Friday, September 11, 2009

Bronca y boicot en el Toronto International Film Festival dedicado a Tel Aviv - Editorial - TheStar.com


Para desmemoriados. Año 1909: reparto de los lotes de tierra de lo que devendría Tel Aviv. Contemplen también la "omnipresencia de las ruinas de las aldeas palestinas".

He aquí algo de lo que yo no había oído hablar: "Tel Aviv se construyó sobre aldeas palestinas destruidas".

El crédito de esta observación histórica lo da un comité ad hoc de artistas y directores de cine que demuestran así su desprecio por el Toronto International Film Festival (TIFF) por atreverse a programar una serie de películas sobre Tel Aviv, la ciudad más grande de Israel que celebra su 100 aniversario.

En una carta abierta - "La Declaración de Toronto: No celebremos la ocupación" - los firmantes condenan al TIFF por dar una vitrina a Tel Aviv, comparándolo con la forma en que una propagandista "mostrará exclusivamente una Ciudad del Cabo o Johannesburgo de raza blanca durante el apartheid".

Afortunadamente, los manifestantes no se oponen a la nueva TIFF Bell Lightbox, la futura sede del festival y que se está construyendo sobre las aldeas destruidas de las Primeras Naciones (población indígena india). Sin duda, la historia sería antigua, pero entonces, ¿por qué esta fijación anti-Israel de la petición, cuando Tel Aviv fue incluida en Israel hace más de seis décadas por el plan de partición de las Naciones Unidas de 1947? Sin duda, el mensaje que se trata de comunicar es que Tel Aviv es similar a un asentamiento judío ilegal.

Es tentador hacer caso omiso de esta última tediosa riña en el TIFF, generada por unas docenas de firmantes de la petición, Jane Fonda y Naomi Klein entre ellos. Las diatribas contra Israel se están convirtiendo en cada vez más molestas: quejas contra el Royal Ontario Museum por ser el escenario de una exposición sobre los Manuscritos del Mar Muerto de Israel , la semana del Israel Apartheid Week, protagonizada por activistas estudiantiles de "elevadas miras", sindicatos de enseñanza llamando a un boicot de los académicos israelíes, y una carroza en el desfile del Orgullo Gay en donde se atacaba a los amigos gay israelíes por sus "políticas de apartheid" (haciendo caso omiso a otros regímenes del Oriente Medio que persiguen a los homosexuales).

Ahora el TIFF es el objetivo de los que desean que se trate a Israel como a un paria, demonizando a todos los aspectos de su existencia, e intimidando a sus defensores en Canadá. Y es que el TIFF, al que implican, está en manos de los judíos, tanto de Canadá como de Israel. Su carta abierta pone claramente de manifiesto los nombres de "Sidney Greenberg, de Astral Media; David Asper de CanWest Global de Comunicaciones y Joel Reitman de Mijo Corporation", señalando ominosamente que el TIFF es ahora "cómplice de la maquinaria de propaganda israelí". Aparecen pues las oscuras nubes de la conspiración.

En respuesta a sus acusadores, el co-director del TIFF, Cameron Bailey, alega que eligió a Tel Aviv para inaugurar cada año el apartado una "Ciudad donde se centran las películas" para mostrar las ciudades a través de una lente cinematográfica. El TIFF no recibió dinero israelí y en el festival también se mostrarán películas de cineastas palestinos, egipcios y libaneses cuando se abra este jueves.

¡Qué extraño giro de la trama!: los cineastas canadienses, que de boquilla hablan de la libertad expresión, tratan por su parte de cerrar las puertas a los cineastas israelíes cuya obra artística está contaminada por sus orígenes de Tel Aviv. Pero si los manifestantes desean aplicar esta prueba de fuego a todas las ciudades del mundo, ¿por qué no castigar a la alcaldía de Toronto por su hermanamiento con Chongqing, habida cuenta de los abusos de los derechos humanos en China, o bien, exigir que Toronto rompa sus vínculos de "amistad" con Volgogrado causa de los pecados políticos de Rusia?

Tel Aviv, al parecer, es un objetivo mucho más tentador.

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