Saturday, March 21, 2015

¿Podrá la izquierda israelí aprender la lección para poder ganar las elecciones nuevamente? - Liel Leibovitz - Tablet


"Aceptar los resultados electorales, pero no respetarlos". La doctrina del Haaretz, y que seguirá a pie juntillas la izquierda oficial. Luego se quejará

En el invierno de 1973, cuando apenas sobrevivió al ataque árabe coordinado, Israel se dispuso a entender por qué había pasado por alto los muchos signos que apuntaban hacia una futura agresión egipcia. La respuesta que se dio fue larga y complicada, pero se puede resumir en una sola palabra que conoce todo israelí: Ha'Konseptsya, o el Concepto. La inteligencia de Israel no vio venir la guerra debido a su (errónea) concepción de que Egipto nunca se arriesgaría a una guerra a menos que tuviera misiles de largo alcance que pudieran alcanzar suficientes blancos en el interior del Estado judío. El viernes antes de que estallara la guerra, los oficiales de inteligencia de las Fuerzas de Defensa de Israel recopilaron un documento con 39 cláusulas, cada una de ellas apuntando a una evidencia de por qué una invasión egipcia era sólo una cuestión de tiempo. Su oficial al mando, fiel al Concepto, añadió una cláusula más, la 40ª y última, que exponia que dejando todas las pruebas a un lado, la probabilidad de guerra era minúscula. Menos de 24 horas después, aviones egipcios y sirios lanzaron más de 750 ataques contra objetivos israelíes en el norte y en el sur. Ha'Konseptsya fue probada como totalmente equivocada.

Lo que la izquierda israelí experimentó esta semana a la luz del triunfo electoral de Benjamin Netanyahu no fue un mero revés político. Fue la ruptura de otro Concepto, de otra firme visión del mundo que ignora demasiadas señales y confia demasiado en sus artículos de fe. Con los Laboristas habiendo obtenido su más impresionante logro en casi dos décadas pero aún así quedándose cortos, y con el Meretz tambaleándose al borde de la extinción, quizás no sea demasiado decir que ésta es la hora más oscura de la izquierda israelí. Si quiere sobrevivir, tendrá que lidiar con el Concepto que la llevó por mal camino.

Irónicamente, en el corazón de su Concepto están los mismos pasos en falso que los progresistas israelíes achacan rutinariamente a sus oponentes de haber cometido: abandonar la lógica y el análisis por el dogma, el pensamiento mágico y el odio tribal.

Como una muestra de todo lo anterior, no tienen más que buscar la cobertura postelectoral del Ha'aretz. "El pueblo de Israel no quiere la paz", escribió Ravit Hecht, una editorialista del periódico. "Están demasiado incitados y asustados... Ellos no quieren vivir en una nación democrática y liberal occidental".  Y desde luego no podía ser menos, el columnista Gideon Levy fue un paso más allá y argumentó que el pueblo de Israel simplemente tiene que ser sustituido. Al votar por Bibi, ese pueblo se había demostrado indigno de la existencia. A partir de ahí, no quedaban muchos impedimentos para declarar, como hizo la novelista Alona Kimchi en su página de Facebook, que los votantes israelíes eran "putos neandertales" que deberían "tomar su dosis de cianuro" porque "sólo la muerte le ahorrará de si mismos".

Estos no son meramente los gritos de angustia que uno esperaría oír a la mañana siguiente de una dolorosa derrota en las urnas. Reflejan un profundo fracaso intelectual y emocional, el hecho de que miran hacia la derecha y no ven gente racional. Atada a su Concepto, la izquierda rechazó la inquietud mayoritaria que los israelíes sienten al contemplar las cuestiones de seguridad, una preocupación que niegan como fruto de la histeria nerviosa de gente sin educación. Desde hace dos décadas, la izquierda ha estado diciendo más o menos la misma historia: la paz, la prosperidad y la seguridad solamente llegarán si gente más amable, educada y moral toma el timón, desmantela todos los asentamientos, hace las paces con Europa, y reaviva un sentimiento amoroso con la Autoridad Palestina. Todo eso, según sostiene la izquierda, estaría a nuestro alcance si solamente los votantes israelíes estuvieran más influidos por la esperanza que por el miedo. Una y otra vez, sin embargo, los votantes israelíes han demostrado que no están convencidos.

