Thursday, November 02, 2017

La importancia de dibujar líneas - Jonathan S. Tobin - JewishWeek



No hay nada que ofenda más a los judíos estadounidenses contemporáneos que una exigencia de trazar una línea que definiría quién está adentro y quién está fuera de la comunidad. Pero si hay algo que podamos aprender de la serie de controversias que involucran al Centro para la Historia Judía y la Sociedad Histórica Judía Estadounidense es que, por más que intentemos evitar hacerlo, a veces hay que trazar líneas.

Los problemas comenzaron con las críticas al nombramiento del historiador de UCLA David Myers como presidente y CEO del Centro de Historia Judía en Manhattan. Myers es un hombre de izquierdas, partidario de J Street y del New Israel Fund, y eso provocó una furiosa respuesta de la derecha sionista. Como el editor de Jewish Week Gary Rosenblatt señaló en una columna, algunas de las acusaciones eran inexactas. Por ejemplo, Myers niega cualquier conexión con el grupo judío antisionista Jewish Voice for Peace (JVP). Tengo pocas simpatías por sus opciones políticas y cuestiono el juicio de cualquiera que, como él hizo, respalde públicamente a un grupo como IfNotNow, que se organizó para protestar contra la campaña de autodefensa de Israel contra los ataques de cohetes y misiles de Hamas desde Gaza en 2014, se opone al AIPAC y deja muy claro que "resistir" a la administración Trump es mucho más importante que apoyar a Israel. Pero establecer pruebas políticas para los puestos académicos es una pendiente resbaladiza que puede emplearse tan fácilmente  contra los académicos de la derecha como contra los de la izquierda. Siempre y cuando Myers, un respetado académico, se mantenga fiel a su trabajo de promover el estudio y la comprensión de la historia judía, no hay razón para cuestionar su nombramiento.

Pero montar una bronca por Myers no es lo mismo que declarar que las líneas nunca deberían existir. La American Jewish Historical Society (AJHS), que opera desde el edificio Center Chelsea, ilustró esto copatrocinando un panel para conmemorar el centenario de la Declaración Balfour el próximo mes, pero organizado por la Jewish Voice for Peace, donde los oradores destacados serían un crítico palestino del sionismo junto a un judío antisionista.

Cuando se les señaló la naturaleza atrozmente sesgada del programa, la AJHS inmediatamente canceló el evento, así como una próxima lectura de una obra de teatro de un partidario de JVP.

Como era previsible, esto provocó una nueva ola de críticas, esta vez desde la izquierda, que acusó al AJHS de silenciar la disidencia judía y reaccionar exageradamente a la controversia con Myers. Estos críticos afirman que una banda de ruidosos extremistas de derecha estaban ejerciendo una influencia indebida sobre las principales organizaciones, y que una comunidad judía en gran parte liberal debería estar escuchando a un grupo como el JVP.

Eso suena razonable para los judíos que ven el trazado de líneas, especialmente con respecto al debate sobre Israel, como inaceptable en la vida estadounidense del siglo XXI.

Pero como creo que tanto los liberales como los conservadores deben escucharse y aprender los unos de los otros, algo que tratamos de ejemplificar en una serie de debates públicos por todo el país con mi amigo y compañero de debate, el columnista de Forward JJ Goldberg, también creo que es un error peligroso que las instituciones judías den la bienvenida o patrocinen a quienes defienden efectivamente la guerra contra Israel y el pueblo judío.

Para mí, la línea de demarcación es fácil de definir. Aquellos que se oponen a las políticas del gobierno de Israel pero apoyan el sionismo, ya sean sionistas liberales o derechistas, merecen ser recibidos y escuchados, incluso si estamos en desacuerdo con sus puntos de vista. Aquellos que como el JVP niegan el derecho del pueblo judío a un estado y su derecho a una legítima defensa están en el lado equivocado de la línea.

En el último año, el JVP ha diversificado su apoyo anterior a BDS oponiéndose a los viajes Birthright a Israel y respaldando el "derecho al retorno" palestino, lo que efectivamente los alinea con Hamas y las posiciones más intransigentes palestinas. También ha promovido una nueva versión del libelo de sangre al afirmar que los partidarios estadounidenses de Israel eran "responsables del asesinato de afroamericanos por parte de la policía" porque respaldan los programas de entrenamiento israelíes para los funcionarios encargados del cumplimiento de la ley de los EEUU. Al hacerlo, están ilustrando que el antisionismo invariablemente degenera en antisemitismo. Tal grupo tiene todo el derecho a decir lo que quiera, pero no a chantajear a ninguna comunidad judía con un núcleo moral o un remanente de respeto por sí misma.

Una comunidad que cree que la inclusión es el único valor es la que, en última instancia, no representa ni cree en nada. Una comunidad o institución que, promoviendo la historia judía, trata de integrar a un grupo que promueve el antisemitismo como otro punto de vista más, merecedor de respeto como cualquier otro, ha perdido su brújula moral.

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Monday, August 15, 2016

Black Lives Matter y los judíos: Otra promesa de Obama de que no ha cumplido - Shmuel Rosner



Una nube de decepción descendió sobre el campo liberal-judío cuando Black Lives Matter (BLM) adoptó una plataforma hostil a Israel, una plataforma en la culpaba a Israel de cometer "genocidio" contra los palestinos, nada menos.

"Se trata de una muestra de odio, de incitación a la violencia y de perpetuación del antisemitismo", escribió el rabino Ari Hart en Forward. "Estoy profundamente preocupado por este desarrollo alarmante dentro de un movimiento que se ha catapultado a la escena nacional como la voz de los derechos civiles en los últimos meses", escribió el rabino Dan Dorsch en Haaretz. Otros grupos judíos han criticado y rechazado a la plataforma.

Incluso Truah, una organización de rabinos de izquierda muy crítica con Israel, no estaba dispuesta a aceptar una plataforma tan sesgada como la refrendada por la BLM: "Estamos muy consternados por la decisión de remitir la ocupación israelí a un genocidio. Estamos comprometidos con poner fin a la ocupación, la cual conduce a violaciones diarias de los derechos humanos de los palestinos, y también pone en peligro la seguridad de los israelíes. Nuestro trabajo tiene como objetivo construir un futuro justo y seguro tanto para los israelíes como para los palestinos, pues ambos se merecen la misma protección de los derechos humanos como todas las personas".

¿Por qué estos activistas se sienten devastados por esa plataforma? Hart dice que pone su "vida y la vida de mi gente en riesgo". Lo que ya es suficiente. Dorsch entiende que pone la "voz de los derechos civiles en desacuerdo con cualquier voz, como mínimo, tan crítica como pueda serlo con Israel. Su objetivo es hacer que la gente elija: o bien los derechos civiles o bien Israel". Los rabinos de Truah parecen darse cuenta que la plataforma BLM no se preocupa de un "futuro seguro y mejor para israelíes y palestinos", sino que solo le interesa acabar con Israel.

Así, de repente, todos estos activistas y benefactores judíos parecen haberse dado cuenta de que Black Lives Matter no es su aliado, es su enemigo. Un enemigo que quiere destruir a su pueblo. De repente, todas estas personas se han dado cuenta de que la promesa de reparar las fracturas en las relaciones entre judíos y afroamericanos en los Estados Unidos no se cumplirá a corto plazo. Con un corazón roto pueden empezar a contar esta decepción como otra promesa de Barack Obama que no se cumplirá.

Y es que Obama hizo una promesa cuando era candidato a presidente. Me acordé de ello estos últimos días, cuando estaba repasando mi libro de hace cinco años para actualizarlo para una edición en audio. Ahí estaba Obama, en un debate con Hillary Clinton en Cleveland, en febrero de 2008: "Usted sabe, yo no estaría sentado aquí si no fuera por la gran cantidad de judíos estadounidenses que apoyaron el movimiento de los derechos civiles y ayudaron a asegurar que la justicia funcionaría en el Sur. Y como esa coalición se ha desgastado con el paso del tiempo en torno a toda una serie de cuestiones, veo como parte de mi tarea asegurar que esas líneas de comunicación y de entendimiento vuelvan a abrirse".

Yo escribí justo después del debate, "Obama ha tocado un nervio sensible cuando habló de una posibilidad que era inherente a su candidatura: Él tiene la oportunidad de restablecer la alianza entre afroamericanos y judíos. Esta es una promesa que ningún judío liberal estadounidense puede ignorar".

Y no se trató de un desliz aislado. Se trataba de un mensaje bien elaborado, intencional, que el luego Presidente repitió una y otra vez. Además habló sobre este tema con activistas judíos, y lo utilizó mientras hablaba el día de Martin Luther King en una iglesia afroamericana. "El flagelo del antisemitismo se ha revelado en ocasiones en nuestra comunidad", predicó ante su audiencia afroamericana. Les dijo que esto tenía que terminar: "Si un número suficiente de estadounidenses fuera despertado por la injusticia, si se unieran entre sí Norte y Sur, ricos y pobres, cristianos y judíos, entonces tal vez esa muro de injusticia se vendría abajo, y la justicia y la rectitud fluirían como el agua en una poderosa corriente".

Obama prometió ayudar a modificar las relaciones entre blancos y negros en los Estados Unidos, y no fue capaz de lograr su objetivo. Él les dijo específicamente a los judíos de América que podía ayudar a restaurar una de las grandes alianzas en la historia de la comunidad judía estadounidense, sin embargo no fue capaz de lograr su objetivo. ¿Fue su culpa? No tengo ninguna duda de que sus palabras eran genuinas cuando comentaba su deseo de restablecer la alianza. Tampoco no tengo ninguna duda de que al cuestionar constantemente no sólo las políticas de Israel, sino también su moral, Obama contribuyó de alguna manera a la atmósfera que culminó en la plataforma BLM que fue aprobada la semana pasada.

Definitivamente es triste que cincuenta años después de la Guerra de los Seis Días, un tiempo que fue "un punto de inflexión en las relaciones afroamericanas-judías", tal como Adams y Bracey argumentan en su libro acerca de estas relaciones, los judíos se vean de nuevo obligados a realizar esa misma elección: apoyar al activismo afroamericano o al Estado judío. Pero anteriormente las cosas ya salieron mal.

En "La creación y el colapso de la Alianza negro-judía de Murray Friedman", hay una historia sobre el boletín del Comité Coordinador Estudiantil No Violento (NSCC) donde se publicó un artículo en el que se decía que "Estados Unidos apoyó al sionismo por razones neocoloniales y estaba usando a Israel para sus propios fines en África". El artículo iba acompañado de "dibujos y caricaturas antisemitas". Además hay que destacar el hecho de que la campaña anti-israelí de los activistas radicales no distinguía entre Israel y sus partidarios judíos en América y en otros lugares.

Las cosas no han cambiado mucho. Israel sigue teniendo el control de una tierra en disputa y existe un pueblo controlado. Los judíos de los Estados Unidos siguen siendo favorables a la idea de las "Black Lives", pero todavía son reacios a apoyar a una organización con tales posiciones sobre Israel. De hecho no pueden apoyar a una organización con tales posiciones sobre Israel, es decir, debido a que el aspecto preocupante de la plataforma del BLM no es su dura denuncia del control de Cisjordania por parte de Israel, sino el hábito ya tan familiar de señalar a los judíos y de utilizar desagradables mentiras sobre las acciones de los judíos, un hábito que desde luego va mucho más allá de la cuestión de las políticas de Israel.

