Un desmoronamiento de la hegemonía secular - Amiel Ungar - Haaretz


Aryeh Deri, el ahora posible aliado
Dos noticias importantes en el último mes han arrojado luz sobre el cargado y cambiante estado de las relaciones religiosos-seculares en Israel.
En primer lugar, tenemos un par de encuestas que auguran el regreso del ex líder del Shas, Aryeh Deri, a la política activa, algo que podría alterar el equilibrio político en Israel. Deri, ya sea como jefe nuevamente del Shas o, preferentemente desde la perspectiva de la izquierda, al frente de un nuevo partido en la Knéset, podría negar al primer ministro actual Benjamin Netanyahu una serie de escaños en la Knesset, pasando del centro-derecha al centro político.
La salivación del sempiterno crítico de Bibi en el Yedioth Ahronoth, Sima Kadmon, ante la perspectiva del regreso de Deri después de una pausa forzada provocada por una condena y una sentencia de cárcel por cargos de corrupción, era palpable pero a la vez irónica. Muchos de los que actualmente ven al ex líder de Shas como su campeón para así poder expulsar al "usurpador" Netanyahu se sintieron de manera muy diferente en 1999, tras la victoria electoral de Ehud Barak. Por aquel entonces ellos formaban parte de la multitud que daba la serenata a Barak con el estribillo "Cualquiera menos el Shas", o al menos simpatizaban bastante con dicho mensaje.
La izquierda por aquel entonces se mostraba horrorizada ante el éxito de Shas en las elecciones a la Knesset de ese año, cuando obtuvo nada menos que 17 escaños. Y ese éxito se vio impulsado por la reacción violenta contra la condena de Deri unos meses antes. Si el Shas pudo salir a la calle por esas fechas armado con el lema "Él [Deri] es inocente", una evidente manifestación de su repudio ante esa sentencia judicial o al menos una acusación de doble rasero contra la justicia, el estribillo de la izquierda en aquel momento fue que “nunca podría ser considerado un socio adecuado”. Bueno, eso fue en 1999, ahora la izquierda, de manera nerviosa y expectante, espera al "nuevo y mejorado" Aryeh Deri.
Un mensaje muy diferente fue el transmitido cuando el país estuvo prácticamente polarizado por el mini-interrogatorio por parte de la policía de los rabinos Dov Lior y Yaakov Yosef. Dichos rabinos habían dado su aprobación a un oscuro opúsculo religioso que la izquierda encontró racista al apelar a un mayor impulso a los daños colaterales, incluyendo las bajas civiles, en caso de necesidad durante las operaciones militares. Esto dio lugar a una investigación policial y a la convocatoria de dichos rabinos a interrogatorio.
Esto me trajo los recuerdos de esa otra confrontación, esta vez en 1999, precisamente contra Aryeh Deri, cuando la izquierda apelaba al Estado de Derecho y los religiosos y nacionalistas contraatacaban con acusaciones de doble rasero, alegando además que las prebendas políticas siempre han formado parte del juego político cuando la izquierda ha estado en el poder.
El viernes pasado, la presentadora de un nuevo programa de radio del viernes al mediodía (Reshet Bet), después de pronunciar un solemne sermón sobre la importancia de defender el imperio de la ley con el fin de castigar a los partidarios de Lior y Yosef, paso inmediatamente a mostrar su simpatía por la difícil situación que atraviesan los inmigrantes ilegales y sus hijos, sin darse cuenta de la incongruencia de esa transición. Ella y esos otros que se oponen a una aplicación efectiva de la ley contra los inmigrantes ilegales, nos demuestran de esa manera como aplican de manera selectiva dicho imperio de la ley: tendría un carácter liberal en lo referente a la inmigración, al trabajo durante el shabbat y a los anuncios sexuales en los periódicos, por citar sólo algunos ejemplos; pero tendría un carácter unidireccional y rígido para los otros casos, hasta el punto de lo absurdo.
Estas son instantáneas de dos enfoques mutuamente excluyentes. El primero tiene en cuenta que el público observante o religioso no puede ser ignorado y constituye un elemento importante dentro del cuerpo político israelí. El segundo enfoque se aferra desesperadamente a la idea de una Kulturkampf - una guerra de culturas -, enmascarándola como una guerra sobre el imperio de la ley, constituyéndose en una opción viable para controlar la creciente influencia de la opinión pública religiosa y tradicional.
Aunque tengo mis dudas sobre Deri, y sin duda no querría verle como un mero caballo de Troya de la izquierda política, su rehabilitación efectiva por sus antiguos detractores refleja un pragmatismo saludable. Uno puede expresar un optimismo similar por la decisión de Yair Lapid de evitar las tácticas de hostigamiento anti-religioso de su difunto padre, Tommy Lapid, así como sus planes para incluir figuras religiosas dentro de su lista, siempre y cuando finalmente se lance al agua.
