Tuesday, February 05, 2008

Tres palabras habrían bastado - Moshe Arens - Haaretz

El Informe Winograd - un trabajo de "año y medio" de cinco inteligentes y poderosos israelíes - tenía a toda la opinión pública israelí esperando con el aliento entrecortado. Cientos de páginas del informe pueden ser leídas detenidamente, estudiadas e interpretadas, y, sin duda, serán revisadas en los próximos meses y años. Y aún así, tres palabras habrían bastado: fuimos derrotados. Es toda la historia. Todo lo demás es redundante. Israel, con el ejército más fuerte del Oriente Medio, sin tener en cuenta los defectos revelados durante la guerra, fue derrotado por dos mil milicianos de Hezbollah en una guerra que duró 34 días.

Y esto era conocido por la mayor parte de la opinión pública israelí desde hace un año y medio, antes de que la Comisión Winograd comenzara su trabajo. Y fue confirmado por la Comisión Winograd cuando publicó su informe parcial el año pasado. Realmente, nada más era necesario, a pesar de los doctores de la Oficina del Primer Ministro que siguen insistiendo en que la guerra fue un gran logro estratégico para Israel.

El año transcurrido desde la publicación parcial del informe, y que despertó montañas de especulaciones y presunciones en cuanto al contenido final del informe, sólo ayudó a ofuscar la triste verdad de que Israel había sido conducido por primera vez en su historia a un fracaso militar en una guerra.

¿Quién fue el responsable de este fiasco? ¿Necesitamos a la Comisión Winograd para responder a está pregunta? ¿Realmente necesitamos sus prolíficas explicaciones sobre la responsabilidad del mando político y el militar, y sus relaciones?

Esto no exonera en una democracia al líder que decide asumir la responsabilidad última de un fracaso. "Las críticas aquí", dijo el presidente Harry Truman señalando su escritorio en el Despacho Oval. No los generales, ni los burócratas, o los consejeros. Él era el responsable. Y en Israel, es el primer ministro quien es el responsable. Los otros deberían llevar su parte de responsabilidad, pero la responsabilidad última es suya.

Olmert sabía cuando asumió la oficina del primer ministro que la responsabilidad del destino del Estado de Israel descansaba desde entonces sobre sus hombros. Este no era un trabajo más, y la Oficina del Primer Ministro es mucho más que otro lugar de trabajo. Necesitaría a buenos ministros y consejeros, y sabía que tendría que escuchar las opiniones del mando militar, y luego solicitar las opiniones de otros que habían acumulado una experiencia relevante, pero que cuando todo fuera dicho y hecho la decisión sería sólo suya, y la responsabilidad sería también suya. Esto es lo que supone ser primer ministro. Las críticas acaban aquí.

¿Olmert, con tantos años de experiencia política detrás de él, habiendo ejercido tantos cargos de gobierno, no sabe esto? Por supuesto. Y él apostó por los tiros. El 20 de julio de 2006, el noveno día de la guerra que él lanzó, le dijo al entonces Jefe de Estado Mayor, Dan Halutz: "entonces te cuento, y esta será la dirección, que si se propone [lanzar una operación terrestre a gran escala] por parte de algunos generales, o en uno de los foros de consulta sobre las acciones a realizar - no aprobaré una gran operación terrestre". Y así selló el destino de esta desafortunada guerra.

¿Cómo se instaló este modo de pensar, tan obviamente incorrecto, hasta dominar la estrategia de Israel en la Segunda Guerra del Líbano? Fue el resultado de la desafortunada simbiosis entre la determinación de Olmert de no atascarse en "el cenagal libanes" y la idea fija del Jefe de Estado Mayor de que la Fuerza Aérea era todopoderosa. Según Halutz, no había ninguna necesidad de poner los pies sobre la tierra, y eso era música celestial para los oídos de Olmert. Eso era exactamente lo que Olmert, que sólo unos años antes había declarado que "estamos cansados de enfrentamientos y cansados de derrotar a nuestros enemigos", quería oír.

El personal de Olmert puede seguir levantando sus copas de champán, y soltando tonterías sobre su determinación de estudiar el informe y corregir todos los defectos reflejados, y que todos sin excepción deberían pedir perdón a Olmert ahora que él ha sido absuelto por la Comisión Winograd, pero nada podrá quitar esa responsabilidad que continúa sobre sus hombros por el fiasco de la Segunda Guerra del Líbano. La historia lo reflejará en los próximos años.

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