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Sunday, August 07, 2016

La inexorable decadencia del petulante judaísmo liberal americano: Cuando el tema es "Israel" y no los israelíes - Haviv Rettig Gur - Times of Israel



No todos los días uno lee una intolerante diatriba contra una gran parte de la comunidad judía de quien se describe a si misma como una "historiadora judía americana" y en las páginas de un periódico israelí.

Pero ahí está.

La historiadora Hasia Diner utilizó al Haaretz [N.P.: una elección nada inocente y casual] para revelar su momento de epifanía cuasi religiosa que finalmente le llevó a abandonar el sionismo y, al parecer, comenzó a culpar a los judíos por la destrucción de milenarias comunidades judías que fueron exterminados en el siglo XX.

"La muerte de un gran número de comunidades judías, como resultado de la actividad sionista, ha empobrecido al pueblo judío, robándonos muchas de estas culturas que han caído en las fauces de la homogeneización de Israel", escribe esta eminente historiadora.

Sí, han leído bien. Fueron los judíos sionistas, no los árabes o los europeos en el siglo XX, quienes son los responsables de la destrucción de la vida y de la historia judía a través de tres continentes. Si Israel no existiera, las antiguas comunidades judías de Bagdad, Salónica y Varsovia presumiblemente ahora florecerían en plena felicidad.

Esta profesora de la Universidad de Nueva York de historia judía estadounidense sigue con su diatriba: "El ideal de un estado neutral en lo religioso funcionó sorprendentemente bien para los millones de judíos que llegaron a América".

En efecto. Pero lo que es indescriptiblemente trágico, y de lo que ella no comenta nada, es que cuando millones de judíos europeos necesitaron un refugio para sobrevivir a su aniquilación, las puertas de esos maravillosos Estados Unidos estuvieran selladas.

Por cierto, si usted está lamentando la "fauces de la homogeneización de Israel" que se supone que entonó el toque de difuntos de la diversidad judía, parece extraño que a continuación celebre a la comunidad judía estadounidense en la frase siguiente. Resulta que me encanta la comunidad judía estadounidense, pero no creo que se pueda decir de ella que posee un alto grado de diversidad, es  más, si usted busca una elevada manifestación de las diversas culturas judías las encontrará en Israel, no en América, Por lo tanto, si lo que le interesa es la diversidad se equivoca de país y de escenario.

De hecho, Israel fue construido en gran medida por refugiados de diferentes culturas y orígenes y por sus descendientes. Es completamente legítimo quejarse de la cultura israelí o de la política de Israel. Pero se trata simplemente de un estúpido prejuicio quejarse de la existencia de una comunidad judía, la israelí, que, literalmente no tenía otro lugar a donde ir. Los primeros sionistas no adquirieron su derecho en debates intelectuales, sino por la destrucción de las opciones restantes. Fueron los nazis, no los sionistas, los que terminaron con la Ilustración judía alemana. Fueron los iraquíes, no los sionistas, quienes provocaron la huida de casi toda la población judía judío de Bagdad.

La idea de que el sionismo puede ahora ser cuestionado, y comentar que esas millones de personas, que no tenían otro lugar a donde ir en ese siglo repleto de genocidios y expulsiones, deberían haberse dirigido a otro lugar, no es una visión que cualquier historiador serio pueda sostener.

Incluso Mahmud Abbas, no demasiado famoso por sus inclinaciones sionistas, posee al menos cierta integridad intelectual al quejarse de esos estados hermanos árabes que maltrataron a sus judíos hasta el punto de que los judíos árabes tuvieron que huir a los brazos de los sionistas.

El Haaretz se enorgullece de realizar una “crítica valiente” de la sociedad israelí. En este caso, [N.P.: que desde luego no es el único, sino más bien lo habitual], puede haber perdido de vista la distinción entre la crítica y la intolerancia. Ahora el Haaretz parece dispuesto a publicar histéricos reproches ahistóricos por parte de académicos ignorantes y privilegiados, que no pueden ver más allá de la bruma de sus propias emociones morales frente a la dura experiencia humana de millones de personas a las que insisten en tratar como figuras de dibujos animados en alguna especie de torneo imaginario de moralidad.

Las naciones no pierden su derecho a existir cuando se equivocan. El argumento de que los crímenes o injusticias israelíes nos descalifican a los millones de judíos de habla hebrea de nuestro derecho a ser, o a ser nosotros mismos, sería considerado una idea genocida si se formulara contra otro pueblo [N.P.: y sin duda el Haaretz no permitiría su publicación]

Hablamos pues de prejuicios, un ejemplo casi perfecto de ceguera y de deshumanización que proviene de unos privilegiados.

Diré irónicamente que no estoy seguro de que “el sionismo pueda sobrevivir a la deserción de tan profundos y eminentes pensadores” como éstos. Sólo puedo esperar que de alguna manera encontremos la fuerza para “recuperarnos de este golpe” y seguir existiendo.

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Friday, August 05, 2016

Los nuevos apóstatas judíos - Edward Alexander y Paul Bogdanor - Algemeiner



El 1 de agosto, la profesora Hasia Diner, de la New York University, y la profesora Marjorie Feld, de la Babson College de Massachusetts, salieron a las páginas de Ha'aretz para denunciar al único estado judío del mundo por ser racista, colonialista, reaccionario y agresivo, y - por encima de todo esto -, por ser judío. La difamación de Israel ha sido durante mucho tiempo la razón de ser de este periódico. "Cuando se trata de difamar a  judíos", dice un personaje de Philip Roth en "Operación Shylock" , "los palestinos son pisherkes [yidish] de poca monta si lo comparamos con el Ha'aretz".

El 2 de agosto, la misma publicación (tal vez como resultado de algunas discrepancias internas) publicó una poderosa refutación del historiador Jonathan Sarna de la universidad de Brandeis. Jeffrey Goldberg, de Atlantic Monthly, declaró en twitter que estaba "preparado para dejar (de leer) el Ha'aretz". Más tarde, agregó: "cuando los neonazis te envían correos electrónicos con enlaces a un artículo del Ha'aretz que declara que Israel es el mal, pienso que ha llegado la hora de tomarse un descanso y dejar de leerlo" [N.P.: el artículo era de Gideon Levy, uno de los "justos" de Mario Vargas Llosa].

Tanto Feld como Diner nos comentan lo que podría denominarse sus cuentos desconversion, "del sionismo a la Israelofobia", donde prima el odio a Israel, a su gente, y más aún, a los judíos de la diáspora que reconocen que la seguridad de Israel es un deber moral para esta generación. Feld insinúa que despertó de sus "delirios" sionistas por las efusiones de Noam Chomsky, un escritor que prácticamente no dice nada sobre el tema de Israel sin equiparar a la nación judía con la Alemania nazi. Su aversión a la comunidad judía estadounidense se expresó de la siguiente manera en 1988: "La comunidad judía es profundamente totalitaria. Ellos no quieren la democracia, ellos no quieren libertad". Palabras sin duda bellas y conmovedoras. ¿Serán también música para los oídos de estas profesoras de historia desilusionadas?

Diner, más que Feld, tiene ideas muy personales, algunas de los cuales pueden superar los delirios de Chomsky. Por ejemplo, afirma que "la muerte de un gran número de comunidades judías fue el resultado de la actividad sionista que ha empobrecido al pueblo judío". ¿Fue "la actividad sionista", y no el Tercer Reich y sus colaboradores, la que aniquiló a los judíos de Europa? ¿Fue "la actividad sionista", y no las dictaduras árabes, la que expulsó a una población judía de un país árabe tras otro y que habían habitado durante más de mil años? ¿Y fue que "la actividad sionista", y no la devastación dejada por el comunismo, la que llevó a que más de un millón de judíos salieran de la Unión Soviética?

Diner se queja de que "la insistencia singular de Israel en ser un Estado judío y sionista" la obligó a renunciar a sus puntos de vista sionistas. "¿Constituyen los judíos una raza o una etnia?", se pregunta. "¿Significa un Estado judío un estado racial?". Y nosotros nos preguntamos: ¿es esta una profesora de historia judía? ¿Acaso no sabe que los judíos se encuentran en todas las razas, y que cualquiera puede llegar a ser judío? ¿Ninguno de sus colegas de la universidad NYU le dice que el "estado racial" de Israel es el único estado que ha existido en esa zona y que ha traído a sus costas a decenas de miles de judíos africanos como ciudadanos libres e iguales?

"La Ley del Retorno", afirma Diner, "no puedo contemplarla más que como una ley racista". Sin embargo, otros países libres tienen sus propias leyes de retorno, sin ocasionar ninguna protesta por parte de esta profesora de moral tan elevada. La constitución de Armenia, por ejemplo, permite a los individuos "de origen armenio" adquirir la ciudadanía a través de un un procedimiento simplificado, La constitución de Lituania proclama:  "Todo el que es étnicamente lituano tiene el derecho a establecerse en Lituania". Las constituciones de Ucrania y Polonia tienen disposiciones idénticas.

¿Por qué la furia que despierta Israel a las profesoras Feld y Diner, por ser un Estado judío, no la dirigen también contra Gran Bretaña, un estado cristiano, con una iglesia protestante oficial, un monarca protestante y un sistema estatal de educación protestante? Otros estados autodeclarados cristianos, y que tienen numerosos ciudadanos no cristianos, son bastiones progresistas como Dinamarca, Finlandia, Grecia y Noruega. Y no hablemos de todos los estados cuyos nombres comienzan con "República Islámica de..." o "Unión Árabe...", y que se encuentran entre los más entusiastas partidarios patrocinadores de actos como "Semana del Apartheid Israelí".

Puesto que la gente de Israel ha estado bajo asedio militar, así como ideológico, a lo largo de su existencia, nuestro dúo de profesoras progresistas difícilmente podrían evitar el tema de las atrocidades que ha sufrido la población civil judía. Pero se ocupan de esta tema como, por desgracia, uno podría haberse esperado. Diner escribe: "Aborrezco la violencia, las bombas, las puñaladas, o como individuos normales duramente oprimidos recurren a la ira y a la frustración. Y sin embargo, no me sorprende cuando lo hacen, después de tantas décadas de ocupación, sin evidencia de progreso". ¿Pueden estas historiadoras no ser realmente conscientes de que el terrorismo contra los judíos en la patria judía comenzó décadas antes de la "ocupación"?

Tal como Paul Berman observa sobre los defensores de la violencia terrorista de esta especie, "cada nuevo acto de asesinato y de suicidio asesino da testimonio de cuán opresivos han sido los israelíes. El terror palestino, desde este punto de vista, mide la culpa exclusiva de Israel. Cuán más grotesco es el terror, más profunda es la culpa...".