Los potenciales fichajes en las listas de Deri y Lapid ya no estarán dispuestos a contentarse con ciertos beneficios sectoriales o con meros gestos hacia los religiosos, o bien con comentarios al estilo de Ezer Weizman o del enfant terrible de los laicos, Aloni Shulamit, quien se decía dispuesto no hace mucho a colocarse un shtreimel (gorro de piel que utilizan ciertos grupos hasídicos) a cambio de la aceptación por parte de los religiosos del proceso de paz. Ni los religiosos tampoco estarían satisfechos con la mera inclusión de algún representante de la minúscula izquierda religiosa, al estilo de un Avrum Burg o Michael Melchior.
El alistamiento de religiosos en sus listas, si es que se produce, requerirá de razones de fondo que posibiliten una mayor igualdad y en todo caso será en beneficio mutuo. Sin embargo, algunos laicos aún se niegan al alistamiento de los religiosos en las listas, y aún parecen estar convencidos de que su predominio en el poder judicial y en la élite intelectual les permite continuar con la apropiación de términos como "democracia" y "estado de derecho" para sus fines políticos sectarios.
En la práctica, esto no funcionará. La hegemonía de la izquierda se está desmoronando. En las recientes elecciones israelíes al Colegio de Abogados, Yuri Guy-Ron, un partidario del activismo judicial y favorable a los leiv-motiv de la izquierda, perdió ante un oponente a dicho enfoque. El nuevo coordinador del Ministerio de Educación Cívica tiene menos probabilidades de asumir el enfoque de la izquierda sobre los libros de texto de educación cívica. Grupos de expertos conservadores, como el Centro Jerusalén para Asuntos Públicos y el Instituto Shalem están comenzando a ponerse a la altura de sus homólogos de izquierdas ya establecidos. Dentro de poco, el presidente del Tribunal Supremo Dorit Beinisch se retirará y su sucesor emitirá el sonido de una retirada del activismo.
Más importante aún, el empleo instrumentalizado y monopolístico de “la democracia y el imperio de la ley” ha provocado una disminución del respeto debido a estos términos. Esas tácticas también invitan a las amenazas de represalias judiciales, como las emitidas esta semana por el diputado derechista de la Unión Nacional Yaakov Katz, de que cuando las relaciones de poder se inviertan y los religiosos pasen a influir en el sistema judicial, se enjuiciará a las viejas élites por la persecución indebida de rabinos y personal religioso. Esta imagen invertida, obviamente, sería catastrófica para la izquierda laica, pero igualmente perjudicial para los religiosos.
La democracia es mejor servida por una interacción dinámica entre el liberalismo y el conservadurismo, la cual permite a cada flujo legítimo corregirse cuando sus ideas son rechazadas por la sociedad civil y por la realidad. Al marginar o excluir a los opositores políticos, se crean condiciones de monopolio, con todas sus desventajas concomitantes.
En la práctica, esto no funcionará. La hegemonía de la izquierda se está desmoronando. En las recientes elecciones israelíes al Colegio de Abogados, Yuri Guy-Ron, un partidario del activismo judicial y favorable a los leiv-motiv de la izquierda, perdió ante un oponente a dicho enfoque. El nuevo coordinador del Ministerio de Educación Cívica tiene menos probabilidades de asumir el enfoque de la izquierda sobre los libros de texto de educación cívica. Grupos de expertos conservadores, como el Centro Jerusalén para Asuntos Públicos y el Instituto Shalem están comenzando a ponerse a la altura de sus homólogos de izquierdas ya establecidos. Dentro de poco, el presidente del Tribunal Supremo Dorit Beinisch se retirará y su sucesor emitirá el sonido de una retirada del activismo.
Más importante aún, el empleo instrumentalizado y monopolístico de “la democracia y el imperio de la ley” ha provocado una disminución del respeto debido a estos términos. Esas tácticas también invitan a las amenazas de represalias judiciales, como las emitidas esta semana por el diputado derechista de la Unión Nacional Yaakov Katz, de que cuando las relaciones de poder se inviertan y los religiosos pasen a influir en el sistema judicial, se enjuiciará a las viejas élites por la persecución indebida de rabinos y personal religioso. Esta imagen invertida, obviamente, sería catastrófica para la izquierda laica, pero igualmente perjudicial para los religiosos.
La democracia es mejor servida por una interacción dinámica entre el liberalismo y el conservadurismo, la cual permite a cada flujo legítimo corregirse cuando sus ideas son rechazadas por la sociedad civil y por la realidad. Al marginar o excluir a los opositores políticos, se crean condiciones de monopolio, con todas sus desventajas concomitantes.
Labels: AUngar, Haredi, Izquierda israelí, Sionismo religioso


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