La hora de la autorreflexión (de la izquierda israelí) - Gadi Taub - Ynet
Como de costumbre, la izquierda ha pasado por alto este último período de autorreflexión (Yom Kippur). La izquierda parece tener a cargo la conciencia de todos nosotros, pero de alguna manera no la suya propia, y desempeña un papel de conciencia ajena, una conciencia siempre investida del papel de juez, y no de una de las partes implicadas.
Y lo hace muy mal. Porque como resultado de ello, la izquierda no aprende demasiado de sus fracasos o éxitos. Por un lado, puede presumir de un gran éxito: su posición política fundamental, la necesidad de una partición de la tierra (una visión preconizada por una pequeña minoría) se ha convertido en el punto de vista de la mayoría. Tanto es así, que incluso el primer ministro de un gobierno de derecha tuvo que declarar, a regañadientes, que esa es la postura oficial de Israel.
Por otra parte, las posiciones más izquierdistas se han derramado hacia el centro, el más cerrado y duro, y ha alienado a la misma izquierda. Como si el sentimiento de que seguir siendo una minoría fuera mucho más importante que cambiar la política de Israel. Y ahora, cuando considera que su punto de vista se ha extendido entre la opinión, se vuelve necesario encontrar un nuevo punto de vista minoritario, el cual le permita reforzar su posición de tal manera que evite compartir con el resto.
Sin embargo, un poco antes de Yom Kippur, hemos visto un intento de autorreflexión, un largo manifiesto titulado "La Izquierda Nacional", escrito por Shmuel Hasfari y Eldad Yaniv. Este manifiesto despertó una gran cólera, sobre todo porque criticó el proyecto de insumisión en el llamamiento a filas.
Sin embargo, admito que me pregunté si una parte de esa furia provocada entre la izquierda profesional - ese campo de la izquierda que le gusta mantener su espléndido aislamiento - tenía que ver precisamente con el hecho de que Hasfari y Yaniv tenían esencialmente la razón. La izquierda ha perdido su poder porque se ha olvidado de los argumentos que inicialmente mantuvo en favor del Estado de Israel - y no los que ahora tiene en contra de él -, unos argumentos que se derivaban de una preocupación por el Estado en lugar de su alienación actual del Estado.
Sobre la base de la terminología desarrollada por la izquierda, existe una maldad intrínseca en ese extremo del espectro conocido como el de los "sentimientos nacionales" o "el campo nacional", y solo existe bondad en el otro extremo, ese conocido como el de los "derechos humanos". Esta engañosa división forma parte de las razones del declive electoral de la izquierda. Y es que una parte de los derechos humanos es precisamente el derecho a una autodeterminación nacional (si tuviéramos que juzgar la retirada de Gaza sólo en términos de derechos humanos, inclusive habría que repensar la ocupación israelí más que nada por la situación de los derechos humanos bajo el régimen de horrores de Hamas)
El éxito de la izquierda obligando a Israel a cambiar de dirección en favor de una partición no sólo radica en los derechos humanos individuales. También se fundamenta en la reorganización de nuestro derecho nacional ya que nuestra autodeterminación se encuentra en peligro.
El argumento básico de los partidarios de la partición se basa en gran parte en ese fundamento, y una izquierda dedicada a una verdadera autorreflexión se daría cuenta que Hasfari y Yaniv tienen razón al menos sobre este punto: una izquierda anti-nacional no sacará ningún beneficio de su propio sentido de la justicia. Una izquierda nacional, por el contrario, fue la que convenció a los israelíes de que había que abandonar los territorios si deseábamos evitar caer en un estado bi-nacional. Sólo esa izquierda ayudará en la realización de esa aspiración en estas difíciles circunstancias en las que el socio de la otra parte permanece aún ausente.
El resultado es que una verdadera izquierda autorreflexiva también contribuirá a una verdadera reflexión por parte de todos nosotros. Ha llegado el momento de concentrar nuestro deseo genuino de vida fundándolo sobre la fe en el derecho a existir de Israel, fe que se basa en el derecho de todas las demás naciones, entre ellas la nuestra, a su autodeterminación. Porque tenemos que despertarnos, basándonos en el amor a Israel, más que en el odio, del delirante estupor que nos impulsa a arrastrarnos detrás de los colonos.
Ha llegado el momento de mirarnos a los ojos y decirnos que la empresa de asentamientos fue el error político más grave de Israel, y que por nuestro propio bien, no por el bien de los palestinos, por patriotismo, y no debido a un rechazo a los "sentimientos nacionales", encontraremos una forma de eliminar la ocupación antes de que la ocupación nos elimine a nosotros.