Feld y Diner son al menos francas. Ni siquiera se molestan en ocultar cual es el objetivo final y lógico de la campaña de Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS). Diner no sólo boicotea a todo Israel, sino también a muchos de sus correligionarios en la diáspora. "Siento una sensación de repulsión", explica, "cuando entro en una sinagoga al frente de la cual la congregación ha plantado un lema del estilo de 'Estamos con Israel'. Sólo que yo no iré y evitaré a muchos organismos judíos donde Israel funciona como un icono de la identidad judía".

Mientras fanáticos genocidas construyen bombas nucleares en Irán; mientras Hezbolá se arma con más de cien mil misiles en el Líbano; mientas hombres, mujeres y niños son asesinados con cuchillos y vehículos en Israel; mientras niños pequeños en una escuela judía y clientes de una tienda de delicatessen kosher son masacrados en Europa; mientras sinagogas e instituciones comunitarias están fortificadas ante la pesadilla interminable de la violencia islamista en todo el mundo... judíos que odian a Israel se enorgullecen de su propia perfidia rehuyendo sus compañeros judíos.

"Todo aquel que se separa de la comunidad judía, mostrando indiferencia cuando está en peligro, no tiene ningún lugar en el mundo por venir", así declaró Maimónides, el más grande de todos los sabios judíos, en el siglo XII ( Leyes del arrepentimiento, iii). Pero si este veredicto parece demasiado remoto y anticuada para las profesoras Diner y Feld, quizás el siguiente, elaborado a la altura del Holocausto, les haga reflexionar: "La historia de nuestro tiempo puede resultar un día una lectura amarga cuando se demuestre como algunos judíos fueron tan moralmente inciertos como para negarse, cuando estaban obligados, a arriesgar su propia seguridad con el fin de salvar a otros judíos que estaban condenados a la muerte en el extranjero" (Ben Halpern, agosto de 1943).

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Thursday, August 04, 2016

Las historiadoras antisionistas están equivocadas acerca de Israel - Rabbi David Wolpe - Time



El difunto rabino Shlomo Carlebach solía decir: "Si me encuentro con una persona que me dice que es protestante, sé que es protestante. Si me encuentro con una persona que me dice que es católica, sé que es católica. Si me encuentro con una persona que me dice que es un ser humano, sé que es un judío".

Los judíos tienen una tradición, que nace de una combinación de persecuciones y el auto escrutinio, que a veces los hace sentirse incómodos con la particularidad de formar parte de un pueblo. En estos días se puede ver a personas judías que repudian al estado donde se salvaron millones de judíos, el Estado de Israel. La última aportación a esta execrable actitud de huir de sí mismo es un artículo en el periódico izquierdista israelí Ha'aretz de dos historiadoras judías, Hasia Diner y Marjorie Feld, sobre por qué "han abandonado el sionismo".

Diner escribe que es imposible apoyar a un estado que sea "judío y sionista". ¿Por dónde empezar? ¿Por el hecho de que han existido y existen decenas de estados musulmanes, cristianos y solamente un estado judío? ¿Es debido a que Israel es un Estado judío donde millones de judíos de Rusia, Yemen, Siria, Etiopía, Irán, Irak y otros países fueron salvados? ¿Dónde piensan estas liberales y progresistas historiadoras judías americanas que vivirían mejor las mujeres y los gays de todo el Oriente Medio para así salvarse de las leyes draconianas de sus tierras natales?

Feld, que dice haberse "reeducado a sí misma" - resulta asombroso cómo una historiador no repara en los tonos de mal agüero de esta frase - sigue con sus propias contribuciones a este vitriolo. Ella afirma que se niega a entrar en cualquier institución que tenga como lema "Estamos con Israel". Bueno, no puedo decir si la gente de mi sinagoga le daría la bienvenida a ella, a pesar de que también podrían tratar de "reeducarla". Quizás los cientos de judíos iraníes que huyeron, muchos de ellos con familia en Israel, y que recibieron el apoyo y la ayuda de Israel a fin de podar escapar de un tiránico régimen, también podrían reeducar a esta mujer que se niega a ser asociada con el único estado que ha existido en esa tierra desde que Israel fue destruido hace 2.000 años. Tal vez la podrían enseñar un poco de historia a esta historiadora.

Nosotros no somos personas que mantengamos en "silencio" a los que difieren del consenso. Hay un sólido debate en la comunidad judía norteamericana, incluso dentro de las paredes de mi propia sinagoga. Pero ese debate no incluye a las personas que repudian el derecho de Israel a existir. Supongo que es posible mantener el derecho a que las personas discutan que Francia no debe existir. Después de todo algunas personas creen en eso, y lo demuestran regularmente con bombas, camiones y disparos. Pero sospecho que ninguno de nosotros le daría fácilmente credibilidad a su argumento, o les invitaría a nuestros hogares. No, no se puede argumentar que Francia, China o Rusia, o cualquier otro país del mundo, sin importar su comportamiento, no debería existir. Sería impensable. Sólo con Israel se acepta ese argumento por la obliteración literal o ideológica, y ahora ese argumento pasa entre la gente ilustrada como una verdadera e importante discusión.

Así que dos historiadoras judías llevan ese debate a un periódico israelí argumentando en contra de la continuidad del Estado judío de Israel. Es difícil saber si sentirse más ofendido por su arrogancia o por su estupidez

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Saturday, October 31, 2015

Gran artículo: ¿Cuántos israelíes deben morir para que esos judíos americanos progresistas que firman artículos y manifiestos "como judíos" puedan sentirse bien consigo mismos? - William A. Jacobson



 "Como judíos" es una frase que habitualmente da comienzo a la conversación o al relato de algunos judíos occidentales de izquierda cuando se trata de Israel, y en particular de la "ocupación".

En estos casos de la identidad judía sirve como escudo para lo que sigue: Una visión reprobadora, materialmente inexacta e históricamente sesgada, además de completamente unilateral, de Israel.

En un artículo de opinión publicado en The Washington Post por los profesores Steven Levitsky (Harvard) y Glen Weyl (U. de Chicago) [nota: Weyl acaba de unirse a Microsoft],  "Somos sionistas de toda la vida. Es por eso que hemos elegido boicotear a Israel", se puede comenzar leyendo, como en el caso de tantos "Como judíos", lo siguiente: "Somos sionistas de toda la vida. Al igual que otros judíos progresistas...".

El artículo de opinión es una caricatura del típico argumento ensimismado, egoísta y ahistórico de los "Como judíos", y que está en el corazón de la oposición judía progresista a Israel, el cual a menudo se expresa a través del Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS). Pero se trata más que nada, si no totalmente, de lograr que los "Como judíos" se sientan bien consigo mismos, lo que justificaría su propia existencia, pero poniendo la existencia de los israelíes en riesgo.

Trataré de este artículo más adelante.

Pero primeramente, es útil tener en cuenta esta descripción del fenómeno de los "Como judíos" en su relación con los judíos izquierdistas antisionistas:
Los judíos antisionistas dan a sus políticas de identidad un extraño giro. En lugar de afirmar que representan la opinión de la mayoría de sus compañeros judíos, movilizan su identidad "Como judíos" con el fin de dar a su punto de vista de oposición una mayor legitimidad. Ellos les están diciendo a los no judíos que quizás puedan pensar que sus opiniones parecen antisemitas, pero ellos, los buenos judíos, se muestran felices de asegurarles que no lo son. 
Pero si las afirmaciones de estos "Como judíos" antisionistas parece muy problemáticas para la mayoría de los judíos, entonces emplean otro pequeño giro. Afirman que su identidad judía es auténtica, por lo que de alguna manera las identidades mayoritarias judías son inauténticas. Así pues, el "Como judío" antisionista puede conformar una muy pequeña minoría, pero sin embargo alega que representa al "judío auténtico, al judío ético, al judío crítico. al judío antinacionalista, al judío valiente. al judío con visión de futuro". Y que "los otros judíos, la manada, en realidad no son judíos auténticos, pues su judaísmo ha sido subvertido por el sionismo, la islamofobia y una indiferencia secular hacia la ética judía".
Esta descripción, sin embargo, no sólo se aplica a los judíos antisionistas.

El fenómeno "Como judíos" es tan fuerte que se aplica a los judíos "progresistas" que dicen ser sionistas y apoyan el derecho de Israel a existir, pero que consideran la "ocupación" israelí de Judea y Samaria como un afrenta a sus valores judíos progresistas. Para que estos judíos progresistas puedan convivir con esos valores, Israel debe "poner fin a la ocupación" y abandonar sus exigencias en lo referente a los problemas de seguridad. Esas preocupaciones de seguridad son el resultado, total o casi totalmente, según su opinión progresista, de la "ocupación" en sí misma, Eliminen la ocupación y todo irá bien.

Según ese punto de vista, Israel se merece la mayoría de las reprobaciones, si no toda la culpa, por el fracaso de las negociaciones para lograr la salida de Cisjordania.

Pero todo esto es ahistórico e inventado para llenar una necesidad emocional.

Sabemos que la violencia contra los judíos por ser judíos se remonta al Mandato Británico de Palestina, a décadas antes de la independencia israelí. Hubo pogromos árabes contra los judíos en la década de 1920. En 1929, una de las comunidades judías más antiguas del mundo y continuas, en Hebrón, fue destruida y 67 judíos asesinados en los disturbios inspirados por el Gran Mufti de Jerusalén tras afirmarse que los judíos amenazaban la mezquita al-Aqsa.

Debido a la reciente polémica por las declaraciones del primer ministro Benjamin Netanyahu, el público ha tomado conciencia de que el Gran Mufti - un pariente de Yasser Arafat y venerado por los palestinos hasta hoy mismo -, era un descarado partidario y colaborador de los nazis. El Gran Mufti no dio la idea a Hitler de exterminar a los judíos, pero él le dio todo su apoyo. El antisemitismo del Gran Mufti infundió un odio semejante al de la actual "Intifada de los cuchillos", alimentado una vez más la incitación y las falsedades antijudías sobre un intento de destruir la mezquita al-Aqsa.

El conflicto también es alimentado por la retórica religiosa de retratar a los judíos como subhumanos, y dignos de asesinato por cualquier medio posible.

No hay nada que sugiera que Israel vaya a abandonar la mayor parte de Judea y Samaria sin unas medidas serias e importantes de seguridad, aprendiendo del ejemplo de que cuando salió de Gaza. Una Cisjordania convertida en una base de misiles de Irán y en una base terrestre de Hezbollah sería el resultado más probable de una salida sin seguridad.

Por otra parte, la idea de que Israel es el mayor obstáculo para un acuerdo ignora décadas de historia.

Fatah fue fundada en 1959, y la OLP se formó en 1964, antes de la captura israelí de Cisjordania en 1967. Esa captura en sí fue el resultado de que Jordania ocupara ilegalmente Cisjordania y media Jerusalén desde el armisticio de 1949, tras lanzar un ataque militar contra Israel. Cuando la entonces primera ministra israelí Golda Meir ofreció negociaciones para salir de Cisjordania a cambio de la paz, ella recibió los tres noes de la conferencia de Jartum: No habrá paz, no habrá un reconocimiento y no habrá negociación.

Todos sabemos lo que Israel ofreció en Camp David y en la Conferencia de Taba para salir de la práctica totalidad de Cisjordania, pero todo fue rechazado por Yasser Arafat, que a su vez lanzó la Segunda Intifada en la que miles de personas murieron.

