Thursday, February 07, 2008

Un informe (Winograd) fallido y sospechoso - Ari Shavit - Haaretz

El 17 de septiembre de 2006, el gobierno israelí decidió designar a un comité investigador gubernamental para examinar la preparación y el comportamiento del mando político y de defensa durante la Segunda Guerra del Líbano. Sin embargo, cuando el comité publicó su informe final el miércoles pasado, este sólo realizó la mitad de su trabajo. Mientras el Comité Winograd ejecutó un trabajo monumental respecto al desempeño del IDF, no invirtió ningún esfuerzo respecto al mando político.

En la segunda parte del informe, en la analítica, el catedrático Yehezkel Dror y sus colegas dedicaron aproximadamente 200 soberbias páginas a la crucifixión del IDF. Sin embargo, ni una sola página tuvo como objetivo la preparación y la conducta de la Oficina del Primer Ministro. Tampoco hubo interés en evaluar una descripción de la preparación y la conducta del Ministerio de Defensa, del Ministerio de Asuntos Exteriores y del gobierno en su conjunto. A causa de esto, no hay ninguna escusa para aseverar que el Comité Winograd equivocó su tarea. El comité que investigó la campaña del Líbano falló ahí notoriamente, un fracaso que mina su credibilidad y cuestiona la validez ética de sus aseveraciones.

Las declaraciones de Yehezkel Dror al diario Maariv mueven a sospechar el por qué de ese fracaso. La sospecha es que el Comité Winograd se ha comportado como un "comité etrog" (cítrico israelí de fuerte piel protectora), un organismo que ha protegido al Primer Ministro. La sospecha es que la Cumbre de Annapolis ha tenido que ver en ese vacio inexplicable entre el tratamiento del Primer Ministro, Ehud Olmert, en el informe interino, y su tratamiento definitivo en el informe final. La sospecha es que el comité, que fue designado por el propio Olmert, está identificado con él políticamente y por lo tanto lo ha protegido. La sospecha es que los miembros del comité, a sabiendas, devaluaron su tarea debido a extrañas consideraciones.

Es angustioso. No hay ninguna duda de que los miembros del Comité Winograd son gente honesta y válida. Que actuaron con buenas intenciones. Pero cuando uno relaciona las serias lagunas que caracterizaron su trabajo con las palabras incriminatorias de Dror, es imposible evitar la sospecha de la agenda política. El Comité Winograd se ha convertido en un comité sospechoso. Un comité que no ha cerrado y archivado la Segunda Guerra del Líbano, sino que realmente la ha reabierto. Un comité que no ha tranquilizado a la opinión pública, sino que la ha dejado en estado de schock y desconfiada.

La responsabilidad que los miembros del comité investigador asumieron en septiembre de 2006 era demasiado dura. Se conviertieron en el cortacircuito de las abundantes discusiones públicas que se sucedían en el momento. Interrumpieron, de algún modo, el proceso democrático en una sociedad libre. Permitieron que un gobierno fracasado se mantuviera en el poder durante 17 meses cruciales. Por esta razón, al final de proceso, sus honorables miembros tenían la obligación de proporcionar a Israel algo de lo que necesita ahora mismo más que nunca: una palanca de apoyo, de confianza y de impulso. Un punto limpio y estable, desde donde reconstruir las instituciones del gobierno.

Una semana después de la publicación del informe, está completamente claro que Eliyahu Winograd, Ruth Gavison, Yehezkel Dror, Menahem Einan y Chaim Nadel no realizaron su obligación. Malgastaron un tiempo precioso, causaron un daño irreversible y produjeron un documento cuyo contenido es impresionante, pero cuyas ausencias son intolerables.

Ahora ya no hay ninguna opción: elecciones. Sea lo que sea, elecciones. Elecciones porque las cosas han ido demasiado lejos. Porque el suelo que pisamos está putrefacto. Como ese esfuerzo por mantener a un gobierno fracasado e irresponsable contra los deseos, despreciados, de la nación.

