Sunday, January 15, 2017

Parte de la izquierda israelí ya reconoce su fracaso: Por qué el campo nacionalista y la ortodoxia judía está asumiendo el control de Israel - Carlo Strenger - Haaretz



Un interesante debate ha tenido lugar en Haaretz sobre "lo que ha ido mal con el secularismo" y "¿por qué Israel es cada vez más religioso?". El disparador ha sido en gran medida la transformación por parte del ministro de Educación Naftali Bennett del sistema nacional de educación en un clon del sistema sionista religioso, con la sustitución del civismo por el adoctrinamiento judío y la introducción de contenidos cada vez más judíos religiosos.

Dos respuestas interesantes se han ofrecido sobre por qué la laicidad es cada vez menos interesante para los israelíes. Rami Livni ha argumentado que el secularismo se está suicidando debido principalmente a que la "laicidad israelí ha descartado la cultura israelí-hebrea que fue creada milagrosamente en este país: desde el cantautor Arik Einstein al poeta Lea Goldberg; la intérprete Ahinoam Nini (Noa) a la canción infantil del ciclo '16 ovejas'; del novelista AB Yehoshua al compositor y columnista Eli Mohar".

En oposición a esto, Shlomo Avineri ha argumentado el hecho de que el secularismo de Israel ha derivado hacia el vacío, retirándose hacia cuestiones muy específicas, como los derechos de las mujeres y los homosexuales, y el derecho de las mujeres a rezar en el Muro Occidental. Avineri afirma que sólo un retorno a la reinterpretación de la judeidad por parte del sionismo laborista o de izquierda, como por ejemplo con respecto a la justicia social, la igualdad y la solidaridad, puede detener la disminución de la capacidad de atracción de la laicidad israelí.

No estoy de acuerdo ni con Livni ni con Avineri, y permítanme comenzar con este último. La izquierda israelí ha intentado durante décadas ganar las elecciones restando importancia a la seguridad y haciendo hincapié en la justicia social, la igualdad y la solidaridad, pero esto ha fracasado en gran medida durante los últimos 40 años, sobre todo cuando fue llevado a cabo por líderes con una fuerte agenda social como Amir Peretz y Shelly Yacimovich.

En una zona de conflicto como en la que vive Israel, la derecha ha logrado centrar la agenda política en materias de seguridad y de identidad nacional, y ninguna cantidad de énfasis socialdemócrata podrá cambiar esto. Incluso las protestas de justicia social de 2011 apenas han hecho mella en la marcha de Israel hacia un renacimiento sionista-religioso, por lo tanto la idea de Avineri simplemente no se ajusta a los hechos históricos.

El énfasis de Livni en la “milagrosa” cultura secular israelí de Lea Goldberg a Arik Einstein es atractivo, pero falla por una razón que nos lleva al quid de la cuestión: Israel ha traído de establecer de hecho una cultura secular rica y vibrante, pero para la mayoría de los israelíes esta no era suficiente para mantener su identidad y la necesidad de un significado.

Hay una causa profunda de este desarrollo. La investigación empírica en psicología existencial ha demostrado que los seres humanos tienen una tremenda necesidad de conectar su identidad a las tradiciones culturales y religiosas que poseen una profundidad histórica. Todos tenemos miedo a la muerte y todos queremos pertenecer a algo más grande que nosotros mismos y que prometa la inmortalidad. Esta es la enorme fuerza de la religión, que se refleja en el hecho de que alrededor del 85% de la humanidad continúa adhiriéndose a alguna forma de religión.

La necesidad de que la promesa de la inmortalidad aumenta aún más cuando los seres humanos se sienten amenazados en su supervivencia y se les recuerda de manera constante su mortalidad. Por desgracia, Israel se encuentra en una de las regiones más inestables y violentas del globo, y los israelíes se sienten constantemente amenazados. Como consecuencia de ello, a los jóvenes israelíes la cultura israelí-hebrea no proporciona la suficiente protección psicológica y el judaísmo se vuelve cada vez más atractivo para los israelíes.

