Sunday, May 24, 2020

La lección no aprendida de la 'nakba' acerca del compromiso - Jonathan Tobin - JNS



Los árabes palestinos continúan aprendiendo una lección de historia equivocada. El 15 de mayo, como lo hacen todos los años, reviven la tristeza de 1948, cuando recuerdan todas las cosas terribles que les sucedieron como resultado de la creación del Israel moderno. Su narración de un pueblo mártir que fue expulsado ​​de sus hogares y convertidos en víctimas apátridas es más que una declaración política, representa una fe que forma parte integral de su identidad. El voto anual de "regresar" a todo lo que perdieron hace 72 años, para revertir el veredicto de la historia, está tan profundamente arraigado en su conciencia que ha hecho imposible que ninguno de sus líderes considere siquiera abandonarlo formalmente.

Esta es una vieja historia que ha sido contada tantas veces que incluso muchos de los que simpatizan con la causa palestina se aburrieron de ella. De hecho, aunque hablar de la nakba —el “desastre” o “catástrofe” de 1948 — todavía es suficiente para encender a los enemigos radicales del estado judío en Occidente, gran parte del mundo árabe ha cambiado de canal y está más interesado en la cooperación con Israel que en revitalizar los acontecimientos de una guerra en la que se ganó su independencia.

Pero es de particular importancia en el 2020 porque con el debate sobre un Israel que extendería su ley a algunos asentamientos en Cisjordania, nuevamente se están repitiendo los errores que llevaron a la nakba en primer lugar.

Señalar esto generalmente se suele considerar como insensible. El sufrimiento de los palestinos —la única población de refugiados de los cientos de millones que quedaron sin hogar en todo el mundo desde 1945 que se ha negado a ser reasentada — siempre ha sido el arma más poderosa que poseen. Como tal, han nutrido su estatus de víctimas perpetuas y lo han guardado celosamente de manera que otros defienden su fe, literatura, cultura y aspiraciones. Esto significa que bajo ninguna circunstancia reconocerán que la culpa de la catástrofe que les sucedió fue en gran medida responsabilidad suya.

Desde el comienzo del proyecto sionista moderno, desde finales del siglo XIX hasta el momento en que se concretó con la creación del Estado de Israel, la posición firme de la población árabe fue que nunca aceptarían la creación de un "hogar nacional para el pueblo judío" en cualquier parte del territorio que entonces se conocía como Palestina. Se opusieron a la Declaración Balfour en 1917 y al posterior Mandato Británico para Palestina encargado de la tarea de crear tal hogar, incluso si su derecho a quedarse y vivir en paz nunca fue amenazado por los judíos.

En las décadas posteriores, manifestaron esa oposición con disturbios, revueltas y pogromos sangrientos y una negativa constante a considerar cualquier plan que pudiera dar una soberanía a los judíos incluso sobre una pequeña parte del país.

Eso incluyó el plan de partición de la ONU de 1947 que, además de recomendar la creación de un estado judío, también exigía un estado árabe dentro de las fronteras del antiguo mandato con Jerusalén gobernada por una autoridad internacional. La dirección árabe rechazó el plan.

La guerra que decidiría el destino del país comenzó la mañana siguiente a la adopción de la resolución de partición por parte de la ONU. Los árabes locales, así como otros procedentes de los países árabes vecinos, comenzaron una campaña de terrorismo atacando a comunidades judías aisladas y asediando la Jerusalén judía. Su objetivo era expulsar a los judíos, con la esperanza de que una vez que los ejércitos de cinco países vecinos invadieran el país el 15 de mayo de 1948, harían exactamente eso.

Por supuesto, las cosas no funcionaron así, y el estado judío llevado a esa guerra la ganó luchando por su vida. Y lejos de celebrar la desaparición de los judíos, aproximadamente 700,000 árabes huyeron de sus hogares, ya sea porque temían lo que les sucedería bajo el dominio judío o en algunos casos porque fueron expulsados.

En lugar de reasentarse en las naciones árabes circundantes o en otras partes del mundo musulmán, se mantuvieron en su lugar en campos de refugiados a menudo a escasas decenas de kilómetros de sus anteriores residencias (Jerusalén Este, Gaza y Cisjordania). Las Naciones Unidas crearon una agencia de refugiados exclusivamente para ellos, la UNRWA, distinta de la agencia global que ayudó a los muchos millones de personas sin hogar en todo el mundo, y ello con el objetivo de utilizarla como un arma contra la legitimidad de Israel. Mientras tanto, aproximadamente 800.000 judíos huyeron o se vieron obligados a huir de sus hogares en el mundo árabe y comenzaron nuevas vidas en Israel u Occidente.

Los árabes palestinos podrían haberse comprometido y haber conseguido un estado. Pero se negaron a aceptar nada menos que sus demandas máximalistas, y con el paso de los años sus opciones en términos de recuperación del territorio y el apoyo del resto del mundo árabe disminuyeron. Ni siquiera después de que Israel ofreciera repetidamente a la Autoridad Palestina un estado, aceptaron terminar con su guerra centenaria.

En cualquier momento de esta historia, los palestinos podrían haber aceptado uno de los acuerdos que les ofrecieron. Si hubiera sido así, no habría comunidades judías en los territorios que Israel busca anexionar.

Pero incluso ahora, con su causa abandonada en gran medida por gran parte del mundo árabe, se negaron a negociar con la administración del presidente Donald Trump sobre su propuesta de "Paz y prosperidad" que también les daría un estado, aunque no tan grande como podrían haberlo recibido en el 2000, o en el 2008, y mucho menos en 1948. Y el periódico oficial de la Autoridad Palestina publicó esta semana un artículo de primera plana que promete la destrucción de Israel como un imperativo religioso.

La lección de la nakba no es la indiferencia del mundo, los supuestos pecados de Israel o incluso el sufrimiento de los palestinos. La lección a extraer es la locura del maximalismo, en la que buscar el todo significa terminar consistentemente sin nada. Lo que sucederá verosimilmente este año con las posibles negociaciones, una vez más, es solamente una prueba más del hecho de que "si lo que realmente les importa es preservar el estatus de víctima, el precio de la intransigencia seguirá aumentando".

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¿Sigue siendo importante el sesgo mediático anti Israel? - Jonathan Tobin - JNS



Durante muchos años, los partidarios de Israel han temido el impacto del sesgo de los medios. Desde la primera Guerra del Líbano en 1982, el momento de una inflexión histórica cuando los principales medios occidentales hicieron suya y convirtieron en norma una narrativa falsa en la que los palestinos se convirtieron en "David" e Israel se convirtió en "Goliat", ha existido la expectativa de que esa avalancha de cobertura injusta algún día llevaría a la mayoría de los estadounidenses a exigir el fin de la alianza de Estados Unidos con el estado judío.

Pero después de esos últimos 38 años en los que se ha arraigado ese sesgo en la mayoría de los principales medios impresos y televisivos contra Israel, esa pesadilla no se ha cumplido.

Las encuestas muestran consistentemente que el apoyo estadounidense a Israel no ha disminuido y, en cambio, se ha fortalecido en las últimas décadas. Aunque es mucho más probable que los republicanos respalden a Israel que los demócratas, las cifras generales demuestran que los sesgados medios de comunicación nacionales aparentemente no han tenido impacto en las opiniones de la mayoría de los estadounidenses.

Si es así, ¿por qué debería importarles el sesgo de los medios?

Esto volvió a enfocarse esta semana debido a dos ejemplos escandalosos del The New York Times . En un artículo que apareció por primera vez en línea el 7 de mayo, una historia sobre la forma en que el establishment de defensa israelí ha dedicado sus recursos a combatir la pandemia de coronavirus comenzaba con lo siguiente: "El brazo de investigación y desarrollo del Ministerio de Defensa de Israel es mejor conocido por ser pionero en el desarrollo de formas de matar personas y hacer explotar cosas, con tanques sigilosos y drones francotiradores, entre sus proyectos recientes más letales. Pero su última misión es salvar vidas".

Como Ron Dermer, embajador de Israel en los Estados Unidos, tuiteó : “El @nytimes, que enterró (en páginas del interior del diario) el Holocausto, es mejor conocido por sus formas pioneras de difamar y demonizar al estado judío. Ahora está haciendo lo mismo".

El diplomático no fue la única persona que se quejó. David Harris, CEO del Comité Judío Americano de tendencia liberal, calificó la frase del Times como "vil". Como muchos otros respondieron al NYT, el objetivo de las Fuerzas de Defensa de Israel siempre ha sido salvar vidas protegiendo a los ciudadanos israelíes de terroristas y enemigos que intentaban extinguir al único estado judío en el planeta.

Tampoco fue este un ejemplo aislado. Dos días después, el periódico publicó un artículo sobre la negativa de la Autoridad Palestina a cesar sus políticas de "pagar por matar", por las que proporciona salarios y pensiones para sus familias a los terroristas que asaltan, hieren o matan a israelíes. La historia se centró en un intento de impedir que los bancos palestinos en Cisjordania procesen esos pagos.

Sin embargo, el titular de la historia del NYTimes lo expresó de esta manera: "Israel toma enérgicas medidas contra los bancos por los pagos a los presos palestinos". Un subtítulo describía además el problema diciendo que era sobre "los pagos que la Autoridad Palestina distribuye a las familias de los palestinos que han pasado tiempo en las cárceles israelíes".

Dicho de esa manera, hace que el esfuerzo suene como una forma de castigar a las almas pobres que han tenido la mala suerte de caer bajo el poder del ejército israelí y cuyas familias no pueden obtener la ayuda que necesitan de una benevolente Autoridad Palestina. El texto del artículo, que sobrestimó enormemente el número de palestinos que han sido encarcelados por Israel durante el último medio siglo, adoptó el marco de referencia de aquellos que consideran a los terroristas como luchadores por la libertad y "mártires", y describió a aquellos que se benefician de la política de "pagar por matar" como simples víctimas de la injusticia. Tampoco detalló la escala móvil de la compensación ofrecida por la AP, en la que los asesinos de judíos obtienen más dinero que aquellos que simplemente hieren o atacan sin éxito a sus víctimas.

Si el sesgo mediático como este no afecta a la opinión pública estadounidense sobre Israel, ¿alguien debería molestarse en protestar?

En primer lugar, es vital que un periódico como el NYTimes, que se autodenomina "diario de referencia" de la nación y que dedique más recursos para informar noticias extranjeras que cualquier otro medio, no utilice una cobertura sesgada.

Las noticias directas sin una gran cantidad de prejuicios son cosa del pasado en el NYTimes. Su ánimo en contra de la administración Trump ha llevado, se esté o no de acuerdo con el presidente, al periódico y a otros medios convencionales a descartar incluso la pretensión de informes objetivos con la editorialización en los titulares y en el texto de los artículos que se vuelven tan rutinarios como para que ya casi ni valga la pena protestar.

Aún así, eso no exime a aquellos de nosotros que todavía nos preocupamos por la ética en el periodismo del deber de señalar tales prácticas atroces.