Y ellos no están convencidos porque el Concepto de la izquierda no dice nada acerca de las crecientes evidencias de la beligerancia palestina, del abrazo de la OLP a Hamas, de la repetida insistencia de la Autoridad Palestina en rehuir las negociaciones en favor de apelaciones simbólicas pero inútiles a una serie de instituciones internacionales. Ellos no están convencidos porque no ven del todo claro como no construir en Itamar, Beit El o Ariel apaciguaría a Hamas o a Hezbollah. Ellos no están convencidos porque cuando consideren las exhortaciones de la izquierda y miran a Washington, Londres y París en busca de inspiración, no ven un plan de juego sensato para detener las ambiciones nucleares de Irán, por no hablar de su apoyo vertiginoso al terrorismo y a la violencia en todo el mundo. Ellos no están convencidos porque ven esos vídeos macabros del ISIS y saben que es sólo una cuestión de tiempo antes de que esa agitación que se difundir por todas partes, de Libia a Siria, llame a su puerta.

¿Cómo entonces, podría proceder la izquierda israelí? En primer lugar, debe volver a mirar a Israel. El importante papel desempeñado en estas elecciones por la financiación americana anti-Bibi no ha sido casual, pues refleja la creciente dependencia económica y emocional de la izquierda del apoyo exterior. En lugar de tratar de ganar las elecciones y realizar cambios mirando a la Unión Europea o Washington, la izquierda podría tratar de hablar realmente con esos israelíes reales que, aunque molestos con Netanyahu, sin embargo le otorgaron un impresionante triunfo, y aprender de paso por qué tantos de ellos optaron por superar su aversión personal por el hombre.

Después de sustituir su habitual displicencia y condescendencia a la hora de hablar con los israelíes, la izquierda podría entonces presentar un plan que fuera procesable y concreto. En lugar de tratar de cuadrar el círculo con la promesa de mantener los asentamientos y traer la paz, de mantener la seguridad y promover la buena voluntad, todo al mismo tiempo, debería ser franca acerca de lo que realmente cree y desea. Si realmente cree que los grandes asentamientos deben permanecer bajo la soberanía de Israel y que Jerusalén sea la capital indivisa, tal como expresaba la plataforma de la Unión Sionista, parece más que obvio que debería abandonar claramente su viejo y cansado tropo sobre los asentamientos como el único obstáculo para la paz mundial. Y si cree que la eliminación de los asentamientos es una condición sine qua non, debería explicar a los israelíes cómo la retirada unilateral de Cisjordania sería diferente de la retirada unilateral de Gaza.

Estas no son preguntas fáciles de responder, pero no son imposibles. Se podría argumentar que cuanto más cosas permanezcan igual, más probable será que los enemigos de Israel crezcan más desesperados y radicales, y que por lo tanto podría ser útil considerar algún tipo de desconexión parcial de Cisjordania. Entonces, si estalla más violencia al estilo de Gaza, Israel podría al menos defender sus fronteras no impugnadas con ferocidad inequívoca y con convicción. Puede que aún sea un argumento que muchos israelíes pudieran rechazar, pero supone al menos algo mucho más sustantivo que decir simplemente que Bibi es malo, que la religión es una tontería y que la gente que se siente amenazada lo está solamente por un monstruo imaginario, ya que la oscuridad puede ser desterrada con solo encender la luz del pensamiento positivo.

Lamentablemente, parece que en la izquierda ni habrá ni se espera tal despertar. La última tendencia entre los que no votaron por Bibi es la viral campaña Lo Latet en los medios sociales hebreos. Se trata de pedir a las élites progresistas y a los izquierdistas que ya "no den más ayuda", ni solidaridad ni donaciones, a través de las organizaciones benéficas, a esas comunidades empobrecidas que votaron por Netanyahu. "La conclusión es muy clara", escribió un enfurecido israelí que apoya esa campaña en Facebook, "las cosas no son probablemente lo suficientemente malas para ustedes por el momento". Para qué importar costosos estrategas políticos estadounidenses para luego darse cuenta de que ellos no lograran cambiar la opinión que la mayoría de la población tiene de ustedes juzgando sus actos.


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