Sunday, December 03, 2017

Los "nuevos ultraortodoxos" de Israel - Danny Zaken - Al Monitor



La primera conferencia anual de la facción ultraortodoxa del Partido Laborista tuvo lugar el 26 de noviembre. Si bien la mayoría de la gente asocia a los ultraortodoxos con la derecha israelí, podría ser una sorpresa que el Partido Laborista tenga una facción ultraortodoxa. Esta combinación inusual ha sido posible debido a la creciente integración de los ultraortodoxos en la sociedad israelí en general. Otras partidos han sido testigos de esta misma tendencia. El primer ministro, Benjamin Netanyahu, que es el presidente del Likud, espera ganar al menos dos escaños en las próximas elecciones de los votantes que una vez votaron por los partidos ultraortodoxos Yahadut HaTorah o Shas.

El periodista Yair Ettinger acuñó el término "nuevo ultraortodoxo" hace unos 20 años. En ese momento, se refería a aquellos judíos ultraortodoxos que estaban hartos de una vida de aislacionismo ascético y, por lo tanto, decidieron integrarse en la vida económica cotidiana del Israel moderno. El grupo ha crecido a pasos agigantados desde entonces. Cada vez más miembros de la comunidad ultraortodoxa sirven en las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF), realizan estudios académicos y se integran en la fuerza de trabajo. Ahora, los partidos no ultraortodoxos están empezando a reconocer el potencial electoral sin explotar de estos nuevos ultraortodoxos.

Un factor que realmente agilizó la integración de la ultraortodoxia en la sociedad israelí fue la decisión de Netanyahu, hace una década, cuando era ministro de Finanzas, de reducir los beneficios de la seguridad social. La reducción de los estipendios para los niños, los desempleados y las personas mayores forzaron a muchos ultraortodoxos a ingresar en la fuerza de trabajo. La tendencia recibió un impulso adicional con la expansión de vías alternativas para el sector en el IDF (unidades independientes ultraortodoxas solo para hombres) y desarrollos tecnológicos, que liberaron a la comunidad de su dependencia de los medios establecidos y supervisados ​​desde el interior de sus comunidades.

Según la Oficina Central de Estadística y otros estudios, el número de hombres ultraortodoxos en la fuerza laboral creció del 27% en 2011 a un récord del 53% en el 2016. El número de mujeres trabajadoras aumentó aún más, del 56% en 2010 al 75% en 2016.

Otra tendencia importante es el aumento en el número de estudiantes ultraortodoxos que asisten a instituciones académicas. Entre 2011 y 2016, el número de estudiantes casi se duplicó, de 5.500 a 11.500, según las cifras proporcionadas por el Consejo de Educación Superior. En mayo, el Consejo aprobó un plan de cinco años para hacer que las universidades y colegios sean más accesibles para los ultraortodoxos. Esto incluyó, entre otras cosas, la introducción de clases separadas para hombres y mujeres.

Más que cualquier otra cosa, sin embargo, el alistamiento en el IDF evidencia la integración ultraortodoxa en la sociedad en general. Las cifras publicadas por Al-Monitor el 18 de septiembre muestran que en la última década, unos 16.500 hombres ultraortodoxos se alistaron en el IDF, en comparación con solamente 1.500 en la década anterior. El servicio militar abre nuevas oportunidades de empleo para la juventud ultraortodoxa, principalmente en los campos relacionados con la tecnología. También los vincula al mundo secular, con sus valores y cultura distintivos.

Ahora es el momento para que todo esto también encuentre su expresión en el sistema político. Yaakov Vider, quien encabeza la facción ultraortodoxa del partido Likud, le dijo a Al-Monitor que en las elecciones de 2015, el partido gobernante ganó casi un escaño de los votantes ultraortodoxos, y que Netanyahu se ha fijado el objetivo de al menos dos escaños de esta comunidad para las próximas elecciones. Los datos de votación en ciudades y asentamientos ultraortodoxos en 2015 muestran que el apoyo al Likud creció en decenas de puntos porcentuales, en comparación con 2013. En Bnei Brak, la ciudad ultraortodoxa más grande del país, el número aumentó en un 18%.