Ahora hablemos del artículo de los profesores Levitsky y Weyl.

Estos son extractos de "Somos sionistas de toda la vida. Es por eso que hemos elegido boicotear a Israel" con mis comentarios:
Somos sionistas de toda la vida. Al igual que otros judíos progresistas, nuestro apoyo a Israel se ha basado en dos convicciones: en primer lugar, que un Estado era necesario para proteger a nuestro pueblo de un futuro desastre; y en segundo lugar, que cualquier Estado judío sería democrático, abrazando los valores de los derechos humanos universales que muchos tomaron como una lección del Holocausto. Las medidas no democráticas emprendidas en pos de la supervivencia de Israel, como la ocupación de Cisjordania y Gaza y la negación de los derechos básicos de los palestinos que viven allí, se entiende que son temporales... 
Este "hecho básico" plantea un dilema ético para los judíos americanos: ¿Podemos continuar abrazando un estado que niega permanentemente los derechos básicos a otro pueblo? Sin embargo, también plantea un problema desde una perspectiva sionista: Israel se ha embarcado en un camino que amenaza su propia existencia.
Esto es, por supuesto, una visión completamente desequilibrada de la situación actual. Los árabes en Israel tienen plenos derechos; inclusive si los derechos de las minorías no estuvieran perfectamente protegidos en la práctica (como es el caso de casi todos los países que pretenden proteger los derechos de las minorías). Israel se retiró de Gaza en 2005, y la gente eligió a Hamas, que luego expulsó a la Autoridad Palestina en una breve, pero sangrienta, guerra civil. La mayoría de los palestinos en Cisjordania viven en zonas controladas por la Autoridad Palestina.

Nadie sugiere que la situación actual es buena, pero si no fuera por la actual campaña de terror de los palestinos, la situación sería muy diferente de lo que es. La barrera de seguridad (un muro, en algunos pocos lugares, una cerca en la mayoría de los lugares), los puestos de control israelíes y la fuerte presencia militar son todos una reacción a la Segunda Intifada y a la campaña de atentados suicidas.

La elección no es entre una situación feliz y la situación actual, sino entre la situación actual y otra potencialmente mucho peor.
Como sucedió en los casos de Rhodesia y Sudáfrica, la subyugación permanente de Israel de los palestinos le aislará inevitablemente de las democracias occidentales. No sólo es que el apoyo europeo a Israel está disminuyendo, sino que también es la opinión pública estadounidense - una vez aparentemente sólida como una roca - la que ha comenzado a cambiar, sobre todo entre la generación del milenio. Ser un estado paria internacional no es una receta para la supervivencia de Israel.
La comparación con Rhodesia y Sudáfrica está de moda entre algunos progresistas e izquierdistas, pero es de nuevo falsa. Israel es un país gobernado por la mayoría de su población, y las divisiones son religiosas y étnicas, no raciales. Los judíos israelíes son multirraciales, con aproximadamente la mitad de ellos teniendo como origen a los refugiados o a los descendientes de los refugiados de los países árabes. Nadie afirma que los países de mayoría musulmana que imponen la ley Sharia sean de alguna manera estados "apartheid", eso sólo sucede con el único país con una mayoría judía en el mundo.

Por otra parte, la idea de que Israel es menos popular que antes no es soportada por las encuestas de Gallup y otros organismos. Así también, la afirmación sobre la generación del milenio es altamente especulativa, aunque en algunos campus universitarios haya indicios anecdóticos de pueda ser real, sobre todo entre los más progresistas. En el mundo de los judíos progresistas, la popularidad de Israel puede estar disminuyendo, pero los judíos progresistas no son el universo, excepto para esos mismos judíos progresistas.
Por último, la ocupación pone en peligro la seguridad que estaba destinada a garantizar. La situación de seguridad de Israel ha cambiado dramáticamente desde las guerras de 1967 y 1973. La paz con Egipto y Jordania, el debilitamiento de Irak y Siria, y la superioridad militar ahora abrumadora de Israel - incluyendo su (no declarada) disuasión nuclear - parecen haber terminado con cualquier amenaza existencial planteada por sus vecinos árabes. Incluso un Estado palestino liderado por Hamas no podía destruir a Israel...
Esta evaluación de seguridad es delirante.

Se estima que Hezbolá tiene unos 100.000 cohetes y misiles, muchos de ellos grandes y sofisticados, y se ha comprometido a destruir a Israel. Su patrocinador, Irán, está activo en Siria, declara su deseo de destruir a Israel casi a diario, y también arma a Hamas en Gaza.

Jordania sin una persona (el rey Abdullah) corre el peligro de caer en manos del Estado islámico. ISIS y los afiliados de al-Qaeda están activos en el Sinaí, y pueden terminar controlando Siria. Y por supuesto, la propia Cisjordania está lleno de facciones armadas que no aceptan ningún tipo de entidad nacional judía.
Para los partidarios de Israel como nosotros, todas las formas viables de presión son dolorosas. Las únicas herramientas que plausiblemente podrían cambiar los cálculos estratégicos israelíes son una retirada de la ayuda de los Estados Unidos y un apoyo diplomático a los boicots y desinversiones de la economía israelí. Un boicot que solamente tuviera como objetivo los bienes producidos en los asentamientos no tendría el impacto suficiente para inducir a los israelíes a reconsiderar el status quo. 
Es por lo tanto que, de mala gana, pero con decisión, nos negamos a viajar a Israel, boicoteamos los productos producidos allí y pedimos a nuestras universidades que desinviertan en Israel, y a nuestros representantes electos que retiren la ayuda a Israel. Hasta que Israel no se dedique seriamente a un proceso de paz que, o bien establezca un estado palestino o bien otorgue a los palestinos la ciudadanía democrática con plena soberanía en un solo estado, no podemos seguir subsidiando a los gobiernos israelíes cuyas acciones amenazan la supervivencia a largo plazo de Israel.
En otras palabras, tratar de presionar a Israel para que tome aquellas medidas que considera que van en contra de sus propios intereses de seguridad. Y a pesar del hecho de que los electores israelíes han votado en repetidas ocasiones a los partidos que no aceptan ese riesgo.

Este argumento es fundamentalmente antidemocrático: son los judíos estadounidenses progresistas, y no los votantes israelíes, los que deberían determinar el futuro de Israel.
Israel, por supuesto, no es el peor violador de los derechos humanos del mundo. ¿Boicotear a Israel, pero no a esos otros estados que violan mucho más esos derechos no constituye una doble moral? Desde luego. Nos encanta Israel, y estamos profundamente preocupados por su supervivencia. Por eso no nos sentimos igualmente de preocupados por el destino de otros estados... 
Reconocemos que algunos defensores de boicot son impulsados ​​por su profunda oposición (e incluso odio) a Israel. Nuestra motivación es precisamente la contraria: el amor por Israel y el deseo de salvarlo.
Esta es la verdadera visión de los "Como judíos":  una afirmación de tal superioridad moral que provoca que los propios israelíes no tengan ni voz ni voto en el asunto, y los palestinos sean tratados como meros niños que no son responsables de sus propias acciones y fracasos. Esta es una visión bastante intolerante en la que se adjudica una mayor responsabilidad y culpabilidad sobre los judíos israelíes son judíos (y los amamos), y casi ninguna responsabilidad en los palestinos porque no son judíos.

Lo que falta en este artículo es cualquier consideración o preocupación seria por la seguridad de los israelíes, y lo que sobra es la primacía que se da a una supuesta sabiduría procedente de las universidades de élite americanas frente a la realidad sobre el terreno de un Israel rodeado de enemigos fanáticos decididos a destruirlo.

No puedo culpar a "los israelíes por elegir la vida (en Israel), en vez de elegir ser amados en las columnas de opinión de The Washington Post".

¿Cuántos israelíes deben morir para que los profesores Levitsky y Weyl, y otros "Como judíos" progresistas, puedan sentirse bien consigo mismos?

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Antisionistas que dicen ser "sionistas de toda la vida": Dos judíos americanos de los 6 millones y medio apoyan el boicot a Israel - David Bernstein - Volokh Conspiration



Este es mi titular alternativo para un artículo de opinión publicado por The WPost el viernes y que se titulaba "Somos sionistas de toda la vida. Es por eso qué hemos elegido boicotear a Israel", y que fue el  artículo de opinión "más leído" del día.

Los autores, Steven Levitsky, profesor de gestión y gobierno en Harvard, y Glen Weyl, un economista que trabaja en Microsoft, se identificaron como "judíos progresistas" y "sionistas de toda la vida" que "durante años... hemos apoyado a los gobiernos israelíes, incluso aquellos con los que no estábamos demasiado de acuerdo, en la creencia de que un Israel que busque su seguridad actuaría para defender sus propios intereses a largo plazo". Yo les escribí y les pregunté si alguno de ellos se había manifestado públicamente en apoyo de Israel en alguna ocasión. Ambos reconocieron que no lo habían hecho. Tampoco Israel era un área de interés académico para ninguno de ellos.

El artículo era en sí mismo trivial, los típicos mantras y las tontas acusaciones de apartheid, las falsas acusaciones de un incremento del chauvinismo judío en Israel y, literalmente, ni una sola palabra sobre el terrorismo o el rechazo palestino (a una solución de dos estados en la que Israel perviva como lo que es ahora, un Estado judío y democrático), incluyendo el rechazo de varios de planes de paz ofrecidos por Israel desde el año 2000 y que se encontraban dentro de los parámetros de las expectativas para un acuerdo de la comunidad internacional.

Yo les refuté la orientación general de sus alegaciones, las cuales básicamente querían vender la idea de que una vez si fue aceptable, pero ya no lo era, ser miembro de la izquierda liberal y progresista y apoyar a Israel, y todo ello porque Israel se ha desplazado de una manera muy drástica hacia la "derecha".

Así pues, los autores del artículo no poseen un perfil público de haber sido partidarios de Israel en el pasado, no les interesa Israel como parte de su trabajo académico y no tienen nada minimamente original que decir.

El apoyo a un boicot a Israel permanece en la periferia exterior de la comunidad judía, y más aún entre los judíos que se consideran a sí mismos, tal como dicen ser Levitsky y Weyl, "sionistas de toda la vida" y partidarios de una solución de dos estados. El último sondeo que recuerdo haber visto sobre este tema informaba que más de 90% de los judíos americanos eran más comprensivos con Israel que con los palestinos, y lo contrario solamente era cierto en algún lugar con un solo dígito.

Weyl, al menos, esta claramente situado en el sector de la extrema izquierdo del sentimiento "sionista", pues él ha escrito en otras partes cosas como  "ahora es el momento de estar junto a la lucha del pueblo palestino en su lucha internacional por la justicia. Sólo la clara solidaridad de los judios humanitarios de todo el mundo con la causa de los que están esclavizados por nuestros representantes electos puede empezar a absolvernos de nuestros continuos crímenes".

[N.P.: Weyl es también conocido por promover un modelo de voto "de segundo nivel", lo que permitiría a la gente votar sobre un tema con diferentes niveles de influencia. Por ejemplo, bajo el sistema de Weyl los votos de las personas LGBTQ (Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transexuales) tendrían más peso que los de los heterosexuales en un referéndum sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo.

