En ausencia de paz, Israel ha elegido "la paz light" - Aluf Benn - Haaretz
La década anterior comenzó con las esperanzas israelíes de una paz, pero se caracterizó por las guerras y la decepción. El 1 de enero de 2000, el país estaba al borde de firmar un acuerdo con Siria y a pocos meses de llegar a un acuerdo permanente con los palestinos. O al menos eso es lo que nos parecía por aquel entonces, con las numerosas conferencias de paz, las rondas de negociaciones y las cumbres diplomáticas en curso.
Sin embargo, a finales del verano de ese año todo cambió. El proceso de paz se derrumbó en ambos canales, el sirio y el palestino, y en su lugar estalló la Segunda Intifada, con una duración superior a cuatro años y que condujo a la muerte de miles de israelíes y palestinos. La infraestructura delicada de los Acuerdos de Oslo, que reposaba en la cooperación entre Israel y el estado a construir de Yasser Arafat, se vino abajo para no volver. Futuros acuerdos y negociaciones surgieron durante el transcurso de la década, pero todos ellos no condujeron a nada.
En lugar de la false expectativa de "poner fin al conflicto", Israel ha desarrollado un nuevo modelo que puede ser calificado de "sucedáneo de paz" o "una paz light". En lugar de unos acuerdos políticos que establezcan los términos para los arreglos de seguridad y una normalización, el nuevo enfoque se basa en el establecimiento de los límites que le otorgaría la legitimidad internacional a Israel para sus actos de autodefensa. En lugar de un control sobre el terreno, Israel disuadiría a sus enemigos desde lejos, a través de su fuerza aérea. Se trataría de la disuasión en lugar de la paz.
Posteriormente, Israel se retiró del sur del Líbano y de la Franja de Gaza, y descubrió que el otro lado también prefería la disuasión a la paz. El arsenal de cohetes de Hezboláh en el norte y la presencia de Hamas en el sur, estaban destinados a contrarrestar la potencia de fuego del IDF. Dos veces fue Israel a la guerra, en 2006 en el Líbano y en el 2008 a Gaza, y en ambos casos, la fórmula de disuasión mutua - "destrucción frente a la destrucción" - fue finalmente restaurada.
Un proceso similar ha ocurrido con el canal sirio, pero con más cautela, y sin el terrible precio que las guerras exigen en víctimas, destrucción física y devastación económica. Siria se esforzó por reforzar su disuasión respecto a Israel construyendo en secreto un reactor nuclear y armando a Hezboláh. Israel atacó las instalaciones nucleares de Siria en 2007 y, según fuentes extranjeras, participó en actividades clandestinas generalizadas en la parte siria que culminaron con el asesinato de funcionarios de alto rango. Una vez más, el motivo era mantener la disuasión. Los sirios no respondieron al bombardeo de su reactor, o a los asesinatos en su territorio, y por lo tanto la guerra total se evitó.
El arquitecto de la sustitución de la "paz" fue Ehud Barak, quien comenzó la década como primer ministro y la terminó como ministro de Defensa. Barak ha fracasado como político: a pesar de su aplastante victoria sobre Benjamin Netanyahu en las elecciones de 1999, su mandato como primer ministro fue el más corto en la historia de Israel. Hoy, Barak encabeza un reducido y dividido Partido Laborista, y regularmente se le critica por su conducta personal. Él puede ser comparado con Moshe Dayan, el principal estratega de Israel de la generación anterior, quien tampoco tuvo éxito en la política y que, en su caso, se permitió ser mujeriego y practicar el robo de antigüedades. Como Dayan, Barak es fuerte intelectualmente pero débil para el trabajo en equipo.
Barak fue elegido primer ministro después de que se comprometiera a retirarse del Líbano en un año. La retirada unilateral le sirvió como Plan B en el caso de que las conversaciones con Siria fallaran. "Nosotros sabremos qué hacer", solía decir por aquel entonces cuando se le preguntaba lo que había planeado si ningún tipo acuerdo emergía finalmente. Y de hecho, dos meses después de que el canal de Siria se secara, Barak sacó a Israel del Líbano y ganó un reconocimiento internacional por la nueva frontera.
La estrategia de la disuasión contiene una paradoja: su éxito reposa en la existencia de un enemigo fuerte y poderoso al otro lado de la frontera. Usted no puede disuadir a bandas armadas y a clanes. Esos grupos no poseen "activos" gubernamentales cuya seguridad pueda ser amenazada. La retirada israelí del Líbano, y cinco años después de Gaza, ayudó a establecer a Hezbolah y a Hamas como gobernantes de las áreas abandonadas, y como semi-ejércitos regulares que también se ocupan de la población. Así llegó a existir el otro lado de la ecuación de la disuasión, ese que amenaza a Israel con cohetes, pero que la mayoría de las veces impone el orden en la frontera e impide los ataques de organizaciones pequeñas y recalcitrantes.
