Saturday, November 06, 2010

La aburrida y reiterativa milonga de la llegada del fascismo - Alexander Yakobson - Haaretz

¿Cómo es que no ven como se acerca el fascismo?", escribió alguien no hace mucho. El problema es que el “fascismo se ha estado aproximando durante los últimos 33 años (al menos)”. Desde aquella “fatídica noche de la elecciones del 17 de mayo de 1977”, durante la cual el Likud llegó al poder y despojo al sempiterno Partido Laborista, hemos estado oyendo que el fascismo se acerca poderosamente.

Entonces, ya estábamos al borde del abismo fascista, y desde entonces hemos dado un gran paso adelante. Pero hoy, después de décadas de aproximación del fascismo, es evidente que Israel es un país mucho más libre y democrático de lo que lo era en 1977. Entre otras cosas, hoy en día es mucho más fácil describir a Israel como un estado fascista. Hoy en día, mucho más que entonces, se puede afirmarlo a través de cualquier plataforma pública o medio de comunicación, inclusive desde dentro del establishment público sin preocuparse de cualquier tipo de pérdida de estatus, y a menudo beneficiándose de los fondos estatales y de algún premio del estado por ello.

La gente de la derecha política, furiosa con esas afirmaciones y con esa permisibilidad, nunca dicen que Israel es un estado fascista. De hecho, lo quieren mucho, hasta que les hace enojarse, y cuando eso sucede no dudan en decir que su gobierno es una dictadura estalinista, que su primer ministro es un traidor, que sus servicios de seguridad son la cara del mal, que sus leyes pueden violarse y que sus tribunales no tienen por qué ser obedecidos.

Dicen eso, pero también esperan recibir de dicho Estado de Israel estalinista todo posible beneficio que puedan conseguir, y la mayoría de las veces no se sienten decepcionados.

Todas estas "señales" de una aproximación del fascismo que se han relatado han estado presentes en el país desde 1977. La retórica nacionalista exaltada (alguna de ella incluso realmente fascista) nunca ha faltado por aquí. Los críticos del gobierno desde la izquierda han sido duramente vilipendiados, y a veces ellos mismos han tenido duras palabras con sus adversarios, pero esto ya no lo tienen en cuenta.

Los líderes del gobierno también han dicho cosas bastantes duras, y no sólo los de la derecha. Menachem Begin llamó "fruta podrida" a los manifestantes de Paz Ahora. Yitzhak Shamir llamó a los fiscales del Ministerio de Justicia “sanguijuelas". También fue a por ellos (lo que ya no es posible). En su primer mandato en el cargo, Benjamin Netanyahu dijo ciertas cosas acerca de la izquierda y de las elites que actualmente evita decir. También ha evitado denominar a la Asociación por los Derechos Civiles de Israel [N.P.: ONG árabe israelí manifiestamente pro palestina] "la asociación de Defensa de los derechos de Hamas", como también lo hizo a su vez Yitzhak Rabin.

Muchas propuestas antidemocráticas se han planteado, a veces hubo acciones gubernamentales que fueron antidemocráticas, e incluso se aprobaron leyes draconianas sin que el Tribunal Supremo, convertido en esos casos en letra muerta, tuviera posibilidad de evitar su entrada en vigencia. Es evidente que eso es lo que sucederá con cada nueva ley draconiana que se adopte, si se aprueba finalmente.

La diferencia es que hoy, con motivo de esta "aproximación y victoria del fascismo", el tribunal también tiene el derecho de descalificar dichas leyes. Otra diferencia es que lo que hoy se considera "draconiano" no se veía así en absoluto en 1977.

¿Quién necesita esta charlatanería indulgente y sin fundamento acerca de una victoria del fascismo? Todos sabemos lo que realmente ha cambiado aquí a peor, dramáticamente, desde 1977: hay muchos más asentamientos. Esto no es una cuestión marginal, pues el destino del país depende de ello.

El mapa de asentamientos creados desde entonces estaba destinado expresamente a evitar la división del país entre los dos pueblos. Si esta intención tiene éxito, entonces al final no habrá Israel, y en cualquier caso, no habrá democracia israelí. Tampoco habrá una democracia no israelí.

El apoyo de la mayoría de la opinión pública debe ser reclutado para luchar contra este peligro. Las “princesas y sapos antifascistas” de estos cuentos, los cuales constantemente nos están gritando que “viene el fascismo”, tendrán bastantes dificultades para conseguir el apoyo de la opinión pública (si prosiguen con sus supercherías y gritos de que viene el lobo).

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