En respuesta a un usuario de Twitter que le señaló que Microsoft, su empresa, mantiene una fuerte presencia en Israel, Weyl le contestó: "Bueno, me opongo a las inversiones de Microsoft en Israel, pero no considero esta razón suficiente para renunciar a un mundo tan interconectado".]

Sin embargo, el WPost y más aún el New York Times, se sienten en la necesidad de vez en cuando de publicar el habitual artículo del "yo soy un académico judío izquierdista,  y estoy indignado y harto de Israel", incluso por parte de personas que no tienen ninguna experiencia particular sobre el tema más allá de la que puedan tener cualquier judío americano interesado que puedan elegir al azar. No estoy seguro de que la búsqueda de un judío americano o dos, aquí o allá, y ajeno al resto de los 6,5 millones de judíos americanos, y que sostenga una posición anti-Israel pruebe lo contrario, pero al parecer los editores de opinión consideran que hay un mercado importante para este tipo de artículos.

ACTUALIZACIÓN: Como he señalado antes, mientras que bastantes judíos americanos de izquierda afirman a menudo que Israel se ha desviado cada vez más a la extrema derecha, de hecho, la extrema derecha del "Gran Israel" es mucho menor ahora de lo que llegó a ser, mientras que la izquierda se ha totalmente colapsado, dejando a Israel como una nación mucho más centrista políticamente hablando. Pero para algunos izquierdistas americanos, si no hay esperanza para la izquierda israelí tampoco la hay para Israel.

En ese sentido, es preciso leer un reciente artículo que ha creado un gran revuelo en Israel y que ha sido escrito por el conocido profesor y activista israelí por la paz, y durante mucho tiempo situado en la izquierda, Shlomo Avineri. Avineri, quien durante décadas ha argumentado que Israel puede llegar a un acuerdo con los palestinos sobre la base de un reconocimiento del conflicto entre dos movimientos nacionales legítimos, ahora admite implícitamente que ha sido un ingenuo:
La cuestión es que los israelíes que ven el conflicto dentro del marco de una lucha entre dos movimientos nacionales suponen que esta es también la posición que sostiene la otra parte; por lo tanto, cuando las negociaciones fracasan, la receta que se defiende es ceder en algunos de los detalles con la esperanza de que más concesiones, de uno u otro lado, dará lugar a un acuerdo. 
Desafortunadamente, esto es una ilusión. 
La posición palestina básica, que por lo general no siempre se señala explícitamente, es totalmente diferente y se puede detectar fácilmente en numerosas declaraciones palestinas. De acuerdo a la opinión de los palestinos, este no es un conflicto entre dos movimientos nacionales, sino un conflicto entre un movimiento nacional (el palestino) y una entidad colonial e imperialista (Israel). De acuerdo con este punto de vista, Israel terminará como todos los fenómenos coloniales, siendo destruido y desapareciendo. Además, según el punto de vista palestino, los judíos no son una nación, sino una comunidad religiosa, y como tal no tiene derecho a la autodeterminación nacional, lo cual es, después de todo, un imperativo universal.
Mucha gente en Israel todavía se opone a los asentamientos, y piensa que Israel ha perdido una serie de oportunidades para promover la paz, y así sucesivamente. Pero después de que Oslo, y posteriormente Camp David / Taba, fueran recibidos con una terrible violencia palestina, después de que tras la retirada israelí de Gaza se recibiera una lluvia de cohetes de Hamas, y dada la actual ronda de violencia palestina motivada por los falsos rumores de que Israel planea destruir la mezquita de Al -Aqsa, falsedades animadas por el propio gobierno palestino, pocos israelíes aún creen, como los ingenuos Levitsky y Weyl, que Israel es el único responsable del conflicto o tiene el poder unilateral para resolverlo, sin llegar por supuesto hasta el suicidio.

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Sunday, June 21, 2015

Artículo muy interesante: Cómo la controversia sobre los "judíos de corte" vuelve a entrar en erupción - Lee Smith - Tablet



La semana pasada, un tema que se ha cocido a fuego lento durante bastante tiempo en conversaciones privadas, salió a la luz pública de una manera muy desagradable. En la conferencia del Jerusalem Post celebrada en Nueva York este 7 de junio, el secretario del Tesoro Jacob Lew ofreció una agitada defensa del acuerdo nuclear con Irán propuesto por la Casa Blanca, pero su alocución resultó casi abucheada ante el escenario a mediados de discurso. Desde luego no es un acto muy cívico o simpático hacer estas cosas por parte de la audiencia, tal como muchos expertos ya han señalado.

Por otra parte, muchos dirían que no resulta muy agradable que la administración Obama siga tratando de vender su acuerdo con Irán ante la comunidad pro-Israel como si fuera bueno para la seguridad de Israel, que es lo que Lew estaba tratando de hacer en la conferencia. Algunos trataron de disfrazar esta pretensión de la Casa Blanca diciendo que el abucheo resultó ser un hecho bastante predecible en una conferencia más bien antipática. "Bueno, por supuesto el secretario del Tesoro Jack Lew fue abucheado en una conferencia Jerusalem Post", escribió en Twitter el periodista del Atlántic Jeffrey Goldberg. "¿Han leído últimamente (lo que cuenta) el The Jerusalem Post?"

Otros, sin embargo, vieron en estas respuestas de la audiencia la última iteración de un drama histórico de siglos de duración, centrado en torno a los judíos cercanos al poder. Lew, a diferencia del secretario de Estado, del secretario de defensa, del asesor de seguridad nacional, o incluso del vicepresidente, tiene poco que decir en el interior del gabinete de seguridad nacional de la Casa Blanca. Como secretario del Tesoro, técnicamente maneja las sanciones a Irán, pero este es un trabajo que requiere que él ponga en práctica la política adoptada, no llegando a influir en la determinación de la misma. Por lo tanto, era difícil no ver como la administración Obama, pensando en la mejor manera de convencer a esos judíos estadounidenses reticentes con respecto a sus políticas relacionadas con Israel, decidió recurrir a alguien a quien este público pudiera creer: a otro judío. Y no a cualquier judío. Un judío ortodoxo que camina con el sello de la aprobación oficial.

"Casi cada afirmación atrajo gritos y abucheos", informaba JJ Goldberg del Forward. "En un determinado momento, un miembro del público le gritó: Usted es un judío de corte".

El término se refiere a una clase particular de judíos que han existido a lo largo de la historia moderna, esas personas que han obtenido privilegios de las autoridades en el poder y que luego adquirieron un doble papel: convencer a la comunidad judía de la bondad y beneficencia de las autoridades en el poder, y también interceder ante dichas autoridades en nombre de la comunidad. En algunos casos, estos "judíos de corte" han protegido a las comunidades judías en cuyo nombre hablaban. En otros casos, son recordados como agentes de un desastre histórico, personas que ayudaron a que los judíos cayeran a plomo en las masacres. Pero lo que puede ser más fascinante de esta última iteración del "judío de corte" es la forma en que la historia - y la dinámica del poder judío - ha cambiado radicalmente, y lo que estos cambios significan para los involucrados.

La idea de Obama de presentarse a sí mismo como "un miembro honorario de la tribu", algo que ha repetido casi textualmente en su reciente discurso ante la congregación de la sinagoga de Adas Israel, en Whashington,  se hacía eco de la evaluación de uno de sus interlocutores periodísticos favoritos, el periodista judío Jeffrey Goldberg, quien ha argumentado que Obama es el "presidente más judío de la historia". Lo que verdaderamente molesta a Obama, y en lo que insisten tanto el presidente como sus portavoces judíos, no serían tanto los propios judíos o el propio Israel, sino las políticas específicas del gobierno israelí, que el presidente cree que son impulsadas ​​por el miedo. En una reciente entrevista con el Canal II de Israel, explicó que el "miedo del primer ministro israelí Benyamin Netanyahu a perder su coalición y su puesto, el miedo a no encontrar un socio de paz palestino, etcétera, está poniendo en peligro la existencia misma de Israel". Y si Netanyahu es demasiado miedoso para tomar riesgos por la paz, Obama advirtió, será difícil para su administración "seguir vetando los movimientos anti-Israel en las Naciones Unidas".

Tanto si Obama es un "judío honorario o no lo es", la evidencia nos sugiere que entiende profundamente ciertas peculiaridades de las estrategias de supervivencia de la psique-comunitaria judía, algo que distingue a los judíos de otros grupos minoritarios estadounidenses. El uso del presidente de sus ayudantes judíos y de las organizaciones judías para hacer avanzar sus políticas ante la comunidad judía nos demuestra que Obama tiene razón a la hora de creer que la política judía está a menudo motivada por el miedo, "un miedo que puede ir desde el miedo existencial al exterminio en masa, hasta el miedo más prosaico a estar en mala situación ante los goyim". Y desde luego Obama no utiliza su energía y habilidades de liderazgo para ayudar a que estas personas superen dicho miedo, más bien está tratando de utilizarlos con maestría y sin piedad, manipulando a los judíos estadounidense mediante formas que otros grupos minoritarios estadounidenses encontrarían increíblemente insultantes.

Consideren las recientes declaraciones de los ayudantes y asesores judíos del presidente. "Netanyahu es el tipo de político", dijo David Axelrod, "que se dirige a un cargo público porque quiere ser alguien". "Israel no sabe lo que es mejor para si mismo", le dijo a los medios de comunicaciones israelíes la semana pasada el ex enviado de Obama para el proceso de paz palestino-israelí, Martin Indyk. "Ustedes son una nación emocional, no una racional.  Ustedes funcionan desde sus intestinos, y no desde su mente".

Es muy difícil imaginar que existan políticos católicos que ayuden a un presidente de los Estados Unidos a socavar e insultar al Vaticano, y que luego defiendan al presidente cuando diga que "él entiende mejor la Iglesia que el propio Papa". Durante los momentos más oscuros de la crisis del SIDA, no existieron organizaciones homosexuales que alentaran a los políticos estadounidenses a recortar los fondos para su cura. Tampoco existen activistas transgénero que argumenten que la verdadera amenaza para su comunidad no proviene de personas que temen y odian a los transexuales, sino desde dentro de la propia comunidad transgénero. Eric Holder (un consejero afroamericano de Obama) no regaña a la gente de color por ser eminentemente emocionales y no racionales, ni supone que los cargos públicos afroamericanos se meten en política porque "quieren ser alguien".

El problema en la América actual no es que haya personas y organizaciones claramente pro-Obama que liderando a la comunidad judía estadounidense la lleven a la destrucción. Resulta evidente que dos milenios de existencia en la diáspora, y la inseguridad consiguiente, han dejado una profunda huella, una probablemente permanente, en la psique comunitaria judía. Incluso en los Estados Unidos, un país libre en el que los judíos nunca han sido objeto de una opresión o persecución masiva al estilo europeo, el papel desempeñado por los "judíos de corte" todavía tiene un sentido estructural y emocional para esas personas a las que les gusta considerarse como pensadores independientes. De lo contrario, sería difícil explicarse por qué Obama aún retiene el apoyo de la mayoría de la comunidad judía mientras lleva a la práctica unas políticas que, desde cualquier perspectiva racional, no pueden ser vistas más que como muy poco favorables al Estado judío.