El esfuerzo por proteger al primer ministro ha corrompido a parte de los medios de comunicación y hasta se ha infiltrado en el Comité Winograd. El síndrome "etrog" se ha convertido en una verdadera amenaza para la democracia israelí. Zehava Gal-On, Shelly Yachimovich y Yossi Beilin entienden esto. Sus declaraciones en las últimas 24 horas han rescatado la integridad del campo de la paz y de sus valores. Pero sus palabras no son bastante. Ahora, en ausencia de una alternativa digna, es imperativo dejar a la sociedad que se pronuncie. La opinión pública es ahora la única palanca en donde apoyarse.

Dror tiene razón: Benjamin Netanyahu puede ganar. Pero su victoria no está decretada por el destino. El escándalo Winograd puede hacer que Ehud Barak recobre su juicio, corrija su error y se convierta en el líder ético que debe ser. Una candidatura conjunta entre Barak y la ministra de Asuntos Exteriores, Tzipi Livni, tendría verdaderas posibilidades contra la derecha. Además ofrecería a una mayoría israelí un camino hacia una división de la tierra sin corrupción añadida.

Sin embargo, si gana Netanyahu, debería respetarse. Aquellos que se dicen a favor de la democracia no pueden usar del engaño para impedir que la nación decida. Después de 18 meses de estancamiento bajo Olmert y bajo la sombra de Winograd, Israel necesita un liderazgo limpio que disfrute de la confianza del público. Un nuevo lidrazgo, un liderazgo legítimo, un liderazgo que no este protegido.

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Tuesday, February 05, 2008

Tres palabras habrían bastado - Moshe Arens - Haaretz

El Informe Winograd - un trabajo de "año y medio" de cinco inteligentes y poderosos israelíes - tenía a toda la opinión pública israelí esperando con el aliento entrecortado. Cientos de páginas del informe pueden ser leídas detenidamente, estudiadas e interpretadas, y, sin duda, serán revisadas en los próximos meses y años. Y aún así, tres palabras habrían bastado: fuimos derrotados. Es toda la historia. Todo lo demás es redundante. Israel, con el ejército más fuerte del Oriente Medio, sin tener en cuenta los defectos revelados durante la guerra, fue derrotado por dos mil milicianos de Hezbollah en una guerra que duró 34 días.

Y esto era conocido por la mayor parte de la opinión pública israelí desde hace un año y medio, antes de que la Comisión Winograd comenzara su trabajo. Y fue confirmado por la Comisión Winograd cuando publicó su informe parcial el año pasado. Realmente, nada más era necesario, a pesar de los doctores de la Oficina del Primer Ministro que siguen insistiendo en que la guerra fue un gran logro estratégico para Israel.

El año transcurrido desde la publicación parcial del informe, y que despertó montañas de especulaciones y presunciones en cuanto al contenido final del informe, sólo ayudó a ofuscar la triste verdad de que Israel había sido conducido por primera vez en su historia a un fracaso militar en una guerra.

¿Quién fue el responsable de este fiasco? ¿Necesitamos a la Comisión Winograd para responder a está pregunta? ¿Realmente necesitamos sus prolíficas explicaciones sobre la responsabilidad del mando político y el militar, y sus relaciones?

Esto no exonera en una democracia al líder que decide asumir la responsabilidad última de un fracaso. "Las críticas aquí", dijo el presidente Harry Truman señalando su escritorio en el Despacho Oval. No los generales, ni los burócratas, o los consejeros. Él era el responsable. Y en Israel, es el primer ministro quien es el responsable. Los otros deberían llevar su parte de responsabilidad, pero la responsabilidad última es suya.

Olmert sabía cuando asumió la oficina del primer ministro que la responsabilidad del destino del Estado de Israel descansaba desde entonces sobre sus hombros. Este no era un trabajo más, y la Oficina del Primer Ministro es mucho más que otro lugar de trabajo. Necesitaría a buenos ministros y consejeros, y sabía que tendría que escuchar las opiniones del mando militar, y luego solicitar las opiniones de otros que habían acumulado una experiencia relevante, pero que cuando todo fuera dicho y hecho la decisión sería sólo suya, y la responsabilidad sería también suya. Esto es lo que supone ser primer ministro. Las críticas acaban aquí.