Vider atribuye el crecimiento del apoyo ultraortodoxo al Likud al fenómeno "nuevos ultraortodoxos", pero prefiere llamarlo "ultraortodoxos israelíes". En su mayor parte, atribuye el cambio a innovaciones tecnológicas como internet y los teléfonos inteligentes. El sofisticado ciudadano ultraortodoxo ya no está dispuesto a que los políticos tradicionales de los partidos ultraortodoxos exijan su voto en las elecciones mientras ignoran sus opiniones y necesidades el resto del tiempo. "El discurso democrático ha llegado al sector", dice Vider. "El deseo de influir en los candidatos de los partidos y en sus posiciones ha reemplazado a una afiliación básica al sector. Los partidos ultraortodoxos usan la lucha por la religión y el estado de una manera cínica y política, en lugar de hacerlo por la causa misma".

Fue el presidente de la oposición, Isaac Herzog, quien inició la creación de la facción ultraortodoxa del Partido Laborista. Hablando con Al-Monitor, dijo que los ultraortodoxos se están uniendo a partidos que no son ultraortodoxos por el deseo de participar en actividades sociales y políticas, sin lo que él califica de "mediación cínica de los políticos ultraortodoxos". Él afirma que los medios ultraortodoxos se abrieron considerablemente en los últimos años y se volvieron más pluralistas. Ya no tienen miedo de entrevistar a políticos del Partido Laborista.

La presidenta de la facción ultraortodoxa del Partido Laborista es Michal Chernovitzky. Ella proviene de una familia hadísica de Chabad, que se considera especialmente involucrada en la sociedad secular. Chernovitzky se unió al Partido Laborista hace seis años debido a las protestas sociales de 2011 y su apoyo a su ideología socioeconómica. Ella le dijo a Al-Monitor que el Likud representa a los empleadores y sirve sus intereres. Mientras estuvo en el Partido Laborista, encontró a muchos socios en su lucha por los trabajadores, tanto hombres como mujeres, en el sector ultraortodoxo, quienes son ignorados por los políticos ultraortodoxos. Al frente del apoyo a la facción ultraortodoxa está el presidente laborista, Avi Gabbay. Como alguien que quiere traer nuevos sectores al partido, está ciertamente satisfecho con el crecimiento de su facción ultraortodoxa.

El partido nacional-religioso HaBayit HaYehudi también tiene una facción ultraortodoxa. Su líder, Yaakov Meyuchas, le dijo a Al-Monitor que el liderazgo de los partidos ultraortodoxos tiene un grupo enconado de traficantes de intereses políticos, que solo se ocupan de sí mismos. Este liderazgo, afirma, no da voz a la voluntad del público ultraortodoxo mayoritario. "Los nuevos ultraortodoxos quieren formar parte de la experiencia israelí completa: religiosa, social y política, y estar integrados en ella.  Y no hay posibilidad de lograr eso en los partidos ultraortodoxos, por lo que buscan un hogar en partidos que no sean ultraortodoxos, un hogar que ofrezca una voz democrática para sus posiciones". Meyuchas estima que el potencial electoral de este sector es de tres escaños.

Hasta ahora, los partidos ultraortodoxos no parecen atribuir mucha importancia a las facciones ultraortodoxas en los otros partidos. Esperan que su liderazgo rabínico logre responder a este nuevo fenómeno de un distanciamiento ultraortodoxo. El problema es que este liderazgo se ha debilitado en los últimos años por la muerte del rabino Ovadia Yosef de Shas y del rabino Yosef Shalom Elyashiv de Degel HaTorah.

Otra dirección tomada por los políticos ultraortodoxos es atacar los incentivos económicos para ir a trabajar. En otras palabras, quieren aumentar los presupuestos para los hombres que estudian la Torá a tiempo completo, en lugar de ingresar en la fuerza de trabajo. Su objetivo es bloquear la tendencia a una mayor integración en la sociedad en general. Sin embargo, todos los expertos que han tratado el fenómeno coinciden en que el proceso de integración a través del servicio militar, los estudios académicos y el trabajo continuará. De hecho, se volverá aún más fuerte.

