Friday, September 17, 2010

La ilusión de las negociaciones - Gadi Taub - Ynet


La fuerza de los colonos

Los medios de comunicación israelíes y la opinión pública no están muy entusiasmados por la reanudación de las conversaciones directas de paz entre Israel y los palestinos, y con razón. Los izquierdistas dicen que el gobierno de Netanyahu frustra cualquier acuerdo, y eso es cierto. Los derechistas dicen que son los palestinos quienes frustran cualquier acuerdo, y haríamos bien en recordar que esto también es verdad.

De hecho, existe mucha gente que va desde miembros del Meretz (al modo de la izquierda exquisita europea, es decir, sumamente políticamente correcta y sin capacidad de gobernar) a Kadima (centro) que todavía creen que los palestinos firmarán en breve un acuerdo sobre la partición del territorio. Después de todo, aseguran que los palestinos, "a puerta cerrada", les comentan que lamentan haber rechazado la generosa oferta del ex Primer Ministro Ehud Olmert. Sin embargo, hablar o aprobar a "puerta cerrada" no es suficiente. Hace ya 17 años que los palestinos dicen dar su acuerdo a acuerdos alcanzados a puerta cerrada, sin embargo, y desde hace 17 años, estos acuerdos se evaporan en el mismo momento en que abren la puerta y salen de la habitación.

Sin embargo, quizás la explicación sea más simple. Tal vez esta no sea una pura casualidad y una mera coincidencia. Tal vez los palestinos sepan lo que están haciendo. Tal vez, como suelen decir, no tienen ninguna intención de renunciar a su demanda de retorno de los refugiados (se refieren a él como a un "derecho", aunque el derecho internacional no reconoce los derechos de retorno de los refugiados, y menos aún de sus descendientes). Tal vez lo que ocurre es que no tienen ninguna intención de renunciar a Jaffa. Tal vez no sea ninguna casualidad que se nieguen a reconocer el derecho del pueblo judío a un estado.

Tal vez detrás de todo esto sólo hay pura lógica. Porque si ellos todavía contemplan al sionismo como a una empresa colonial que invadió sus tierras y les expulsó de ellas, y destruyó su (inexistente) estado, la mejor forma de eliminar a Israel como estado judío sea simplemente negarse a separarse de él. Todo lo que necesitan hacer es evitar la partición y esperar.

Sin partición, Israel sería la única democracia occidental que mantendría a un grupo de población sin derechos políticos, y eso erosionaría cada vez más nuestra condición y nuestros aliados finalmente tendrían que darnos la espalda. Tal vez los palestinos entiendan, al igual que muchos israelíes lo entienden, que sin partición todos estaremos viviendo en un estado donde los judíos serían una minoría

Los miembros de la derecha radical y de la izquierda radical nos dejan de comentarnos que eso no sería tan malo. Algunos izquierdistas radicales piensan que ese único Estado podría conformarse en una democracia bi-nacional o en una democracia carente de nacionalidad. La Suiza del Oriente Próximo [N.P.: tenía entendido que ese cargo lo ejercía el Líbano, pero vista su degradación y división interna, su parecido es meramente imaginario]. Sin embargo, esta no es solamente una estimación equivocada, constituye un ejercicio de ceguera deliberada y de deshonestidad. Una mirada a Gaza sería suficiente para recordar el por qué.

Por otro lado, la extrema derecha también tiene su propia manera de negar la realidad. En su caso han decidido proporcionarnos unos datos demográficos a medida que estén en consonancia con sus argumentos. Según el mensaje emitido por los derechistas, siendo Yoram Ettinger su mejor portavoz, no tenemos ninguna razón para preocuparnos por la demografía: en resumen, la demografía está a nuestro favor. Para ello esgrimen un documento llamado "El agujero del millón de personas" producido por el Centro Begin-Sadat de la Universidad Bar-Ilan [N.P.: En resumen, arguyen que las cifras de población palestina en Cisjordania están hinchadas en casi un 40%, pasando de 2,5 millones a 1,5. Para ellos echan mano a diferencias en la contabilización (doble contabilidad en Jerusalem Este, contabilización de emigrantes de larga duración, diferencias siempre favorables cuando se comparan sus cifras con otras fuentes, etcétera).

Sin embargo, los demógrafos de más prestigio de Israel no se dejan impresionar. El profesor de la Universidad de Haifa Amnón Sofer ha escrito que el documento fue elaborado con fines políticos y no es más que engaño. Por su parte, el profesor de la Universidad Hebrea Sergio Della Pergola ha afirmado que hacer juegos malabares con los datos no iba a cambiar la realidad.

Así pues, tenemos que mirar de frente la realidad y aceptar dos hechos básicos. El primero de ellos, opuesto a la visión de izquierda, es que la actual ronda de negociaciones no es más que otro intento por ambas partes de ganar tiempo. El segundo, que contradice la visión de la derecha, es que el tiempo corre a su favor (de los palestinos), no a nuestro favor. Nuestra estatus internacional se está deteriorando y nos estamos convirtiendo poco a poco en una minoría en la Tierra de Israel.

Por lo tanto, haríamos bien en dejar de lado la ilusión de las negociaciones y comenzáramos a planear otra medida unilateral en Judea y Samaria, porque la alternativa a compartir el territorio es la desaparición del sionismo.

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