Los israelíes están abrazando la religión porque, tal como ha demostrado el politólogo Uriel Abulof utilizando la psicología existencial, los israelíes se sienten profundamente inseguros, y tienen dudas sobre si el proyecto sionista tendrá éxito a largo plazo. De ahí que quieren conectarse a los 3.000 años de historia judía y a la promesa bíblica de que la descendencia de Abraham vivirá para siempre, además de que el Mesías finalmente vendrá y el mundo reconocerá a los judíos como el pueblo elegido.

Livni tampoco tiene en cuenta que mientras el secularismo liberal occidental es de hecho un sistema de valores de gran alcance que ha transformado el mundo occidental en los últimos tres siglos, por lo general es antinacionalista y siempre ha sido universalista y cosmopolita. La cultura de la Ilustración que dio a luz al secularismo liberal ha evolucionado hacia una red que abarcó a toda Europa durante siglos y luego también a los Estados Unidos.

El secularismo liberal, por lo tanto, no puede ser específicamente israelí. Mientras judíos como Marx, Freud y Einstein han hecho una notable contribución a la cultura mundial, y mientras los logros científicos y culturales de Israel son notables, la modernidad no existiría sin Da Vinci, Galileo, Newton, Kant, Darwin y Picasso, ninguno de los cuales son judíos.

Es por esto que los liberales seculares de Israel hacen hincapié en los derechos humanos universales. Como resultado, la derecha política nacionalista y religiosa judía nos denomina antipatriotas, y utiliza el término "cosmopolita" como un insulto que implica que los liberales seculares "no tienen valores", ya que no aceptamos acríticamente la tradición judía y la autoridad rabínica, y se niegan a ver a los judíos para ver como el pueblo elegido.

Por lo tanto, considero que ni el regreso a un sionismo social propuesto por Avineri, ni la convocatoria para celebrar la cultura secular de Israel propuesta por Livni, traerá de vuelta a los israelíes al secularismo liberal, que sigue sin ofrecer consuelo religioso ni promete la inmortalidad. Los liberales seculares de Israel deben darse cuenta de que somos una minoría, de que nuestros ideales cosmopolitas e ilustrados no satisfacen las necesidades de la mayoría de los israelíes, y de que es poco probable que podamos dar forma a la cultura dominante en Israel y a la identidad política prevaleciente en un futuro previsible.

Nuestra única opción es la defensa de los principios básicos de la democracia liberal de Israel para crear un espacio en el que podemos vivir de acuerdo con nuestros propios ideales y valores, y de paso reconocer que el sionismo liberal ha perdido la batalla por el alma de Israel ante la ideología sionista religiosa.

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Saturday, July 28, 2012

Enésimo ataque del NYTimes contra Israel I - La visión de la izquierda israelí moderada



¿Por qué la derecha permanecerá en el poder en Israel? - Carlo Strenger - Haaretz

Durante el pasado fin de semana el New York Times publicó un editorial titulado "La democracia israelí asediada", en el cual expresaba su preocupación de que Israel se esté distanciando de los principios liberales democráticos sobre los cuales fue fundado. Por supuesto, los grupos judíosde derecha, tanto en Israel como en los EEUU, se apresuraron a señalar el cariz anti-Israel del NYT, y que por lo tanto podemos simplemente ignorar lo que dicen.

El problema es que el NYT no es el único que sostiene ese temor. Solo basta reunirse regularmente con diplomáticos occidentales y líderes de opinión, muchos de los que son verdaderos amigos de Israel. La mayoría de ellos expresan las mismas preocupaciones que el New York Times, algunos de ellos lo hacen con gran dolor, porque realmente aman este país. Una y otra vez oigo que están tratando de movilizar a los políticos israelíes para que se reunan con la clase política de sus respectivos países, pero tienen miedo de hacerlo, porque sienten que los representantes políticos de Israel sólo va a empeorar la imagen de Israel.

Por desgracia, sólo podemos estar de acuerdo con ellos. En mis conversaciones con muchos de los políticos actuales de Israel me siento profundamente impresionado (y dolido) por su falta total de comprensión del mundo en general y por su falta total de interés por él. Algunos de ellos viven en un universo que está mucho más definido por las historias bíblicas que por la realpolitik o los valores democráticos liberales. Para otros, una vez más el universo está definido por partido central que dominará la próxima Knesset.