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¿Puede la izquierda israelí hacer las paces con el judaísmo? - Danny Zaken - Al Monitor




Una de las fotos más conocidas de la Guerra de los Seis Días documenta a unos paracaidistas israelíes mirando con asombro al Muro de las Lamentaciones, liberado el 7 de junio de 1967. Sin embargo, parece que si fuera por el miembro de la Knésset de la Unión Sionista (laborismo), Omer Bar-Lev, un antiguo oficial superior en las Fuerzas de Defensa de Israel e hijo del difunto Jefe de Gabinete Haim Bar-Lev, esta foto no se habría convertido en uno de los símbolos de la victoria militar más gloriosa en la historia del Estado de Israel . El 31 de octubre, en una manifestación en Ramat HaSharon, Bar-Lev criticó la visita del batallón de la Brigada Golani al Muro Occidental. Tal como él lo vio, eso era "una radicalización religiosa", es decir, un producto de la coerción religiosa promulgado con el dinero de los contribuyentes.

Este ejemplo ilustra por qué Avi Gabbay, el presidente actual de la Unión Sionista, tenía razón cuando dijo el 13 de noviembre que la izquierda, o al menos partes de ella, ha optado por olvidar que son judíos y a veces se avergüenzan de serlo.

En una conferencia para estudiantes universitarios en Beersheba, Gabbay se refirió a la famosa declaración del primer ministro Benjamin Netanyahu al rabino Kadouri en 1997, según la cual le dijo: "La izquierda ha olvidado lo que significa ser judío". En respuesta a un estudiante que planteó el problema, Gabbay le contestó: "Netanyahu se lo susurró al oído y la televisión captó lo que le dijo: 'La izquierda ha olvidado lo que significa ser judío'. ¿Saben cómo contestó la izquierda a esa crítica de haber olvidado lo que significa ser judío?. Pues diciendo, si eso dicen de nosotros, entonces ahora solo seremos liberales. Pero no es verdad. Somos judíos y tenemos que hablar sobre nuestros valores judíos ". Agregó también:" Somos judíos, vivimos en un estado judío".

Al igual que la declaración original de Netanyahu, el respaldo de Gabbay recibió fuertes críticas desde la izquierda. Pero los duros ataques a Gabbay por parte de sus colegas del partido y del izquierdista Meretz dan fe de que realmente tocó un punto relevante.

El presidente de la oposición, Isaac Herzog, dijo en una conversación con Al-Monitor que la elección de palabras de Gabbay era tal vez errónea, pero su intención era correcta: la izquierda debería dejar de sentirse avergonzada por su judaísmo. "Desde Berl Katznelson hasta David Ben-Gurion, los jefes del movimiento laborista respetaron la Biblia, la visión [judía tradicional] y la fe. Somos judíos y liberales", dijo Herzog. Según Herzog, Gabbay trata de atraer al público tradicional y religioso más cerca de él. "No entiendo cómo yo, el nieto del primer rabino jefe del Estado de Israel, Yitzhak Herzog, soy considerado menos cercano al judaísmo que Netanyahu", dijo Herzog con irritación.

Netanyahu, el maestro de las campañas electorales, ha entendido muy bien la  problemática conexión entre la izquierda y el término "judaísmo", y lo ha utilizado a menudo en su beneficio. El periodista Alon Idan, de Haaretz, escribió en enero que el asesor de Netanyahu, Arthur Finkelstein, fue quien ayudó a Netanyahu a obtener un beneficio público de este tipo: "Finkelstein, un judío estadounidense, le reveló el secreto a Netanyahu: judío, no israelí. Él le dijo, en Israel, solo hay una pregunta:  '¿Qué eres más, israelí o judío?', y luego continuó: si la respuesta es 'israelí', la persona que tienes delante es un izquierdista; si la respuesta es 'judío', es un derechista. Esa es toda la historia".

