israelí o de la política de Israel. Pero se trata simplemente de un estúpido prejuicio quejarse de la existencia de una comunidad judía, la israelí, que, literalmente no tenía otro lugar a donde ir. Los primeros sionistas no adquirieron su derecho en debates intelectuales, sino por la destrucción de las opciones restantes. Fueron los nazis, no los sionistas, los que terminaron con la Ilustración judía alemana. Fueron los iraquíes, no los sionistas, quienes provocaron la huida de casi toda la población judía judío de Bagdad.

La idea de que el sionismo puede ahora ser cuestionado, y comentar que esas millones de personas, que no tenían otro lugar a donde ir en ese siglo repleto de genocidios y expulsiones, deberían haberse dirigido a otro lugar, no es una visión que cualquier historiador serio pueda sostener.

Incluso Mahmud Abbas, no demasiado famoso por sus inclinaciones sionistas, posee al menos cierta integridad intelectual al quejarse de esos estados hermanos árabes que maltrataron a sus judíos hasta el punto de que los judíos árabes tuvieron que huir a los brazos de los sionistas.

El Haaretz se enorgullece de realizar una “crítica valiente” de la sociedad israelí. En este caso, [N.P.: que desde luego no es el único, sino más bien lo habitual], puede haber perdido de vista la distinción entre la crítica y la intolerancia. Ahora el Haaretz parece dispuesto a publicar histéricos reproches ahistóricos por parte de académicos ignorantes y privilegiados, que no pueden ver más allá de la bruma de sus propias emociones morales frente a la dura experiencia humana de millones de personas a las que insisten en tratar como figuras de dibujos animados en alguna especie de torneo imaginario de moralidad.

Las naciones no pierden su derecho a existir cuando se equivocan. El argumento de que los crímenes o injusticias israelíes nos descalifican a los millones de judíos de habla hebrea de nuestro derecho a ser, o a ser nosotros mismos, sería considerado una idea genocida si se formulara contra otro pueblo [N.P.: y sin duda el Haaretz no permitiría su publicación]

Hablamos pues de prejuicios, un ejemplo casi perfecto de ceguera y de deshumanización que proviene de unos privilegiados.

Diré irónicamente que no estoy seguro de que “el sionismo pueda sobrevivir a la deserción de tan profundos y eminentes pensadores” como éstos. Sólo puedo esperar que de alguna manera encontremos la fuerza para “recuperarnos de este golpe” y seguir existiendo.

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