Y lo hace muy mal. Porque como resultado de ello, la izquierda no aprende demasiado de sus fracasos o éxitos. Por un lado, puede presumir de un gran éxito: su posición política fundamental, la necesidad de una partición de la tierra (una visión preconizada por una pequeña minoría) se ha convertido en el punto de vista de la mayoría. Tanto es así, que incluso el primer ministro de un gobierno de derecha tuvo que declarar, a regañadientes, que esa es la postura oficial de Israel.
Por otra parte, las posiciones más izquierdistas se han derramado hacia el centro, el más cerrado y duro, y ha alienado a la misma izquierda. Como si el sentimiento de que seguir siendo una minoría fuera mucho más importante que cambiar la política de Israel. Y ahora, cuando considera que su punto de vista se ha extendido entre la opinión, se vuelve necesario encontrar un nuevo punto de vista minoritario, el cual le permita reforzar su posición de tal manera que evite compartir con el resto.
Sin embargo, un poco antes de Yom Kippur, hemos visto un intento de autorreflexión, un largo manifiesto titulado "La Izquierda Nacional", escrito por Shmuel Hasfari y Eldad Yaniv. Este manifiesto despertó una gran cólera, sobre todo porque criticó el proyecto de insumisión en el llamamiento a filas.
Sin embargo, admito que me pregunté si una parte de esa furia provocada entre la izquierda profesional - ese campo de la izquierda que le gusta mantener su espléndido aislamiento - tenía que ver precisamente con el hecho de que Hasfari y Yaniv tenían esencialmente la razón. La izquierda ha perdido su poder porque se ha olvidado de los argumentos que inicialmente mantuvo en favor del Estado de Israel - y no los que ahora tiene en contra de él -, unos argumentos que se derivaban de una preocupación por el Estado en lugar de su alienación actual del Estado.
Sobre la base de la terminología desarrollada por la izquierda, existe una maldad intrínseca en ese extremo del espectro conocido como el de los "sentimientos nacionales" o "el campo nacional", y solo existe bondad en el otro extremo, ese conocido como el de los "derechos humanos". Esta engañosa división forma parte de las razones del declive electoral de la izquierda. Y es que una parte de los derechos humanos es precisamente el derecho a una autodeterminación nacional (si tuviéramos que juzgar la retirada de Gaza sólo en términos de derechos humanos, inclusive habría que repensar la ocupación israelí más que nada por la situación de los derechos humanos bajo el régimen de horrores de Hamas)
El éxito de la izquierda obligando a Israel a cambiar de dirección en favor de una partición no sólo radica en los derechos humanos individuales. También se fundamenta en la reorganización de nuestro derecho nacional ya que nuestra autodeterminación se encuentra en peligro.
El argumento básico de los partidarios de la partición se basa en gran parte en ese fundamento, y una izquierda dedicada a una verdadera autorreflexión se daría cuenta que Hasfari y Yaniv tienen razón al menos sobre este punto: una izquierda anti-nacional no sacará ningún beneficio de su propio sentido de la justicia. Una izquierda nacional, por el contrario, fue la que convenció a los israelíes de que había que abandonar los territorios si deseábamos evitar caer en un estado bi-nacional. Sólo esa izquierda ayudará en la realización de esa aspiración en estas difíciles circunstancias en las que el socio de la otra parte permanece aún ausente.
El resultado es que una verdadera izquierda autorreflexiva también contribuirá a una verdadera reflexión por parte de todos nosotros. Ha llegado el momento de concentrar nuestro deseo genuino de vida fundándolo sobre la fe en el derecho a existir de Israel, fe que se basa en el derecho de todas las demás naciones, entre ellas la nuestra, a su autodeterminación. Porque tenemos que despertarnos, basándonos en el amor a Israel, más que en el odio, del delirante estupor que nos impulsa a arrastrarnos detrás de los colonos.
Ha llegado el momento de mirarnos a los ojos y decirnos que la empresa de asentamientos fue el error político más grave de Israel, y que por nuestro propio bien, no por el bien de los palestinos, por patriotismo, y no debido a un rechazo a los "sentimientos nacionales", encontraremos una forma de eliminar la ocupación antes de que la ocupación nos elimine a nosotros.
Labels: GTaub, Israel, Izquierda israelí


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