Una visión pragmática de la izquierda de Israel: Una respuesta a Benny Morris - Carlo Strenger - Haaretz
Una visión creíble de la izquierda requiere adherirnos a nuestros principios morales, pero también adoptar un enfoque mucho más pragmático de la paz. La izquierda israelí necesita una nueva visión.
Uno de los desertores más inquietantes de entre sus filas es Benny Morris. Cuando, en el 2001, comenzó a declarar, una y otra vez, que él no creía en la posibilidad de una paz con los palestinos, su voz era imposible de ignorar.
He aquí un hombre cuya integridad intelectual y compromiso con la verdad de los hechos es inquebrantable, pues fue encarcelado por negarse a servir en Cisjordania en la década de 1980, arriesgó su propia carrera académica al adherirse a la verdad histórica sobre el papel de Israel en la creación del problema de los refugiados palestinos, y que no puede ser considerado como un mero representante de alguna manufacturada narrativa ideológica. Este importante historiador que ahora piensa que David Ben-Gurion debía haber completado la transferencia de población árabe, porque no se imagina que los árabes lleguen a aceptar nunca a Israel, ciertamente plantea un asunto nada fácil de digerir.
Él reafirma su pesimismo en un reciente artículo en The Guardian, y dice que Barack Obama está embarcado en una misión imposible, que su intento de renovar el proceso de paz está condenado al fracaso. El título de su reciente libro, “Un Estado, dos Estados: Resolviendo el conflicto palestino-israelí”, es engañoso, ya que su tesis plantea que el conflicto no puede resolverse. Él cree que los palestinos en particular, y los árabes en general, nunca han aceptado la existencia de Israel, y que no lo harán por mucho tiempo.
Hay razones profundas para desilusión de Morris. Como la mayoría de los israelíes, Morris está traumatizado por la esperanza rota en 2000, cuando el fracaso de Camp David fue seguido por la Segunda Intifada.
La posición de la izquierda israelí hasta el año 2000 tenía dos componentes. El primero era una visión moral: Israel no debe ser un Estado que no respete los derechos humanos. Aferrarse a los territorios es inmoral porque niega a millones de palestinos los derechos más básicos.
El segundo componente se basaba en una predicción empírica: si Israel propone a los palestinos una retirada de los territorios, la paz se haría realidad. Esta predicción se hizo añicos después de Camp David, en el 2000, cuando el derramamiento de sangre llegó a unas nuevas cimas terribles. Para Benny Morris, como para muchos israelíes, se trataba de la muerte de la predicción empírica de la izquierda. Su conclusión ha sido que el rechazo (a la presencia judía) de los árabes y los palestinos está aquí para quedarse, y que el conflicto no podrá resolverse durante las generaciones venideras.
Para Morris, las esperanzas equivocadas de “Paz Ahora" en la década de 1990 eran representativas de la izquierda (y eso me incluye a mí), una izquierda que estaba demasiado ocupada con sus elevados principios y no lo suficientemente atenta respecto a los hechos sobre el terreno. No nos dimos cuenta de que los palestinos eran aún ambivalentes acerca de la paz, y que su gobierno fue catastrófico, plagado de corrupción y de luchas por el poder interno.
Nosotros tampoco prestamos suficiente atención a las acciones de Israel. Como muchos críticos del libro de Morris han señalado, no dice una palabra acerca de las expropiaciones de tierras por parte de Israel y la continúa expansión de los asentamientos, lo que llevó a muchos palestinos a dudar de que Israel realmente deseara la paz. La combinación de la falta de sinceridad por parte de Israel y "el caos interno” de los palestinos tuvo consecuencias catastróficas.
Morris, en una entrevista con Ari Shavit, en el Haaretz, afirmaba que él seguía siendo un hombre de izquierdas, porque seguía favoreciendo, en principio, una solución de dos Estados. Simplemente no creía que fuera factible. El estado de ánimo de Morris se refleja en la desaparición de la izquierda en la Knesset: los ciudadanos de Israel no están dispuestos a votar a favor de principios si no ven a cambio ninguna esperanza realista de paz.
Aunque respeto la integridad intelectual de Morris y su grandeza como historiador, creo que está equivocado, porque su evaluación de la situación actual está fuertemente influenciada por el trauma del fracaso de Camp David en el 2000 y por sus nociones sobre un choque de civilizaciones y la naturaleza del Islam. Creo que hay buenas razones empíricas para creer que la paz es posible, y que la izquierda necesita una nueva visión pragmática para recuperar el apoyo de la opinión pública.