La mentalidad de la clase política parece reflejar una tendencia general en Israel. El New York Times cita a expertos que hablan de un cambio demográfico en Israel que ha provocado que la mayoría de los israelíes ya no confían en los valores e instituciones de la democracia. Así el artículo de Akiva Eldar [N.P.: típico y muy representativo columnista del Haaretz y de esa izquierda israelí que no soporta a Netanyahu] en el National Interest detallada como las recientes encuestas del Israel Democracy Institute subrayan esa corriente de opinión poderosamente. La mayoría de los israelíes de hoy en día definen su identidad en términos religiosos, étnicos o nacionalistas, y su adhesión a los valores democráticos liberales es a menudo débil y, en muchos casos, inexistente.

¿Cómo ha sucedido esto? Parte de la explicación está, efectivamente, como apuntan el New York Times y Akiva Eldar, en función de los cambios demográficos. La proporción de la población que es ultra-ortodoxa o nacional-religiosa crece debido a sus altas tasas de natalidad, y una gran proporción de inmigrantes de la ex Unión Soviética no se han criado dentro de la tradición de la democracia liberal.

Pero no creo que esta sea toda la historia. La psicología existencial experimental ha demostrado en decenas de países que las personas que se enfrentan a una amenaza existencial tienden a moverse hacia la derecha políticamente, se vuelven menos tolerantes y más críticos hacia aquellos con otros puntos de vista religiosos y políticos.

Israel siempre ha estado bajo mucha presión, pero desde el cambio de siglo las cosas han dado un giro para peor. La serie de eventos se iniciaron con la Segunda Intifada, cuya naturaleza traumática es subestimada por muchos comentaristas. Luego Hamas ganó las elecciones de 2006 a la Autoridad Palestina, seguido de la partición de facto de la Autoridad Palestina, con Hamas gobernando Gaza, por no mencionar el constante bombardeo de los civiles del sur de Israel desde la Franja de Gaza. Añádase a esto la Segunda Guerra del Líbano, lo que efectivamente cerró el norte de Israel durante seis semanas. Esta cadena de acontecimientos ha hecho que los israelíes desconfían profundamente de los palestinos en particular y de los árabes en general.

El panorama es sombrío: la primera década de este siglo ha convertido en una trágica burla la promesa de la izquierda de Israel de que la paz era posible. De hecho, la mayoría de los israelíes ha desarrollado una alergia hacia ese término tan manoseado e inalcanzable, "paz". Ellos creen que Israel está situado en un barrio muy peligrosos, que tendrán que arreglárselas para defender su existencia durante las próximas décadas, y que el poder y la vigilancia, en lugar de la diplomacia y la flexibilidad, será lo que nos mantendrá a todos vivos aquí.

Como resultado de todo esto los israelíes no utilizan en absoluto el término "primavera árabe". Observan con profundo temor y angustia los trastornos que acontecen en los países vecinos. No confían en la Hermandad Musulmana, que se ha hecho cargo de Egipto, están profundamente preocupados por la terrible guerra civil en Siria y tienen miedo de que Hezbollah, en algún momento, utilice su enorme arsenal (se estima que contiene cincuenta mil cohetes) contra la población de Israel. Y más allá de todo esto se cierne la posibilidad de que Irán sea nuclear.

Las presiones psicológicas que impulsan a todos los seres humanos hacia posiciones de derecha siguen siendo muy altas en Israel, y no hay final a la vista. Un creciente número de comentaristas creen que es probable que Siria no sobreviva a la caída de Assad como un Estado-nación. El caos resultante es probable que desestabilice aún más la región, y que tomará mucho tiempo para que el polvo se asiente y para que un nuevo orden emerja. Un análisis frío y desapasionado lleva a una conclusión clara: dada la inestabilidad en el Oriente Medio, no habrá gobierno de centro-izquierda en Israel en un futuro previsible. Israel mantendrá a la derecha en el poder. No conozco a ningún analista político que crea que Netanyahu no será el próximo primer ministro.