El fracaso de las conversaciones de Camp David con los palestinos, condujo a Barak a la conclusión de que "no hay un interlocutor" con quien negociar, lo que ha sido compartido por la clase política y la opinión pública de Israel desde entonces. Como sustituto de un acuerdo, Barak ha desarrollado una estrategia similar a la separación que utilizó en el Líbano: se contempla el fortalecimiento del control israelí sobre los bloques de asentamientos que se desea anexionar, mientras que se prepara para desalojar a los colonos fuera de estos bloques. Sin embargo, perdió al primer ministro Ariel Sharon antes de que éste pudiera comenzar a aplicar sus ideas.
Sharon fue un gran político que llegó a ser extremadamente popular, y que destacó en la aplicación de las ideas ajenas. Sus dos decisiones más importantes, la construcción de una barrera de separación en Cisjordania y la "desconexión" de la Franja de Gaza, estaban en claro contraste con sus anteriores puntos de vista, pero estaban en consonancia con la estrategia desarrollada por Barak: la separación, al reducir la fricción, mejoraba las posiciones y permitía el apoyo internacional. La barrera de separación no definía la frontera en sí, sino que daba lugar a una etapa intermedia, como un espejo unidireccional: los palestinos no pueden pasar al lado israelí, mientras que Israel deja a su ejército y los asentamientos a ambos lados.
El sucesor de Sharon, Ehud Olmert, asumió su cargo con la promesa de continuar con la retirada unilateral y la reagrupación detrás de la barrera de separación. Su fracaso en el Líbano socavó su autoridad política, y la "consolidación" de la idea (la retirada unilateral y la reagrupación) fue descartada. Olmert, posteriormente, trató de obtener un resultado similar con un acuerdo con los palestinos, pero finalmente no llegó a buen término. Las guerras de Olmert en Líbano y Gaza se libraron conforme al enfoque desarrollado por Barak cuando fue jefe de Estado Mayor en el decenio de 1990: golpear las zonas pobladas a fin de crear una presión humanitaria, la cual estimularía la actividad política y conduciría a que se restaure la tranquilidad en la frontera. El problema de Olmert era que no sabía cuando parar, y se equivocó al enfangarse en operaciones puntuales prolongadas.
Hoy en día, Barak susurra a Netanyahu, el cual ha vuelto para este segundo mandato convertido en un político experimentado que se ha posicionado en el centro y goza del apoyo público. Al igual que Sharon, Netanyahu no es un emprendedor. Es más cómodo ser arrastrado por los demás. Como sus predecesores, Netanyahu habla mucho de paz y de un acuerdo permanente con los palestinos, pero busca un modelo de seguridad que disminuya la presión internacional y la erosión de la motivación interna en Israel. ¿Se apoyará en las ideas de Barak, como hicieron sus predecesores, o encontrará un nuevo mentor?
Sin embargo, a finales del verano de ese año todo cambió. El proceso de paz se derrumbó en ambos canales, el sirio y el palestino, y en su lugar estalló la Segunda Intifada, con una duración superior a cuatro años y que condujo a la muerte de miles de israelíes y palestinos. La infraestructura delicada de los Acuerdos de Oslo, que reposaba en la cooperación entre Israel y el estado a construir de Yasser Arafat, se vino abajo para no volver. Futuros acuerdos y negociaciones surgieron durante el transcurso de la década, pero todos ellos no condujeron a nada.
En lugar de la false expectativa de "poner fin al conflicto", Israel ha desarrollado un nuevo modelo que puede ser calificado de "sucedáneo de paz" o "una paz light". En lugar de unos acuerdos políticos que establezcan los términos para los arreglos de seguridad y una normalización, el nuevo enfoque se basa en el establecimiento de los límites que le otorgaría la legitimidad internacional a Israel para sus actos de autodefensa. En lugar de un control sobre el terreno, Israel disuadiría a sus enemigos desde lejos, a través de su fuerza aérea. Se trataría de la disuasión en lugar de la paz.
Posteriormente, Israel se retiró del sur del Líbano y de la Franja de Gaza, y descubrió que el otro lado también prefería la disuasión a la paz. El arsenal de cohetes de Hezboláh en el norte y la presencia de Hamas en el sur, estaban destinados a contrarrestar la potencia de fuego del IDF. Dos veces fue Israel a la guerra, en 2006 en el Líbano y en el 2008 a Gaza, y en ambos casos, la fórmula de disuasión mutua - "destrucción frente a la destrucción" - fue finalmente restaurada.
Un proceso similar ha ocurrido con el canal sirio, pero con más cautela, y sin el terrible precio que las guerras exigen en víctimas, destrucción física y devastación económica. Siria se esforzó por reforzar su disuasión respecto a Israel construyendo en secreto un reactor nuclear y armando a Hezboláh. Israel atacó las instalaciones nucleares de Siria en 2007 y, según fuentes extranjeras, participó en actividades clandestinas generalizadas en la parte siria que culminaron con el asesinato de funcionarios de alto rango. Una vez más, el motivo era mantener la disuasión. Los sirios no respondieron al bombardeo de su reactor, o a los asesinatos en su territorio, y por lo tanto la guerra total se evitó.
