Wednesday, December 11, 2013

Otro plan razonable está a punto de fracasar por una atmósfera política muy volátil - Shmuel Rosner - Jewish Journal



El plan de Israel de siete mil millones de NIS (2 billones de dólares) para hacer progresar las vidas de la comunidad beduina en el desierto de Negev, fue el tema de un artículo que escribí hace una semana por The New York Times. Este plan se está debatiendo actualmente en un comité de la Knesset antes de la esperada votación final parlamentaria. Al plan se oponen ferozmente líderes derechistas judíos - que lo ven como una capitulación del Estado ante un expansionismo ilegal - y la extrema izquierda judía y los líderes árabes - que lo consideran una violación de los derechos humanos -. Ambos grupos de opositores miran al plan y ven una propuesta que está lejos de ser capaz de concederles todos sus deseos, la razón por la cual tantos planes de compromiso decentes y razonables fracasan en el ambiente político altamente volátil del Oriente Medio.

Como mi artículo establecía claramente, creo que el plan puede ser doloroso pero es razonable.
Está en el interés tanto de los beduinos y del gobierno de Israel contemplar como este plan se pone en práctica. Proporciona a ambas partes una rara oportunidad de lograr mucho de un solo golpe: resolver la disputa sobre la propiedad de la tierra en el Néguev de una vez por todas, mientras que aporta una ayuda muy necesaria a uno de los grupos más desfavorecidos del país.
Sin embargo, las posibilidades de que el plan sobreviva realmente están disminuyendo día a día. Los detractores de ambos bandos podrán ver una vez más como logran lo que quieren: el mantenimiento de un status quo volátil en la esperanza de lograr más en el futuro. La negativa de algunos líderes beduinos, apoyados por ignorantes y maliciosos y en ocasiones por aprovechados bienhechores, a aceptar el plan ha proporcionado el pretexto necesario a los opositores derechistas judíos que quieren dejar de lado el plan.

Y en el camino, la discusión ha estado acompañada por todas las características que se han convertido en una costumbre en tales ocasiones.

Algunos judíos americanos (y nada menos que rabinos) han pedido a Israel que retire el plan. "Es precisamente debido a nuestro profundo compromiso con el Estado de Israel y los valores proféticos de la libertad y la justicia en la que se fundó, que nosotros, como rabinos, estamos muy angustiados por la posibilidad del uso de la fuerza para reasentar a los beduinos y destruir sus pueblos", dijo la rabino Ayelet Cohen, vicepresidenta de T'ruah, en un comunicado de prensa. No recuerdo ninguna protesta de esta misma rabino Cohen cuando los colonos judíos de Gaza fueron evacuados (y con razón) a la fuerza de "sus pueblos". Pero esta difícilmente sería la primera vez en que un rabino americano me desconcierta por su defensa de algo de lo que sabe muy poco.

La mezcla habitual de retórica maliciosa fue utilizada por los movimientos de derechos humanos: limpieza étnica, apartheid, crímenes, racismo. Cuando Israel no trata a los árabes como ciudadanos iguales es condenado automáticamente, y cuando sí lo hace - cuando quiere tanto invertir en su promoción como regular sus condiciones de vivienda como lo hace con todos los ciudadanos - también se le condena.

Un informe del New York Times [N.P.: como no] enfureció a los defensores de Israel, por razones poco claras (cometió un honesto y grave error numérico, de los 70.000 supuestos afectados lo cierto es que afecta solamente a la mitad). El informe dice que "los partidarios del proyecto dicen que ningún Estado puede permitir que se edifique allí donde la gente lo desea sin ningún tipo de control y aprobación, y promete a los beduinos, con mucho el sector más pobre de Israel, clínicas, puestos de trabajo, educación y la infraestructura de la que penosamente carecen.  Los opositores lo llaman racismo insidioso, limpieza étnica o incluso apartheid, quejándose de que a los beduinos no se les consultó lo suficiente sobre la construcción del plan, y acusan a Israel de una apropiación de tierras que ignora su cultura y tradiciones". Algunos críticos encontraron la afirmación de su corresponsal (Jody Rudoren) de que "la difícil situación de los beduinos para muchos círculos se convierte en una representación del conflicto árabe-israelí más amplia" para así reiterar sus dogmas "anti-Israel". Pienso que tiene razón en el dinero: se ha convertido en muchos círculos en una representación del conflicto, y eso explica exactamente por qué las probabilidades de aprobar este plan no son grandes.