Es cierto que a la mayoría de los estadounidenses no les importa lo que digan el NYTimes, CNN u otros medios similares sobre cualquier tema. Pero cuando se trata de un grupo en particular, lo que los medios, y en particular, The New York Times, dicen sobre Israel, es muy importante.

Si bien el apoyo a Israel entre los estadounidenses en general ha aumentado en las últimas décadas, sí ha disminuido entre aquellos judíos con una división cada vez mayor entre sus puntos de vista y los de los israelíes. Hay varias razones para esto, incluida la asimilación y su resultante demografía decadente. Parte de esto también tiene que ver con la política, ya que muchos dentro de un grupo que vota abrumadoramente por los demócratas han seguido al resto de su partido en este tema.

Pero hay más en juego aquí que solo eso.

Sabemos que sus elogios reticentes y desvalidos por las victorias de Israel en sus luchas por la supervivencia y por los eventos positivos como el rescate de Entebbe de 1976 hicieron que los judíos de todas partes se sintieran mejor consigo mismos y más conectados con Israel.

Lo opuesto también es cierto.

Mientras que algunos judíos están indignados por la cobertura parcial que describe injustamente a Israel como un villano, otros interiorizan las calumnias y se distancian del estado judío. Un consumidor promedio de noticias puede no estar influenciado por el NYTimes. Pero una porción no insignificante de la judería estadounidense todavía considera al periódico con el mismo tipo de veneración que los judíos observantes tienen por los textos religiosos. El NYTimes ha estado atacando a la comunidad judía con los prejuicios de sus editores, periodistas y reporteros desde los días en que, como señala correctamente Dermer, "enterró" la historia del Holocausto entre las páginas interiores del diario.

El sesgo de los medios puede no haber vuelto a los estadounidenses en contra de Israel, pero ha estado haciendo un gran trabajo al volver a los judíos unos contra otros durante décadas.

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Monday, May 11, 2020

¿El estado judío se está buscando problemas con la anexión de los asentamientos? - Jonatahn Tobin - Israel Hayom













¿Hasta dónde puede llegar Israel para hacer valer sus derechos de soberanía sobre los territorios en disputa sin causar un verdadero daño a sus intereses vitales? Ese es un debate que ha dividido a los israelíes desde junio de 1967, cuando en el curso de una guerra defensiva entró en posesión de las tierras de lo que el Reino de Jordania llamó Cisjordania, y la tradición judía llama Judea y Samaria.

Los argumentos sobre si Israel debería haber creado comunidades judías tanto en Cisjordania como en las partes de Jerusalén que fueron ocupadas ilegalmente por Jordania entre 1948 y 1967 son ahora discutibles. Los enemigos del estado judío no reconocen los argumentos históricos, religiosos y legales que Israel señala con razón como los que permiten a los judíos establecerse en el corazón de su antigua patria. Pero los palestinos han rechazado repetidamente todo tipo de ofertas, incluyendo las que les habrían dado un estado independiente siempre que estuvieran dispuestos a terminar su guerra de un siglo contra el sionismo. Si hubieran aceptado cualquiera de ellas en el curso de los últimos 20 años, la discusión sobre los asentamientos ni siquiera estaría sobre la mesa.

Así que en ausencia de un deseo palestino de reconocer la legitimidad de un estado judío, no importa dónde se dibujen sus fronteras, Israel tiene tres opciones.

Primera opción, Israel puede repetir el desastroso experimento de Ariel Sharon en 2005 en Gaza, donde retiró a todos los soldados, colonos y asentamientos, y retroceder como exige una comunidad internacional poco comprensiva a las líneas de 1967, y dejar que los palestinos creen cualquier tipo de Estado terrorista letal que quieran en Cisjordania y cosechar las sangrientas consecuencias de esa locura.

La segunda opción es aceptar el statu quo y esperar, como lo ha hecho Israel durante los últimos 50 años, a que los palestinos entren en razón y negocien el fin del conflicto. Esa es la política que ha seguido hasta ahora el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu al tratar de gestionar un conflicto que no se puede resolver, aunque al hacerlo no se ha ganado el aplauso de los críticos de su país.

La tercera opción es que Israel se anexione algunos, la mayoría o incluso todos los asentamientos aplicando la ley israelí en los territorios, tal como se establece en el plan de paz de la administración Trump revelado a principios de este año.

Para los partidarios de los asentamientos, la necesidad de actuar ahora -mientras que la administración más pro-israelí de la historia sigue en el poder- es imperativa. Si Israel espera, un posible cambio en el poder en Washington el próximo mes de enero pondrá fin a una oportunidad histórica de poner hechos sobre el terreno que, como cualquier otro logro en la historia sionista, perdurará, les guste o no a los enemigos del estado judío.

Esa es una perspectiva a la que se oponen quienes todavía se aferran a la fracasada fórmula de "tierra por paz", una fórmula en la que la abrumadora mayoría de los israelíes ya no creen debido al rechazo y el terror de los palestinos.

Esta semana, sin embargo, se ha añadido una importante voz conservadora a los que instan a la cautela en el gobierno de Israel. En un sorprendente editorial publicado por The New York Times, Daniel Pipes, el presidente del Foro del Oriente Medio, ha expuesto lo que considera seis buenas razones para que Israel se retrase en la ampliación de su ley a las zonas donde existen asentamientos.

Pipes es un eminente académico y una importante voz pro-israelí, por lo que no se le puede acusar de intentar socavar o dañar al estado judío. Pero aunque sus argumentos deben ser tomados en serio, no son persuasivos.

El primer argumento que señala Pipes es que la anexión puede enfurecer al Presidente Donald Trump si no se hace en el contexto de su plan "Paz para la Prosperidad", que exige que tal paso se dé sólo como parte de una negociación en la que se crearía un Estado palestino. Pero como ha declarado David Friedman, embajador de Estados Unidos en Israel, en una reciente entrevista al Israel Hayom, Trump está a bordo de los planes de Netanyahu, por lo que no parece haber ninguna posibilidad del berrinche presidencial que Pipes teme.

Como segundo argumento, Pipes dice que un movimiento en los asentamientos alienará y debilitará el número cada vez menor de amigos que Israel tiene en el Partido Demócrata y en Europa. Hay algo de verdad en esto, ya que tanto los demócratas como los europeos están enfurecidos por la idea de que Israel actúe de tal manera que haga imposible incluso una solución teórica de dos Estados. También es cierto que Israel debe hacer lo que pueda para fortalecer a los demócratas y europeos que siguen siendo sus partidarios.

Pero es incorrecto que la aplicación de este aspecto del plan Trump haga imposible un acuerdo de dos estados. Además, la idea de que abstenerse de la anexión alterará la deriva anti-israelí de la izquierda es una ilusión. Los palestinos pueden tener un Estado, pero el plan de Trump tiene razón al señalarles que no puede significar una retirada israelí completa a las líneas suicidas de 1967. Los que dicen ser amigos de Israel también deben reconocer de una vez esta verdad.

El tercer argumento es que la anexión pondrá fin a la creciente cooperación entre Israel y los Estados árabes que lo consideran un aliado tácito contra el Irán. Arabia Saudita, Jordania y Egipto pueden oponerse a la anexión. Pero tampoco les gustó el reconocimiento por parte de Trump de la soberanía israelí sobre Jerusalén y los Altos del Golán, y eso no les impidió seguir políticas hacia Israel que les beneficiaron. El mundo árabe ya no está interesado en permitir la intransigencia palestina, y las medidas que dejan claro a la Autoridad Palestina y a Hamás que el coste de su negativa a negociar la paz está subiendo no es probable que provoque que los Estados árabes dejen de tratar con Israel.

Cuarto argumento, Pipes afirma que la anexión enfurecerá a los palestinos y desestabilizará a Jordania, la Ribera Occidental y Gaza, provocando una carnicería que le costará muy cara a Israel. Sin embargo, los palestinos han mostrado poco apetito por otra Intifada autodestructiva que, como en el pasado, les costaría mucho más que a Israel. Además, la aplicación del plan Trump, al igual que el gesto de los Estados Unidos en Jerusalén, no afectaría mucho a las vidas de los palestinos. Y ni la Autoridad Palestina ni Hamas quieren arriesgarse a perder todo lo que tienen para no ganar nada a cambio.

Quinto argumento, Pipes dice que la anexión alienará a la izquierda israelí, provocando que abandone el sionismo y el país. El problema con este argumento es que la izquierda israelí ha sido destruida en gran medida como fuerza política por la intransigencia palestina y hay pocos que crean en la idea de que hay un socio viable para la paz. La abrumadora mayoría de los israelíes han rechazado más concesiones a los palestinos hasta que estén listos para hacer la paz. La inmensa mayoría en la nueva Knesset a favor de la anexión habría sido inimaginable hace 20 años. La mayoría de los israelíes recuerdan las fatales consecuencias de Oslo y la retirada de Gaza, y han sacado las conclusiones adecuadas.

Sexto argumento, Pipes plantea que la ampliación de la soberanía sobre los asentamientos creará más ciudadanos árabes de Israel, causando así más problemas demográficos para el estado judío. Pero los comités conjuntos israelo-estadounidenses que elaboraron los mapas para una supuesta anexión ya habían minimizado este problema. Aunque se puede argumentar que las fronteras que dibujan serán inmanejables, el plan no creará el problema que le preocupa.

El mejor argumento para la anexión es que en realidad encaja con la inteligente teoría del conflicto que Pipes y el MEF han defendido en los últimos años. Cualquier cosa que indique a los palestinos que es hora de que abandonen sus fantasías de destruir el estado judío y reconozcan la "derrota" de sus aspiraciones maximalistas es una buena idea. En lugar de una "autocomplacencia que refuerce la causa palestina", el movimiento de anexión de algunos asentamientos dejará claro a los palestinos que el tiempo no está de su lado. Extender la ley israelí a los asentamientos con el apoyo de los Estados Unidos les dice a los palestinos que sus sueños de volver a las líneas de 1967, al igual que sus fantasías sobre la destrucción total de Israel, nunca se harán realidad.

Así como las advertencias sobre el movimiento de Trump en Jerusalén harían arder todo el Oriente Medio fueron falsas, también lo son las predicciones de la fatalidad post-anexión. Los amigos de Israel deben rechazar el consejo de Pipes de unirse a los malintencionados ex-alumnos de la administración Obama y a los partidarios de la BDS para tratar de disuadir a Israel de actuar para hacer valer sus derechos.

En su lugar, deberían hacer lo que la administración Trump parece estar haciendo: escuchar al pueblo israelí y a sus representantes electos y apoyar sus decisiones.


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Saturday, April 20, 2019

Los críticos judíos de Israel tienen un problema con los israelíes, no con Netanyahu - Jonathan Tobin - JNS



La última vez que el resultado de una elección presidencial en los Estados Unidos fue tan decisivo como la votación celebrada la semana pasada en Israel, los estadounidenses fueron lo bastante unánimes en cuanto a cómo denominarlo. La expresión es triunfo aplastante. Y es por eso que los grupos y denominaciones estadounidenses que no perdieron el tiempo en no solamente denunciar al recién reelegido Benjamin Netanyahu, sino que pidieron al gobierno de los Estados Unidos que anule la voluntad de los israelíes, deberían reflexionar sobre el daño que están haciendo al pueblo judío.