Por ejemplo, muchos de los partidarios judíos de Obama son reacios a criticar el acuerdo nuclear con los iraníes, a pesar de que es claramente contrario a lo que se anunció repetidamente a los judíos que sería. Tampoco existe nada demasiado matizado en el detalle de las políticas de la administración Obama que sus defensores puedan utilizar como cobertura. Amenazar con no usar el veto en las Naciones Unidas es malo para Israel. Exigir a Israel que haga la paz con la Autoridad Palestina en estos momentos, es decir, que se produzca la retirada del ejército israelí de Cisjordania dejando a la Autoridad Palestina al albur de la misericordia de Hamas, resulta algo muy malo para Israel. Negarse a criticar a Mahmoud Abbas después de que abandonara la última ronda de las inútiles conversaciones de paz propuestas por la administración Obama, mientras se aprovecha para echar toda la culpa sobre Netanyahu, es hacer muy poco a la hora de contribuir a las probabilidades de éxito de las futuras negociaciones. Permitir que Irán extienda su influencia y sus escuadrones de la muerte a través del Oriente Medio, mientras se legitima su búsqueda de una bomba nuclear, es una materia de ficción del fin del mundo.

Pero, ¿qué pasa con los judíos que hablan por la administración Obama? Ninguno de los antiguos funcionarios judíos de alto rango de su administración parece estar dispuesto a hablar oficialmente sobre este tema, pero cada uno de ellos está de acuerdo en que ese momento fue muy importante. "Ninguna administración hará lo que quiere la comunidad judía, o lo que los judíos creen que es mejor para Israel, al igual que ninguna hará jamás lo que desean los católicos o los agricultores griegos", me dijo un ex responsable político judío estadounidense que sirvió en puestos de alto nivel en varias administraciones. "Cuando estás en una administración sabes que esto ocurre. Si la cuestión sucede en el área particular que debes cubrir, puede resultar algo muy doloroso. Si eso se repite, es necesario cambiar de trabajo o dejar la administración. Es lo normal".

Pero "la situación con Obama no es lo normal", pienso yo, debido a lo extensa y lo profunda que es su confrontación con Israel, y el daño que está produciendo. Debemos pensar en el alma de esas personas nombradas por ser judías. En mi opinión, se han convertido en “facilitadores” de esas dañinas políticas, en el peor sentido de la palabra. Que ni un solo judío haya abandonado en señal de protesta resulta muy notable, teniendo en cuenta que las relaciones no han podido ser peores en mucho, mucho tiempo.

Al no renunciar como forma de protesta, se podría decir que los ayudantes judíos de Obama no sólo han perjudicado a su comunidad, sino que han debilitado su propia posición, lo cual resulta, en cierto sentido y en última instancia, mucho más perjudicial. En una ciudad donde la apariencia de poder es el poder, los defensores judíos de Obama no tenían ni idea de cuál era la realidad del presidente. Ellos únicamente desempeñaban un papel, y ahora todo el mundo lo sabe. El secretario del Tesoro Jack Lew no estaba en la habitación cuando Obama estaba haciendo política con Irán con Ben Rhodes y Valerie Jarrett. Martin Indyk no sabía que una parte central del Oriente Medio de Obama sería imposible sin el acuerdo con Irán, y que eso suponía debilitar al AIPAC, la piedra angular de la comunidad pro-Israel. El AIPAC, a su vez, no se vio a sí mismo como un claro objetivo de la administración Obama. En su lugar, se decía a sí mismo que el apoyo bipartidista a Israel era la premisa de su poder. Si estos actores hubieran ayudado directamente al presidente Obama a la hora de echar por la borda a la comunidad judía, por lo menos habrían demostrado que tenían conexiones con el poder.

El mayor problema con los judíos que orbitan alrededor de Obama no es que hablen en nombre de políticas que pueden ser muy perjudiciales para el Estado judío, su gran problema es que claramente están fuera del circuito, un status quo que ahora se legará a las futuras administraciones.

En este sentido, el ostensible rival del AIPAC, J Street, sí cumplió con su papel con dedicación. Como me dijo un funcionario de alto nivel de la comunidad pro-Israel oficial, sentía que "su situación había decaído mucho. La administración utiliza a J Street y va a sus conferencias porque cree que serán una herramienta útil". Pero J Street no se ha debilitado, tal como piensa este funcionario de la comunidad pro-israelí, porque haya desempeñado su papel de una manera imprudente. Si usted se describe a sí mismo como una organización pro-Israel, entonces su poder y su influencia serán directamente proporcionales a la importancia que desempeñe Israel en la política exterior de los Estados Unidos. Si sus acciones, como las de J Street, van encaminadas y contribuyen a convertir a Israel en tan importante para la política exterior estadounidense como Malasia, entonces tu propia valía acabará siendo no demasiado importante.

La historia tiene un giro más, sin embargo. "Uno tiene que entender que los judíos funcionan de manera diferente a otras personas u otros grupos étnicos, religiosos o minoritarias", me dijo Ruth Wisse, quien ha enseñado literatura yidish durante muchos años en Harvard. "Los judíos de la diáspora actúan de manera diferente debido a su dependencia política, como pueblo que vive dentro del territorio de otro pueblo, lo que les hace perpetuamente vulnerables".

La posición del “judío de corte”, del cercano al poder, podría tener sentido estructuralmente en el inconsciente colectivo de la comunidad judía estadounidense, pero en realidad ahora resulta una anomalía absurda: Obama no va a matar a los judíos, ni siquiera piensa oprimirlos. De hecho, contrató a un montón de judíos para la Casa Blanca. Por otra parte, por primera vez en dos milenios, hay un lugar donde los judíos pueden escapar o refugiarse si las cosas en la diáspora se ponen mal, el Estado judío. Es decir, todo el paisaje de las dinámicas de poder, dentro del cual los “judíos de corte” han tenido sentido, ya no existe. Su única motivación real, es lo que yo pienso, es puro arribismo, algo bastante habitual por otro lado.

Esto explica otro misterio: ¿por qué, tal como dice Abe Foxman, Israel sigue dando por hecho la lealtad de la comunidad judía estadounidense? En el contexto de criticar a Netanyahu por no permanecer en el lado bueno, el de Obama claro está, el jefe de la Liga Anti-Difamación dijo: "Es necesario que haya mucha más sensibilidad y más educación en Israel con respecto al valor de esta comunidad, no solo se trata de los cheques que envía, o del apoyo que brinda en los momentos de crisis, corriendo al Congreso. Yo creo que Israel no entiende y no estima sus propios valores, por lo que no respeta a este socio, a este otro lado de la pareja" (ahora que la población judía mayoritaria reside en los Estados Unidos e Israel).

Foxman seguramente acierta. Al igual que Obama, el actual primer ministro del Estado judío, Benyamin Netanyahu, también se muestra despectivo con la comunidad judía liberal estadounidense. Desde ambas perspectivas, son comunidades débiles, primitivas, de gente asustada, que puede ser manipulada a distancia y succionadas por el poder no porque sus vidas dependan de ello, sino porque sus carreras sí dependen.

La diferencia entre Obama y Bibi, tal como muchos de estos judíos liberales estadounidenses han proclamado y repetido con tanta fuerza en el último año, es que sólo el primero fue elegido por la comunidad judía estadounidense. Pero eso es precisamente algo en lo que tendrán que pensar detenidamente.

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Wednesday, June 17, 2015

Michael Oren: Periodistas judíos liberales estadounidenses dirigen el asalto anti-israelí en los medios estadounidenses - Haaretz



El ex embajador de Israel en los Estados Unidos, Michael Oren, afirma que ciertos periodistas judíos estadounidenses son en gran parte responsables de la cobertura anti-israelí en los principales medios de comunicación estadounidenses y el "doble estándar" que se aplica en su cobertura del Estado judío. Oren también escribe que el antagonismo hacia Netanyahu es demostrable en periodistas judíos como Thomas Friedman y Leon Wieseltier, y que se asemeja al antagonismo histórico hacia los judíos.

El nuevo libro de Oren, "Aliados", que se publicará la próxima semana, ya está cosechando grandes titulares por su dura condena del presidente Obama y sus políticas hacia Israel. Pero Obama no es el único blanco de Oren: él también crítica a los judíos liberales estadounidenses y a su "religión", el Tikun Olam, y se vuelve devastadora cuando se trata de ciertos periodistas judíos estadounidenses.

Oren rechaza la afirmación de que los "judíos controlan los medios de comunicación" como un bulo antisemita, pero luego parece proceder a prestarle credibilidad cuando "refleja el número desproporcionado de periodistas judíos - en relación con su proporción con la población estadounidense -". Él continúa diciendo que "la presencia de tantos judíos liberales estadounidenses en la prensa impresa y en la pantalla rara vez se traduce en apoyo a Israel. Lo contrario es a menudo lo cierto, ya que algunos periodistas judíos utilizan su judeidad como una credencial para criticar a Israel".

"Yo soy judío, parecen estar diciendo constantemente algunos de ellos, pero yo no soy uno de esos judíos - los colonos, los rabinos, los mizrahim, los líderes israelíes o los soldados del IDF -".

Debido a este comportamiento de estos periodistas judíos americanos, afirma Oren, Israel es sometido a las normas y a las pruebas más duras y exigentes, mucho mayores que con cualquier otro país extranjero. Oren destaca la "maliciosa" página de opinión del New York Times, "una vez reverenciada como una interfaz de ideas, ahora tristemente reducida a una caja de resonancia para una sola de ellas, esa que a menudo excluye la legitimidad de Israel", pero afirma que este diario no está solo. "The New Yorker y el New York Review of Books, prensa editada por directores judíos, rara vez publican informes que no sean incriminatorios sobre los asuntos israelíes".

Oren dice que fue especialmente doloroso para él los artículos hipercríticos con Israel en los que sus redactores "eran judíos". Reflexionando sobre lo que podría conducir a estos articulistas a ser "tan críticos" contra su "Estado-nación", Oren afirma que algunos han "deducido que atacar a Israel les resulta provechoso como elemento promocionador de su carrera - el equivalente del judío muerde a perro judío -, sobre todo para salvar a algunos de estos 'expertos' de la oscuridad profesional".

A otros los compara con esos "judíos americanos de clase alta de ascendencia alemana, y su histórico desprecio por los inmigrantes judíos de Europa del Este", esa chusma que hablaba yidish y que "supuestamente provocaron que todos los judíos quedarán mal y hablaran mal".

Y otros, escribe finalmente Oren, "son unos judíos asimilados en una enorme medida, y sienten resentimiento por Israel porque les complica aún más su identidad ya en conflicto (y su relación con su gente, especialmente en la izquierda)".

Oren especula después si la hipercrítica hacia Israel de los periodistas judíos liberales estadounidenses no se derivará de una "sensación de inseguridad y de miedo a un posible incremento del antisemitismo". Muchos de ellos apoyaron a Obama con su preferencia por el "poder blando".