Traten de tener un debate sereno sobre este asunto. Traten de resolver un problema de carácter nacional en el que los ciudadanos árabes están involucrados. Imposible. Frustrantemente imposible. Pensando en ese otro "conflicto más amplio" uno debe preguntarse: ¿sería más fácil lidiar con el problema beduino si un acuerdo entre israelíes y palestinos se alcanzara y firmara, o sería el problema beduino solamente una excusa para continuar la batalla contra Israel, incluso después de dicho acuerdo?

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Friday, December 06, 2013

El nuevo libelo: Una película sobre la supuesta desposesión de los beduinos - Ben-Dror Yemeni - Times of Israel



Durante los últimos meses se ha estado llevando a cabo una campaña en Israel y en todo el mundo, respaldada por un presupuesto sin fin, dirigida a agravar la relación entre el Estado de Israel y los beduinos. Esta campaña incluye la reciente emisión de una película de propaganda que retrata "la expulsión de los beduinos de sus tierras".

La estrella principal de esta película es Theodore Bikel, quien fue reclutado para este papel principalmente por su interpretación de "Tevye el lechero" en El Violinista en el Tejado. La película, una obra de propaganda, se titula el "Violinista sin techo", y esto no es nada en comparación con el contenido de la película. Los beduinos son retratados como las víctimas de un horrible decreto de expulsión que ya fue emitido en contra de los judíos en los oscuros días del régimen zarista antisemita, tal como se describe en la trama de El Violinista en el Tejado. Y su trama es sumamente maniquea. Aunque sea difícil de creer, la película fue producida por la organización Rabinos por los Derechos Humanos.

De pie, hombro con hombro con esta película, y como de costumbre, tenemos al Haaretz, que ofrece innumerables artículos, todos desde el mismo ángulo y presentando la misma posición, sobre el presunto robo y opresión del estado, y acerca de una expulsión de beduinos. La libertad de debate y de expresión nunca se ha visto tan descuidada como en este diario, y su perspectiva uniformemente izquierdista para expresar que creen que todo el mundo piensa igual que ellos.

El debate sobre el procedimiento adecuado para la solución de los problemas de los beduinos es un debate importante. Algunos dicen que los beduinos son nómadas, que toda su pretensión de propiedad sobre la tierra es ficticia, mientras que otros afirman que el Estado debe reconocer sus demandas de propiedad, incluso si no están en consonancia con los métodos de registrar las propiedades reconocidos, y que van desde los de la época otomana, y a continuación los británicos del Mandato, y ahora, por supuesto, los israelíes.

Durante años, las autoridades israelíes han estado luchando con esta cuestión. Por un lado, los supuestos títulos de propiedad beduinos fueron rechazados de plano en los procesos judiciales. En algunas de estas reclamaciones, las afirmaciones de una "propiedad de cientos de años" fueron expuestas como fraudulentas. La revisión de fotografías aéreas tomadas desde el siglo pasado demostró que "esos asentamientos que llevaban existiendo durante siglos" ni siquiera existían hace algunas décadas.

A pesar de estas determinaciones legales, el Estado decidió proponer un generoso arreglo. Cada familia beduina tendrá derecho a una parcela de tierra en uno de los pueblos beduinos construidos en la región donde viven, y hay planes para la construcción de muchas más ciudades. Estos acuerdos tratan de aproximarse a la tradición y al patrimonio beduino tanto como es posible.

Por esta razón, una parcela de tierra en un pueblo de beduinos es casi de un dunam (1/4 de acre), lo cual es mucho más grande que las parcelas en otras ciudades. Por otra parte, se trata de un acuerdo que está en línea con las prácticas aceptadas en los países modernos, en los que la propiedad de la tierra requiere de un registro, y en el que las viviendas humanas requieren infraestructura, agua corriente, conexión a la red eléctrica y caminos pavimentados.

Esto no es un asunto sencillo. Hay un choque entre una tradición nómada y un país moderno. Israel no es el único país que, en el transcurso de su creación, ha tenido que lidiar con las demandas de unos grupos de población con diferentes estilos de vida. Australia tuvo problemas con sus aborígenes, los EEUU los tuvieron con los nativos americanos, y en los países escandinavos las poblaciones indígenas de los samis se quejan de una privación histórica y actual, y muchos otros países tienen por ejemplo una importante población gitana.

