Judío y democrático - Gadi Taub
Cuando David Ben-Gurion declaró, hace 61 años, que "este derecho es consecuencia del derecho natural del pueblo judío a ser dueño de su propio destino, como todas las demás naciones, en su propio Estado soberano", la gran mayoría de los que se veían a sí mismos como ilustrados, progresistas, en busca de la paz y comprometidos con los derechos humanos, estaban completamente de acuerdo con él.
Sin embargo, esto que aparentemente se da por hecho lo es cada vez menos. Cada vez más podemos escuchar entre las élites de Israel que "judío y democrático" es una contradicción intrínseca, porque si el Estado se asocia solamente con algunos de sus ciudadanos, y no con el resto, viola el principio de igualdad democrática.
El sentimiento de que el sionismo es ilegítimo se está extendiendo aún más rápidamente en el extranjero. No solamente en Europa, sino también en los Estados Unidos. No hace mucho tiempo, un amigo mío que es profesor en la Universidad de Columbia me comentaba que sus estudiantes judíos definían su identidad como sigue: "judíos, pero no sionistas".
¿Cómo hemos llegado a esto en seis décadas? ¿Cómo una noción que antes parecía democrática y progresista se ha vuelto a los ojos de muchos todo lo contrario? Cualquier respuesta debe tener en cuenta al menos dos procesos dramáticos en la historia del Estado, uno proveniente de la derecha del mapa político y el otro de la izquierda: el primero, el de la derecha, es la identificación cada vez mayor del sionismo con la empresa de los asentamientos y con el régimen de ocupación; y el segundo, procedente de la izquierda, es el nuevo uso del lenguaje de los derechos civiles con el fin de revocar los derechos democráticos fundamentales.
El primero de estas dos procesos es fácil de entender: la ocupación no es, y no puede ser, democrática. Por lo tanto, si el sionismo se identifica con los asentamientos, el sionismo no sería democrático. Mantener a millones de árabes desprovistos de derechos es una violación flagrante de nuestra Declaración de Independencia y de la base moral del sionismo: el derecho de "cada nación" a su autodeterminación. Así pues, en la práctica, la empresa de los asentamientos amenaza con eliminar el sionismo y convertirlo en una forma de bi-nacionalismo.
También desde la izquierda muchos han dado la espalda a la partición. Cuanto más tiempo se mantenga en pie la ocupación, más desesperación se adueñará de la izquierda. El desprecio por la empresa de los asentamientos se ha convertido en aversión por Israel y por el ideal sionista. Esta parte de la izquierda ha abandonado la Declaración de Independencia y se limita a defender una interpretación estrecha y engañosa de la idea de los derechos individuales.
Todo esto empezó soñando con un "estado de todos sus ciudadanos", que no estaría fundado en la nacionalidad, entre el río Jordán y el Mar Mediterráneo, que se consideraría como el hogar de personas y no sólo de pueblos, y donde todos los individuos se identificarían con el estado por igual. La igualdad sería total y la democracia sería perfecta. Esta es la visión utilizada por los intelectuales izquierdistas, de la mano de la "Conferencia Durban II", para promover la idea de que un Estado judío es un estado racista.
Sin embargo, la única y simple verdad es que la visión de la izquierda radical no es más que una auto ilusión: el Estado de Israel solamente dejaría de ser judío si deja de ser democrático. Mientras sea el hogar de una mayoría judía, esta mayoría escogerá el Shabbat como día de descanso, utilizará el hebreo como su lengua y las festividades judías determinarán su calendario.
Este es el significado de la democracia: se trata de un mecanismo para la realización del derecho a la autodeterminación. Se confía en los ciudadanos el derecho a dar forma a sus vidas, y lo harán en consonancia con su cultura. Los palestinos harán lo mismo si optan por la democracia. Y para ello, necesitamos la partición y tenemos necesidad de dos estados, porque aquí no sólo tenemos individuos, también tenemos dos pueblos.
Por lo tanto, es totalmente apropiado que el Día de los Caídos y el Día de la Independencia retomemos la Declaración de Independencia y recordemos que el derecho de todo pueblo a su autodeterminación es la base del sionismo. Los que tratan de evitar que otras personas determinen su nacionalidad, ya sea en nombre de los derechos civiles o en nombre del mandamiento (mitzvá) de asentarse en toda la Tierra de Israel, son enemigos flagrantes tanto del sionismo como de la democracia.