Durante varios años, el Partido Laborista y la izquierda israelí han jugado en manos de Netanyahu, al menos hasta que llegó Gabbay. Por lo tanto, el nuevo presidente del partido tenía una buena razón política para decir lo que dijo. Para ganar las próximas elecciones, el Partido Laborista debe ampliar su base electoral reclutando el apoyo de la población tradicionalista, esa que no considera las visitas de los escolares a una sinagoga o las visitas de los soldados al Muro Occidental como una "radicalización religiosa". Este es un público que se opondría mayoritariamente a una coacción religiosa, pero que también se ofendería con expresiones que menosprecian al judaísmo, esas que bastantes representantes de la izquierda utilizan cuando desean luchar contra esta coacción.

La izquierda recuerda el mitin electoral en la Plaza Rabin en Tel Aviv, antes de las elecciones de 2015, como uno de los eventos que ayudó a Netanyahu a ganar. El artista Yair Garboz, en un desafortunado comentario, menospreció "a esos que besan amuletos, a los adoradores de ídolos y a aquellos que se prosternan en las tumbas de los santos", una declaración que se entendió como una burla de la población tradicionalista que apoya generalmente a la derecha. Y si eso no fuera suficiente, el dramaturgo Joshua Sobol agregó "besadores de mezuzot" (mezuzá, pergamino con una oración que se coloca en las puertas) a la lista de grupos de los que la izquierda menospreció en una entrevista de radio al día siguiente.

Netanyahu se regocijó con estas declaraciones. En una convención electoral, comentó "Ayer escuché a alguien hablar sobre besos a los mezuzot con desprecio. ¿Desde cuándo es un crimen besar una mezuzá? Sabemos de dónde venimos, sabemos a qué tierra regresamos, qué protegemos, y conocemos nuestra tradición y nuestra herencia, que también son nuestro futuro".

La diputada de la Unión Sionista en la Knesset, y ex líder laborista Shelly Yachimovich, intentó en ese momento controlar los daños criticando duramente los comentarios de Garboz. Después de las elecciones, dijo que esa fue una de las razones de la derrota de la izquierda.

Después de una manifestación como esa en la que habló Garboz, una persona tradicional - incluso una que se identifica con las posiciones de la izquierda - encontraría muy difícil elegir a la Unión Sionista o el Meretz en las urnas. Esta es también la razón de la completa transformación del líder de Yesh Atid Yair Lapid en su relación con el judaísmo. Después de la pérdida de electores que sufrió en las elecciones de 2015, Lapid se aseguró de distribuir sus propias fotos envueltas en un tallit (chal de oración) en el Muro de las Lamentaciones, el mismo Muro que Bar-Lev vio como un signo de la radicalización religiosa.

Pero más allá del aspecto electoral de la relación con el judaísmo, también hay una perspectiva de valores que no es menos importante. El judaísmo es la cuna del sionismo, y no se puede romper el vínculo entre los dos, incluso si el movimiento nacional sionista se fundó sobre la base de valores seculares, e inclusive a veces antirreligiosos. La conexión del pueblo judío con la tierra de Israel es una conexión religioso-nacional, basada en la creencia en un pacto entre Dios y el patriarca Abraham, tal como se relata en la Biblia.

Como hizo hincapié Herzog, los líderes del movimiento laborista, Katznelson y Ben-Gurion, también pusieron al judaísmo en la cima de sus valores y quisieron enseñarlo. Ben-Gurion, primer primer ministro de Israel, fundó el círculo de estudio de la Biblia en la residencia del primer ministro. Cuando Netanyahu restableció esta práctica, fue criticado por la izquierda.

Una cita atribuida al fallecido Yaakov Hazan , el líder del partido Mapam, decía: "Queríamos criar a una generación de escépticos, y criamos una generación de simples y de pretenciosos", es especialmente importante en la actualidad. Por lo tanto, Gabbay tiene razón en su crítica fundamental, y si la izquierda realmente quiere liderar el país nuevamente, debería escuchar su consejo.

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