La película de propaganda no muestra estos difíciles dilemas. La película se hace la vida más fácil a sí misma. Israel es retratado como un cruel gobernante antisemita, que trata de expulsar, desheredar, destruir y robar, y los pobres beduinos solo pueden permanecer de pie impotentes ante esta abismal crueldad. No hay nada como la expulsión de los judíos en “El violinista en el tejado” para acentuar esta tragedia y para jugar con las fibras del corazón más sensibles del mundo en general, y de los judíos americanos en particular. Aquí tenemos una prueba más de lo que Israel está haciendo a sus minorías. He aquí una prueba más del apartheid, del racismo y de las otras acusaciones de una lista ya familiar.

Hay, por supuesto, un solo problema con la trama de esta película. Lo que afirma nunca ha sucedido. Tomemos, por ejemplo, el coro repetitivo de las últimas semanas, que suena más o menos así: "La comunidad beduina de Umm al-Hiran está programada para ser remitida a Hiran, una comunidad sola de judíos, a través de la desherencia y la transferencia de los beduinos, y ello de acuerdo con la política racista del Estado de Israel". Esto también puede representar un resumen de las reclamaciones de una serie de artículos en el Haaretz.

Después de fijar la vela en el mar de mentiras, vale la pena volver a la tierra firme de los hechos.

Primero: los miembros beduinos de la tribu Al-Qian, que son el foco de la queja actual, fueron trasladados a la región Yatir del Negev décadas atrás, y ello por su propia voluntad y tras solicitarlo, debido a una disputa con otra tribu.

Segundo: cuando se estaba planeando Hiran, hace poco más de una década, había sólo unos pocos beduinos por allí, si es que los había. El movimiento a Umm al-Hiran se produce principalmente como consecuencia de los planes para una nueva ciudad. Las fotografías aéreas lo  demuestran.

Tercero: sólo una pequeña parte del plan maestro para Hiran se ubica en tierras ocupadas por los nuevos ocupantes.

Cuarto: adyacente al área de los Al-Qian, el Estado construyó Hura, una aldea beduina adecuada, con calles asfaltadas, electricidad e infraestructuras de agua y más elementos.

Quinto: todas las familias de la tribu tiene derecho a recibir casi un dunam de tierra. Incluso un soltero mayor de 24 años tiene derecho a una parcela de tierra, en preparación para las futuras generaciones.

Sexto: además de esa tierra libre, con un desarrollo de infraestructuras libres, cada familia también recibe una compensación monetaria por la casa anterior, construida ilegalmente, en la que vivía.

Séptimo: y aquí tenemos una sorpresa, la mayoría de la tribu - 3.000 de los 4.000 miembros - en realidad sentía que se trataba de un arreglo justo, y de hecho se trasladó a Hura.

Octavo: la ciudad de Hiran no está pensada solamente para judíos religiosos, y tampoco lo está  solamente para judíos. Cualquier beduino que desee comprar un terreno será invitado para hacerlo y tendrá derecho a hacerlo. Por supuesto, eso costaría dinero. En Meitar, por ejemplo, los beduinos de la zona circundante decidieron comprar parcelas de tierra. Nadie los detuvo.

¿Cómo es posible producir una película que ignora por completo los fondos y los beneficios otorgados a los beduinos, además de normativas y sentencias favorables, etcétera? En respuesta, los Rabinos por los Derechos Humanos afirmaron que las decisiones de los tribunales son inaplicables y que incluso los tribunales cometen errores - los beduinos reciben compensaciones estatales por sólo algunas de sus tierras, se lleva a cabo una transferencia bajo coacción, e incluso aquellos que optaron por trasladarse a una comunidad como Hura lo hicieron por falta de más alternativas -. Los rabinos aún siguen afirmando que Hiran solo estaría destinada a los judíos religiosos y que los beduinos no vivirían allí. La detallada respuesta negando esto último se puede encontrar en mi blog.

Los rabinos, periodistas y activistas tienen derecho a presentar los problemas que encuentren al Plan. También tienen el derecho a reclamar que, a su juicio, los beduinos tengan más derechos, y que cualquier lugar donde un camello caminó, o donde un beduino colocó su tienda para pasar la noche, es suyo y de sus descendientes para siempre. Las críticas a las propuestas del gobierno, tales como el Plan Prawer que fue elaborado a raíz del informe de una comisión encabezada por el ex juez del Tribunal Supremo israelí Eliezer Goldberg, son legítimas. Hay argumentos que vale la pena exponer. Tal vez se debería haberse optado por una mejor solución.