El arquitecto de la sustitución de la "paz" fue Ehud Barak, quien comenzó la década como primer ministro y la terminó como ministro de Defensa. Barak ha fracasado como político: a pesar de su aplastante victoria sobre Benjamin Netanyahu en las elecciones de 1999, su mandato como primer ministro fue el más corto en la historia de Israel. Hoy, Barak encabeza un reducido y dividido Partido Laborista, y regularmente se le critica por su conducta personal. Él puede ser comparado con Moshe Dayan, el principal estratega de Israel de la generación anterior, quien tampoco tuvo éxito en la política y que, en su caso, se permitió ser mujeriego y practicar el robo de antigüedades. Como Dayan, Barak es fuerte intelectualmente pero débil para el trabajo en equipo.
Barak fue elegido primer ministro después de que se comprometiera a retirarse del Líbano en un año. La retirada unilateral le sirvió como Plan B en el caso de que las conversaciones con Siria fallaran. "Nosotros sabremos qué hacer", solía decir por aquel entonces cuando se le preguntaba lo que había planeado si ningún tipo acuerdo emergía finalmente. Y de hecho, dos meses después de que el canal de Siria se secara, Barak sacó a Israel del Líbano y ganó un reconocimiento internacional por la nueva frontera.
La estrategia de la disuasión contiene una paradoja: su éxito reposa en la existencia de un enemigo fuerte y poderoso al otro lado de la frontera. Usted no puede disuadir a bandas armadas y a clanes. Esos grupos no poseen "activos" gubernamentales cuya seguridad pueda ser amenazada. La retirada israelí del Líbano, y cinco años después de Gaza, ayudó a establecer a Hezbolah y a Hamas como gobernantes de las áreas abandonadas, y como semi-ejércitos regulares que también se ocupan de la población. Así llegó a existir el otro lado de la ecuación de la disuasión, ese que amenaza a Israel con cohetes, pero que la mayoría de las veces impone el orden en la frontera e impide los ataques de organizaciones pequeñas y recalcitrantes.
El fracaso de las conversaciones de Camp David con los palestinos, condujo a Barak a la conclusión de que "no hay un interlocutor" con quien negociar, lo que ha sido compartido por la clase política y la opinión pública de Israel desde entonces. Como sustituto de un acuerdo, Barak ha desarrollado una estrategia similar a la separación que utilizó en el Líbano: se contempla el fortalecimiento del control israelí sobre los bloques de asentamientos que se desea anexionar, mientras que se prepara para desalojar a los colonos fuera de estos bloques. Sin embargo, perdió al primer ministro Ariel Sharon antes de que éste pudiera comenzar a aplicar sus ideas.
Sharon fue un gran político que llegó a ser extremadamente popular, y que destacó en la aplicación de las ideas ajenas. Sus dos decisiones más importantes, la construcción de una barrera de separación en Cisjordania y la "desconexión" de la Franja de Gaza, estaban en claro contraste con sus anteriores puntos de vista, pero estaban en consonancia con la estrategia desarrollada por Barak: la separación, al reducir la fricción, mejoraba las posiciones y permitía el apoyo internacional. La barrera de separación no definía la frontera en sí, sino que daba lugar a una etapa intermedia, como un espejo unidireccional: los palestinos no pueden pasar al lado israelí, mientras que Israel deja a su ejército y los asentamientos a ambos lados.
El sucesor de Sharon, Ehud Olmert, asumió su cargo con la promesa de continuar con la retirada unilateral y la reagrupación detrás de la barrera de separación. Su fracaso en el Líbano socavó su autoridad política, y la "consolidación" de la idea (la retirada unilateral y la reagrupación) fue descartada. Olmert, posteriormente, trató de obtener un resultado similar con un acuerdo con los palestinos, pero finalmente no llegó a buen término. Las guerras de Olmert en Líbano y Gaza se libraron conforme al enfoque desarrollado por Barak cuando fue jefe de Estado Mayor en el decenio de 1990: golpear las zonas pobladas a fin de crear una presión humanitaria, la cual estimularía la actividad política y conduciría a que se restaure la tranquilidad en la frontera. El problema de Olmert era que no sabía cuando parar, y se equivocó al enfangarse en operaciones puntuales prolongadas.
Hoy en día, Barak susurra a Netanyahu, el cual ha vuelto para este segundo mandato convertido en un político experimentado que se ha posicionado en el centro y goza del apoyo público. Al igual que Sharon, Netanyahu no es un emprendedor. Es más cómodo ser arrastrado por los demás. Como sus predecesores, Netanyahu habla mucho de paz y de un acuerdo permanente con los palestinos, pero busca un modelo de seguridad que disminuya la presión internacional y la erosión de la motivación interna en Israel. ¿Se apoyará en las ideas de Barak, como hicieron sus predecesores, o encontrará un nuevo mentor?


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