Sunday, December 03, 2017

¿Puede la izquierda israelí hacer las paces con el judaísmo? - Danny Zaken - Al Monitor




Una de las fotos más conocidas de la Guerra de los Seis Días documenta a unos paracaidistas israelíes mirando con asombro al Muro de las Lamentaciones, liberado el 7 de junio de 1967. Sin embargo, parece que si fuera por el miembro de la Knésset de la Unión Sionista (laborismo), Omer Bar-Lev, un antiguo oficial superior en las Fuerzas de Defensa de Israel e hijo del difunto Jefe de Gabinete Haim Bar-Lev, esta foto no se habría convertido en uno de los símbolos de la victoria militar más gloriosa en la historia del Estado de Israel . El 31 de octubre, en una manifestación en Ramat HaSharon, Bar-Lev criticó la visita del batallón de la Brigada Golani al Muro Occidental. Tal como él lo vio, eso era "una radicalización religiosa", es decir, un producto de la coerción religiosa promulgado con el dinero de los contribuyentes.

Este ejemplo ilustra por qué Avi Gabbay, el presidente actual de la Unión Sionista, tenía razón cuando dijo el 13 de noviembre que la izquierda, o al menos partes de ella, ha optado por olvidar que son judíos y a veces se avergüenzan de serlo.

En una conferencia para estudiantes universitarios en Beersheba, Gabbay se refirió a la famosa declaración del primer ministro Benjamin Netanyahu al rabino Kadouri en 1997, según la cual le dijo: "La izquierda ha olvidado lo que significa ser judío". En respuesta a un estudiante que planteó el problema, Gabbay le contestó: "Netanyahu se lo susurró al oído y la televisión captó lo que le dijo: 'La izquierda ha olvidado lo que significa ser judío'. ¿Saben cómo contestó la izquierda a esa crítica de haber olvidado lo que significa ser judío?. Pues diciendo, si eso dicen de nosotros, entonces ahora solo seremos liberales. Pero no es verdad. Somos judíos y tenemos que hablar sobre nuestros valores judíos ". Agregó también:" Somos judíos, vivimos en un estado judío".

Al igual que la declaración original de Netanyahu, el respaldo de Gabbay recibió fuertes críticas desde la izquierda. Pero los duros ataques a Gabbay por parte de sus colegas del partido y del izquierdista Meretz dan fe de que realmente tocó un punto relevante.

El presidente de la oposición, Isaac Herzog, dijo en una conversación con Al-Monitor que la elección de palabras de Gabbay era tal vez errónea, pero su intención era correcta: la izquierda debería dejar de sentirse avergonzada por su judaísmo. "Desde Berl Katznelson hasta David Ben-Gurion, los jefes del movimiento laborista respetaron la Biblia, la visión [judía tradicional] y la fe. Somos judíos y liberales", dijo Herzog. Según Herzog, Gabbay trata de atraer al público tradicional y religioso más cerca de él. "No entiendo cómo yo, el nieto del primer rabino jefe del Estado de Israel, Yitzhak Herzog, soy considerado menos cercano al judaísmo que Netanyahu", dijo Herzog con irritación.

Netanyahu, el maestro de las campañas electorales, ha entendido muy bien la  problemática conexión entre la izquierda y el término "judaísmo", y lo ha utilizado a menudo en su beneficio. El periodista Alon Idan, de Haaretz, escribió en enero que el asesor de Netanyahu, Arthur Finkelstein, fue quien ayudó a Netanyahu a obtener un beneficio público de este tipo: "Finkelstein, un judío estadounidense, le reveló el secreto a Netanyahu: judío, no israelí. Él le dijo, en Israel, solo hay una pregunta:  '¿Qué eres más, israelí o judío?', y luego continuó: si la respuesta es 'israelí', la persona que tienes delante es un izquierdista; si la respuesta es 'judío', es un derechista. Esa es toda la historia".