Sin embargo, esta campaña no es una crítica, es más bien un fraude, con su desprecio por los hechos básicos y su incitación contra el Estado. Esta campaña que se está extendiendo como un reguero de pólvora por todo el mundo considera que se trata de una expulsión racista al estilo antisemita perpetrada por Israel. Incluso santurrones sobradamente conocidos como Norman Finkelstein se han unido a la refriega, atrapados completamente por la emoción de las palabras desgarradoras de Bikel. Y es que Finkelstein nunca pierde una oportunidad de incitar contra Israel.

"Esta película no está, Dios nos libre, destinada a comparar a Israel con la Rusia zarista", escriben estos Rabinos por los Derechos Humanos en la página web que acompaña a la película. Pero esta afirmación sólo aparece en hebreo. Tras las críticas del periodista del Yedioth Ahronoth, Nahum Barnea, por esta indignante comparación, los Rabinos por los Derechos Humanos emitieron un comunicado de prensa diciendo que "en ciertos aspectos, la expulsión del Plan Prawer es peor que la expulsión de los judíos en la Zona de Residencia (Pale) en Rusia", y finalizan hipócritamente diciendo que “nosotros estamos preocupados por la imagen de Israel".

Esa preocupación es altamente ilustrada en dicha película. En su versión en inglés, la película deja poco espacio para la duda. Alguien en el equipo de producción es un cualificado artista en el arte de la propaganda. La película describe a un beduino recibiendo un aviso de expulsión. Él se niega a abandonar. De repente, dos helicópteros amenazantes aparecen en lo alto. Quién sabe, tal vez intenten tirarle bombas. Todo esto se insinúa. Después de todo, nadie puede aseverar que no las lleven. Ellos, simplemente, aparecen en el cielo.

Un excelente y manipulador truco para promover la campaña de odio contra un estado “expoliador”. En ese momento aparecen unas excavadoras de demolición, y entremezcladas con ellas, tal como se esperaba, las fotos de unos judíos en el exilio caminando hacia su amargo destino. Como si el contexto no fuera claro, Bikel termina la película con un monólogo que no deja dudas: "Lo que más me duele es el hecho de que las mismas personas que están diciendo a los beduinos que abandonen sus hogares son los descendientes de los habitantes de Anatevka (el shtetl del Violinista en el Tejado)".

Un espectador familiarizado con los hechos estallaría lleno de ira ante esta evidente mala voluntad. En suma, una obra maestra de propaganda atroz. Israel no es un estado civilizado. Israel es un monstruo.

En el fondo se trata de una campaña que ya lleva en activo una larga temporada por cortesía del Haaretz. Se han publicado en ese diario una gran cantidad de afirmaciones sin fundamento, pero voy a conformarme con sólo dos que fueron publicados esta misma semana. Oudeh Basharat afirma que Israel estaba robando a los beduinos la tierra en Umm al-Hiran, y llamó inmediatamente a esto un apartheid. Un día más tarde, el profesor Eyal Gross afirmaba que los beduinos estaban siendo desalojados de sus hogares con el fin de construir una ciudad judía. Cuando una mentira se repite mil veces, se convierte en realidad. Sobre todo para el Haaretz.

Las palabras transferencia y apartheid aparecieron en la campaña con el fin de demonizar y señalar con el dedo al culpable. Este, por supuesto, es toda la empresa sionista. Esto sería lo que se hizo en 1948 y esto es lo que estaría haciendo ahora en los territorios (Ribera Occidental) y con los beduinos. Así es como se crea y se desarrolla el odio y la incitación. Así es como se demoniza a Israel. Los lectores del Haaretz no tienen ni la menor idea de que los beduinos empezaron a vivir en Umm al-Hiran sólo después de que se pusiera en funcionamiento la iniciativa de establecer Hiran. ¿Es razonable exigir que un profesor de derecho conozca los hechos antes de escribir un artículo o un informe en el Haaretz?

Un acuerdo justo para los beduinos no es nada sencillo. Lo cierto es que el camino que el Estado ha elegido no es la expulsión, la desherencia o la transferencia, sino más bien una oferta generosa que ha costado y le costará al estado cientos de millones de shekels, y que proporciona a los beduinos enormes beneficios. Y esto se hace discriminando a los judíos mediante una acción afirmativa a favor de los beduinos. Ningún judío tendrá derecho a recibir la tierra libre o disponible de una comunidad beduina, ni podrá comprar un terreno que se ofrece a los beduinos a precios reducidos, aun cuando existiera esa posibilidad. Un beduino, por otro lado, podrá elegir entre una comunidad beduina y una comunidad judía. Si no quiere vivir en Hura, hay tierras con infraestructura esperándolo, sin coste alguno. Si quiere vivir en Hiran, lo podrá hacer en las mismas condiciones que un judío, armenio o budista.