El punto de referencia tradicional para un triunfo determinante es el 55% del voto popular. Desde el comienzo del siglo XX, ese total fue igualado o superado 10 veces por los presidentes estadounidenses. La reelección de Ronald Reagan en 1984 fue la última de esas ocasiones.

Menciono esto porque es importante colocar en perspectiva el resultado de la elección a la Knesset del 9 de abril en Israel.

Parecería que equiparar el sistema electoral de Israel con de los votos presidenciales norteamericanos sería como comparar manzanas con naranjas. Con los votantes emitiendo un único voto para una de las muchas listas de candidatos para el Knesset, es fácil malinterpretar el resultado. Las elecciones israelíes siempre llegan a los estadounidenses como una especie de confusión caótica, sin que ningún partido obtenga la mayoría.

Pero si creen que Benjamin Netanyahu y su partido Likud ganaron solamente por poco ante el partido Azul y Blanco de Benny Gantz, no entienden lo que realmente sucedió. Los israelíes sabían que cuando emitieran un voto por un partido comprometido en apoyar el intento de Netanyahu de dirigir el próximo gobierno, incluso cuando ese partido no fuera el Likud, sino uno de los aliados o amigos del primer ministro, su voto lo era también para el Likud. Lo mismo ocurre con aquellos que votaron por el resto de partidos, aún diferentes del propio Azul y Blanco, ya que se suponía que respaldarían el intento de Gantz de ser primer ministro.

Entonces, si quieren saber cuántos votantes israelíes votaron realmente por Netanyahu, deben sumar los votos de todos los partidos de derecha y religiosos que se comprometieron a ayudarlo. Ese total fue de aproximadamente el 55%. Es por eso que pocos en Israel (incluso entre los enemigos más duros del primer ministro) están fingiendo que la elección no fue una victoria decisiva para él.

Esto es importante porque la reacción inmediata de gran parte del mundo organizado judío en los Estados Unidos fue tratar la victoria de Netanyahu como un acto que puso en tela de juicio los lazos entre Israel y la diáspora. El rabino Rick Jacobs, jefe de la Unión de Judaísmo de la Reforma, declaró que Netanyahu estaba causando "una ruptura dramática con muchos en la comunidad judía estadounidense". Jacobs ayudó a organizar una carta firmada por nueve grupos judíos que exigían que el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ignorara los deseos de Netanyahu y su nuevo gobierno, e insistieron en la creación de un estado palestino independiente y en oponerse a la extensión de la ley israelí a los asentamientos de Cisjordania, tal como prometió el primer ministro.

Por supuesto, estos nueve grupos (que incluyen algunas entidades asociadas con el judaísmo de la Reforma y el Conservador, el izquierdista Israel Policy Forum Foro de Política de Isr y la Liga Antidifamación) tienen todo el derecho para oponerse a las posiciones de Netanyahu, al igual que muchos entre la minoría de los israelíes que votaron por sus oponentes pudieron hacerlo. Pero deberían ser honestos sobre lo que están haciendo. Al hablar de esta manera solo un par de días después de que el polvo se asentara después de la votación, están destrozando el veredicto de la democracia israelí.

Dado que algunas de esas mismas fuentes se encontraban entre las más activas a la hora de expresar preocupaciones sobre el futuro de la democracia israelí, todo esto resultaba muy irónico. El sistema democrático de Israel no está en peligro, pero estos críticos están enojados porque la mayoría de los israelíes no votan de la forma en que a ellos les gustaría.

Los temas que mencionaron como excusa para descartar los vínculos entre Israel y los judíos estadounidenses son de los que apenas vale la pena. Netanyahu dejó en claro que no está hablando de la anexión de Cisjordania, sino que aplicaría la ley israelí a los asentamientos en los que, cabe señalar, la ley israelí ya se aplica como práctica general. Al hacerlo, no se evitaría una solución de dos estados si los palestinos alguna vez se inclinaban por aceptar una, algo que Jacobs y sus amigos saben muy bien que han rechazado repetidamente.

Lo que realmente está en juego aquí no es más que la ira de aquellos judíos estadounidenses que todavía están sorprendidos de que los israelíes no valoren sus consejos y los sigan a rajatabla. Una clara mayoría de los israelíes, incluidos muchos que votaron por Azul y Blanco pero por disgusto con los problemas legales de Netanyahu y porque Gantz no ofreció desacuerdos sustantivos con respecto a Netanyahu en cuestiones de seguridad, hace tiempo ha rechazado la ciega creencia de Jacobs y sus amigos sobre una retirada de Cisjordania como un fin en sí mismo.

Sabemos que Jacobs y el jefe de ADL Jonathan Greenblatt se oponen a Netanyahu y Trump. Pero es hora de reconocer que su verdadero problema es con el pueblo israelí, el cual ha rechazado repetidamente sus opiniones por unos márgenes de proporciones aplastantes. La mayoría de los israelíes creen que poner en peligro su seguridad creando un poder soberano hostil en Judea y Samaria, tal como lo hizo Ariel Sharon en Gaza con su retirada en 2005, sería una locura.

Escritores como la ex editora de Forward, Jane Eisner, y Peter Beinart, que se muestran abiertos a rechazar la voluntad política del pueblo israelí y abandonar la noción de la centralidad de Israel (Eisner), o bien trabajar para subyugar a Israel a la voluntad de las potencias extranjeras que desean imponerle una solución (Beinart), son más honestos que Jacobs y Greenblatt sobre sus objetivos.

Independientemente de sus propias opiniones sobre Netanyahu o sobre el conflicto, es probable que muchos judíos reformistas y conservadores, así como donantes de ADL, no se sientan cómodos cuando estas organizaciones expresan tal desprecio por el pueblo de Israel o sus intentos de sabotear la relación entre Estados Unidos e Israel. Y no deberían estarlo, ya que estos líderes no elegidos de los judíos estadounidenses que tienen el descaro de dar conferencias al pueblo de Israel sobre los valores y la moral de los judíos, merecen ser ignorados.

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Saturday, April 13, 2019

El odio a los judíos se presenta como "antirracismo" en The New York Times - Jonathan Tobin - JNS


Anuncio de Camera enfrente de la sede del NYT

Las discusiones sobre la teoría intersectorial solían limitarse a la pantanosa fiebre de la extrema izquierda. Pero esta idea, la idea que busca vincular la lucha por los derechos civiles en los Estados Unidos con la guerra palestina contra la existencia de Israel, y con todas las otras causas que pueden ser falsamente retratadas como de personas o pueblos desfavorecidos contra los privilegiados, ahora se ha generalizado.

La última evidencia del éxito de este intento de disfrazar el antisemitismo con el ropaje de la defensa de los derechos humanos llega con la nueva edición de The New York Times del Sunday Magazine, que incluye un artículo titulado: "Cómo la batalla sobre Israel y el antisemitismo está fracturando la política estadounidense", del conocido hipercrítico de Israel, Nathan Thrall.

El objetivo de Thrall es justificar las campañas del, BDS que anclan el debate sobre el tema en "Solidaridad entre negros y palestinos", y su esfuerzo por ver la guerra contra Israel a través del "prisma de la justicia racial". El resultado es un ensayo de 11,000 palabras que busca sutilmente pintar al sionismo como inherentemente racista y los esfuerzos para destruir a Israel como esfuerzos idealistas de defensa de los derechos humanos. La tesis del artículo también es una descripción del esfuerzo del movimiento pro-israelí para rechazar los ataques antisemitas, contaminados por los prejuicios contra los afroamericanos y alimentados principalmente por los esfuerzos de los donantes judíos para manipular al Partido Demócrata.

Una de las fuentes principales de Thrall es el ex asesor adjunto de Seguridad Nacional de Obama, Ben Rhodes, quien busca representar la lucha por el futuro del partido Demócrata como una lucha que estará determinada por la capacidad de sus líderes de superar el "factor del miedo" acerca de perder el apoyo de los donantes judíos.

Thrall, autor de un libro que busca justificar la presión de los Estados Unidos (únicamente) sobre el estado judío, ofrece una profunda y comprensiva explicación de cómo Rhodes explica cómo las preocupaciones de los políticos demócratas sobre la retribución de la "clase de donantes" (es decir, de los judíos) inhibieron los esfuerzos de la administración Obama de castigar a Israel incluso más de lo que ya hizo.

El artículo también amplía la afirmación engañosa de Rhodes de que la incapacidad de Obama para persuadir a los partidarios de Israel de que lo respaldaran en este tema (en una mayor dureza y más críticas contra Israel) se debió a un prejuicio racial. Afirma que los partidarios de Israel asumieron que Barack Obama era pro-palestino porque era negro. La tesis de Rhodes, que Thrall respalda, es que este supuesto temor a Obama fue el resultado de la comprensión de la comunidad pro israelí de que el estado judío era realmente "un opresor". Según Rhodes, los críticos de Obama estaban "reconociendo, a través de sus propios temores, que Israel trataba a los palestinos como si los negros hubieran sido tratados en los Estados Unidos".

Este argumento realmente funciona al revés. Los demócratas judíos hicieron todo lo imposible por mantener su fe en la sinceridad de Obama ante sus profesiones de apoyo a Israel cuando se postuló para presidente en 2008, y todo ello a pesar de las pruebas existentes de lo contrario, tanto en aquel entonces como en el futuro. Lejos de tener prejuicios contra él, la mayoría de los judíos estadounidenses se unieron lealmente a Obama, a pesar de su creencia de que se necesitaba más "luz de día (dureza)" entre Israel y los Estados Unidos. Incluso apoyaron sus esfuerzos por apaciguar a un régimen iraní que estaba empeñado en el genocidio israelí.

La suposición de que los palestinos y los árabes israelíes reciben el mismo trato que las víctimas afroamericanas de Jim Crow en la era anterior a los derechos civiles en el sur de los Estados Unidos, es una gran mentira. Los árabes israelíes tienen los mismos derechos bajo la ley. Tampoco la Ley del Estado-nación aprobada el año pasado por la Knesset afecta a ninguno de sus derechos. El estancamiento sobre el futuro de Cisjordania se debe a que los palestinos han rechazado repetidamente los ofrecimientos de paz y estatalidad. Habrían alcanzado la independencia hace mucho tiempo si hubieran estado dispuestos a reconocer la legitimidad de un Estado judío, sin importar dónde se dibujen sus fronteras. Aquellos que aceptan estos argumentos falaces ignoran el conflicto o expresan su propia mentalidad antisemita.

Ese es el problema con el movimiento BDS. Sus partidarios no se oponen tanto a la supuesta opresión israelí como a la existencia de Israel, ya que consideran que la presencia de un solo estado judío en el planeta ya es demasiado.

Un ejemplo es la protesta “Deadly Exchange” del grupo Jewish Voice for Peace mencionada por Thrall. Representa los programas de intercambio que permiten a los agentes de la ley de los EEUU recibir capacitación israelí, como si fueran responsables de los asesinatos de afroamericanos por la policía en ciudades de los Estados Unidos. Es un clásico libelo de sangre antisemita. Sin embargo, Thrall lo presenta como un ejemplo más de cómo los idealistas están rechazando a Israel.