Web de Gadi Taub
Sin embargo, esto que aparentemente se da por hecho lo es cada vez menos. Cada vez más podemos escuchar entre las élites de Israel que "judío y democrático" es una contradicción intrínseca, porque si el Estado se asocia solamente con algunos de sus ciudadanos, y no con el resto, viola el principio de igualdad democrática.
El sentimiento de que el sionismo es ilegítimo se está extendiendo aún más rápidamente en el extranjero. No solamente en Europa, sino también en los Estados Unidos. No hace mucho tiempo, un amigo mío que es profesor en la Universidad de Columbia me comentaba que sus estudiantes judíos definían su identidad como sigue: "judíos, pero no sionistas".
¿Cómo hemos llegado a esto en seis décadas? ¿Cómo una noción que antes parecía democrática y progresista se ha vuelto a los ojos de muchos todo lo contrario? Cualquier respuesta debe tener en cuenta al menos dos procesos dramáticos en la historia del Estado, uno proveniente de la derecha del mapa político y el otro de la izquierda: el primero, el de la derecha, es la identificación cada vez mayor del sionismo con la empresa de los asentamientos y con el régimen de ocupación; y el segundo, procedente de la izquierda, es el nuevo uso del lenguaje de los derechos civiles con el fin de revocar los derechos democráticos fundamentales.
El primero de estas dos procesos es fácil de entender: la ocupación no es, y no puede ser, democrática. Por lo tanto, si el sionismo se identifica con los asentamientos, el sionismo no sería democrático. Mantener a millones de árabes desprovistos de derechos es una violación flagrante de nuestra Declaración de Independencia y de la base moral del sionismo: el derecho de "cada nación" a su autodeterminación. Así pues, en la práctica, la empresa de los asentamientos amenaza con eliminar el sionismo y convertirlo en una forma de bi-nacionalismo.
También desde la izquierda muchos han dado la espalda a la partición. Cuanto más tiempo se mantenga en pie la ocupación, más desesperación se adueñará de la izquierda. El desprecio por la empresa de los asentamientos se ha convertido en aversión por Israel y por el ideal sionista. Esta parte de la izquierda ha abandonado la Declaración de Independencia y se limita a defender una interpretación estrecha y engañosa de la idea de los derechos individuales.
Todo esto empezó soñando con un "estado de todos sus ciudadanos", que no estaría fundado en la nacionalidad, entre el río Jordán y el Mar Mediterráneo, que se consideraría como el hogar de personas y no sólo de pueblos, y donde todos los individuos se identificarían con el estado por igual. La igualdad sería total y la democracia sería perfecta. Esta es la visión utilizada por los intelectuales izquierdistas, de la mano de la "Conferencia Durban II", para promover la idea de que un Estado judío es un estado racista.
Sin embargo, la única y simple verdad es que la visión de la izquierda radical no es más que una auto ilusión: el Estado de Israel solamente dejaría de ser judío si deja de ser democrático. Mientras sea el hogar de una mayoría judía, esta mayoría escogerá el Shabbat como día de descanso, utilizará el hebreo como su lengua y las festividades judías determinarán su calendario.
Este es el significado de la democracia: se trata de un mecanismo para la realización del derecho a la autodeterminación. Se confía en los ciudadanos el derecho a dar forma a sus vidas, y lo harán en consonancia con su cultura. Los palestinos harán lo mismo si optan por la democracia. Y para ello, necesitamos la partición y tenemos necesidad de dos estados, porque aquí no sólo tenemos individuos, también tenemos dos pueblos.
Por lo tanto, es totalmente apropiado que el Día de los Caídos y el Día de la Independencia retomemos la Declaración de Independencia y recordemos que el derecho de todo pueblo a su autodeterminación es la base del sionismo. Los que tratan de evitar que otras personas determinen su nacionalidad, ya sea en nombre de los derechos civiles o en nombre del mandamiento (mitzvá) de asentarse en toda la Tierra de Israel, son enemigos flagrantes tanto del sionismo como de la democracia.
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Labels: Colonos, GTaub, Izquierda israelí, Sionismo


1 Comments:
Ayer, un nuevo acto neonazi y antijudío tuvo lugar, gracias a la permisibilidad de los ayuntamientos de la derecha...
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