Ni el rechazo por parte de palestinos y árabes es una ley inmutable de la naturaleza. Morris no lo relaciona a un cambio radical en el mundo árabe, ya que este cambio no provendrá de un repentino amor por Israel. Los líderes árabes saben que los días en que sus economías se basarían en el petróleo están limitados, y muchos de ellos están tratando de modernizar sus países. También sabe que el Islam político amenaza a sus propios regímenes, y que sólo el desarrollo económico y un horizonte positivo de futuro para los jóvenes descontentos podrá prevenir una toma del poder islamista. Ellos saben que esta modernización requiere de estrechos vínculos con Occidente. Esto se refleja en la iniciativa de paz de la Liga Árabe, a la que Morris, al igual que todos los gobiernos israelíes, simplemente ha elegido ignorar.
Morris también demuestra una falta de atención con los cambios en curso en Cisjordania. El general americano Dayton ha documentado un aumento en la eficacia, la transparencia y la rendición de cuentas por parte de las fuerzas de seguridad palestinas que ha entrenado. Es sorprendente la poca atención que Morris dedica a la revolución acontecida dentro de Fatah y el surgimiento de un liderazgo más joven y mucho más pragmático, y el respeto que se merece el primer ministro palestino Salam Fayyad, por su inquebrantable sentido de la justicia y por su pragmática eficiencia.
Mi respuesta a Benny Morris es que tenemos que despertar del trauma de 2000. Una visión creíble de la izquierda requiere adherimos a nuestros principios morales, pero también adoptar un enfoque mucho más pragmático respecto a la paz. Ningún gobierno israelí será capaz de salir de los territorios mañana mismo, antes de que la situación de seguridad haya sido aclarada. Pero hay que desmantelar los asentamientos y los controles de carretera en el corazón de Palestina para así mejorar la calidad de vida y hacer posible el desarrollo económico, y para acelerar el camino hacia el establecimiento de un estado palestinos, incluso con fronteras temporales. Se debe realizar un gran esfuerzo para la construcción de una economía palestina que pueda dar esperanza a los palestinos más jóvenes. Esta es una posibilidad realista: hay muchos empresarios dispuestos a invertir en la economía palestina y crear una auténtica sinergia entre Israel y Palestina.
Me anticipo a la siguiente objeción: "¿Nos vas a vender ahora la maniobra de Netanyahu de una "paz económica "? ¿No abandonas así los fundamentos de la visión de la izquierda?"
La respuesta es un evidente “claro que no". No tengo ni idea de cual es la visión de Netanyahu para el futuro, y a veces dudo de que la tenga. Mi visión es muy clara: una retirada a las fronteras de 1967 y la afirmación inequívoca del derecho palestino a su propio estado. Tenemos que atenernos a nuestros ideales, y sin embargo ser pragmáticos en la creación de un plan sobre los detalles del proceso de paz. Esa es la esperanza en la que podemos creer.
Anexo Personal:
Ok, entendido, bienvenido este nuevo ejercicio de pragmatismo - ¿y de autocrítica? - de la izquierda israelí.
Pero vuelvo a Morris: ¿Dónde está ese supuesto pragmatismo palestino (“acontecido dentro de Fatah y el surgimiento de un liderazgo más joven y mucho más pragmático”)?
¿Vendrá, y acabará con el sempiterno rechazo a la presencia judía, solamente con la mejoría de su economía, sin más, sin ningún cambio de mentalidad adicional sobre el conflicto?
¿Los necesarios cambios económicos dentro de los regímenes árabes por miedo al islamismo, no podrán desembocar en más inmovilismo por temor a que esos cambios puedan abrir la espita a situaciones incontrolables para los poderes actuales?
Y es que, como siempre, el “nuevo pragmatismo palestino” parece basarse más que nada en un deseo voluntarista de la izquierda israelí en lo que respecta a su interpretación de las aspiraciones y futuras pautas de los palestinos.
¿Qué tal si por una vez ese ejercicio de pragmatismo partiera directamente de los propios palestinos, en inglés y en árabe, y no tuviera que ser la izquierda israelí la que hiciera de portavoz y exegeta de él?
Mi inconexa opinión: nada nuevo relevante bajo el sol de la izquierda israelí. Benny Morris, al día de hoy, realiza una interpretación muy pesimista pero más ajustada a las realidades sobre el terreno.