Él continuará abasteciendo a los ultra-ortodoxos y a los colonos nacional-religiosos, y no sólo porque piensa que son sus socios a largo plazo. También cree que un Estado palestino viable es un peligro existencial para Israel, y espera que, al mantener el statu quo y expandir los asentamientos, llegará un momento en que se conformen con menos. Netanyahu no se opone a la democracia liberal, pero está dispuesto a mirar para otro lado en ciertas ocasiones para mantenerse en el poder. Algunos de sus compañeros de coalición se preocupan poco por los valores democráticos liberales, y algunos están dispuestos a sacrificarlos por el bien de la anexión de Cisjordania a largo plazo, porque no van a dar a los palestinos la ciudadanía, mientras que otros de manera bastante explícita inclinan a Israel hacía una especie de teocracia.

En estas condiciones, la pregunta es: ¿qué podemos hacer aquellos de nosotros que nos preocupa la democracia liberal, ya sea en Israel o entre los muchos amigos de Israel en el extranjero? Creo que necesitamos reagruparnos. Es de poca utilidad tratar de convencer a los israelíes a dirigirse hacia un compromiso histórico con los palestinos en un futuro próximo: no lo van a comprar. Todo lo que podemos hacer, de momento, es defender las estructuras de la sociedad civil y las instituciones democrático-liberales que surgieron en las primeras décadas de la historia de Israel: sus jueces, académicos, medios de comunicación independientes (en la medida en que no son portavoces del gobierno financiados por multimillonarios extranjeros) y su escena artística.

La buena noticia es que hasta el momento estas estructuras han demostrado ser notablemente resistentes, incluso de cara a la embestida legislativa de la actual coalición de Netanyahu. Si nos aferramos el tiempo suficiente hasta que la región regrese a la calma poco a poco (y esto podría llevar mucho tiempo), los israelíes pueden mostrarse, una vez más, más abiertos hacia una mercancía que ha sido muy escasa durante más de una década: la esperanza.

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Saturday, November 14, 2009

El mundo está cansado de la falta de políticas de Netanyahu - Carlo Strenger - Haaretz



Los políticos de Israel, simplemente, no lo entienden: El mundo está enfermo y cansado del juego del gato y del ratón del gobierno israelí. La gran jugada "número uno de Netanyahu" ha sido hasta ahora pronunciar las palabras "Estado palestino" durante su discurso de política exterior en la Universidad Bar Ilan, en junio pasado. Por alguna razón el mundo no se regocija y lo alaba por su enorme creatividad política. La aceptación de un Estado palestino no es, en principio, ningún avance cuando estamos en el 2009: a lo sumo, es ir con los tiempos.

Desde entonces, el comportamiento de Netanyahu se asemeja a un mercadeo en un bazar al de un estadista: su gran éxito ha estado en el apaciguamiento de su coalición de derechas al no abordar las cuestiones políticamente importantes. En su lugar, ha participado en discusiones interminables sobre si Israel puede o no detener la construcción en los asentamientos de Cisjordania, y ha impedido cualquier negociación de paz seria.

El costo de la conducta de Netanyahu aparece en el muro en grandes letras. Apenas esta semana, la Casa Blanca dejo a Netanyahu esperando hasta el último minuto, cuando Netanyahu estaba ya para tomar su avión en Washington, a la hora de programar su reunión con el presidente de EEUU, Barack Obama, y eso a pesar de que la oficina del primer ministro había expresado el deseo de esta reunión hace una semana . El mensaje era claro y la humillación es evidente. Nir Hefetz, el asesor en medios de comunicación de Netanyahu, asegura que no hay crisis entre la Casa Blanca y el gobierno israelí. Esa es una cuestión de semántica. Puede que de hecho no sea una crisis, sino simplemente una creciente sensación de estar molesto, cansado y un poco disgustado.

En su reciente discurso en Hebrón, el presidente palestino Mahmoud Abbas expresó lo que Obama no puede decir en público: "¿Qué quieren los israelíes? Parece que no quieren que la solución de dos Estados, que no detendrán la expansión de asentamientos, que no parecen querer la paz". La respuesta más humillante a este "¿qué quiere Israel?" es que Israel no tiene ni idea. Los socios de Netanyahu tiene un nombre elegante para esta falta de política a largo plazo: es lo que ahora se llama "gestión del conflicto".