Cuando los "grupos defensores de los derechos" y el Haaretz automáticamente se ponen del lado de los beduinos que se oponen al mencionado Plan Prawer, en lugar de aquellos que lo apoyan, dicho plan puede parecer destinado al fracaso. Al igual que el resto de autodenominadas "fuerzas del progreso" en el mundo, avivan las llamas de la campaña de boicot, desinversión y sanciones, y la fantasía árabe del derecho al retorno. Pero esta no será nunca la forma de llegar a un acuerdo, y sólo refuerza los objetores. Esto perpetúa el sufrimiento, el conflicto y el derramamiento de sangre. Lo que los "progresistas" están haciendo a los palestinos, los "defensores de los derechos" están haciéndoselo ahora a los beduinos.

La verdad sea dicha, es dudoso que haya una población en cualquier parte del mundo con características similares, nativa o nómada, a la se le haya adjudicado un asentamiento tan generoso. Pero la película de propaganda ha logrado revertir este cuadro, de modo que los asuntos deben ser devueltos a la perspectiva adecuada. No es que los judíos estén haciendo a los beduinos lo que los antisemitas les hicieron a los judíos. Todo lo contrario. Se trata de los "grupos defensores de los derechos", los Rabinos por los Derechos Humanos, y el Haaretz, que se sigue así una antigua tradición, los que están fabricando nuevos libelos. En el pasado fue en contra de los judíos. Ahora es contra el Estado de Israel.

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Wednesday, December 04, 2013

Gran artículo para entender muchas cosas, no se lo pierdan: Los beduinos israelíes y los límites de tolerancia ante la intolerancia - Einat Wilf - Al Monitor



Las disputas legales de larga duración entre el Estado de Israel y la minoría musulmana árabe beduina con respecto a propiedad de la tierra en el sur del desierto de Negev parece ser la típica historia de David y Goliat en las relaciones entre las mayorías y las minorías en el Oriente Medio. La relación entre Israel y su comunidad beduina, sin embargo, es más universal y más particular que la mayoría de los casos. Es universal porque toca las difíciles interacciones entre un Estado moderno del bienestar y una sociedad patriarcal tradicional que insiste en mantener sus tradiciones, y en particular, todo lo que tiene que ver con las tradiciones nómadas y tribales beduinas, muy específicas en lo referente a la propiedad de la tierra.

La idea universal del multiculturalismo liberal nos habla de la igualdad del valor de las diferentes tradiciones y de la necesidad de respetarlas, incluso cuando son muy diferentes a las de la mayoría. ¿Qué debe hacer un país, sin embargo, cuando sus leyes chocan con las tradiciones de algunos de sus habitantes? ¿Dónde deben permanecer esas líneas de respeto?

Israel, como todos los países, tiene leyes que regulan la prueba de la propiedad de las viviendas. Los beduinos, unas tribus nómadas, han desarrollado sus propias tradiciones orales sobre su "registro de la propiedad de la tierra". Las tierras en cuestión nunca fueron registradas oficialmente o reconocidas como propiedad privada durante el Imperio Otomano o el Mandato Británico, ambos controlando la zona antes de la creación de Israel. Esos registros, por lo tanto, no fueron reconocidos por la ley israelí como propiedad privada de tierras después de la creación del Estado.

Israel, desde hace décadas, trató de negociar con los beduinos para conciliar las reclamaciones orales de propiedad de la tierra de las tribus con un marco moderno reconocido. Yo misma puedo dar fe de la complejidad imposible de la cuestión. Como miembro de la Knesset, y formando parte de su Comité de Asuntos Exteriores y de Defensa, a menudo me acerqué a los demandantes beduinos para apelar al estado en su nombre. Durante los últimos tres años, en el contexto del informe Goldberg,sobre la cuestión de la tierra beduina, y tal como el proyecto de ley Prawer-Begin promovía la posible reubicación de asentamientos beduinos, me senté con los beduinos en sus aldeas, miré los mapas y traté de entender cómo poder ayudar a su causa. Cuantas más preguntas me hice, más complicada, he de reconocerlo, era la situación.