Muy recomendable este otro artículo de Carlo Strengler sobre el mismo tema: ¿Por qué ha desaparecido la izquierda israelí?
Uno de los desertores más inquietantes de entre sus filas es Benny Morris. Cuando, en el 2001, comenzó a declarar, una y otra vez, que él no creía en la posibilidad de una paz con los palestinos, su voz era imposible de ignorar.
He aquí un hombre cuya integridad intelectual y compromiso con la verdad de los hechos es inquebrantable, pues fue encarcelado por negarse a servir en Cisjordania en la década de 1980, arriesgó su propia carrera académica al adherirse a la verdad histórica sobre el papel de Israel en la creación del problema de los refugiados palestinos, y que no puede ser considerado como un mero representante de alguna manufacturada narrativa ideológica. Este importante historiador que ahora piensa que David Ben-Gurion debía haber completado la transferencia de población árabe, porque no se imagina que los árabes lleguen a aceptar nunca a Israel, ciertamente plantea un asunto nada fácil de digerir.
Él reafirma su pesimismo en un reciente artículo en The Guardian, y dice que Barack Obama está embarcado en una misión imposible, que su intento de renovar el proceso de paz está condenado al fracaso. El título de su reciente libro, “Un Estado, dos Estados: Resolviendo el conflicto palestino-israelí”, es engañoso, ya que su tesis plantea que el conflicto no puede resolverse. Él cree que los palestinos en particular, y los árabes en general, nunca han aceptado la existencia de Israel, y que no lo harán por mucho tiempo.
Hay razones profundas para desilusión de Morris. Como la mayoría de los israelíes, Morris está traumatizado por la esperanza rota en 2000, cuando el fracaso de Camp David fue seguido por la Segunda Intifada.
La posición de la izquierda israelí hasta el año 2000 tenía dos componentes. El primero era una visión moral: Israel no debe ser un Estado que no respete los derechos humanos. Aferrarse a los territorios es inmoral porque niega a millones de palestinos los derechos más básicos.
El segundo componente se basaba en una predicción empírica: si Israel propone a los palestinos una retirada de los territorios, la paz se haría realidad. Esta predicción se hizo añicos después de Camp David, en el 2000, cuando el derramamiento de sangre llegó a unas nuevas cimas terribles. Para Benny Morris, como para muchos israelíes, se trataba de la muerte de la predicción empírica de la izquierda. Su conclusión ha sido que el rechazo (a la presencia judía) de los árabes y los palestinos está aquí para quedarse, y que el conflicto no podrá resolverse durante las generaciones venideras.
Para Morris, las esperanzas equivocadas de “Paz Ahora" en la década de 1990 eran representativas de la izquierda (y eso me incluye a mí), una izquierda que estaba demasiado ocupada con sus elevados principios y no lo suficientemente atenta respecto a los hechos sobre el terreno. No nos dimos cuenta de que los palestinos eran aún ambivalentes acerca de la paz, y que su gobierno fue catastrófico, plagado de corrupción y de luchas por el poder interno.
Nosotros tampoco prestamos suficiente atención a las acciones de Israel. Como muchos críticos del libro de Morris han señalado, no dice una palabra acerca de las expropiaciones de tierras por parte de Israel y la continúa expansión de los asentamientos, lo que llevó a muchos palestinos a dudar de que Israel realmente deseara la paz. La combinación de la falta de sinceridad por parte de Israel y "el caos interno” de los palestinos tuvo consecuencias catastróficas.
Morris, en una entrevista con Ari Shavit, en el Haaretz, afirmaba que él seguía siendo un hombre de izquierdas, porque seguía favoreciendo, en principio, una solución de dos Estados. Simplemente no creía que fuera factible. El estado de ánimo de Morris se refleja en la desaparición de la izquierda en la Knesset: los ciudadanos de Israel no están dispuestos a votar a favor de principios si no ven a cambio ninguna esperanza realista de paz.
Aunque respeto la integridad intelectual de Morris y su grandeza como historiador, creo que está equivocado, porque su evaluación de la situación actual está fuertemente influenciada por el trauma del fracaso de Camp David en el 2000 y por sus nociones sobre un choque de civilizaciones y la naturaleza del Islam. Creo que hay buenas razones empíricas para creer que la paz es posible, y que la izquierda necesita una nueva visión pragmática para recuperar el apoyo de la opinión pública.