Por supuesto, los de la derecha dirán que Abbas no hace más que tratar de jugar bien sus cartas, que sólo está tratando de desviar la responsabilidad por el estancado proceso de paz, y añadirán: "os lo dijimos todo el tiempo: Obama es anti-Israel, aquí tienen ustedes la prueba".

Seamos claros, los palestinos también tienen ciertamente su justa parte en los errores. Abbas podría preguntarse durante las noches por qué no aceptó la oferta del ex primer ministro Ehud Olmert, la que probablemente será la mejor oferta que cualquier Primer Ministro de Israel nunca le volverá presentar. Y, por supuesto, esta Hamas, que sigue negándose a aceptar el derecho de Israel a existir. Pero la utilización de estos errores palestinos como un pretexto para mantener el bloqueo sólo es una excusa válida para ocultar la falta de políticas.

Incluso los amigos de Israel ya no compran estas excusas para no hacer nada, excepto unos pocos miles de apartamentos a construir en los territorios.

Tom Friedman es probablemente el columnista más famoso del mundo, también es judío y no particularmente de izquierdas, sino más bien cercano a un halcón liberal. A excepción de una pequeña minoría de judíos republicanos nadie en la tierra puede llegar a pensar que está en contra de Israel.

En su columna del domingo en el New York Times Friedman expresó su disgusto por esa farsa que se llama la política israelí. Su consejo para la administración Obama fue el siguiente: "Vamos a salir de esto. Que todos estos líderes se pongan de pie frente a su pueblo y les digan la verdad: Conciudadanos. No pasa nada y nada va a suceder. Sólo es cosa de ustedes, de mí y del problema que tenemos". Y continua Friedman: "De hecho, es hora que desempolvemos la línea James Baker: 'Cuando ustedes vayan en serio, nos llaman al 202-456-1414. Pregunten por Barack. De lo contrario, permanezcan fuera de nuestras vidas. Tenemos cosas que arreglar en nuestro propio país'".

El análisis de Friedman es simple: piensa que el actual Gobierno israelí cree que puede tener paz sin abandonar Cisjordania y que los palestinos aún no han decidido si aceptan o no la existencia de Israel.

Comparto los sentimientos de Tom Friedman. Yo también me siento molesto y cansado, y su plan puede que sea el sonido de la perspectiva estadounidense. Pero estoy preocupado. Su consejo a la administración Obama favorece principalmente al gobierno Netanyahu. Si se le preguntara a Netanyahu lo que más ambiciona, la respuesta sería que Obama y Mitchell les den la espalda. Después de todo, la única política que ha formulado es permanecer en el poder sin una ruptura abierta con los EEUU. Si la administración de EEUU acaba retrocediendo, este gobierno puede durar bastante tiempo.

El resultado, como el rey Abdullah de Jordania nos ha alertado, será una nueva ronda de derramamiento de sangre. No sabemos si va a empezar en Gaza, Cisjordania o el Líbano, pero la situación actual es la receta perfecta para la continuación de una guerra de baja intensidad en la que Israel ha estado involucrado desde hace años.

Pero es exactamente el tema que alega Friedman: él afirma que ni Israel ni los palestinos parecen sentir un dolor suficiente como para querer cambiar el statu quo actual. Y un aumento del dolor, posiblemente mediante la reanudación de los atentados suicidas en Israel, provocará como resultado más muertos, más heridos y más traumatizados israelíes y palestinos. El descenso de la fibra moral de Israel y la devaluación de su posición internacional será el resultado inevitable.

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Wednesday, September 16, 2009

Una visión pragmática de la izquierda de Israel: Una respuesta a Benny Morris - Carlo Strenger - Haaretz

Una visión creíble de la izquierda requiere adherirnos a nuestros principios morales, pero también adoptar un enfoque mucho más pragmático de la paz. La izquierda israelí necesita una nueva visión.

Uno de los desertores más inquietantes de entre sus filas es Benny Morris. Cuando, en el 2001, comenzó a declarar, una y otra vez, que él no creía en la posibilidad de una paz con los palestinos, su voz era imposible de ignorar.