Las tradiciones tribales de propiedad de la tierra son casi imposibles, si no son verdaderamente imposibles, de desenredar. A pesar de que un pueblo puede asentarse en una vasta extensión de tierra, y en el pueblo en sí puedan haber grandes franjas de tierra vacía, ningún habitante del pueblo estaría de acuerdo en asignar algunas de esas extensiones a fines públicos, como escuelas o centros comunitarios para las comunidades beduinas. La razón se debe a que en su tradición oral lo que no esté registrado/grabado a mano, se supone que pertenece a otra parte de la tribu. Si llegaran a ser asignadas para fines públicos, una disputa de sangre podría entrar en erupción.

Según mi experiencia, la única cosa en la que los diferentes líderes beduinos podrían estar de acuerdo es que debería ser el Estado de Israel quien asignara esos terrenos públicos, de propiedad estatal claro está, para que ellos puedan utilizarlos con fines públicos. No sólo no podían ponerse acuerdo sobre qué áreas asignar, y donde los servicios públicos eran realmente necesarios, sino que los líderes beduinos también fueron incapaces de llegar a un consenso sobre la construcción de carreteras, redes eléctricas y otras infraestructuras públicas que requiere la asignación de tierras.

 Por lo tanto, la pregunta sigue siendo: ¿Hasta dónde debe tolerar un Estado moderno las tradiciones locales? ¿En qué momento debe decir el Estado ya es suficiente, y cuando debe usar tales poderes para anular las tradiciones, en este caso para que lo pueblos beduinos reciban escuelas, electricidad, agua y otros servicios? ¿Hasta dónde debe llegar el Estado a la hora de aceptar reclamaciones de propiedad de la tierra indocumentadas basados ​​en tradiciones locales, cuando ningún otro ciudadano de la nación podría reclamar la propiedad privada de la tierra sobre esa misma base?

Otro ejemplo de este dilema es la tradición de la poligamia entre las tribus beduinas. Al igual que en otros países desarrollados, la poligamia está prohibida en Israel, pero los beduinos han encontrado formas de burlar la ley y continuar su tradición polígama. Un de ellas es casarse y luego divorciarse. Un hombre beduino se casa con una mujer muy joven y ésta da a luz varios hijos. Él, más tarde, se divorciará de ella. Dado que no existe una ley que prohíba a los ex cónyuges vivir al lado o juntos, o hacer lo que quiera con otros, la ex mujer seguirá viviendo junto a su ex esposo y le dará más hijos. Por otra parte, ahora que ella es una madre soltera, recibirá el apoyo del estado del bienestar para ella y sus hijos. Su ex marido, entonces, se casará con una nueva mujer y tendrá hijos con ella, sólo para divorciarse de ella más tarde, y así sucesivamente. Todo esto es perfectamente legal y, además de perpetuar la poligamia, convierte al Estado, a los servicios de salud de Israel y a la ideología liberal del multiculturalismo en cómplices de todo esto.

Antes de emitir un juicio, hay que preguntarse hasta qué punto una sociedad multicultural liberal debería tolerar los valores y tradiciones de las diferentes comunidades cuando esos valores son intolerantes y destructivos para las comunidades. La pregunta no es simple. Al igual que todas las mujeres casadas merecen vivir en una unión igualitaria, los niños se merecen escuelas cercanas y las madres y los padres se merecen clínicas y centros de trabajo próximos. Después de décadas de disputas legales, el estado de Israel, a través del Plan Prawer-Begin, está finalmente tratando de poner a las comunidades beduinas de camino a una propiedad de la tierra reconocida por el estado, y que les permita vivir adecuadamente y poseer bienes que luego podrán utilizar para su propio desarrollo. El plan está lejos de ser perfecto, pero es de gran alcance. Ningún estado moderno puede aceptar íntegramente las tradiciones locales de las minorías, sobre todo cuando son perjudiciales para el bienestar de la comunidad. En algún momento, el límite tiene que ser establecido.

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Sunday, July 07, 2013

Colonos o beduinos, el doble rasero cuando se trata de la disputa de la tierra - Israel Harel - Haaretz


Colonos de Oz Tzion

Consideren el siguiente escenario: Varios tribunales fallaron en los últimos años que los colonos se anexionaron ilegalmente miles de dunams de tierra. Estas tierras, por lo tanto deben ser restauradas a sus dueños, según dictaminaron los tribunales, y las estructuras en ellas construidas deben ser demolidas. Los intrusos recurrieron ante el Tribunal Supremo, alegando que "tierras del Estado" era propiedad de los judíos desde tiempos inmemoriales. Se rechazan sus apelaciones. Construir en tierras del Estado también es ilegal, dictaminaron los jueces.

