Saturday, September 10, 2016

Un poquito de masaje para la izquierda israelí: ¿Por qué ha llegado el momento de la verdad para la izquierda israelí? - Mazal Mualem - Al Monitor



En febrero, el líder del Yesh Atid Yair Lapid fue un invitado a la Globes Conference donde explicó por qué la izquierda no ganaría una elección israelí en los próximos 20 años. Lapid argumentó, "Ustedes deben verlo demográficamente, por edad y por opinión. Todos los años, las personas que creen en las ideas de la izquierda mueren, y personas con las ideas de la derecha y de centro nacen. La gente ve que son apuñaladas con cuchillos o atropelladas, y ven la locura del mundo que nos rodea, y los números dicen que la izquierda no va a ganar una elección aquí. El centro lo hará. Ahí es donde nos dirigimos. Nadie me podría vender como un hombre de izquierda, mi padre era un hombre de [Menachem] Begin".

Esta declaración, apoyada por otros movimientos, acciones y declaraciones, explican el ascenso de Lapid que alcanzó su cenit en un último sondeo del 6 de septiembre que indica que su partido ganaría la mayoría de los escaños en la Knesset si se hubiesen celebrado las elecciones ese día.

Después de las elecciones de 2015, Lapid entiendió muy bien que el camino hacia la oficina del primer ministro pasa por la derecha convirtiendo a la izquierda en un marginado. Acusó a la izquierda de su silencio de cara a las mentiras del presidente palestino Mahmoud Abbas y se quitó de encima cualquier afiliación con el bloque de izquierda, aunque su base electoral se encuentra profundamente dentro del centro izquierda, y su ascenso en las urnas se hizo sobre todo a expensas del campo de sionista de centro-izquierda.

Sin embargo, cuanto más lo piensas resalta la paradoja: Lapid insulta a la izquierda y la sacude en todos los sentidos, mientras que la mayoría de sus votantes provienen del corazón palpitante de la izquierda ideológica moderada, la misma izquierda que votó entre Kadima, Laboristas, Hatnua y Unión Sionista en la última década. Lapid ha logrado conseguir que Yesh Atid sea el partido más grande dando la espalda a la izquierda y tratando de halagar a los ultra-ortodoxos. Su éxito en la encuesta de septiembre es el resultado de un trabajo duro, una estrategia detrás de la cual está la imagen de marca de sí mismo como "moderado de derechas". La gran historia de la encuesta no son solamente los 24 escaños que Lapid podría ganar, sino también la debacle de la izquierda política de Israel, marcando tal vez el punto más bajo de su historia.

Si se adopta la autodefinición de Lapid como un hombre de derecha moderada o de centro-derecha, entonces la izquierda sionista en Israel se ha reducido a sólo 18 escaños en la Knesset - 13 para la Unión Sionista y 5 para Meretz -. Este es quizás el dato más dramático de la encuesta, reflejando el proceso por el cual la izquierda se ha convertido en un paria político marginal. El público está huyendo de la izquierda sionista como lo haría de una enfermedad. Por eso no recompensa a los miembros de la Unión Sionista y el Meretz por su trabajo duro y de alta calidad en la Knesset, y no se muestra impresionado por su "lealtad a la bandera de la paz".

Si en las últimas elecciones parecía que los israelíes tenían que decidir entre dos grandes fuerzas - la derecha dirigida por el Likud y Benjamín Netanyahu y el centro-izquierda liderado por la Unión Sionista -, en las próximas elecciones la izquierda será un jugador marginal, al menos según la encuesta de septiembre. Un incidente reciente cuenta la historia.

Reaccionando a una petición de la líder del Meretz, Zehava Gal-On, el Tribunal Supremo rechazó el 6 de septiembre la directiva del primer ministro de que se abstuvieran los trabajos de reparación de infraestructuras el sábado. Mientras Gal-On y Meretz se lo atribuyeron como un gran logro, Lapid se abstuvo de involucrarse para no levantar las iras de los ultra-ortodoxos que se oponen a las obras ferroviarias en sábado, y con los que está tratando de conseguir la paz en su camino hacia la oficina de primer ministro. El público de Lapid, la gran mayoría de los cuales se opone a la coerción religiosa, no se lo reprocharon. Gal-On y otros miembros del Meretz, los ideólogos que trabajaron en contra de la coerción religiosa, no fueron recompensados según la encuesta, manteniéndose en sus 5 escaños, señal del peligroso y lejano futuro de la izquierda.