Aceptar la noción de que existe una afinidad natural entre el esfuerzo por lograr la igualdad de derechos para los afroamericanos y la lucha de los palestinos para destruir a Israel requiere una gran disposición para ignorar la verdad sobre Israel y del movimiento para destruirlo.

Más cercano, el artículo presenta una crítica de la invectiva antisemita de la representante demócrata Ilhan Omar como resultado del racismo que sufre.

La razón por la que Obama fue criticado por sus posiciones en el Oriente Medio no tuvo nada que ver con su raza y todo lo relacionado con su negativa a aceptar que el odio hacia Israel y el antisemitismo era el obstáculo para la paz, no el racismo, la comunidad pro israelí o la intransigencia de Israel. Si destacan las críticas a IlhanOmar, no es porque sea negra o musulmana, sino porque al igual que el movimiento BDS que ella apoya, es culpable de un antisemitismo flagrante.

Hubo un tiempo en que los mitos interseccionales que buscaban combinar el racismo anti-negro con el sionismo y los judíos, hubieran sido rechazados como una trampa antisemita prejuiciada que no merecía una audiencia en un foro prominente como el NYTimes . Pero eso fue antes de que algunos dentro de la izquierda comenzaran sus exitosos esfuerzos para dividir al partido Demócrata y legitimar el antisemitismo.

En la batalla por el alma del partido Demócrata, son los enemigos de Israel los que han abrazado el odio, no sus defensores. Son ellos quienes hablan del dinero judío mientras tratan de deslegitimar el estado judío y blanquear a sus enemigos. Los liberales que desean reclamar la integridad de su partido, y el de la publicación principal de su movimiento, tienen una ardua lucha frente a ellos.

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Sunday, March 17, 2019

Su planeado viaje a Israel explica por qué J Street está perdiendo la lucha con la extrema izquierda - Jonathan Tobin - JNS



El anuncio desde el lobby izquierdista J Street de que planea patrocinar un viaje gratuito este verano para estudiantes universitarios que compita con el popular programa Birthright Israel provocó una indignación indeseable. Muchos en la comunidad pro-israelí ya desprecian a J Street como una organización que representa al caballo de Troya que busca socavar el apoyo al estado judío. La idea de pastorear a niños judíos en Cisjordania para reunirse con árabes que calumniarán a Israel enfurecerá y profundizará la decisión de algunos de excluir al lobby izquierdista de las organizaciones comunales.

Pero mientras que cualquier esfuerzo por socavar el apoyo a Birthright, uno de los programas más exitosos jamás concebidos por el mundo judío organizado, debería ser criticado, aquellos que lo critican deberían calmarse. Como indica J Street, su viaje solo tiene espacio para 40 estudiantes, y aquellos que quieran ir tendrán que competir para obtener su boleto gratuito. Compare eso con los cientos de miles de personas que han pasado por Birthright durante su historia, y está claro que el esfuerzo de J Street será ridículo en comparación.

Más concretamente, en lugar de un esfuerzo por influir en unos jóvenes impresionables que de otro modo podrían haber regredado de su viaje con Birthright con su identidad judía y su conexión con Israel fortalecidas, aquellos que participen en la gira de J Street probablemente serán un grupo autoseleccionado ya previamente radicalizado.

Pero el punto clave que se debe extraer de este esfuerzo es que lo que J Street está realmente haciendo, aunque de manera indirecta. J Street está afirmando un principio sionista básico que socava sus esfuerzos para competir con grupos judíos aún más radicalizados de la izquierda: la centralidad de Israel para la vida de los judíos.

Como Stephen M. Flatow escribió para JNS, si su recorrido por Cisjordania es más amplio que un simple esfuerzo simbólico para inculcar la compasión por los palestinos en los corazones de los visitantes, no solo verán que los palestinos controlan su propio gobierno local, sino también que su cultura política y su identidad nacional están inextricablemente vinculadas al odio de Israel y la glorificación del terrorismo para derramar sangre judía.

Birthright se queda fuera de Cisjordania. Eso significa que no hace falta que los participantes visiten a los árabes palestinos y también evita ver los asentamientos. A pesar de los lamentos de J Street acerca de que Birthright somete a los jóvenes judíos a la propaganda proisraelí sin contactos con la disidencia, la mayoría de los que van a esos viajes tienen muchas más probabilidades de estar familiarizados con las críticas a Israel, que son la comida habitual en los medios de comunicación estadounidenses y en las web y redes de los judíos liberales, que con las opiniones de los israelíes que han votado por el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu o sus aliados de la derecha.

Al contrario de las quejas de sus críticos izquierdistas, Birthright ofrece conferencias sobre el conflicto con los palestinos que muestran todos los aspectos de los problemas. Pero trata de evitar echar raíces en la empresa porque su propósito es ayudar a los jóvenes judíos a entender que el país es mucho más que el escenario de las noticias sobre un conflicto.

El veredicto aún no se conoce sobre el impacto que tendrán algunas pocas semanas de giras (que siempre parecen incluir algunas fiestas) sobre el futuro de la judería norteamericana. Pero sí sabemos que Birthright es una experiencia positiva y agradable para la gran mayoría de los que participan. ¿Podrán los alumnos de los viajes de J Street decir lo mismo sobre lo que probablemente será un viaje politizado bastante más triste y que también parece ser mucho menos equilibrado en términos de contenido?

La ironía es que seguirán reafirmando la misma verdad básica a la que se dedica Birthright: la importancia del sionismo y la centralidad de Israel en la vida judía.

La noción de que el debate sobre Israel depende de las críticas a Netanyahu o a los asentamientos, el punto central de la existencia de J Street, es obsoleta, en términos de política tanto israelí como estadounidense.

Las entidades que están de acuerdo con las posiciones de J Street en el conflicto ya son marginales, ya que las encuestas muestran que su influencia ya reducida se reducirá aún más después de que los votantes expresen su opinión el próximo mes. La mayoría de los israelíes ya no toman en serio el mantra de la tierra por paz de J Street porque entienden lo poco realista que es esa política en ausencia de un socio de palestino creíble.

Pero mientras la fe sionista liberal en una solución de dos estados todavía es apoyada por la mayoría de los judíos estadounidenses, el verdadero debate sobre Israel no es tanto sobre dónde se deben dibujar las fronteras del estado judío, sino si debería existir una nación así en ese lugar.

La reciente y vergonzosa retirada de los demócratas durante la controversia sobre los comentarios antisemitas de la representante demócrata y musulmana de Minnesota, Ilhan Omar, ilustró la creciente fuerza de los opositores entre la izquierda al sionismo. La competencia de J Street no es tanto el principal lobby pro-Israel, el AIPAC, que empequeñece la influencia del lobby izquierdista, como lo son los grupos antisionistas de extrema izquierda como Jewish Voice for Peace y IfNotNow.

Estos dos grupos ofrecen un ataque a la existencia de Israel que tiene un fuerte atractivo entre aquellos adoctrinados ideológicamente para ver con sospecha cualquier afecto por los intereses judíos judíos, como el derecho de un estado judío a existir y su defensa contra enemigos decididos a destruirlo. Es J Street quien está perdiendo terreno frente a las organizaciones que trafican en invectivas y propaganda antisemitas precisamente porque, a pesar de que hace causa común con los grupos de odio pro-BDS en muchos campus, la cosmovisión de J Street aún gira en torno a la vida en el estado judío. En el contexto de la batalla por el BDS, incluso un viaje crítico a Israel pone a J Street al otro lado de la valla para sus aliados de la izquierda radical y para la mentalidad que impulsa el apoyo a personas como Ilhan Omar.

Por eso está perdiendo la batalla por la juventud de la izquierda radical. Sus principales críticos deberían preocuparse menos por J Street y más por los verdaderos enemigos de la vida judía que luchan por el BDS y la destrucción de Israel.

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Saturday, March 16, 2019

El debate "Bibi o Tibi" es sobre el sionismo, no sobre el racismo - Jonathan Tobin - JNS



Lo ha vuelto a hacer. Después de ser acusado de emplear supuestamente la incitación racista contra los árabes israelíes durante la anterior campaña electoral, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ha sido nuevamente atacado por decir cosas que hieren los sentimientos de los ciudadanos no judíos de Israel y ofenden la sensibilidad de algunos judíos. Esto ha llevado a renovar las acusaciones de que es culpable de denigrar a los árabes y de destruir la naturaleza democrática del estado. Pero al igual que con las afirmaciones anteriores, hay bastante menos en esta nueva afirmación que lo que querrían hacer creer esas críticas angustiadas contra Netanyahu.

Este último kerfuffle se deriva del ataque del partido Likud de Netanyahu a sus rivales del partido Azul y Blanco. Desde el Likud se afirma que la única forma por la que el líder del partido Azul y Blanco, y ex Jefe de Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel, Benny Gantz, podría formar un gobierno, incluso si termina en primer lugar en escaños, será uniendo a su futura coalición a los partidos políticos árabes (declaradamente antisionistas). La abreviación de este argumento es "Bibi o Tibi", lo que significa que la verdadera elección de los votantes no es entre Netanyahu y Gantz, sino entre un gobierno liderado por Bibi y otro que incluirá a Ahmed Tibi, el líder del partido Ta'al, que se presenta en una lista conjunta este año con Hadash, el partido Comunista Israelí.

Este ataque forma parte del esfuerzo del Likud de retratar al partido Azul y Blanco como izquierdista con disfraz centrista, pero la acusación es bastante inverosímil. Los cuatro partidos árabes, que se presentaron en una Lista Conjunta en las elecciones anteriores pero que se han dividido en dos para la votación de abril, dejaron bastante claro que, como ha sido su política declarada en el pasado, no se unirán a ningún gobierno formado por un partido político sionista. Y Azul y Blanco y todos los demás partidos, excepto el Meretz de la extrema izquierda, han declarado a su vez que no invitarán a los antisionistas árabes (nacionalistas y/o islamistas palestinos o comunistas árabes) a ninguna coalición para gobernar a Israel. Por lo tanto, actualmente Azul y Blanco no encara una coalición mayoritaria haciendo lo impensable, a menos que los miembros actuales de la coalición liderada por el Likud tengan razón.

Esto se solucionará después de que los votantes emitan su veredicto el 9 de abril. Pero la controversia actual se deriva del hecho de que algunas personas se han ofendido por la mención del Likud de la realidad de la vida política israelí. Decir que se trata de "Bibi o Tibi" es solo otra forma de recordar a todos que, si bien los árabes tienen derechos plenos e iguales, incluidos el voto y la representación en la Knesset, la ley no escrita de la política israelí es que los partidos políticos árabes nunca serán invitados a unirse a una coalición de gobierno.

Algunos lo tildan de racista. Es por eso que Rotem Sela, una modelo y actriz israelí de 35 años, y presentadora de un popular reality show televisivo, acudió a Instagram para denunciar a Netanyahu por haberle mostrado tal falta de respeto a Tibi y a quienes votaron por él diciendo: “¿Algún problema con los árabes? Querido Dios, también hay ciudadanos árabes en este país. Cuando demonios alguien en este gobierno transmitirá al público que Israel es un estado de todos sus ciudadanos y que todas las personas fueron creadas iguales, y que incluso los árabes, los drusos y los LGBT e, increíble, los izquierdistas, son humanos".