¿Olmert, con tantos años de experiencia política detrás de él, habiendo ejercido tantos cargos de gobierno, no sabe esto? Por supuesto. Y él apostó por los tiros. El 20 de julio de 2006, el noveno día de la guerra que él lanzó, le dijo al entonces Jefe de Estado Mayor, Dan Halutz: "entonces te cuento, y esta será la dirección, que si se propone [lanzar una operación terrestre a gran escala] por parte de algunos generales, o en uno de los foros de consulta sobre las acciones a realizar - no aprobaré una gran operación terrestre". Y así selló el destino de esta desafortunada guerra.

¿Cómo se instaló este modo de pensar, tan obviamente incorrecto, hasta dominar la estrategia de Israel en la Segunda Guerra del Líbano? Fue el resultado de la desafortunada simbiosis entre la determinación de Olmert de no atascarse en "el cenagal libanes" y la idea fija del Jefe de Estado Mayor de que la Fuerza Aérea era todopoderosa. Según Halutz, no había ninguna necesidad de poner los pies sobre la tierra, y eso era música celestial para los oídos de Olmert. Eso era exactamente lo que Olmert, que sólo unos años antes había declarado que "estamos cansados de enfrentamientos y cansados de derrotar a nuestros enemigos", quería oír.

El personal de Olmert puede seguir levantando sus copas de champán, y soltando tonterías sobre su determinación de estudiar el informe y corregir todos los defectos reflejados, y que todos sin excepción deberían pedir perdón a Olmert ahora que él ha sido absuelto por la Comisión Winograd, pero nada podrá quitar esa responsabilidad que continúa sobre sus hombros por el fiasco de la Segunda Guerra del Líbano. La historia lo reflejará en los próximos años.

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Friday, February 01, 2008

Responsabilidad de cada ciudadano - Israel Harel - Haaretz

El Comité Winograd, para disgusto de muchos, no envió a Ehud Olmert al desierto político, y quizás ha sido una buena decisión. Haciéndolo así, ha realizado un acto sumamente educativo: en vez de requerir que Olmert dimita, nos ha requerido a nosotros, a la opinión pública, a dejar de quejarnos y a esperar que otros, como el comité, hagan nuestro trabajo. Ha llegado el momento, nos dice Winograd, de dejar de colocar toda la responsabilidad, y en casi todas las esferas de la vida, en el gobierno, en el ejército, en los tribunales y las distintas organizaciones del gobierno. El concepto en principio de que la opinión pública, y no el comité, debe decidir que conclusiones deberían ser extraídas tras sus duras determinaciones ("la responsabilidad principal está en el primer ministro" declaraba el informe parcial, inseparable del informe final) es educativo y razonable.

En cualquier caso, este concepto no estaba originado por consideraciones extrañas, como señalaron ayer varios comentaristas. El informe parcial, que colocó la "responsabilidad ministerial y personal" en Ehud Olmert, no cambiará. Y ahora el jurado - nosotros -, debemos deliberar y decidir si queremos que este primer ministro, junto con sus colegas que erraron, continue como nuestro líder, o si todos ellos deberían dimitir.

La opinión pública, al menos lo que han revelado las repetidos encuestas desde la guerra, ha expuesto su decisión: Olmert es culpable y la opinión pública no tiene ninguna fe en él. Pero la opinión pública espera que alguien como el Comité Winograd tome la decisión. Porque en general, la opinión pública ha dejado de tomar responsabilidades, y no sólo desde la guerra. Y se las cede al gobierno y al ejército.