Sin embargo, los colonos, que siempre se ven a sí mismos como por encima de la ley, continuaron tomando el control de más y más tierras. ¿El ejército? ¿La policía? Ellos no se atreven a ponerse en marcha ante una población, una parte de ella actuando criminalmente, que tiene tal poder político y es respaldada por una visión sesgada y por medios populistas.

¿Y el gobierno? Como suele ser el caso con los gobiernos débiles, temen enfrentarse a esas poderosas fuerzas, por lo que optaron por crear una comisión para regular el volumen y los años de duración de la adquisición de tierras estatales. El comité, encabezado por un ex juez del Tribunal Supremo, confirmó que la mayoría de las tierras se habían apropiado ilegalmente. Sorprendentemente, sin embargo, el comité decidió que los saqueadores podían mantener su botín. Un pequeño porcentaje de la tierra sería evacuado, pero el gobierno pagará a los invasores una compensación. Inclusive se construirán ciudades y pueblos para ellos a expensas del Estado.

Por supuesto, el Israel más liberal y progresista se opuso furiosamente a la autorización de ese robo y al desacato de los colonos, especialmente ante el Tribunal Supremo. Pero el gobierno, apático ante la ira de la opinión pública, decidió presentar un proyecto de ley que establecía escandalosas conclusiones de la comisión de derecho.

Inmediatamente después de que el proyecto de ley (apenas) se aprobara en su primera lectura, parecía como si todo el país estuviera en llamas. Decenas de miles de personas llenaron las calles, recordando a las plazas de Tahrir y Taksim. Y es que sólo en los países totalitarios se atreven a promulgar leyes que contravienen las decisiones de los tribunales y se injuria a los líderes de la oposición y a los cientos de miles que se manifestaron en la Plaza Rabin. "Esto no sólo viola el Estado de Derecho", declaraba un editorial del Haaretz, "sino que además suprime el imperio de la ley". Y por vez primera en la historia del estado, el presidente del Tribunal Supremo atacó a esos tribunales que dictaminaron la devolución de las tierras.

Ahora, cambiemos una sola palabra en esta hipotética historia: reemplacemos el término "colonos" por "beduinos", Todas las otras cosas descritas anteriormente, como el robo de la tierra, el desprecio a las resoluciones de los tribunales del propio Tribunal Supremo, la inactividad del gobierno, el ejército y la policía, las actividades criminales y la ira del Israel progresista, siguen siendo ciertas.

El lunes, la Knesset aprobó una primera lectura del decreto Prawer-Begin, que reubica a cerca de 30.000 beduinos en comunidades reconocidas en el Negev. El proyecto de ley elimina, en la teoría y en la práctica, numerosas sentencias judiciales, pero la respuesta no ha sido como la que yo imaginaba anteriormente. El establecimiento legal no ha pronunciado una sola palabra. De hecho, hay incluso importantes juristas que ven el proyecto como dañino para los beduinos. Nada en un proyecto de ley que pisotea anteriores resoluciones de los tribunales israelíes parece afectar al fiscal general por su posible carácter inconstitucional, o inclusive "desproporcionado". Esas expresiones de "inconstitucionalidad o irracionalidad" están reservadas únicamente para los proyectos de ley que conceden derechos preferenciales a aquellos que se sacrifican y sirven en las Fuerzas de Defensa de Israel y/o cumplen con el servicio nacional civil, o bien para esos otros proyectos de ley destinados a defender el buen nombre de nuestros combatientes contra sus calumniadores.

Uno puede tener una idea de lo loco que es este sistema si se compara esta escandalosa legislación con la "Ley de Regulación", que, como se recordará, estaba destinada a autorizar retroactivamente el puesto avanzado de Migron, parte de la cual estaba asentado, en total, en unas pocas docenas de disputados dunams. Un gran alboroto se planteó en contra de ese proyecto de ley, y el gobierno, como de costumbre, capituló y ni siquiera se presentó a la Knesset.