Lapid ha entendido desde hace tiempo que su posición en el centro-izquierda del mapa político no le llevaría a su objetivo. En este sentido, como un jugador relativamente nuevo - el Yesh Atid fue fundado en 2012 - no desea estropear su camino, asumiendo una realidad política donde la izquierda se ha convertido en irrelevante y es considerada como antisionista. Ha sido un proceso continuo, cuyas semillas fueron sembradas por Ehud Barak mientras que el presidente del partido Laborista, cuando decidió tras el fracaso de Camp David en el 2000 confesar que "no había un socio" en el lado palestino con el que hablar de paz. Poco más tarde, estalló la Segunda Intifada, la cual convirtió a la opinión pública israelí en escéptica sobre las posibilidades de paz.

En los últimos años, otro proceso se ha desarrollado, con campañas agresivas contra una izquierda que ha sido retratada como peligrosa y se ha convertido en el arma preferida de los políticos de la derecha. Netanyahu, por supuesto, ha sido el más sofisticado y prominente de estos jugadores. A su lado, el ministro de Defensa Avigdor Lieberman y el ministro de Educación Naftali Bennett también han hecho un trabajo eficaz en este sentido. Hay un montón de ejemplos.

En el último ciclo electoral, por ejemplo, Netanyahu convirtió a la izquierda en su saco de boxeo diario. En los mítines electorales, en Facebook y en las entrevistas, fue demonizada. "El día después de las elecciones, la izquierda se postrará ante Abu Mazen y demás, y se mostrará dispuesta a realizar concesiones. Ellos traerán consigo el establecimiento de Hamástán 2 en el corazón del país", advirtió en un mitin electoral. También está el vídeo electoral del Likud proclamando que la izquierda era buena para el Estado Islámico y los miembros de la Knesset que acusan a muchos miembros de la Unión Sionista de ser post-sionistas. Por su parte, Liberman acusó repetidamente a organizaciones de izquierda de ayudar al terrorismo.

[N.P.: Sorprendente la ausencia de comentarios de esta periodista a la campaña llevada por la izquierda en las últimas elecciones de "Cualquiera menos Bibi". ¿Qué se esperaba a cambio, flores desde la derecha y desde el Likud? ¿Ese enfoque personalista anti Bibi, y "pro Abbas diga y haga lo que haga", no resultó un error? ¿Dónde está la famosa autocrítica de la izquierda? Lo que la periodista ve en ojos ajenos no lo capta en los propios]

La izquierda no tenía respuesta adecuada a estos ataques, y por lo tanto indirectamente ayudó al proceso de su propia erosión. Más seriamente, después de la elección y de la comprensión de que el buen tono de la opinión pública israelí está a la derecha, especialmente a la luz de la Intifada individual de los cuchillos, el líder de la Unión Sionista, Isaac Herzog, con demasiada frecuencia trató de girar hacia la derecha, sometiéndose así a esta tendencia.

Estos son días difíciles para la izquierda israelí y para sus líderes, mucho más de lo que parece. Parece ser que el campo de izquierda, que previamente también fue conocido como el "campo de la paz", se ha convertido en ilegítimo y post-sionista. Esto es por supuesto una mala interpretación, porque la izquierda israelí, incluyendo al Meretz, que está más a la izquierda, incluye a los ciudadanos que no son menos sionistas que la ministra de Cultura, Miri Regev del Likud. Si el servicio militar es una indicación del sionismo, entonces la izquierda puede presumir del mayor número de generales y figuras de seguridad de alto nivel.

No hay duda de que este es un momento de enorme reto, incluso histórico, en el curso de la izquierda. Si quiere sobrevivir, tiene que reinventarse y acercarse al público con confianza en sí misma y sin complejos, con una trayectoria diplomática clara y razonada. Incluso si se toma 20 años volver al poder, es la obligación de sus líderes.

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