Pero el gobierno y el ejército son un reflejo de esa opinión pública que esquiva su responsabilidad. Quien votó a favor de Olmert de forma imprudente e irresponsable, a muchos nos gustaría saber qué tienen que decir hoy. Después de los numerosos años en que ha estado envuelto en políticas e investigaciones interminables de las cuales ha sido protagonista, al menos podrían haber reconocido su impetuosidad. ¿Qué pensaron entonces? ¿Quizá pensaron que al llegar a primer ministro se sometería de repente a un trasplante de personalidad? ¿Cómo dieron su confianza a una persona que durante muchos años fue uno de los portavoces más desenvueltos de la derecha, y de repente, y con la misma desenvoltura, se convirtió en el ejecutor, como un experto lo comentaba ayer, de las políticas de Uri Avnery? Aquellos que votaron a favor de él y no vieron todos estos grandes defectos que deberían descalificar a una persona para ejercer en el servicio público, desde luego en la oficina de primer ministro, no deberían quejarse ahora del Comité Winograd.

La opinión pública no puede reclamar ahora que sean intachables, y sobre todo en el caso del IDF. Dan Halutz no fue el único que determinó que la IAF haría la mayor parte del trabajo. Fue la opinión pública – sobre todo ella –, quien determinó, mucho antes de esta guerra, que los soldados no deberían ser puestos en peligro en operaciones terrestres. Halutz actuó según las normas que le dictaron. El antiguo Jefe de Estado Mayor, Shaul Mofaz, pidió que Madhat Yusuf no fuera capturado en la Tumba de José por miedo a que la incursión causara bajas. El mismo Jefe de Estado Mayor, junto con el del Mando Central GOC, Yitzhak Eitan y el comandante de división Benny Gantz, abandonó durante aproximadamente 10 horas a un grupo de excursionistas que habían sido atacados en el Monte Ebal, aunque hubieran sufrido una baja y hubieran herido a sus miembros, niños incluidos. Esta inactividad se debió a que pensaron que esto era lo que los ciudadanos les exigían: no pongan en peligro a nuestros "niños" - los soldados.

Todos esos ciudadanos que presionaron al gobierno para que liberara a cientos de terroristas - todos sabían que un gran número de ellos volverían al terrorismo - a cambio de unos soldados o de cuerpos de soldados. Y cuando sucedieron desastres durante el período de entrenamiento, o en operaciones especiales, como el desastre de la unidad de comandos navales, hubo una presión inmediata para cortar cabezas dentro del IDF. Los comandantes han interiorizado estas “querencias” y las han transformado, en oposición con los intereses básicos del estado y del espíritu que debería primar en el ejército, en normas. La victoria no es el objetivo de estos comandantes, sino, y sobre todo, su supervivencia y su capacidad para no enredarse en investigaciones militares y ser relevados de su puesto. Pero en el Líbano, la contención no bastaba. Allí, cuando Hezbollah bombardeó el norte del país con miles de Katyushas, tuvieron que luchar. Y luchando contra los medios y corriendo riesgos de pérdidas. La verdad es que el mando, como el gobierno, estaba aturdido, sin determinación y no procuró enfrentarse al enemigo, pero todo esto alcanzó tal grado a causa de lo que los civiles dictaron durante los últimos años.

Es la lección principal de la Segunda Guerra del Líbano y estas conclusiones, que son mucho más importantes que el que Olmert sobreviva o no, han sido expuestas delante de nosotros por el Comité Winograd. Si seguimos centrándonos en la asunción de responsabilidades de Olmert, del gobierno y del ejército - tan importantes como son estos hechos - y así nos aliviamos de nuestra responsabilidad, todo esto significará que no aprendimos, en términos nacionales, las verdaderas lecciones de la guerra.

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Wednesday, January 30, 2008

Antes de Winograd, Olmert ya había ganado - Yossi Dagan - Israel Hayom

Las conclusiones de la Comisión Winograd son ya, como se desea, un triunfo para el primer ministro Ehud Olmert. Aun si la Comisión lo ataca con duras palabras y acusaciones directas y personales. Aún así, en la biografía de Olmert este capítulo se inscribirá como un éxito. Cualquier conclusión o crítica que se le haga no es nada en comparación con la comisión investigadora oficial y vinculante que se habría formado en cualquier país normal, incluso respecto de funcionarios menores.

