Una sórdida difamación del judaísmo (en un editorial del Haaretz) - David Landau - Haaretz
Los nuevos Grandes Rabinos
(En algunos post anteriores hacía mención a una especie de “alianza” que comenzaba a dibujarse en el horizonte de la política israelí y que tenía como protagonistas a los partidos de la izquierda, sobre todo el Meretz, con los partidos ultra-ortodoxos. En principió sus protagonistas mencionaban básicamente al tema de los presupuestos, reseñando sus diferencias en otros temas. Aprovechando ese nuevo espíritu conciliador (que tiene mucho que ver con el oportunismo e hipocresía de la izquierda, que no parece hacer ascos a llegar hasta el gobierno con la ayuda de los ultra-ortodoxos pactando lo que haga falta, y con el espíritu vengativo de los partidos haredí por haber sido dejados fuera de la coalición de gobierno, en beneficio de otros partidos que además parecen amenazar sus prebendas), recupero este artículo del 30 de julio en el Haaretz, y precisamente sobre un editorial considerado ofensivo, para sondear que grado de fidelidad y de respeto podrá respirarse dentro de esa alianza, más cuando el Haaretz y el Meretz son en gran medida uña y carne, o si se prefiere aliados ostensibles.
Un comentario más, el autor de este artículo de denuncia del editorial del Haaretz es David Landau, que si no me equivoco fue redactor jefe del Haaretz y era uno de sus escasos periodistas o colaboradores observantes o religiosos del diario. También creo que fue quién hablando con Condolezza Rice, la ex secretaria de Estado con Bush, en una de sus visitas a Israel y en una reunión super selectiva con lo más granado de la élite progresista y biempensante de Tel Aviv, le expresó a Condy Rice su famosa recomendación: “Israel desea ser forzado”, es decir, la élite de la que parecía hacerse representante David Landau deseaba que EEUU le impusiera a Israel las condiciones de una paz. Hay que reconocer que como demostración de un espíritu democrático en gente que se precia de ser tan progresista y biempensante resulta bastante chocante).
Miramos hacia atrás con orgullo justificado al embajador (más tarde presidente) Chaim Herzog por su dramática denuncia de un proyecto de resolución de la ONU que pretendía declarar que el sionismo era racismo. Muchos lectores sin duda podrían sentirse tentados a emular a nuestro representanta - física o virtualmente - al leer un editorial del Haaretz el pasado viernes que declaraba, en efecto, que el judaísmo era racismo.
El titular del artículo era "Racismo con una Kipá". El artículo giraba ostensiblemente sobre la última elección dek Rabinato. Afirmaba que la "misión central" del Gran Rabinato es "la coacción estatal oficial para preservar la pureza del pueblo judío a través de leyes relativas al estatuto personal... El Rabinato representa una ideología que se esfuerza por preservar el perfil genético de la comunidad judía y por crear graves dificultades para aquellos que quieren unirse a sus filas Tal ideología debe ser llamado por su verdadero nombre: racismo".
No soy un defensor del Rabinato, ciertamente no de la seriedad de su creación y de las - gratuitas - dificultades que pone a los posibles conversos al judaísmo. Y puedo entender fácilmente una posición que abogue por la separación de la sinagoga del Estado, o una defensa del matrimonio civil.
Pero, ¿qué tiene todo esto que ver con la obscena acusación de racismo? ¿Cómo puede una religión, o incluso el Rabinato, que acepta conversos de todas las razas y colores, ser acusados justa o lógicamente de racismo.
El editorialista se enfrenta a este problema de la lógica insertando falsamente la palabra "genética", lo cual nos lleva a la memoria terribles asociaciones:
"Una ideología que se esfuerza por preservar el perfil genético de la comunidad judía...".Pero esto es tan engañoso como sórdido. El judaísmo, al igual que otras religiones, no se esfuerza
por preservar el perfil de su comunidad. Los rabinos judíos animan a casarse - idealmente - dentro de la propia comunidad religiosa. Y esto vale tanto para los rabinos liberales – Judaísmo Conservador y Judaísmo de la Reforma - como para los ortodoxos. (Las corrientes o denominaciones liberales sí es cierto que son más indulgentes en lo referente a la conversión).
Pero es su comunidad de fe, no su comunidad "genética", la que los rabinos, al igual que otros clérigos, tratan de preservar [N.P.: sobre todo si el número de integrantes es reducido y se corre el peligro de acabar desapareciendo].
Normas católicas requieren que los sacerdotes católicos animen a los católicos a casarse con otros católicos. [N.P.: Y no hablemos de los musulmanes, puesto que dejaría de ser una “justa crítica” a la religión para pasar a ser “islamofobía” para la gente progresista y biempensante, pues este es su nuevo tabú]. Esa predilección no tiene que ver con la "genética" o el "racismo", sino con la supervivencia de la religión.
El editorialista tiene perfecto derecho, por supuesto, a evitar la religión, a todas las religiones si es objetivo. Sin embargo, debería tener la honestidad intelectual de reconocer su posición desde un principio y no falsear o disfrazar sus específicas obsesiones acerca de Israel y su judaísmo mayoritario [N.P.: añado mayoritario, porque tampoco me imagino un editorial similar sobre el “progresista” Judaísmo de la Reforma estadounidense]..
Algunas de estas obsesiones, como ya he señalado, pueden estar totalmente justificadas tanto a los ojos de los creyentes israelíes como tanto o más a ojos de los agnósticos israelíes. Los creyentes sinceramente esperaban que la nueva elección del Rabinato generaría un Rabinato más aperturista y amigable, y más creativo halájicamente. Por encima de todo, esperaban y oraban para que el nuevo Rabinato resolviera el escándalo nacional que representan esos cientos de miles de inmigrantes ex-soviéticos de origen judío, quienes fueron instados a hacer aliyá, pero cuya judeidad no es reconocida por el Rabinato y cuyo camino hacia un matrimonio judío religioso se ve impedido.
También en este caso, sin embargo, el editorialista deja entrever sus prejuicios, así que vamos a llamarlo por su verdadero nombre: prejuicio anti-judío, que se demuestra escribiendo que la coarción rabínica (uno funcionarios estatales) implica "leyes [que] impiden los matrimonios entre judíos y no judíos... e incluso matrimonios entre un Cohen y una divorciada".
Pero las restricciones matrimoniales son un método principal, a menudo torpe y a veces cruel, por el cual todas las religiones tratan de mantener la fidelidad de sus rebaños. Varias iglesias cristianas imponen varios límites en el tema del matrimonio. La hija de la reina de Inglaterra, la princesa Ana, por ejemplo, tuvo que casarse tras su divorció en Escocia porque la Iglesia de Inglaterra no permite que personas divorciadas cuyos ex cónyuges sigan viviendo se casen en sus iglesias, mientras que la Iglesia de Escocia lo acepta bajo ciertas circunstancias.
Con el reciente nacimiento del príncipe George en Inglaterra, el editorialista del Haaretz seguro que debería estar indignado y tronando sobre la circunscrita elección de sus posibles cónyuges.
Labels: Antijudaísmo, DLandau, Haaretz, Izquierda israelí


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