He aquí un hombre cuya integridad intelectual y compromiso con la verdad de los hechos es inquebrantable, pues fue encarcelado por negarse a servir en Cisjordania en la década de 1980, arriesgó su propia carrera académica al adherirse a la verdad histórica sobre el papel de Israel en la creación del problema de los refugiados palestinos, y que no puede ser considerado como un mero representante de alguna manufacturada narrativa ideológica. Este importante historiador que ahora piensa que David Ben-Gurion debía haber completado la transferencia de población árabe, porque no se imagina que los árabes lleguen a aceptar nunca a Israel, ciertamente plantea un asunto nada fácil de digerir.

Él reafirma su pesimismo en un reciente artículo en The Guardian, y dice que Barack Obama está embarcado en una misión imposible, que su intento de renovar el proceso de paz está condenado al fracaso. El título de su reciente libro, “Un Estado, dos Estados: Resolviendo el conflicto palestino-israelí”, es engañoso, ya que su tesis plantea que el conflicto no puede resolverse. Él cree que los palestinos en particular, y los árabes en general, nunca han aceptado la existencia de Israel, y que no lo harán por mucho tiempo.

Hay razones profundas para desilusión de Morris. Como la mayoría de los israelíes, Morris está traumatizado por la esperanza rota en 2000, cuando el fracaso de Camp David fue seguido por la Segunda Intifada.

La posición de la izquierda israelí hasta el año 2000 tenía dos componentes. El primero era una visión moral: Israel no debe ser un Estado que no respete los derechos humanos. Aferrarse a los territorios es inmoral porque niega a millones de palestinos los derechos más básicos.

El segundo componente se basaba en una predicción empírica: si Israel propone a los palestinos una retirada de los territorios, la paz se haría realidad. Esta predicción se hizo añicos después de Camp David, en el 2000, cuando el derramamiento de sangre llegó a unas nuevas cimas terribles. Para Benny Morris, como para muchos israelíes, se trataba de la muerte de la predicción empírica de la izquierda. Su conclusión ha sido que el rechazo (a la presencia judía) de los árabes y los palestinos está aquí para quedarse, y que el conflicto no podrá resolverse durante las generaciones venideras.

Para Morris, las esperanzas equivocadas de “Paz Ahora" en la década de 1990 eran representativas de la izquierda (y eso me incluye a mí), una izquierda que estaba demasiado ocupada con sus elevados principios y no lo suficientemente atenta respecto a los hechos sobre el terreno. No nos dimos cuenta de que los palestinos eran aún ambivalentes acerca de la paz, y que su gobierno fue catastrófico, plagado de corrupción y de luchas por el poder interno.

Nosotros tampoco prestamos suficiente atención a las acciones de Israel. Como muchos críticos del libro de Morris han señalado, no dice una palabra acerca de las expropiaciones de tierras por parte de Israel y la continúa expansión de los asentamientos, lo que llevó a muchos palestinos a dudar de que Israel realmente deseara la paz. La combinación de la falta de sinceridad por parte de Israel y "el caos interno” de los palestinos tuvo consecuencias catastróficas.

Morris, en una entrevista con Ari Shavit, en el Haaretz, afirmaba que él seguía siendo un hombre de izquierdas, porque seguía favoreciendo, en principio, una solución de dos Estados. Simplemente no creía que fuera factible. El estado de ánimo de Morris se refleja en la desaparición de la izquierda en la Knesset: los ciudadanos de Israel no están dispuestos a votar a favor de principios si no ven a cambio ninguna esperanza realista de paz.

Aunque respeto la integridad intelectual de Morris y su grandeza como historiador, creo que está equivocado, porque su evaluación de la situación actual está fuertemente influenciada por el trauma del fracaso de Camp David en el 2000 y por sus nociones sobre un choque de civilizaciones y la naturaleza del Islam. Creo que hay buenas razones empíricas para creer que la paz es posible, y que la izquierda necesita una nueva visión pragmática para recuperar el apoyo de la opinión pública.