Liderando a los opositores a la Ley de Regulación estaba el ministro Benny Begin. Sin embargo, él fue el principal impulsor del proyecto de ley que beneficia a los beduinos y que involucra a cientos de miles de dunams, anulando a decenas de sentencias dictadas por los tribunales. El resultado público es la siguiente: El Estado de Israel está promoviendo una ley que establecerá que los beduinos están por encima de la ley.

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¿Son los beduinos palestinos? - Moshe Arens - Haaretz



¿Son los beduinos palestinos? Esta pregunta me vino a la mente cuando vimos la actuación de los miembros árabes de la Knesset durante el debate sobre el proyecto de ley Prawer - la ley para la regulación de los asentamientos beduinos en el Negev -.

Los diputados árabes gritaban y lloraban, y al final de su discurso cada uno de ellos de manera muy demostrativa rompieron una copia del proyecto de ley que habían subido a la tribuna. Habían decidido tomar una página del libro del último Chaim Herzog, quien, después de terminar su discurso en la Asamblea General de la ONU sobre la resolución "sionismo es racismo", rompió una copia de dicha resolución.

Era obvio que estos miembros árabes de la Knesset de Israel, que se consideran a sí mismos como palestinos, han decidido adoptar el Negev beduino para introducirlo en el redil palestino.

Los millones de beduinos que viven en todo el Oriente Medio no son, obviamente, palestinos. No lo son los beduinos de Arabia Saudí, y tampoco lo son los beduinos del Sinaí. Y los beduinos en Jordania, ¿acaso son jordanos? La primera lealtad de los beduinos se cree que se dirige a su propia tribu. Ese es también el caso de los beduinos que viven en el Neguev. Pero en los últimos años han sido objeto de una campaña de la Liga Islámica del norte, que está tratando de convencer a los beduinos para que giren al Islam, sean hostiles al Estado de Israel, y se consideren a sí mismos como palestinos, o al menos beduinos palestinos. Esto tiene un propósito político muy claro: difundir el ámbito "Palestino" sobre todos los ciudadanos de habla árabe del Estado de Israel.

Esto puede ser considerado como parte del proyecto de construcción de la nación palestina, que comenzó con la formación de la OLP en 1964. Un proyecto que ha tenido un éxito increíble en estos últimos 49 años. Hasta entonces, los residentes de habla árabe de la zona del Mandato de la Liga de las Naciones donde se establecería un hogar nacional judío eran designados simple y generalmente como árabes, y las propuestas de partición de la zona, ya sea por la Comisión Peel británica en 1937 o la Asamblea General de la ONU en 1947, llamó a la partición de la zona en "dos Estados, uno árabe y otro judío", y el liderazgo político de los árabes en Palestina bajo el Mandato, presidido por el Mufti de Jerusalén, se denominaba a sí mismo "Alto Comité Árabe". Ahora, se les conoce por todos como palestinos.

Y si la OLP hubiera tenido éxito a la hora de hacerse cargo de Jordania durante el "Septiembre Negro" de 1970, sin duda habrían cambiado el nombre de ese país a Palestina.

Mientras que los Estados-nación que se establecieron en el Oriente Medio después de la primera guerra mundial - Iraq, Siria y Líbano - están rompiéndose en pedazos ante nuestros ojos, y con ellos las "naciones" que fueron "creadas", el proyecto de construcción nacional palestino se lleva hoy a buen ritmo alentado por las Naciones Unidas, los Estados Unidos e Israel.

No importa que en la actualidad haya dos entidades políticas separadas palestinas - en Ramallah y en Gaza -, y posiblemente una tercera en Jordania, que ya estaba presente, y que presagia una posible ruptura en los próximos años. Los miembros árabes (¿o deberíamos decir palestinos) de la Knesset están ocupados tratando de extender la hegemonía palestina sobre cualquier ciudadano de Israel cuya lengua materna sea el árabe. Los beduinos del Neguev están ahora en su punto de mira.

Los sucesivos gobiernos israelíes simplemente han dejado de lado la situación de los beduinos del Neguev, y ese vacío ha intensificado las opciones de la Liga Islámica, y ahora de los miembros árabes de la Knesset. El proyecto de ley Prawer es el primer intento por parte de un gobierno israelí de establecer una política coherente que beneficiaría a los beduinos del Negev y al Estado de Israel. Aunque ha llegado muy tarde en el juego. No es la respuesta a todos los problemas de los beduinos a la hora de integrarse en una sociedad moderna, de alta tecnología, pero puede ser un buen comienzo. No es de extrañar que los miembros árabes de la Knesset luchen con uñas y dientes, y griten y lloren.

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