Esto fue elevado a una gran controversia política porque nada menos que el primer ministro eligió responderla.

Netanyahu usó su propia cuenta en las redes sociales para decir: “Estimada Rotem, una corrección importante: Israel no es un estado de todos sus ciudadanos. Según la ley del estado-nación que aprobamos, Israel es el estado-nación del pueblo judío, y de nadie más". Continuó afirmando que un gobierno dirigido por Azul y Blanco que incluyera a los partidos árabes antisionistas "socavaría la seguridad del estado".

El primer ministro Netanyahu amplió su respuesta en la reunión semanal del gabinete, señalando que Israel no es, de hecho, un "estado de todos sus ciudadanos", sino un estado judío:
"Me gustaría aclarar un punto que, aparentemente, no está claro para personas ligeramente confundidas dentro del público israelí. Israel es un estado judío, democrático. Esto significa que es solamente el estado nacional del pueblo judío. Por supuesto, respeta los derechos individuales de todos sus ciudadanos, judíos y no judíos por igual, pero es el estado nacional, no de todos sus ciudadanos, sino solamente del pueblo judío. Otros pueblos, otras nacionalidades y otras minorías tienen representación nacional en otros estados. La representación nacional del pueblo judío está en el Estado de Israel. Israel es el estado nacional del pueblo judío y solo de él".
El rechazo de los partidarios de Netanyahu a los comentarios de Sela Rotem la permitió afirmar que estaba siendo intimidada por hablar y provocó que otros, incluida la actriz israelí y la estrella de "Wonder Woman" Gal Gadot, hablaran en su defensa. El presidente Reuven Rivlin, un miembro del Likud pero también un amargo y declarado enemigo de Netanyahu, también intervino con una respuesta encubierta al primer ministro en el que recordó al país que "no hay ciudadanos de segunda".

Rivlin tiene razón en eso, al igual que Sela cuando dice que los ciudadanos no judíos se merecen respeto.

Pero aunque algunos lo consideren descortés, Netanyahu también tiene razón cuando dice que sería impensable que cualquier gobierno incluyera a unos partidos árabes antisionistas.

Eso no es porque sean árabes, sino porque su propósito declarado es cambiar Israel de un estado judío a un estado en el que su carácter judío ya no estuviera protegido. Los cuatro partidos árabes varían en carácter, ya que Tibi y su rival Balad son antisionistas seculares, mientras que Ra'am es islamista y Hadash es comunista. Pero los cuatro rechazan los principios fundadores de Israel aceptados por la gran mayoría de los ciudadanos judíos, ya sean de derecha, de centro o de izquierda.

Si bien la afirmación de Sela Rotem de que "Israel es un estado de todos sus ciudadanos" parece inofensiva, el primer ministro tiene razón cuando dice que todos los ciudadanos tienen los mismos derechos, pero que el propósito esencial y primero del estado es garantizar los derechos y la seguridad del pueblo judío ante todo.

Esto no debería ser controvertido, ya que esto mismo quedaba muy claro en la Declaración de Independencia del país y en sus leyes básicas, incluso antes de que se aprobara la legislación del Estado-nación del año pasado. Este último argumento realmente ilustra por qué esa ley era necesaria.

Un "estado de todos sus ciudadanos" es el objetivo de los árabes y otros que quieren eliminar al único estado judío en el planeta. Cualquiera que lo acepte no se opone al racismo antiárabe, están, ya sea que lo entiendan o no, apoyando el antisionismo.

Es por eso que las acusaciones de que Netanyahu está fomentando el racismo son descaradamente falsas. Puede parecer grosero decirlo, pero Netanyahu, Gantz o cualquier otra persona que pudiera ser el primer ministro de Israel no tienen planes de incluir a políticos árabes antisionistas decididos, tal como ellos mismo declaran, a socavar o destruir al estado.

Prevenir esto no es racista. Es de sentido común.

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Friday, January 25, 2019

Los enemigos de Israel finalmente admiten que las rocas pueden matar - Jonathan S. Tobin - JNS



En lo que respecta a los medios de comunicación occidentales tradicionales, cuando se lanzan piedras en el Oriente Medio, no hay nada de qué preocuparse. Cuando las turbas palestinas lanzan piedras a los soldados israelíes en la valla fronteriza de Gaza como parte de su esfuerzo por cruzar al estado judío y provocar caos y violencias, tales acciones generalmente se representan como una forma de protesta no letal.

Desde que los palestinos lanzaron una Intifada, un "levantamiento nacional" en diciembre de 1987, el lanzamiento de piedras ha sido tratado como una forma popular de protesta contra Israel. De hecho, el acto de lanzar piedras a los judíos se ha convertido en un símbolo icónico de la "resistencia" a Israel, glorificado en la cultura, los poemas y las canciones palestinas. Lanzar piedras a los soldados y colonos, o a sus automóviles y autobuses, se ha convertido en algo así como un deporte nacional, casi como un rito de paso para los jóvenes árabes.

Los incidentes de tirar piedras contra objetivos judíos son una ocurrencia diaria y tan numerosos que Israel apenas se molesta en mantener estadísticas sobre ellos. Pero sí sabemos que al menos 14 israelíes han muerto como resultado de accidentes de automóviles causados ​​por el lanzamiento de piedras o golpes directos. Cuando los palestinos son arrestados con relación a tales crímenes, se los representa con simpatía como combatientes legítimos que usan las únicas armas disponibles para ellos, o como niños que son acosados, ​​o incluso torturados, injustamente por el ejército y la policía israelíes, por lo que en el peor de los casos no parece nada más que una especie travesura de adolescentes.

Pero después de más de 30 años de tales historias en los medios de comunicación occidentales, la prensa internacional finalmente ha decidido tratar esta actividad "inofensiva" en Cisjordania como un crimen.

Una mujer palestina fue asesinada en octubre cuando fue golpeada en la cabeza por una piedra lanzada por lo que la policía cree que era un grupo de adolescentes israelíes. Aisha Rabi, madre de nueve hijos, estaba con su esposo y dos de sus hijos conduciendo un automóvil cuando ocurrió el crimen. Los sospechosos son estudiantes de una escuela secundaria y yeshiva en Cisjordania, uno de los cuales permanece bajo custodia desde que fue arrestado en diciembre debido a que, según las autoridades israelíes, se encontraron rastros de su ADN en la piedra que mató a Aisha Rabi.

El caso plantea muchas preguntas incómodas tanto para los árabes como para los judíos.

Si bien el lanzamiento de piedras por parte de los palestinos se considera un hecho rutinario, si incluso un pequeño grupo de judíos extremistas piensa ahora que es aceptable comportarse de una manera similar a los palestinos, se ha cruzado una línea peligrosa.

Los constantes ataques contra vehículos de propiedad judía parecen haber normalizado un acto que, en cualquier otro contexto, se consideraría un crimen horrible. La creencia de que las Fuerzas de Defensa de Israel no hace lo suficiente para proteger a los residentes de las comunidades judías en los territorios, junto con la ira por el terror palestino, está muy extendida entre los colonos. Eso, al menos para una pequeña minoría de judíos radicales, ha legitimado la idea de que no hay nada de malo en vengarse. Son los llamados ataques del "precio (por su violencia)" contra palestinos al azar.

Tales ideas tóxicas son inmorales y una amenaza para el estado de derecho. También ayudan a pintar a los cientos de miles de judíos pacíficos y respetuosos de la ley que viven en Judea y Samaria, con unos individuos radicales que intentan quebrantar la ley derramando sangre palestina cuando, de hecho, solo una pequeña minoría está involucrada en los ataques contra los árabes.

Pero si bien los judíos radicales acusados ​​de violencia contra los palestinos no son representativos de la población de colonos o de los israelíes en general, es preocupante que el asesinato de Rabi no haya sido condenado por todos los líderes de los colonos, e incluso parece haber sido condonado por algunos rabinos extremistas. En lugar de desvincular su movimiento de un acto tan despreciable, estos líderes religiosos han concentrado sus esfuerzos en defender al acusado y afirmar que el personal de inteligencia israelí que investiga el incidente es culpable de maltratar a los sospechosos. Que algunas de las mismas personas que protestan contra este comportamiento de las autoridades no se opongan a ello, mientras se aplica únicamente a los sospechosos de terrorismo palestinos, es una ironía que se pierde en ellos.

Si bien el caso sigue bajo investigación y los acusados ​​tienen derecho a la presunción de inocencia, la gran mayoría de los israelíes piensan con razón que no puede haber tolerancia para quien arroje piedras a los vehículos, sin importar quién esté detrás del volante. Igual de importante es que aquellos que podrían tolerar o excusar los ataques de "precio" no merecen estar en lugares de confianza pública. No debe haber debate sobre la necesidad de erradicar este mal comportamiento, incluso si es marginal.

Es necesaria la indignación por el asesinato de una madre palestina. Pero aquellos que atacan al movimiento de colonos en su conjunto también deberían detenerse y pensar si esto debería afectar sus puntos de vista sobre los lanzamientos de piedras a los vehículos israelíes que ocurren todos los días, lo que podría causar daños a la propiedad, lesiones y, lo que es peor. casos, muerte.

Si está mal que unos pocos adolescentes judíos aislados cometan un crimen tan terrible, entonces no debería dudarse en etiquetar los casos diarios de ataques palestinos similares contra judíos como igualmente criminales.

Independientemente de lo que se piense sobre los asentamientos o cómo debería verse la resolución final del conflicto israelí-palestino, si como parecen pensar los medios internacionales es incorrecto que los judíos arrojen piedras a los árabes con la esperanza de causar lesiones y / o muerte, entonces es igual de malo que los árabes hagan lo mismo. Si no estás de acuerdo, entonces básicamente estás justificando el terrorismo contra los judíos.

Los que mataron a Aisha Rabi merecen ser castigados en toda la extensión de la ley. En la misma línea, aquellos que piensan que cualquiera que busque herir, mutilar o matar a judíos es un luchador por la libertad o un joven inofensivo están estableciendo un doble estándar indistinguible del antisemitismo.

Pero si bien los judíos radicales acusados ​​de violencia contra los palestinos no son representativos de la población de colonos o de los israelíes en general, es preocupante que el asesinato de Rabi no haya sido condenado por todos los líderes de los colonos, e incluso parece haber sido condonado por algunos rabinos extremistas. En lugar de desvincular su movimiento de un acto tan despreciable, estos líderes religiosos han concentrado sus esfuerzos en defender al acusado y afirmar que el personal de inteligencia israelí que investiga el incidente es culpable de maltratar a los sospechosos. Que algunas de las mismas personas que protestan contra este comportamiento de las autoridades no se opongan a ello, mientras se aplica únicamente a los sospechosos de terrorismo palestinos, es una ironía que se pierde en ellos.