Una de las principales razones del desdén de Oren por Obama es el concepto promovido por esta misma prensa liberal judía estadounidense de un Obama como "primer presidente judío", diciendo que "eso sería cierto si ser judío en América significara optar por debilitar el poder militar, el nacionalismo americano y el sentimiento de tribu o de identidad unitaria".

Al mismo tiempo, Oren expresa asombro ante el hecho de que los periodistas judíos estadounidenses en general no se hayan sentido "impresionados" por el currículum personal de Benjamin Netanyahu, cuyo "CV es más elocuente que incluso los más brillantes de la administración Obama".

Oren relata una conversación en la que acusó a Leon Wieseltier de albergar un "odio patológico" hacia Netanyahu y como Wieseltier le contestó que estaba de acuerdo con él.

"El antagonismo provocado por Netanyahu", continúa Oren, "parece haber sido desencadenado tradicionalmente por los judíos liberales americanos. Nosotros, los judíos, parece que siempre estamos a la última según la visión de los demás: eramos comunistas según los capitalistas, eramos capitalistas a ojos de los comunistas, somos nacionalistas para los cosmopolitas,  y para los patrioteros representamos al Judío Internacional".

Es por eso que Netanyahu ha sido tildado de "imprudente" por fuentes de la Casa Blanca, de "intransigente" por el New York Times, y, sin embargo, criticado por el Haaretz por "no tomar decisiones".

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Monday, February 02, 2015

Tony Judt está envejeciendo mal - Adam Kirsch - Tablet



La nueva colección de ensayos de los años finales del historiador dice más sobre sus prejuicios que sobre sus logros.

Fue en una fiesta a principios de 2002, pocos meses después de los atentados del 11 de septiembre, cuando escuché por primera vez a alguien declarar, como si fuera evidente por sí mismo, que el Gobierno de George W. Bush era fascista. La acusación se refutaba a si misma, por supuesto, porque las personas que viven bajo un auténtico régimen fascista no van por ahí atacando crudamente al régimen en las fiestas, pero desde luego era un síntoma de los tiempos. La paranoia post 11 de septiembre tomó muchas formas, y una de ellas consistió en la paranoia sobre el gobierno americano (y no sólo en los círculos "Truther", los círculos que ven conspiraciones ocultas tras cada suceso importante). Si usted lee a Art Spiegelman en “A la sombra de las No Torres”, por ejemplo, o a Philip Roth en “La conjura contra América”, productos ambos de los primeros años tras el 11 de septiembre, podrá observar cómo el miedo y el temor que provocaron los ataques fácilmente podría ser transferido desde los fanáticos islámicos que actualmente perpetran barbaridades a los propios Estados Unidos.

No es necesario criticar los graves delitos de la administración Bush, las guerras fallidas, la tortura y los abusos, la orwelliana vigilancia para señalar que, entre gran parte de la izquierda, el odio a George W. Bush fue una proyección psicológica o de sustitución. Esto fue particularmente cierto, creo yo, entre muchos judíos izquierdistas. Después de todo, cuando emerge un movimiento terrorista que declara que su objetivo explícito es asesinar a los estadounidenses y a los judíos, resulta mucho más cómodo para algunos judíos estadounidenses afirmar que tienen más miedo de su propio gobierno, el cual no ha ido contra ellos, antes de tener que admitir que en realidad tenían miedo de los fundamentalistas islámicos, que eran quienes les amenazaban. Condenando las injusticias de la administración Bush no les privará ser decapitado, como sucedió con Daniel Pearl en Pakistán, o que su autobús pueda saltar por los aires, como tantas veces sucedió en Israel durante la Segunda Intifada.

La historia completa de la reacción judía estadounidense al 11 de septiembre sería un tema muy interesante para que algún historiador lo estudiara y describiera, y cuando lo haga deberá dedicar un capítulo completo a Tony Judt. Pues durante los años de la administración Bush, Judt, un historiador de la Europa de la posguerra, que hasta aquel entonces era conocido principalmente por otros historiadores, surgió como el principal portavoz de una rama del izquierdismo judío americano. Escribiendo principalmente en el New York Review of Books, Judt utilizó una serie de ensayos y reseñas para hacer avanzar su escrito de acusación contra los Estados Unidos e Israel, cuyas acciones catalogó como las principales responsables de la violencia y la inseguridad en el Oriente Medio. Estados Unidos bajo Bush, argumentaba Judt, se levantó desafiante contra el derecho internacional y la opinión europea, convirtiéndose en un beligerante Estado canalla cuya invasión de Irak amenazó con destruir el orden mundial. Sin embargo, su principal crimen fue el patrocinio de Israel, cuya ocupación de la tierra palestina era la principal causa de los problemas y quejas árabes, y del odio contra Occidente. Con el tiempo, esta crítica se ampliaría dirigiéndose hacia los desarreglos económicos y sociales del bienestar en los Estados Unidos, reclamando Judt un retorno al por mayor a los valores del Estado de bienestar basándose en el modelo europeo de la posguerra.

Ahora todos esos ensayos han sido publicados en forma de libro con el título de “Cuando los hechos cambian: Ensayos 1995-2010”, y la lectura de los polémicos ensayos de Judt una década después de que fueron publicados por primera vez resulta una forma muy útil de ponerlos en perspectiva. Se hace evidente, por ejemplo, que no fueron ni la novedad ni la originalidad de las ideas de Judt las que le convirtieron en un conocido y significativo polemista. Tomemos, por ejemplo, el más discutido de todos sus ensayos, "Israel: La Alternativa", que apareció por primera vez en el New York Review en octubre de 2003. Aquí Judt argumentaba que los asentamientos de Israel en Cisjordania ya habían convertido a la solución de dos estados en algo imposible e irrealizable, por lo que la única forma de salir del estancamiento consistía en crear un único Estado binacional en Israel-Palestina. Esto, por supuesto, no era de ninguna manera una idea novedosa, y en los años siguientes sería retomado por muchos, desde Sari Nusseibeh, en su libro “¿Para qué un Estado palestino?", a Muammar Gaddafi, quien pidió la creación de un nuevo país que debería ser llamado "Isratina".

Como muchos de sus partidarios sugirieron correctamente, con la "solución de un único estado" en realidad estaba apelando principalmente a aquellos que miraban con agrado la desaparición del Estado judío o, en el otro extremo, a los fanáticos del Gran Israel que querían asegurarse de que ninguna Palestina pudiera surgir en los mapas. Judt, sin embargo, no fue un ideólogo de la izquierda. Él era un historiador con unas credenciales liberales impecables y que incluso en su juventud fue un ardiente sionista y en algún momento un kibbutznik. Lo que Judt hizo realmente fue legitimar la "solución de un único estado", la desaparición de Israel, entre los medios intelectuales, de la misma manera que Mearsheimer y Walt legitimaron que se hablara de un "lobby judío pro Israel". Con la publicación de “Israel: La Alternativa", quedó claro que muchos judíos liberales e izquierdistas estaban dispuestos a negar públicamente la necesidad o la posibilidad moral de un Estado judío.

Para el verdadero tema u objeto de su ensayo, y esto también resulta ser cierto para todos sus ensayos más apasionados, tiene poco que ver con la situación política del Oriente Medio. Se trata más bien de una “dramatización de la crisis de conciencia” que muchos judíos liberales comenzaban a sentir y ahora sufren con respecto al sionismo. Para Judt, el sionismo es un nacionalismo étnico, y si hay una cosa de la que verdaderamente se enorgullecen los liberales del siglo XX es de su rechazo del nacionalismo étnico. Como escribía Judt, “ahora vivimos en una época donde ese tipo de Estado ya no tiene lugar, en un mundo donde las naciones y los pueblos se entremezclan cada vez más y se casan a voluntad, donde los impedimentos culturales y nacionales a la comunicación han colapsado, donde cada vez más de nosotros mismos tenemos múltiples identidades electivas y nos sentiríamos desagradablemente restringidos si tuviéramos que optar por una sola de ellas. En un mundo así,  un país como Israel es verdaderamente un anacronismo".

Lo llamativo de todo este párrafo donde sintetiza sus ideas es lo profundamente ahistórico que es, y esto viniendo de un historiador. Por supuesto, no vivimos en el mundo descrito por Judt, no desde luego en el 2003, y aún menos en el 2015. Lo que sí puede ser verdad en los barrios más cosmopolitas de Europa y América, está lejos de ser cierto en el Oriente Medio, donde sunitas, chiítas, alauitas y kurdos están comprometidos en una guerra sectaria masiva que se extiende desde el Líbano hasta Turquía. Y tal como nos sugiere el ascenso de los partidos anti-inmigración y nacionalistas en la Europa actual, incluso allí, en su estimada Europa, el apetito por el multiculturalismo está disminuyendo. Pero es que para los judíos de Israel, arriesgar su futuro para construir un Estado multinacional a la moda de Judt, justo en el momento en que casi todos los estados del Oriente Medio están inmersos en guerras civiles, sería una auténtica locura o, como reconoce el propio Judt, "una mezcla poco prometedora de realismo y utopía".

La argumentación de Judt sólo tendría cierto sentido si se aplicara, no a los judíos en Israel o en los Estados-nación en general, sino a los judíos del Occidente más liberal, donde de hecho tienen "múltiples identidades electivas". A lo que se resiste Judt es a la obligación de poner la identidad judía, tal como se expresa en el sionismo, por encima de las otras identidades, como la americana, europea, liberal o cosmopolita. En otras palabras, Judt estaba redescubriendo una de las tensiones más antiguas existentes en el judaísmo, la tensión entre el universalismo y el particularismo, y le resulta imposible experimentarla. Es por eso que "Israel: La Alternativa" es una declaración de profunda impaciencia, de su deseo de que Israel desaparezca para que las obligaciones de solidaridad judía también puedan desaparecer.

Por esa misma razón, Judt se vio obligado a negar que el antisemitismo constituyera algún tipo de amenaza real para los judíos que vivían fuera de Israel. Aquí, también, su argumento ha envejecido especialmente mal en tan sólo los últimos años. En "El problema del mal en la Europa de la posguerra", una conferencia originalmente leída al público alemán en 2007, Judt instaba a los europeos a dejar de tener miedo de criticar a Israel a causa de la memoria del Holocausto. La verdad, según él, es que los judíos ya no estamos bajo amenaza: "Imaginen el siguiente ejercicio: ¿Se sentirían seguros, aceptados, bienvenidos, hoy como musulmanes... en los Estados Unidos? ¿Y cómo un "paki (pakistaní)" en algunas partes de Inglaterra? ¿Y cómo un marroquí en Holanda?... ¿O lo cierto es que ustedes se sentirían más seguros, más integrados, más aceptados, como judíos? Creo que todos sabemos la respuesta".

Por supuesto, la respuesta que propone a "todos conocemos la respuesta" es que sí, que se sentirían más seguros como judíos. Pero el número de judíos europeos que hacen aliya, o los que se quedan atrapados en las sinagogas por manifestantes islamistas, o bien los que son masacrados en los supermercados kosher, en las escuelas judías y en los museos judíos, o los que son golpeados en la calle por llevar una kipá o algún signo judío, podrían indicarle que habría que dar una respuesta diferente. Aquí, nuevamente, Judt el historiador cierra los ojos ante lo que realmente está pasando en el mundo, y todo ello con el fin de hacer avanzar esa idea que le resulta tan reconfortante de que el sionismo y sus imperativos de defensa propia están obsoletos.