Ni el rechazo por parte de palestinos y árabes es una ley inmutable de la naturaleza. Morris no lo relaciona a un cambio radical en el mundo árabe, ya que este cambio no provendrá de un repentino amor por Israel. Los líderes árabes saben que los días en que sus economías se basarían en el petróleo están limitados, y muchos de ellos están tratando de modernizar sus países. También sabe que el Islam político amenaza a sus propios regímenes, y que sólo el desarrollo económico y un horizonte positivo de futuro para los jóvenes descontentos podrá prevenir una toma del poder islamista. Ellos saben que esta modernización requiere de estrechos vínculos con Occidente. Esto se refleja en la iniciativa de paz de la Liga Árabe, a la que Morris, al igual que todos los gobiernos israelíes, simplemente ha elegido ignorar.
Morris también demuestra una falta de atención con los cambios en curso en Cisjordania. El general americano Dayton ha documentado un aumento en la eficacia, la transparencia y la rendición de cuentas por parte de las fuerzas de seguridad palestinas que ha entrenado. Es sorprendente la poca atención que Morris dedica a la revolución acontecida dentro de Fatah y el surgimiento de un liderazgo más joven y mucho más pragmático, y el respeto que se merece el primer ministro palestino Salam Fayyad, por su inquebrantable sentido de la justicia y por su pragmática eficiencia.
Mi respuesta a Benny Morris es que tenemos que despertar del trauma de 2000. Una visión creíble de la izquierda requiere adherimos a nuestros principios morales, pero también adoptar un enfoque mucho más pragmático respecto a la paz. Ningún gobierno israelí será capaz de salir de los territorios mañana mismo, antes de que la situación de seguridad haya sido aclarada. Pero hay que desmantelar los asentamientos y los controles de carretera en el corazón de Palestina para así mejorar la calidad de vida y hacer posible el desarrollo económico, y para acelerar el camino hacia el establecimiento de un estado palestinos, incluso con fronteras temporales. Se debe realizar un gran esfuerzo para la construcción de una economía palestina que pueda dar esperanza a los palestinos más jóvenes. Esta es una posibilidad realista: hay muchos empresarios dispuestos a invertir en la economía palestina y crear una auténtica sinergia entre Israel y Palestina.
Me anticipo a la siguiente objeción: "¿Nos vas a vender ahora la maniobra de Netanyahu de una "paz económica "? ¿No abandonas así los fundamentos de la visión de la izquierda?"
La respuesta es un evidente “claro que no". No tengo ni idea de cual es la visión de Netanyahu para el futuro, y a veces dudo de que la tenga. Mi visión es muy clara: una retirada a las fronteras de 1967 y la afirmación inequívoca del derecho palestino a su propio estado. Tenemos que atenernos a nuestros ideales, y sin embargo ser pragmáticos en la creación de un plan sobre los detalles del proceso de paz. Esa es la esperanza en la que podemos creer.
Anexo Personal:
Ok, entendido, bienvenido este nuevo ejercicio de pragmatismo - ¿y de autocrítica? - de la izquierda israelí.
Pero vuelvo a Morris: ¿Dónde está ese supuesto pragmatismo palestino (“acontecido dentro de Fatah y el surgimiento de un liderazgo más joven y mucho más pragmático”)?
¿Vendrá, y acabará con el sempiterno rechazo a la presencia judía, solamente con la mejoría de su economía, sin más, sin ningún cambio de mentalidad adicional sobre el conflicto?
¿Los necesarios cambios económicos dentro de los regímenes árabes por miedo al islamismo, no podrán desembocar en más inmovilismo por temor a que esos cambios puedan abrir la espita a situaciones incontrolables para los poderes actuales?
Y es que, como siempre, el “nuevo pragmatismo palestino” parece basarse más que nada en un deseo voluntarista de la izquierda israelí en lo que respecta a su interpretación de las aspiraciones y futuras pautas de los palestinos.
¿Qué tal si por una vez ese ejercicio de pragmatismo partiera directamente de los propios palestinos, en inglés y en árabe, y no tuviera que ser la izquierda israelí la que hiciera de portavoz y exegeta de él?
Mi inconexa opinión: nada nuevo relevante bajo el sol de la izquierda israelí. Benny Morris, al día de hoy, realiza una interpretación muy pesimista pero más ajustada a las realidades sobre el terreno.
Muy recomendable este otro artículo de Carlo Strengler sobre el mismo tema: ¿Por qué ha desaparecido la izquierda israelí?
Labels: CStrengler, Dos Estados, Izquierda israelí


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