Durante varios años, el Partido Laborista y la izquierda israelí han jugado en manos de Netanyahu, al menos hasta que llegó Gabbay. Por lo tanto, el nuevo presidente del partido tenía una buena razón política para decir lo que dijo. Para ganar las próximas elecciones, el Partido Laborista debe ampliar su base electoral reclutando el apoyo de la población tradicionalista, esa que no considera las visitas de los escolares a una sinagoga o las visitas de los soldados al Muro Occidental como una "radicalización religiosa". Este es un público que se opondría mayoritariamente a una coacción religiosa, pero que también se ofendería con expresiones que menosprecian al judaísmo, esas que bastantes representantes de la izquierda utilizan cuando desean luchar contra esta coacción.

La izquierda recuerda el mitin electoral en la Plaza Rabin en Tel Aviv, antes de las elecciones de 2015, como uno de los eventos que ayudó a Netanyahu a ganar. El artista Yair Garboz, en un desafortunado comentario, menospreció "a esos que besan amuletos, a los adoradores de ídolos y a aquellos que se prosternan en las tumbas de los santos", una declaración que se entendió como una burla de la población tradicionalista que apoya generalmente a la derecha. Y si eso no fuera suficiente, el dramaturgo Joshua Sobol agregó "besadores de mezuzot" (mezuzá, pergamino con una oración que se coloca en las puertas) a la lista de grupos de los que la izquierda menospreció en una entrevista de radio al día siguiente.

Netanyahu se regocijó con estas declaraciones. En una convención electoral, comentó "Ayer escuché a alguien hablar sobre besos a los mezuzot con desprecio. ¿Desde cuándo es un crimen besar una mezuzá? Sabemos de dónde venimos, sabemos a qué tierra regresamos, qué protegemos, y conocemos nuestra tradición y nuestra herencia, que también son nuestro futuro".

La diputada de la Unión Sionista en la Knesset, y ex líder laborista Shelly Yachimovich, intentó en ese momento controlar los daños criticando duramente los comentarios de Garboz. Después de las elecciones, dijo que esa fue una de las razones de la derrota de la izquierda.

Después de una manifestación como esa en la que habló Garboz, una persona tradicional - incluso una que se identifica con las posiciones de la izquierda - encontraría muy difícil elegir a la Unión Sionista o el Meretz en las urnas. Esta es también la razón de la completa transformación del líder de Yesh Atid Yair Lapid en su relación con el judaísmo. Después de la pérdida de electores que sufrió en las elecciones de 2015, Lapid se aseguró de distribuir sus propias fotos envueltas en un tallit (chal de oración) en el Muro de las Lamentaciones, el mismo Muro que Bar-Lev vio como un signo de la radicalización religiosa.

Pero más allá del aspecto electoral de la relación con el judaísmo, también hay una perspectiva de valores que no es menos importante. El judaísmo es la cuna del sionismo, y no se puede romper el vínculo entre los dos, incluso si el movimiento nacional sionista se fundó sobre la base de valores seculares, e inclusive a veces antirreligiosos. La conexión del pueblo judío con la tierra de Israel es una conexión religioso-nacional, basada en la creencia en un pacto entre Dios y el patriarca Abraham, tal como se relata en la Biblia.

Como hizo hincapié Herzog, los líderes del movimiento laborista, Katznelson y Ben-Gurion, también pusieron al judaísmo en la cima de sus valores y quisieron enseñarlo. Ben-Gurion, primer primer ministro de Israel, fundó el círculo de estudio de la Biblia en la residencia del primer ministro. Cuando Netanyahu restableció esta práctica, fue criticado por la izquierda.

Una cita atribuida al fallecido Yaakov Hazan , el líder del partido Mapam, decía: "Queríamos criar a una generación de escépticos, y criamos una generación de simples y de pretenciosos", es especialmente importante en la actualidad. Por lo tanto, Gabbay tiene razón en su crítica fundamental, y si la izquierda realmente quiere liderar el país nuevamente, debería escuchar su consejo.

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