Saturday, March 22, 2014

No habrá paz si el campo de la paz no exije a los palestinos que contribuyan a ella - Ari Shavit - Haaretz



En Washington y Nueva York, y hasta en Tel Aviv, una ofensiva global se está librando sobre el estado nacional del pueblo judío. Buscadores de la paz estadounidenses e israelíes están atacando furiosamente la exigencia de reconocer a Israel como un Estado judío.

De repente, no sólo los asentamientos son un crimen de guerra, sino que también lo es la demanda del pueblo judío de que se reconozca su derecho a la autodeterminación. De repente, la idea fundamental del sionismo, que fue reconocida en la Declaración Balfour, en la resolución de partición de la ONU y en la Declaración de Independencia de Israel, no es legítima.

La idea de que junto al Estado-nación palestino (no democrático) habrá un Estado-nación judío(democrático) hace que muchas buenas personas se ofendan. Personas que están por regla general comprometidas con la igualdad no están dispuestas a conceder a los judíos lo que de una manera firme exigen para los palestinos. Esas personas que quieren la paz están rechazando de plano la exigencia de un verdadero umbral para la paz: un verdadero reconocimiento mutuo.

Ya se hablado lo suficiente sobre la esencia de la cuestión. Es un conflicto de ceguera mutua. Nosotros no reconocíamos la existencia de un pueblo palestino con derecho a su propio estado soberano y los palestinos no reconocen la existencia de un pueblo judío que tiene derecho a su propio estado soberano.

Está claro, por lo tanto, que el fin del conflicto debe suponer el fin de la ceguera. Debe implicar el reconocimiento por cada parte de la otra, cuya existencia y derechos ha ignorado durante los últimos 100 años más o menos.

Israel ya ha abierto sus ojos. En 1993 admitió que existe un pueblo palestino, en el 2000 Israel aceptó el establecimiento de un Estado palestino y en el 2009 el líder de la derecha israelí abrazó este doble reconocimiento.

Así que ahora es el turno de que los palestinos abran sus ojos. Como Israel acepta el principio de una división de la tierra sobre la base de las fronteras de 1967, ahora los palestinos tendrán que declarar que existe un pueblo judío con un legítimo derecho a la tierra y que tiene derecho a definirse a sí mismo como un Estado judío y democrático (siempre y cuando respete los derechos de todos sus ciudadanos y conserva una plena libertad religiosa). Simple, muy simple. Obvio, muy obvio.

Sin embargo, en el momento de la verdad, de repente todo se convierte en muy complicado. Lo obvio es visto como algo surrealista, como una locura. A pesar de que Yasser Arafat ya reconoció el Estado judío, a pesar de que el plan de paz de John Kerry se basó desde el principio en el reconocimiento del Estado judío, ese término se ha convertido de repente en un insulto o una grosería.

La demanda más básica dirigida a los palestinos de repente se ve como un capricho. ¿Por qué? Porque cuando Mahmoud Abbas dice que no, muchos dentro de la comunidad internacional, y en amplios sectores de la izquierda israelí, se derrumban y se desmoronan.

Ellos carecen de la valentía necesaria para hacer frente a los palestinos y decirles "hemos llegado (con vosotros) hasta aquí". Aun cuando la posición palestina es claramente inmoral, sienten la obligación de seguir su línea.

El profesor Alexander Yakobson es un historiador que estuvo anteriormente muy activo dentro del campo de la paz. Cuando abandonó dicho campo, me dijo que su plataforma era excelente. El problema es que debajo de esa plataforma había una cláusula escrita con tinta invisible que decía que todos los principios anteriores estaban sujetos a que los palestinos no se opusieran a ellos. Así que el momento en que los palestinos vetan cualquier cosa, la plataforma de la izquierda sionista se derrumba y pierde toda su validez.

Esa tinta invisible es el auténtico problema del campo de la paz internacional e israelí. Paradójicamente, la tinta invisible es actualmente uno de los mayores obstáculos para la paz. No habrá paz si los palestinos no aportan su cuota a dicha paz. Pero los palestinos no contribuirán con su parte si las personas que quieren dicha paz, tanto en Israel como en el mundo, no insisten a que contribuyan.

Así que ha llegado la hora de que aquellos que realmente quieren poner fin a la ocupación y dividir la tierra se levanten y se enfrenten a Abbas, y le exijan que él también debe cruzar su propio Rubicón. Si él no lo hace, el deslizamiento de tierra será inmensamente peligroso. Abbas está corriendo el peligro no de enterrar al Estado judío, sino la solución de dos estados.

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