Ya en la etapa que precedió a la designación de la Comisión, Olmert consiguió, con una astucia digna de elogio, eludir las exigencias de la gente y de los combatientes que mandó a la guerra, y logró impedir el establecimiento de una comisión que pudiera acusarlo de modo formal y dentro del ámbito judicial.

Así fue como Olmert quiso nombrar en el papel de coordinador de la Comisión a Menny Ben Jaim, una persona seria. Tan seria, que en las elecciones realizadas diez meses antes coordinaba a los voluntarios del partido Kadima (sí, el de Olmert). Ese increíble intento de nominación fue frenado por el asesor letrado del gobierno Menny Mazuz.

Posteriormente Olmert intentó manipular por todos los medios la composición de la Comisión. Olmert y sus "allegados" entorpecieron el avance de su trabajo de investigación y la publicación de sus conclusiones por medio de oportunas apelaciones judiciales y de cutres manipulaciones mediáticas, y el premier decretó de antemano que – sin importar cuáles sean los resultados de la investigación realizada por la Comisión – no piensa renunciar a su cargo.

Una fuente cercana a Olmert dijo la semana pasada que, "si los oficiales del Tsahal que le exigen que asuma su responsabilidad se hubiesen esforzado en la guerra como lo hacen ahora contra Olmert, nuestra situación en la guerra habría sido mejor". Parafraseando esta espantosa cita podríamos decir que si Olmert se hubiese esforzado tanto para ganar la guerra como lo hace ahora en todo lo relacionado con la Comisión Winograd y con su propia supervivencia política, el Tsahal habría logrado una victoria por KO en pocos días.

Dado que el primer ministro decidió cómo estaría conformada la Comisión y el gobierno a su cargo delimitó su margen de autoridad y sus funciones, la mencionada Comisión no ha investigado ningún tema en profundidad y, al parecer, sus conclusiones serán parciales, de modo acorde a esta situación, y se concentrarán en una evaluación detallada, técnica, de los días de la guerra.

La Comisión arremeterá contra algunos oficiales, quizás también contra algunos políticos, pero no llegará a la raíz de los problemas. Sus conclusiones, incluso si se ponen en práctica, provocarán la adquisición de más municiones, la modernización de los chalecos antibalas y la intensificación de algunos ejercicios para que los soldados reservistas bajen de peso antes del próximo desafío. Lamentablemente, la autoridad que tiene esta comisión la condenó a ser una aspirina para la lucha contra un cáncer.

La Comisión no investigará cuál fue la contribución de la errónea política de los sucesivos gobiernos de Israel, consistente en huir del terrorismo lanzando amenazas verbales sobre el trágico destino que tendría la otra parte si nos atacaban dentro nuestras propias fronteras después de la retirada. En efecto, la retirada del Líbano, que fuera interpretada (y con razón) como una derrota-huida humillante por los árabes, nos trajo como resultado la guerra que aquí hemos llamado la intifada de Al Aqsa. La evacuación de los asentamientos de Gush Katif y del norte de Samaria, que fue vista (también con toda razón) como una nueva huida y una nueva derrota, nos trajo la Segunda Guerra del Líbano.

Pero sobre todo esto el juez Winograd seguramente no escribirá. El juez Winograd no investigará el lavado de cerebro pseudo psicológico sin precedentes que supuso esa denominada "preparación psicológica" que castró al ejército física y psicologícamente durante el año que precedió a la Desconexión. Tampoco investigará las "marchas triunfales" efectuadas por el entonces Comandante en Jefe de Tsahal, Dan Halutz, durante el año que siguió a la Desconexión.

Todo eso no será investigado por la Comisión Winograd. En estos temas la Comisión no presentará ninguna conclusión personal. El principal investigado se preocupó hace tiempo de cercenar la autoridad e independencia de la Comisión. Las conclusiones que el juez Winograd no redactará están hace tiempo escritas en la historia. Lo único que falta aquí es el niño de los cuentos de Andersen que diga ante todos "El Rey está desnudo", para que finalmente se lean en voz alta.

(Artículo extraído de la sección de Opinión y Análisis de Povesham)

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