Saturday, March 31, 2018

La 'Marcha del retorno' explica mucho - Jonathan Tobin - JNS



Para algunos dentro del escuadrón internacional de cheerleader de los palestinos, las manifestaciones del "Día de la Tierra" del 30 de marzo podrían ser el tan esperado punto de inflexión desde hace mucho tiempo. Si las masivas protestas planificadas en la frontera de Gaza se realizan sin violencia, entonces la batalla contra Israel ya no se describiría como un asunto que trata principalmente sobre el terrorismo.

En cambio, podría ser retratada como una lucha por los derechos civiles comparable a la que se libra en los Estados Unidos contra la segregación.

Pero hay algunos problemas con esa equiparación.

El primero es que la organización que planifica estas manifestaciones "no violentas" es Hamas, un grupo terrorista islamista, no la NAACP. La violencia forma parte de la razón de ser de Hamas, por lo que pensar que cualquier acción asociada con este grupo se divorcie de la violencia es una estupidez. El propósito de cualquier marcha hacia una frontera fuertemente armada donde los incidentes terroristas son un hecho habitual, provocará que las Fuerzas de Defensa de Israel actúen para evitar que la valla de seguridad alrededor de Gaza sea destruida y traspasada. El objetivo real será producir más "mártires", además de aquellos que el grupo terrorista ya utiliza como escudos humanos, y todo para amargar aún más el conflicto, no para efectuar cambios.

La pregunta clave sobre estas manifestaciones no es si los esfuerzos por atravesar las fronteras de Israel llevarán a un derramamiento de sangre. Lo más significativo de la manifestación del "Día de la Tierra" es su tema: "la Gran Marcha del Retorno". El énfasis palestino en el concepto de "retorno" no es simplemente un lema de mercadotecnia, es un recordatorio de que 70 años después del nacimiento de Israel los palestinos todavía se aferran a la idea de eliminar al Estado judío.

Las protestas del Día de la Tierra se remontan a una violenta disputa por la expropiación de tierras de Galilea por parte del gobierno israelí en 1976. Los árabes poseían solamente alrededor de un tercio de los bienes utilizados con fines de seguridad y de asentamiento que se incautaron a cambio de una indemnización. Sin embargo, las manifestaciones que desencadenaron el derramamiento de sangre fueron un momento crucial en el esfuerzo interminable por resistir al sionismo. A partir de ese momento, el Día de la Tierra se convirtió en parte del esfuerzo anual para movilizar tanto a los árabes israelíes como a los palestinos en Cisjordania y Gaza para resistir a Israel.

Pero la noción de "retorno" es significativa porque basa las quejas de los palestinos contra Israel no en la cuestión de los asentamientos en Cisjordania o en el deseo de dos estados, después de lo cual obtendrían la independencia. Por el contrario, coloca firmemente y en primer lugar la discusión sobre este conflicto en la cuestión de si Israel tiene derecho a existir. El "retorno" no es simplemente una palabra clave para eliminar al Estado judío. Es una promesa hecha por los líderes palestinos, tanto de Hamas como de la supuestamente más moderada Autoridad Palestina: no se hará ninguna paz con Israel que no reconozca el derecho de los descendientes de los refugiados de 1948 a regresar a sus hogares originales. En otras palabras, no habrá paz mientras exista un Israel.

Tan delirante como pueda ser el concepto de intentar deshacer las últimas siete décadas de la historia, la razón por la cual el "retorno" sigue siendo parte del léxico del conflicto es que sigue siendo una parte inextricable no solo de la política palestina, sino de la identidad nacional palestina .

Es cierto que en ocasiones, tanto el líder de la AP, Mahmoud Abbas, e incluso Hamas, han coqueteado con la noción de dos estados, en la que el nacionalismo palestino se centraría en Cisjordania y en Gaza en lugar del Israel anterior a 1967. Abbas incluso reconoció en un momento dado que no volverá a Tzfat, la ciudad de Galilea de donde provenía su familia. Hamas también ha dicho que estaría dispuesto a aceptar una tregua de larga duración a cambio de que se establecería un Estado palestino en Cisjordania y Gaza, con Jerusalén como su capital.

Sin embargo ambos, la AP y Hamas, también han continuado hablando del "retorno" como algo más que palabras retóricas sobre el tema, o como una especie de número simbólico de palestinos a los que se les permitiría entrar en Israel como parte de un acuerdo. Incluso si se les creyera - enfrentándonos a todas las pruebas que demuestran lo contrario -, dejando de lado sus reiterados rechazos a las ofertas de dos estados ofrecidas por Israel, si los palestinos quisieran una solución de ese tipo, siguen guardando a los refugiados como reserva para justificar la renaudación del conflicto después de firmar un acuerdo de dos estados.

Ese es un mensaje que cae en oídos sordos en aquellos que están decididos a culpar exclusivamente de la falta de paz al gobierno israelí.

Tal como ha sido el caso a lo largo de los últimos 70 años, el debate sobre cómo resolver el conflicto en los foros occidentales invariablemente se centra en Israel, mientras se ignoran tanto las intenciones como las acciones palestinas. Aquellos que solo desean culpar al primer ministro israelí Benjamin Netanyahu o a los colonos judíos, hacen la vista gorda ante la ideología de rechazo detrás del "retorno" o incluso la falta de voluntad de la Autoridad Palestina para dejar de financiar el terrorismo. De hecho, el paso de la Ley Taylor Force por el Congreso, vinculando la ayuda estadounidense a los palestinos al cese de ese financiamiento, ha dado como resultado que la AP anuncie que reanudará los pagos directos a los terroristas en lugar de recurrir al subterfugio de medidas indirectas.

Decidir si el partido Fatah de Abbas o incluso Hamas no pueden aceptar la paz a consecuencia de los refugiados, o si los esfuerzos continuos de los grupos palestinos para mantener viva la idea de un retorno en la mente de su pueblo, es una pregunta sin importancia. Al final, no importa si la desesperación de los refugiados - generaciones que han sido mantenidos deliberadamente en campos de refugiados en lugar de ser reasentados para mantener viva la guerra contra el sionismo - es un obstáculo mayor que la ruta seguida por Fatah y Hamas, que los explotan, para evitar hacer la paz.

La "gran marcha" de esta semana no se trata de simbolismo o de no violencia. Se trata de una negativa palestina a admitir la derrota en una guerra centenaria que ya han perdido. El hecho es que mientras los palestinos sigan hablando de "retorno", nada que se asemeje a la paz estará nunca en el horizonte.

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