Si bien el caso sigue bajo investigación y los acusados ​​tienen derecho a la presunción de inocencia, la gran mayoría de los israelíes piensan con razón que no puede haber tolerancia para quien arroje piedras a los vehículos, sin importar quién esté detrás del volante. Igual de importante es que aquellos que podrían tolerar o excusar los ataques de "precio" no merecen estar en lugares de confianza pública. No debe haber debate sobre la necesidad de erradicar este mal comportamiento, incluso si es marginal.

Es necesaria la indignación por el asesinato de una madre palestina. Pero aquellos que atacan al movimiento de colonos en su conjunto también deberían detenerse y pensar si esto debería afectar sus puntos de vista sobre los lanzamientos de piedras a los vehículos israelíes que ocurren todos los días, lo que podría causar daños a la propiedad, lesiones y, lo que es peor. casos, muerte.

Si está mal que unos pocos adolescentes judíos aislados cometan un crimen tan terrible, entonces no debería dudarse en etiquetar los casos diarios de ataques palestinos similares contra judíos como igualmente criminales.

Independientemente de lo que se piense sobre los asentamientos o cómo debería verse la resolución final del conflicto israelí-palestino, si como parecen pensar los medios internacionales es incorrecto que los judíos arrojen piedras a los árabes con la esperanza de causar lesiones y / o muerte, entonces es igual de malo que los árabes hagan lo mismo. Si no estás de acuerdo, entonces básicamente estás justificando el terrorismo contra los judíos.

Los que mataron a Aisha Rabi merecen ser castigados en toda la extensión de la ley. En la misma línea, aquellos que piensan que cualquiera que busque herir, mutilar o matar a judíos es un luchador por la libertad o un joven inofensivo están estableciendo un doble estándar indistinguible del antisemitismo.

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Tuesday, January 22, 2019

Cómo los progresistas están destruyendo la "gran tienda" judía - Jonathan Tobin - JNS



Lo que más necesita el mundo judío en estos días es la inclusión. Sin embargo, el único curso de acción abierto y sensato para los consejos comunitarios judíos y otros grupos de divulgación es establecer unos firmes límites sobre quién puede o no puede entrar en la proverbial "gran tienda judía".

Sé que esto suena como una contradicción en los términos, y en muchos sentidos lo es. Pero el hecho es que, en el preciso momento en que las instituciones deben mantener las puertas abiertas para atraer a la mayor cantidad posible de judíos, también es muy importante enviar un fuerte mensaje de que hay algunas líneas que no se pueden cruzar. Si bien la inclusión es vital, no es el único valor que los grupos judíos deben venerar.

Es por eso que el Consejo de Relaciones con la Comunidad Judía de Boston (JCRC) tenía razón cuando votó la semana pasada iniciar el proceso por el cual una de sus organizaciones constituyentes podría ser expulsada de una organización que busca los más amplios miembros posibles.

El tema en cuestión es si aquellos que afirman ser parte de la "gran tienda judía" pueden mantener razonablemente esa afirmación al unir sus fuerzas con grupos antisionistas y antisemitas dispuestos a destruir el Estado de Israel.

La acción que precipitó la votación fue una decisión tomada por el capítulo del Círculo de Trabajadores de Boston, una organización dedicada tanto a la defensa de la justicia social como a la preservación de la cultura yiddish. Si bien su labor cultural ha disminuido su influencia política durante décadas, también puede reclamar el manto del Bund Laborista judío, un partido socialista y antisionista que fue una fuerza dominante en la vida judía en las décadas previas a la Segunda Guerra Mundial. Desde 1948, ha hecho a regañadientes su paz con el Estado judío mientras lucha por seguir siendo relevante. Pero el resurgimiento del interés por el yiddish y la popularidad de las políticas de izquierda entre los judíos han asegurado que el grupo no se haya extinguido.

Pero cuando su sucursal de Boston firmó una petición organizada por el grupo judío antisionista Voice for Peace (JVP) que defendía el movimiento BDS, comenzó una controversia cuyas implicaciones trascienden la política judía local.

La petición afirmaba que las "críticas de Israel", cualesquiera que fueran, no debería equipararse con el antisemitismo. Por supuesto, la mera crítica al gobierno de Israel no es antiisraelí ni antisemita. Pero los grupos que firmaron ese documento no se limitan a criticar a la administración encabezada por el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. La Jewish Voice for Peace es una organización claramente antisionista que se opone a la existencia de Israel como Estado judío y apoya el llamado "derecho de retorno" palestino. No se limita a apoyar los esfuerzos de BDS para aislar al Estado judío y atacar cualquier tipo de medidas israelíes contra los terroristas. Sus afirmaciones de que los programas de intercambio que llevan a oficiales de policía de los Estados Unidos a Israel para recibir entrenamiento son responsables de la muerte de los afroamericanos, son nada menos y nada menos que un libelo de sangre contra los partidarios del Estado judío.

Vista desde esa perspectiva, la decisión del Círculo de Trabajadores de firmar la petición mereció un rechazo de parte de otros miembros del JCRC de Boston. Pero hacerlo también va en contra de la filosofía que prevalece en el mundo judío organizado y que sostiene que dibujar esas líneas en la arena es suicida.

La inclusión se ha convertido en una consigna en la vida judía debido a la forma en que las instituciones tradicionales, como las sinagogas y las organizaciones benéficas y generales como las federaciones, han entrado en un rápido declive. Como han demostrado las encuestas, una población que está cada vez más asimilada parece no tener ningún interés por los viejos paradigmas de la vida judía. El 90% de los judíos norteamericanos que son no ortodoxos están cada vez más desinteresados ​​por las expresiones de identidad judía que están ligadas a conceptos de la condición de pueblo judío relacionadas con el sionismo.

Igual de importante es que algunos jóvenes judíos puedan ser rechazados por grupos que operan bajo los supuestos de generaciones pasadas, como la falsa percepción de que el apoyo a Israel pueda ser incompatible con ser un progresista moderno. Agreguen a esto una cultura popular en la que todas las expresiones de identidad "chauvinistas" (excepto aquellas identificadas con los grupos minoritarios que defiende la izquierda) se presume que son racistas, aunque solo una ideología como el sionismo es demonizada por la izquierda.

En estas circunstancias, es imprescindible encontrar formas de incluir a los judíos que se encuentran en los márgenes. Dibujar líneas que excluirán o enajenarán a ciertas personas no debe considerarse irrazonable cuando se plantea el problema del grave decrecimiento demográfica entre los no ortodoxos.

Y, sin embargo, dibujar algunas líneas no es tanto una opción como una necesidad para los judíos.

El consenso es un objetivo imposible para todos los grupos judíos en estos días, de hecho más bien se necesita trabajar más para llegar a acuerdos que desacuerdos sobre muchos temas polémicos. Pero la noción de que el derecho de Israel a existir es discutible no es un problema de este tipo. Tampoco debe ser una cuestión de opinión sobre si los judíos deben participar en actividades que ayuden a los antisemitas como los que promueven al movimiento BDS o aquellos empeñados en librar una guerra contra Israel.

Es crucial hacer una distinción con los grupos antisionistas y antisemitas, y las organizaciones judías que son simplemente críticas con el gobierno de Israel. Grupos como J Street adoptan posiciones que creo que son profundamente erróneas, así como absolutamente irrelevantes para las realidades del Oriente Medio, y tienen muy poco apoyo entre el pueblo de Israel. Pero en la medida en que él y otros grupos de ideas afines sean verdaderamente "pro-Israel" y "pro-paz", tal como aseguran, y se opongan sistemáticamente al BDS, entonces merecen un lugar en la mesa.

Pero no debería haber tal asiento para los JVP, IfNotNow y otros anti-sionistas que incursionan en la agitación antisemita mientras se presentan como depositarios de la ética judía. Lo mismo ocurre con aquellos, como el Círculo de Trabajadores de Boston, que se unen a ellos.

Una comunidad judía que valora la inclusión sobre todos los demás valores puede llegar a tener una "gran tienda", pero una que trate a los aliados de los antisemitas como miembros es una que en última instancia no representará nada. Y una comunidad que no representa nada no podrá sobrevivir.

Puede contentar a aquellos que no tienen interés en la condición y existencia de un pueblo judío, pero es hora de que los JCRC dejen en claro que aquellos que están dispuestos a ayudar a los enemigos de Israel no tienen lugar dentro de nuestra gran tienda.

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Por qué la ideología interseccional socava el legado de Martin Luther King Jr. - Jonathan Tobin - JNS



La alianza entre afroamericanos y judíos durante la lucha por los derechos civiles se ha invocado a menudo cuando han surgido tensiones entre las dos comunidades en las décadas posteriores a la década de los sesenta. Sin embargo, la memoria de los afroamericanos y los judíos que trabajan juntos es importante no tanto por lo que hicieron unos pocos héroes hace medio siglo, sino porque es un ejemplo para ser emulado por las generaciones posteriores. Desde entonces, judíos y afroamericanos a veces han caído en problemas como la acción afirmativa. Pero las dos comunidades todavía se encuentran generalmente en el mismo lado de muchos, si no la mayoría, de los grandes problemas del día.

Sin embargo, la ideología interseccional puede tener éxito allí donde fracasaron otros que intentaron sembrar conflictos entre los afroamericanos y los judíos. Esa teoría sostiene que la lucha por los derechos civiles en este país está vinculada a la guerra palestina contra Israel y ha ganado más notoriedad en los últimos años ya que ha sido defendida por los líderes de la resistencia anti-Trump.

El intento de vincular los derechos civiles, así como la causa de la igualdad para las mujeres, tanto con el antisionismo como con el movimiento BDS, se transmitió por completo en las diversas manifestaciones organizadas por la Marcha de las Mujeres y grupos relacionados con ella el pasado fin de semana. Los discursos y declaraciones de las líderes de la Marcha, Tamika Mallory y Linda Sarsour, ilustran la forma en que el odio por el Estado judío se ha integrado completamente en la agenda de la izquierda.

De hecho, esos temas sonaron incluso en eventos patrocinados por grupos que intentaron desasociarse de las líderes de la Marcha después de que se vieron afectadas por acusaciones de antisemitismo, como lo observó la rabino Nicole Guzik, del Sinaí Temple, cuando explicó por qué abandonó la Marcha de Los Ángeles. .

Pero aún más decepcionante es el intento de utilizar el recuerdo anual de Martin Luther King Jr. para torcer el legado del gran líder de los derechos civiles para situarlo del lado del BDS y de la guerra contra Israel.

Esa fue la idea defendida de un artículo de opinión del New York Times (¿dónde no?), escrito por la columnista Michelle Alexander el domingo pasado y en la que pretendía afirmar que Martin Luther King se habría unido al ataque contra Israel si estuviera vivo hoy.

Martin Luther King se sintió inexorablemente atraído por cualquier lucha contra la injusticia. Pero la idea de que él podría haber estado convencido de que los judíos, de manera única entre todos los pueblos del mundo, se les debía negar un estado y derechos que nadie pensaría negar a ningún ptro pueblo más, no requiere simplemente de una suspensión de la incredulidad, sino un intento deliberado de negar las cosas  que realmente dijo y en las que creyó.

