Sunday, July 07, 2013

Colonos o beduinos, el doble rasero cuando se trata de la disputa de la tierra - Israel Harel - Haaretz


Colonos de Oz Tzion

Consideren el siguiente escenario: Varios tribunales fallaron en los últimos años que los colonos se anexionaron ilegalmente miles de dunams de tierra. Estas tierras, por lo tanto deben ser restauradas a sus dueños, según dictaminaron los tribunales, y las estructuras en ellas construidas deben ser demolidas. Los intrusos recurrieron ante el Tribunal Supremo, alegando que "tierras del Estado" era propiedad de los judíos desde tiempos inmemoriales. Se rechazan sus apelaciones. Construir en tierras del Estado también es ilegal, dictaminaron los jueces.

Sin embargo, los colonos, que siempre se ven a sí mismos como por encima de la ley, continuaron tomando el control de más y más tierras. ¿El ejército? ¿La policía? Ellos no se atreven a ponerse en marcha ante una población, una parte de ella actuando criminalmente, que tiene tal poder político y es respaldada por una visión sesgada y por medios populistas.

¿Y el gobierno? Como suele ser el caso con los gobiernos débiles, temen enfrentarse a esas poderosas fuerzas, por lo que optaron por crear una comisión para regular el volumen y los años de duración de la adquisición de tierras estatales. El comité, encabezado por un ex juez del Tribunal Supremo, confirmó que la mayoría de las tierras se habían apropiado ilegalmente. Sorprendentemente, sin embargo, el comité decidió que los saqueadores podían mantener su botín. Un pequeño porcentaje de la tierra sería evacuado, pero el gobierno pagará a los invasores una compensación. Inclusive se construirán ciudades y pueblos para ellos a expensas del Estado.

Por supuesto, el Israel más liberal y progresista se opuso furiosamente a la autorización de ese robo y al desacato de los colonos, especialmente ante el Tribunal Supremo. Pero el gobierno, apático ante la ira de la opinión pública, decidió presentar un proyecto de ley que establecía escandalosas conclusiones de la comisión de derecho.

Inmediatamente después de que el proyecto de ley (apenas) se aprobara en su primera lectura, parecía como si todo el país estuviera en llamas. Decenas de miles de personas llenaron las calles, recordando a las plazas de Tahrir y Taksim. Y es que sólo en los países totalitarios se atreven a promulgar leyes que contravienen las decisiones de los tribunales y se injuria a los líderes de la oposición y a los cientos de miles que se manifestaron en la Plaza Rabin. "Esto no sólo viola el Estado de Derecho", declaraba un editorial del Haaretz, "sino que además suprime el imperio de la ley". Y por vez primera en la historia del estado, el presidente del Tribunal Supremo atacó a esos tribunales que dictaminaron la devolución de las tierras.

Ahora, cambiemos una sola palabra en esta hipotética historia: reemplacemos el término "colonos" por "beduinos", Todas las otras cosas descritas anteriormente, como el robo de la tierra, el desprecio a las resoluciones de los tribunales del propio Tribunal Supremo, la inactividad del gobierno, el ejército y la policía, las actividades criminales y la ira del Israel progresista, siguen siendo ciertas.

El lunes, la Knesset aprobó una primera lectura del decreto Prawer-Begin, que reubica a cerca de 30.000 beduinos en comunidades reconocidas en el Negev. El proyecto de ley elimina, en la teoría y en la práctica, numerosas sentencias judiciales, pero la respuesta no ha sido como la que yo imaginaba anteriormente. El establecimiento legal no ha pronunciado una sola palabra. De hecho, hay incluso importantes juristas que ven el proyecto como dañino para los beduinos. Nada en un proyecto de ley que pisotea anteriores resoluciones de los tribunales israelíes parece afectar al fiscal general por su posible carácter inconstitucional, o inclusive "desproporcionado". Esas expresiones de "inconstitucionalidad o irracionalidad" están reservadas únicamente para los proyectos de ley que conceden derechos preferenciales a aquellos que se sacrifican y sirven en las Fuerzas de Defensa de Israel y/o cumplen con el servicio nacional civil, o bien para esos otros proyectos de ley destinados a defender el buen nombre de nuestros combatientes contra sus calumniadores.

Uno puede tener una idea de lo loco que es este sistema si se compara esta escandalosa legislación con la "Ley de Regulación", que, como se recordará, estaba destinada a autorizar retroactivamente el puesto avanzado de Migron, parte de la cual estaba asentado, en total, en unas pocas docenas de disputados dunams. Un gran alboroto se planteó en contra de ese proyecto de ley, y el gobierno, como de costumbre, capituló y ni siquiera se presentó a la Knesset.

Liderando a los opositores a la Ley de Regulación estaba el ministro Benny Begin. Sin embargo, él fue el principal impulsor del proyecto de ley que beneficia a los beduinos y que involucra a cientos de miles de dunams, anulando a decenas de sentencias dictadas por los tribunales. El resultado público es la siguiente: El Estado de Israel está promoviendo una ley que establecerá que los beduinos están por encima de la ley.

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