Thursday, December 01, 2016

No se sobrexciten sobre Amona, Kotel y la legislación propuesta - Shmuel Rosner


Amona

El parlamento israelí, la Knesset, es un lugar curioso. Como regla general de precaución daría el siguiente consejo: cuanto más hablemos de un proyecto de ley en Israel, menos probable es que pase. En otras palabras: la Knesset trata una legislación, a veces una legislación importante, pero a menudo (no siempre) es un tipo de legislación de la cual el público apenas toma nota, o en versiones mucho más leves de las propuestas y que conocen los israelíes, y que se debaten vigorosamente.

Ese probablemente sea el destino de la legislación propuesta y que tiene como objetivo prevenir la evacuación ordenada por la Corte Suprema del asentamiento de Amona. Y ese es casi seguro el destino de la legislación propuesta que pretende consagrar en ley el control ortodoxo sobre el Muro Occidental. La legislación, en ambos casos, es prudente. A esa legislación, en ambos casos, se opone el primer ministro y no será apoyada por la oposición. Esa legislación, en ambos casos, huele a un truco de relaciones públicas. En el primer caso, un truco que se ha ido fuera de control y sin mucha consideración por las posibles consecuencias. En el segundo caso, una táctica dilatoria que no tiene mucha oportunidad de reunir los votos necesarios.

¿Por qué conectar estos dos casos y escribir sobre ellos en un artículo? Porque en ambos casos podemos aprender más sobre la cultura política de Israel (o la falta de ella) que acerca de las políticas de Israel.

Es una cultura de constante toma y daca, de constantes desafíos a la jerarquía, de constante necesidad de maniobrar no sólo para llegar a la decisión correcta, sino también para ponerla en práctica. El tribunal ordenó la evacuación de Amona. Ningún líder serio en Israel sostiene que las órdenes judiciales deban ser ignoradas. Sin embargo, muchos líderes - algunos de ellos incluso serios - sostienen que todavía hay tiempo para evitar una evacuación del asentamiento sin violar las órdenes judiciales. Y mientras tanto, por si acaso, los colonos y sus partidarios se preparan para resistir una evacuación, que será difícil, posiblemente violenta, para retrasarla, para complicarla.

El Primer ministro el Ministro de Defensa, y el fiscal general, todos ellos coinciden en que no hay muchas opciones sino mover Amona de su ubicación actual. La Corte Suprema podría haber sido mal guiada en su fallo, el caso presentado ante la Corte podría haber sido mal representado (como los defensores de Amona argumentan convincentemente), la decisión podría ser perjudicial para otros futuros casos, y por lo tanto problemática, no sólo para Amona, sino para el proyecto de los asentamientos como un todo, todas estas cosas podrían ser ciertas. Pero la Corte ya ha tomado su decisión final. Negarse a aplicar las órdenes judiciales - haciendo pasar una legislación precipitada, sin preparar, y muy posiblemente ilegal - tiene un significado claro: Israel se niega a ser un país de leyes. Israel navegaría peligrosamente por las traicioneras aguas del caos político.

La nueva legislación propuesta para el Muro Occidental es diferente, pero no muy diferente. Hay una decisión del Gobierno de crear un nuevo espacio de oración igualitaria en el Muro Occidental de Jerusalén. Hay voluntad del primer ministro en aplicar esa decisión. Pero también hay un obstáculo: los partidos haredim se oponen a la decisión y se han comprometido en impedir su realización. Ellos no han matado por completo la decisión, pero el primer ministro dice que con paciencia y con tiempo se pondrá en práctica el plan. Así que ahora el líder de Shas está tratando de matarlo, o para ser más exactos, está tratando de demostrar a sus electores que han hecho todo a su alcance para acabar con él. El mejor escenario posible (su punto de vista): una situación política que haga necesario para la Knesset darles lo que quieren a cambio de algo que la coalición necesite desesperadamente. El peor de los casos: él no tiene los votos necesarios para aprobar la legislación, y cuando se implemente el plan nadie podrá discutir que de alguna manera estaba jugando.

Días de debates, semanas de atención de los medios, la energía, la ira, la frustración, todas se desperdician en estos dos actos. Junto con la naturaleza histérica del discurso público, ambos pueden parecer drásticamente consecuentes con la legislación que se pretende. El final de la misma - muy probablemente - será menos atractiva. Hace cinco años, un tranquilizador informe JPPI sobre las Nuevas Propuestas de Regulación en laKnesset y la Democracia Israelí (escrito por Alexander Yakobson, Avinoam Bar Yosef, Suzanne Stone y Arielle Kandel) hizo el caso de que en 2011 no fue tan problemática como cuando se tildó por parte de alguna gente como una legislación anti-democrática.

El informe argumenta "que las alegaciones sobre una inminente desaparición de la democracia israelí no son nuevas. Desde 1977 se ha afirmado en repetidas ocasiones que la democracia de Israel se estaba erosionando y que algún tipo de fascismo clerical estaba tomando forma. Muchas advertencias fueron expresadas a finales de los años 1970 y 1980, coincidiendo con la ascensión al poder del Likud bajo la dirección de los primeros ministros Menachem Begin y Yitzhak Shamir".

También afirmaba que "la retórica de la democracia en peligro se escuchó también bastante entrados los años 90. Y sin embargo, mientras que muchos se oponen a las políticas de la derecha israelí predicando el inminente colapso de la democracia israelí, el país estaba de hecho sometido a un amplio proceso de liberalización. La democracia israelí no es una democracia formal, sino más bien una democracia substantiva".

Esto era verdad entonces, y lo sigue siendo hoy en día. Lo cual, por supuesto, no garantiza que la Knesset no vaya a aprobar una ley estúpida, y ponga obstáculos a cada gobierno o decisión judicial, jugando con ideas peligrosas y estúpidas que favorecerán a los enemigos de Israel, y/o enfurecerán a los amigos de Israel. La Knesset es ingobernable, irresponsable y populista. Sin embargo, en la mayoría de los casos - de haber agotado todas las demás opciones - hay que evitar la aprobación de leyes verdaderamente perjudiciales. Por lo tanto - y esto no es una certeza -, lo más probable es que Amona se moverá de su ubicación actual y que el Kotel no será puesto por ley bajo el control ortodoxo.


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