Hablando de aquellos que fueron los primeros campeones de lo que ahora se denomina interseccionalismo, King dijo: "La paz para Israel significa seguridad, y debemos apoyarlos con todas nuestras fuerzas para proteger su derecho a existir, su integridad territorial... Israel es uno de los grandes puestos avanzados de la democracia en el mundo... La paz para Israel significa seguridad y esa seguridad debe ser una realidad".

También respondió a un interrogador que atacó al sionismo diciendo: "Cuando las personas critican a los sionistas, se refieren a los judíos. Estás hablando de antisemitismo".

Pero, como lo ilustra el artículo de Alexander, aquellos que buscan volver a imaginar un King como enemigo del sionismo, y no como su amigo y defensor, no se sienten disuadidos por los hechos.

En su descripción del conflicto entre Israel y los palestinos, el artículo de Alexander es un compendio de verdades a medias y de mentiras descaradas. La lucha entre las dos partes es compleja porque ambos lados han sufrido, pero en la versión caricaturesca de Alexander solo los palestinos tienen derechos. Nunca se menciona que los palestinos hayan rechazado repetidamente las ofertas de paz, incluida las de estatalidad. Tampoco ella (o sus editores del NYTimes) piensan que es necesario detallar que las medidas de seguridad israelíes que ella lamenta se volvieron esenciales por el terrorismo palestino.

Pero su columna no trata de poner fin a la "ocupación" israelí de Cisjordania o a los asentamientos judíos. Por el contrario, su problema está en la existencia de Israel como un Estado judío en las fronteras anteriores a 1967. Su apoyo al BDS se basa en la misma convicción que motiva a sus otros partidarios: una visión falsa de Israel como estado colonial y el imperativo de eliminarlo, en lugar de simplemente generar un estado palestino a su lado. En su lectura, el sionismo, el movimiento de liberación nacional del pueblo judío, es por todas esas ideas algo ilegítimo. Entonces, mientras que Alexander dice preocuparse por el antisemitismo, ignora el hecho de que un movimiento dedicado a destruir el único Estado judío del mundo es, por definición, una expresión de odio a los judíos.

De manera muy interesante, Alexander cita la controversia sobre la cancelación de un premio a Angela Davis, miembro del Partido Comunista de los Estados Unidos y partidaria de los Black Panthers, un grupo asesino de matones violentos que se aprovecharon de los negros y blancos en la década de 1960, cuando King no abogaba por ellos ni por su violencia. Davis, quien estuvo personalmente involucrada en el terrorismo, iba a ser honrado por el Museo de Derechos Civiles de Birmingham, pero esos planes fueron cancelados cuando miembros de la comunidad judía protestaron. Consideraron acertadamente que su respaldo a BDS, así como su apoyo a la represión de los judíos y otros disidentes por parte del régimen soviético antisemita, la volvían inelegible para tal honor. Eso ha provocado una reacción violenta de la izquierda pro-BDS.

No tenemos que involucrarnos en teorías contra factuales acerca de lo que King habría hecho si no hubiera sido asesinado porque conocemos que su fe en la no violencia y su apoyo a los derechos del pueblo judío siempre lo habrían colocado al otro lado de esta gente, los de una defensora de la violencia como Angela Davis y los partidarios de BDS que desean borrar a Israel del mapa.

Mucho ha cambiado desde que King fue asesinado en 1968, un momento en el tiempo en el que habría sido inimaginable que el NYTimes publicara una reclamación en favor de la destrucción de Israel. Que en el NYTimes se piense que es apropiado atacar los derechos de los judíos en un día dedicado a conmemorar la lucha por los derechos civiles de todos los pueblos, representaría una amarga ironía para un hombre como Martin Luther King Jr. que consideraría una traición al legado de hermandad por el cual dio su vida.

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Tuesday, January 08, 2019

La "Plataforma de Pittsburgh" y el impulso del New York Times para un nuevo cisma judío - Jonathan Tobin - JNS



Jonathan Weisman no entiende mucho sobre la naturaleza del antisemitismo moderno. Pero Weisman, editor del New York Times y autor de un libro notablemente obtuso sobre el antisemitismo publicado en marzo de 2018, capta la idea central que está dividiendo a los judíos: el declive del sentido de ser o conformar un pueblo judío.

Desafortunadamente, él piensa que eso es algo bueno, más que un problema que deba abordarse.

Ese es el concepto de un artículo de opinión de Weisman publicado en el Sunday Times en el que predica que un "gran cisma" está a punto de desentrañar los lazos entre los judíos estadounidenses e Israel. Weisman tiene razón sobre el potencial de un cisma, pero como es el caso con su libro "((((Semitism))): Ser judío en los Estados Unidos en la era de Trump", el problema es que él define la identidad judía únicamente en términos de ideales universalistas y políticas progresistas con escasa atención a la fe, la historia o formar parte del pueblo judío.

Eso en sí mismo no es sorprendente en una era en la que ya sabemos que un número creciente de judíos estadounidenses se definen a sí mismos, en palabras de la Encuesta de Pew 2013 a los judíos estadounidenses, como judíos de "ninguna religión", y están cada vez más alejados de todo aspecto relacionado con la condición de pueblo judío, incluido el Estado de Israel.

Pero lo que es interesante es que su artículo de opinión parece ser un intento de reavivar el interés por la "Plataforma del Judaísmo de la Reforma de Pittsburgh" de 1885, un documento seminal que pedía una redefinición de la identidad judía donde se rechazaba específicamente cualquier noción de que hubiera una nación judía con vínculos con la Tierra de Israel, así como una desconexión con los antiguos rituales y leyes que sus autores pensaban que estaban desactualizados.

Mientras que la “Plataforma de Pittsburgh” ayudó a definir el judaísmo de la Reforma durante generaciones, la “Plataforma de Columbus” del movimiento de la Reforma de 1937 rechazó la anterior plataforma cuando respaldó tentativamente al sionismo. De hecho, los dos líderes más influyentes del sionismo estadounidense en esa época fueron Abba Hillel Silver y Stephen Wise, ambos rabinos de la Reforma. El proceso se completó en 1976 con la Perspectiva del Centenario, movimiento que abarcó específicamente la idea de la condición de pueblo judío.

Pero Weisman parece querer hacer retroceder el reloj hasta 1885. La "Plataforma de Pittsburgh" era una reliquia de una era en la que algunos judíos estaban interesados ​​no solo en descartar la tradición, sino en un intento de cortar los lazos con el resto del mundo judío para avanzar en su asimilación en la sociedad estadounidense. Sin embargo, Weisman cree que debería recuperarse en una era en la que un número cada vez mayor de judíos liberales se ven alienados por las realidades de la política israelí y los problemas de seguridad. Él cree que la mayoría de los judíos estadounidenses pertenecen esencialmente a una tribu separada que tiene poco en común con los israelíes o con los judíos observantes o religiosos, y que abarca una fe exclusivamente universalista vinculada únicamente a las políticas progresistas.

Hay que destacar que el "despertar de Weisman a las preocupaciones judías" fue estrictamente una reacción a las elecciones presidenciales de 2016. Provenía de un contexto completamente secular, sin conexión con el judaísmo o con el pueblo judío, excepto como un aspecto únicamente vinculado a su ascendencia, y sin experiencia o conocimiento del antisemitismo. Pero como editor adjunto de la oficina del NYTimes en Washington, los antisemitas llamaron su atención durante el curso de la campaña, ya que los trolls de extrema derecha atacaron a algunos destacados periodistas judíos. Eso le llevó a escribir un libro que pretendía ser una advertencia del surgimiento del nuevo fascismo encabezado por Trump, que representaba una amenaza para la democracia, así como para los judíos.

El problema con su libro no es que simplemente inflaba las fallas admitidas de Trump más allá del reconocimiento, ya que demonizaba tanto al presidente como a la parte del país que lo había elegido. Tenía razón al afirmar que el antisemitismo de extrema derecha era una amenaza, algo que se ha vuelto aún más evidente desde el tiroteo de la sinagoga de Pittsburgh en octubre. Pero ignoraba por completo el antisemitismo de la izquierda o la animosidad contra los judíos de grupos como la Nación del Islam liderada por Louis Farrakhan, un odiador de los judíos que puede, en contraste con los pequeños números de la extrema derecha, contar con una masa de seguidores, y que ha sido legitimado a través del apoyo de políticos y líderes de la corriente progresista principal como los asociados a la Marcha de la Mujer. Inclusive el ex presidente Bill Clinton se mostró dispuesto a compartir escenario con él en un tributo en Detroit a una gran cantante fallecida, la compositora y activista de los derechos civiles Aretha Franklin.

Weisman también se niega a reconocer las formas en que actúa el movimiento BDS como punta de lanza no solo de los esfuerzos para eliminar el único estado judío del planeta, sino también teniendo como objetivo la deslegitimación de algunos judíos estadounidenses de una manera que no se distingue del clásico antisemitismo.

Sin embargo, el problema no es solo que el enfoque de su visión de túnel del antisemitismo esté equivocada. Tampoco es simplemente su falta de comprensión de las realidades del conflicto con los palestinos que crearon un amplio consenso en Israel que considera una solución de dos estados como una buena idea, pero que resulta incompatible con su seguridad en un futuro previsible.

Es que ve la condición de pueblo judío, un concepto que forma parte integral del judaísmo, únicamente a través del prisma o del espejo de la política progresista que lo convierte en una mera caricatura. Algunos pueden estar de acuerdo con él, pero su sentido de alienación está enraizado en una ignorancia que es reforzada por falsos expertos como Weisman.

Si bien los judíos estadounidenses e israelíes están en desacuerdo acerca de muchos temas, sobre todo acerca de Trump, a quien la mayoría de los israelíes no le critican sin razón por su apoyo sin precedentes a su nación hasta estos momentos, resulta falso afirmar que el sionismo o la fe judía tradicional es incompatible con los valores progresistas, no importando en qué posición se encuentren en el espectro político.

El veredicto negativo de la historia sobre la "Plataforma de Pittsburgh" no se puede anular. El sionismo sigue siendo esencial para la supervivencia judía. El intento de revisar el interés por esa idea desacreditada y peligrosa de que los judíos estadounidenses pueden o deben separarse de los judíos de otros lugares, especialmente del centro espiritual del judaísmo en el estado de Israel, se basa en una visión de la identidad judía que no es ni sostenible ni propicia para la propia seguridad del colectivo judio.

Weisman, cuya falta de credibilidad en los temas judíos es dolorosamente obvio, puede pensar que está defendiendo los valores judíos. Pero aboga por un cisma que está inextricablemente vinculado a la destrucción de cualquier sentido coherente de comunidad judía, y que la dejaría indefensa ante una amplia gama de enemigos que ciertamente no se limitan a la extrema derecha.

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Monday, January 07, 2019

Se reafirma un consenso sobre los asentamientos - Jonathan Tobin - JNS


Asentamiento de Ofra

La campaña electoral israelí de 2019 tiene solo un par de semanas y ya ha habido mucho drama. La división de varios partidos también se ha visto acompañada por el drama sobre la posibilidad de que el Primer Ministro Benjamin Netanyahu sea acusado de cargos de corrupción, o sometido a audiencias por las acusaciones, en las semanas previas a que los votantes acudan a las urnas.