Pero no son solamente en sus ensayos sobre temas judíos se revela que Judt estaba más motivado por el mito y el sentimiento que por su faceta profesional, la historia. La cuarta sección del “Cuando los hechos cambian” se dedica a lamentarse agriamente por el deceso del estado del bienestar de la posguerra, que se encarna para Judt en el sistema ferroviario británico de su juventud. "Los ferrocarriles eran y siguen siendo el acompañamiento necesario y natural para la emergencia de la sociedad civil", escribe Judt. La existencia y el funcionamiento de una red ferroviaria nacional es "algo que el mercado no puede lograr", sino algo que el gobierno debe suministrar como un bien público. Sin embargo, esta preferencia por viajar en tren parece ser una opción estética, en lugar de una necesidad económica o ambiental. Corresponde a la aversión de Judt por los todoterreno y monovolúmenes, y por ende por los estadounidenses que los compran, “por su gran tamaño y a causa de su sobrepeso..., un anacronismo peligroso".

Al igual que con Israel, la acusación de "anacronismo" se formula para sustituir el trabajo de análisis y de discusión. Porque "nosotros", de una manera instintiva, ya sentimos que se trata de algo incómodamente pasado de moda, y ya no podemos evitar las molestias mirando hacia abajo o hacia otro lado. En ninguna parte existe una argumentación concreta de por qué los contribuyentes deben pagar por una red ferroviaria que no necesitan, ni desean, ni utilizan. Del mismo modo, Judt ataca reiteradamente la era Clinton por su ley de reforma del bienestar, comparándola con la Ley de Pobres del tiempo de Dickens, sin siquiera molestarse en explicar lo que la reforma del bienestar realizó, o por qué tantas personas, incluidos los demócratas, sentían que era una buena idea. En todos estos casos, Judt abandona las responsabilidades del historiador, básicamente explicar por qué las cosas son como son, para optar por las gratificantes experiencias del editorialista, reprendiendo y exhortando sobre cómo deberían ser las cosas. El resultado es que sus ensayos leídos ahora aparentan ser más bien los síntomas de su época, en lugar de tratar de explicárnosla.

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Saturday, January 31, 2015

Cuando los judíos liberales americanos se vuelven locos - Dror Eydar - Israel Hayom



1.- El periodista judío-estadounidense Jeffrey Goldberg apunta contra el primer ministro israeli Benjamin Netanyahu, y de inmediato es citado por múltiples publicaciones como si dijera algo revolucionario que nunca se ha dicho antes. Netanyahu trata de convencer al Congreso de los Estados Unidos de una intensificación de las sanciones contra Irán, a despecho de la opinión del presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, y ​​que los funcionarios de la Casa Blanca y sus medios de comunicación liberales que parecen haberse vuelto locos.

Cuando se trata de Irán, al igual que con respecto a los palestinos, la raíz del problema es si usted cree realmente al otro lado. Y Netanyahu no los cree, y tampoco lo hacen la mayoría de los ciudadanos de Israel. La falta de fe no es una cosa personal, sino que se basa en la experiencia y en un estudio empírico a largo plazo que hemos llevado a cabo en el laboratorio del "proceso de paz". Los estadounidenses también son bienvenidos a mirar hacia atrás en la historia de las negociaciones con Irán y ver por sí mismos a los que les han llevado por mal camino.

Goldberg afirma que desde el momento que Israel es el socio menor, no tiene más remedio que aceptar los dictados de los Estados Unidos con el fin de mantener una relación estable. Bueno, es cierto que en ciertos aspectos Israel depende de los EEUU, pero esta relación está lejos de ser feudal. En una situación en la que los intereses existenciales de Israel entren en juego, un líder israelí decente optará para proteger los intereses de Israel en lugar de preservar las relaciones cordiales con los EEUU.

Netanyahu está preocupado por si Obama firma un mal acuerdo con Irán, y Goldberg sugiere que debería haber iniciado un diálogo discreto con el presidente de Estados Unidos para influir en su pensamiento. Guauu. Qué gran consejo. Pero los puntos de vista de estos hombres de Estado sobre la respuesta de Occidente al Islam global, y específicamente al Islam radical, no podían ser más diferentes. En primer lugar, Obama se niega a reconocer la existencia del terrorismo islamista, y parece que él no cree que Irán pueda cumplir sus amenazas. Él analiza la amenaza islamista con conceptos racionales como el balance de la disuasión, el costo / beneficio y los intereses lógicos. Netanyahu, por su parte, ve las cosas de una manera muy diferente. Puesto que él es responsable de proteger la supervivencia de Israel en un ambiente lleno de población hostil, no puede darse el lujo de asumir que Irán pueda seguir adelante con su amenaza de usar una bomba nuclear. A sus ojos, el acuerdo con los iraníes es una cosa terrible. Para él, la única solución viable es la erradicación total e irreversible de la opción nuclear.

2.- Goldberg sugiere que Netanyahu haga un trueque con Obama. ¿Cómo? Pues "trabajando con Obama en temas de interés para los Estados Unidos (como el avance en el proceso de paz entre israelíes y palestinos, por ejemplo, tomando la iniciativa una vez más y siendo más y más flexible), con el fin de hacer que la parte americana entienda que su gobierno está interesado en dar, no sólo en tomar".

Así que Netanyahu no cree a los iraníes, y Goldberg, al igual que muchos en la izquierda, no cree que Israel quiera verdaderamente la paz. Los judíos pues son culpables. Resulta que todavía no hemos alcanzado nuestra cuota de locura corriendo alrededor de la banda de Ramallah, cuyos miembros nunca han mostrado ningún indicio de que realmente quieren resolver el conflicto.

Pero el argumento es mucho más profundo: ¿Acaso lo que Goldberg y sus secuaces están diciendo en realidad es que Israel tiene que tragar por un lado y dejarse atacar, con el fin de poder salvarse a sí mismo del otro? Porque esa es la verdad. A la luz de la gran experiencia que hemos acumulado y de los enormes cambios geopolíticos que acontecen en el Islam y en el Oriente Medio, bajo el actual conjunto de circunstancias un Estado palestino sería apenas una "bomba nuclear menor" para Israel de lo que representa un Irán nuclear.

En cualquier caso, Goldberg da por sentado que toda la culpa procede de Netanyahu, quien ha optado al parecer por destruir la relación con Obama. Tal como lo describe, la Casa Blanca se ha sentido insultada y poco respetada por Netanyahu (Goldberg olvida mencionar que Netanyahu fue humillado por Obama en sus primeras reuniones). Pero cuando tu casa se enfrenta a una amenaza existencial, a veces es preciso renunciar a las reglas de etiqueta y llamar a todas las puertas.

La historia nos enseña que a veces es imprescindible violar las reglas tradicionales de protocolo, precisamente con el fin de preservar la tradición. Esa es la forma en que se llegó a la Mishná. Fue escrita en el siglo II a pesar de una tradición de siglos que prohibía la escritura de la Torah oral. Por cierto, John Boehner, el presidente del Congreso afirma que la Casa Blanca fue notificada con antelación sobre la invitación a Netanyahu.

Pero Goldberg sigue atacando a Netanyahu con el argumento de que la legislación adicional (de sanciones) contra Irán es "superflua", porque "sólo el líder iraní más obtuso dejaría de darse cuenta de que un fallo en el proceso de negociaciones llevaría a más sanciones". ¿En qué está basando esta suposición? Los iraníes no han hecho más que ganar tiempo, y una vez que tengan la bomba, ¿de qué van a servir las sanciones? Occidente no sabe cómo negociar con Irán, al igual que la izquierda israelí y mundial no sabe cómo hacer frente a las organizaciones terroristas y a las naciones que las financian. Neville Chamberlain no fue un fenómeno único en la historia, hay quienes continúan su trabajo.

Los iraníes parecen ser más sofisticados que los representantes de Occidente. Dicen cosas simples, pero la actitud liberal de toda la vida hacia los demás, sea como sea, y especialmente hacia el Oriente Medio Oriente, no hace más que complicar las cosas. La castración que representan para la percepción occidental las reglas de la corrección política, y la crítica ofrecida por Edward Said en su libro "Orientalismo", que fue ampliamente adoptada por los liberales occidentales, ha provocado que Occidente haya olvidado cómo negociar al modo de los iraníes . Los iraníes están guiados por una fe irracional que la manera occidental de pensar es incapaz de comprender.

3.- Pero lo peor del artículo de Goldberg es el libelo de sangre que sugiere que Netanyahu le dijo a su gente que ya había "dado de baja" a Obama (por su próxima salida de la presidencia). Qué gran intento el de Goldberg el de revolver las cosas, tratando de ganarse favores como un mezquino y buen judío de corte. Goldberg puede decir lo que quiera acerca de la administración. Estoy seguro de que Netanyahu nunca dijo tal cosa. Goldberg no lo oyó directamente de Netanyahu, pero aún así ha optado por publicar la cita calumnioso como verdadera, y luego tiene el descaro de predicar. Debido a que sólo Goldberg y su pandilla de charlatanes liberales comprenden la delicadeza y la complejidad de las relaciones entre Israel y los Estados Unidos. Netanyahu necesita aprender de Goldberg. Increíble.

Goldberg afirma que la apelación de Netanyahu ante el Congreso socavará el apoyo bipartidista a Israel, porque sería enfrentar a los demócratas contra Netanyahu. No necesariamente. Los miembros del Congreso son capaces de distinguir entre su aliado - Israel - y tal o cual líder. En el peor de los casos, atacarán a Netanyahu personalmente (tal como lo están haciendo ahora, especialmente sus esbirros en los medias). En cualquier caso, no se verá perjudicado el abrumador apoyo de Israel, tal como cada encuesta de opinión nos sugiere.

Pero las cosas son un poco más complicadas que eso. Lo que más irrita a Goldberg no es la preocupación de que Israel vaya a perder el apoyo de parte de los Estados Unidos, sino otra cosa: que Netanyahu está poniendo a los judíos liberales norteamericanos en la incómoda posición de tener que elegir entre Netanyahu y Obama. Voy a hacer que sea más fácil para usted, Mr. Goldberg: siéntase libre de elegir a Obama.

Después del establecimiento del Estado judío, usted ha decidido permanecer en la diáspora. Ese es su derecho. Pero el Estado de Israel se enfrenta a un grave peligro, y todo lo que le preocupa es que usted no se siente cómodo como judío liberal americano.

La idea de la doble lealtad se ha incrustado en la historia de nuestro pueblo desde hace muchos años. El comportamiento de críticos como Goldberg, Thomas Friedman, Peter Beinart y otros, es una reminiscencia de la conducta de los judíos de Alemania en los siglos XIX y XX. Entonces, también el sionismo se interpuso en su camino de asimilación e integración en la sociedad alemana, porque el sionismo les identificaba no como pertenecientes a Alemania, sino a su antigua patria. ¿Quién dice que la historia no tiene un sentido irónico?

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