Aún no sabemos cuál será la alineación final de partidos y candidatos, o si Netanyahu, quien es el favorito para ganar su cuarta elección consecutiva y su quinto mandato como primer ministro, será hundido por el Fiscal General Avichai Mandelblit con consecuencias que no pueden ser predichas.

Pero hay una cosa que parece no estar en duda. Los resultados volverán a reivindicar un amplio consenso sobre la paz con los palestinos que ha existido en Israel desde el final de la Segunda Intifada hace ya más de 15 años.

Eso quedó claro en una declaración realizada por Benny Gantz sobre el futuro de algunos controvertidos asentamientos israelíes en Cisjordania. Hablando a la cadena de televisión Canal 12 de Israel, Gantz declaró que "el bloque Etzion, Ariel, Ofra y Elkana permanecerán para siempre". Mientras agregaba que la cuestión de "cómo conseguir que permanezcan para siempre" aún estaba por determinarse, la importancia de su elección de esos cuatro lugares no puede ser subestimada.

Incluso los defensores de una solución de dos estados han admitido que Israel mantendría algunas partes de Jerusalén sobre la Línea Verde y los principales bloques de asentamientos que están cerca de las líneas de 1967. Tanto el bloque Etzion como Elkana caen dentro de esos bloques. Ariel es una ciudad pequeña con una universidad, pero como está a 10 millas de la Línea Verde, los palestinos y sus partidarios dicen que debe abandonarse para crear un estado contiguo junto a Israel.

Sin embargo, no hay manera de que Ofra, un asentamiento ubicado en el corazón de Cisjordania y junto a la carretera que es la principal vía norte-sur que atraviesa la región, se mantenga dentro de Israel sin hacer imposible que los palestinos tengan un estado contiguo.

Gantz, ex jefe de personal de las Fuerzas de Defensa de Israel, no es de ninguna manera un partidario del movimiento de los asentamientos. De hecho, según los informes, tuvo una relación difícil con Netanyahu mientras estuvo en el cargo y está ansioso de verlo fuera. Él ha entrado en la política por primera vez para darles a los israelíes una alternativa convencional al primer ministro.

Gantz y su nuevo partido Resiliencia de Israel son la versión 2019 del centrismo israelí. En prácticamente todas las elecciones israelíes desde 1977, surgió un partido que trató de cerrar la brecha entre la derecha y la izquierda. A menudo, fueron dirigidos por ex militares como Gantz, a quienes se considera por encima de la batalla política principalmente porque no tienen experiencia previa en el gobierno. Si bien el grupo de Gantz puede demostrar ser más "resistente" que los ejemplos anteriores, hasta ahora todos se han visto afectados después de una o dos elecciones exitosas porque sus líderes finalmente demuestran que no tienen mejores respuestas a los problemas del país que las del Likud, los Laboristas o cualquiera de los demás partidos establecidas.

Pero la importancia de la declaración de Gantz es que demuestra que incluso aquellos que se autodefinen a sí mismos como centristas, no creen que sea prudente que Israel haga concesiones unilaterales a los palestinos, o planeen desalojar incluso a una minoría de los cientos de miles de judíos que viven a través de la Línea Verde en Jerusalén y Cisjordania.

Debe ser un shock para la mayoría de los judíos estadounidenses hostiles a Netanyahu y a sus aliados de derecha darse cuenta de que aquellos que comparten sus puntos de vista en Israel representan solo una pequeña minoría de votantes. Como ha sido evidente desde que la Autoridad Palestina hizo añicos literalmente la fe de los israelíes en el proceso de paz de Oslo durante la Segunda Intifada, existe un consenso desde el centro a la izquierda y desde el centro a la derecha en Israel, de que actualmente no existe un socio palestino para la paz.

Inclusive la negativa de la supuestamente moderada Autoridad Palestina y de su líder Mahmoud Abbas a reconocer la legitimidad de un Estado judío, sin importar dónde se dibujen sus fronteras, y su apoyo financiero a los terroristas y su fomento del odio contra israelíes y judíos, se han vuelto evidentes a los israelíes. La noción de entregarle territorios y, en efecto, replicar el experimento del ex primer ministro Ariel Sharon en Gaza, según el cual la retirada de cada soldado israelí, asentamiento y colono fue respondida por la creación de un estado terrorista, es ampliamente considerada no tanto un mal como una pura locura.

Es por eso que los centristas israelíes, e incluso los izquierdistas moderados, han dejado de hablar sobre renunciar a más territorio en un futuro previsible. Aunque la mayoría de los israelíes probablemente todavía estarían dispuestos a intercambiar territorios por una paz real en lugar de más terror, la gran mayoría entiende que simplemente no es posible en estos momentos.

Entonces, cuando Gantz está siendo promocionado por algunos como una alternativa realista a Netanyahu para las elecciones de abril, y habla en unos términos que dejan en claro que hay poca diferencia práctica entre su posición y la del primer ministro israelí, entonces los judíos estadounidenses que tanto critican al gobierno israelí deberían tomar nota. Si un centrista reconocido (aunque el primer ministro designe a Gantz como un "izquierdista") que está determinado a derrotar al primer ministro quiere conservar Ofra "para siempre", entonces es hora de dejar de fingir que la mayoría de los israelíes piensan que la falta de paz puede ser culpa de Netanyahu, más que el hecho de que Abbas y los palestinos aún se aferran a su guerra de un siglo contra el sionismo.

Gantz puede ser todavía algo parecido a una pizarra en blanco en términos de políticas, pero a estas alturas es obvio que no importa quién gane, el consenso israelí sobre territorio y paz sigue en pie. Eso es algo que los estadounidenses que hablan de ser amigos de Israel deben respetar.

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Tuesday, January 01, 2019

Amos Oz y la centralidad del hebreo en la vida judía - Jonathan Tobin - JNS



Para aquellos que solo conocen a Israel como un campo de combate político, Amos Oz fue solo un escritor con un punto de vista sobre los dilemas políticos y de seguridad básicos de su país. La defensa de Oz de la solución de dos estados y su tenue visión del actual gobierno israelí, así como de muchos de sus predecesores, figuraron prominentemente en los obituarios que informaron de su muerte el 28 de diciembre a la edad de 79 años.

Oz fue una figura importante en las letras israelíes que se remonta a la década de 1960, y ha sido una estrella literaria internacional desde que su novela My Michael se tradujo al inglés en 1972. Pero el hecho de que él fuera uno de los fundadores de "Peace Now" parecía ser ​​tan o más importante como sus escritos para aquellos cuyo interés por Israel comienza y termina con discusiones sobre el conflicto con los palestinos.

Las inclinaciones políticas de Oz son dignas de discusión, principalmente porque defendió una forma de sionismo liberal que está cada vez más fuera de moda dentro de la izquierda. En un momento en que los ataques a la legitimidad del estado judío, sin importar dónde se dibujen sus fronteras, se han convertido en algo común entre quienes elogian la ideología interseccional, el intenso patriotismo israelí de Oz y la creencia en el derecho de autodefensa de su país parecían desfasados con respecto a las opiniones de algunos de los críticos del estado judío, incluyendo a muchos que son judíos. Mientras tanto, los derechistas rechazaron su creencia de que el futuro del país solo podría asegurarse mediante un acuerdo de paz que permitiera dos estados para dos pueblos, además de por sus críticas al movimiento de asentamientos. De hecho, después de que la creencia en Oslo fuera destruida por Yasser Arafat y la Segunda Intifada, junto con los repetidos rechazos palestinos a las diversas ofertas de un Estado, la visión política de Oz llegó a ser vista como obsoleta por muchos en ambos extremos del espectro político.

Pero sería un error contemplar a Amos Oz principalmente a través de una lente política o evaluar su valor únicamente por su postura ante el proceso de paz. El lugar de Oz en la historia judía se inculca como una figura eminente de la literatura hebrea e israelí. Más importante aún, conmemorar su vida significa recordarnos la centralidad del hebreo no solo para proporcionar el fundamento de la creación de Israel, sino también como algo esencial para el futuro del pueblo judío. Se debe entender que sus logros, junto con el de otros excepcionales escritores israelíes, han proporcionado el lenguaje mediante el cual se puede expresar la expresión más verdadera de la identidad judía e israelí.

El resurgimiento del hebreo como idioma moderno fue tan importante para el éxito del movimiento sionista como otros esfuerzos para colonizar la tierra y construir y defender el Estado judío. Es totalmente correcto honrar y desear preservar las alegrías y los logros del yiddish, así como del ladino y otros idiomas (incluido el inglés) en los que se ha expresado el pensamiento judío. Pero el hebreo es la única lengua y la única literatura que une a todo el pueblo judío, en lugar de solamente los segmentos que vivían en Europa del Este o partes de la diáspora del Mediterráneo y Oriente Medio.

Al redactar en el lenguaje de la Biblia y de la liturgia religiosa judía, del cual vinculaba a los judíos con su hogar nacional en la tierra de Israel, la lengua franca del pueblo judío reunido era esencial para convertirse en una nación y no en una colección de inmigrantes. Los enormes logros de la literatura hebrea radican no solo en contarnos las historias de la comunidad que se creó en la antigua patria de los judíos, sino en proporcionar la narrativa de una nación renacida en toda su complejidad, tristeza y grandeza.

Los relatos de Oz y su prosa ejemplifican este proceso mediante el cual la literatura hebrea moderna se convirtió en el recipiente a través del cual se expresaban el pensamiento y la identidad israelíes. Los judíos son un pueblo que siempre ha valorado la palabra escrita y, en ese sentido, la literatura del Israel moderno y la de sus más grandes escritores y poetas, como Chaim Nachman Bialik, Shmuel Yosef Agnon, Yehuda Amichai, Aaron Applefeld y Oz se encuentran entre los logros más notables del sionismo e Israel.

Uno de los verdaderos fracasos de la vida moderna judía estadounidense ha sido la incapacidad de las instituciones judías para promover suficientemente el estudio del hebreo en las escuelas diurnas y los programas de sinagoga. Demasiados judíos, incluyendo a muchos que aman a Israel, permanecen ignorantes del lenguaje que es el alma de la vida judía moderna. Los libros de Oz enseñan mucho sobre Israel, pero aunque se pueden disfrutar en una traducción, es axiomático que solo en el hebreo original se puede apreciar la magnitud de su logro y su valor.

Por eso, en lugar de repetir los estériles argumentos políticos, deberíamos honrar la memoria de Oz apoyando la educación judía y sionista que prioriza el estudio del hebreo. Al hacerlo, estaremos ayudando a reforzar el sentido tristemente decreciente de la condición y pertenencia al pueblo judío entre los jóvenes judíos estadounidenses, y también les daremos un precioso regalo.

No tienen que estar de acuerdo con todo lo que Oz dijo o escribió para respetar la integridad de sus puntos de vista y de su vida, o para comprender la importancia de sus escritos y por qué funcionaron a la hora de explicar los muchos dilemas que enfrentaron los israelíes. Puede apreciarlo porque ayudó a representar a Israel, en todo su esplendor y imperfecciones, a lectores de todo el mundo en más de 40 idiomas. Que su memoria sea para su bendición.

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