Ni el rechazo por parte de palestinos y árabes es una ley inmutable de la naturaleza. Morris no lo relaciona a un cambio radical en el mundo árabe, ya que este cambio no provendrá de un repentino amor por Israel. Los líderes árabes saben que los días en que sus economías se basarían en el petróleo están limitados, y muchos de ellos están tratando de modernizar sus países. También sabe que el Islam político amenaza a sus propios regímenes, y que sólo el desarrollo económico y un horizonte positivo de futuro para los jóvenes descontentos podrá prevenir una toma del poder islamista. Ellos saben que esta modernización requiere de estrechos vínculos con Occidente. Esto se refleja en la iniciativa de paz de la Liga Árabe, a la que Morris, al igual que todos los gobiernos israelíes, simplemente ha elegido ignorar.

Morris también demuestra una falta de atención con los cambios en curso en Cisjordania. El general americano Dayton ha documentado un aumento en la eficacia, la transparencia y la rendición de cuentas por parte de las fuerzas de seguridad palestinas que ha entrenado. Es sorprendente la poca atención que Morris dedica a la revolución acontecida dentro de Fatah y el surgimiento de un liderazgo más joven y mucho más pragmático, y el respeto que se merece el primer ministro palestino Salam Fayyad, por su inquebrantable sentido de la justicia y por su pragmática eficiencia.

Mi respuesta a Benny Morris es que tenemos que despertar del trauma de 2000. Una visión creíble de la izquierda requiere adherimos a nuestros principios morales, pero también adoptar un enfoque mucho más pragmático respecto a la paz. Ningún gobierno israelí será capaz de salir de los territorios mañana mismo, antes de que la situación de seguridad haya sido aclarada. Pero hay que desmantelar los asentamientos y los controles de carretera en el corazón de Palestina para así mejorar la calidad de vida y hacer posible el desarrollo económico, y para acelerar el camino hacia el establecimiento de un estado palestinos, incluso con fronteras temporales. Se debe realizar un gran esfuerzo para la construcción de una economía palestina que pueda dar esperanza a los palestinos más jóvenes. Esta es una posibilidad realista: hay muchos empresarios dispuestos a invertir en la economía palestina y crear una auténtica sinergia entre Israel y Palestina.

Me anticipo a la siguiente objeción: "¿Nos vas a vender ahora la maniobra de Netanyahu de una "paz económica "? ¿No abandonas así los fundamentos de la visión de la izquierda?"

La respuesta es un evidente “claro que no". No tengo ni idea de cual es la visión de Netanyahu para el futuro, y a veces dudo de que la tenga. Mi visión es muy clara: una retirada a las fronteras de 1967 y la afirmación inequívoca del derecho palestino a su propio estado. Tenemos que atenernos a nuestros ideales, y sin embargo ser pragmáticos en la creación de un plan sobre los detalles del proceso de paz. Esa es la esperanza en la que podemos creer.


Anexo Personal:

Ok, entendido, bienvenido este nuevo ejercicio de pragmatismo - ¿y de autocrítica? - de la izquierda israelí.

Pero vuelvo a Morris: ¿Dónde está ese supuesto pragmatismo palestino (“acontecido dentro de Fatah y el surgimiento de un liderazgo más joven y mucho más pragmático”)?

¿Vendrá, y acabará con el sempiterno rechazo a la presencia judía, solamente con la mejoría de su economía, sin más, sin ningún cambio de mentalidad adicional sobre el conflicto?

¿Los necesarios cambios económicos dentro de los regímenes árabes por miedo al islamismo, no podrán desembocar en más inmovilismo por temor a que esos cambios puedan abrir la espita a situaciones incontrolables para los poderes actuales?

Y es que, como siempre, el “nuevo pragmatismo palestino” parece basarse más que nada en un deseo voluntarista de la izquierda israelí en lo que respecta a su interpretación de las aspiraciones y futuras pautas de los palestinos.

¿Qué tal si por una vez ese ejercicio de pragmatismo partiera directamente de los propios palestinos, en inglés y en árabe, y no tuviera que ser la izquierda israelí la que hiciera de portavoz y exegeta de él?

Mi inconexa opinión: nada nuevo relevante bajo el sol de la izquierda israelí. Benny Morris, al día de hoy, realiza una interpretación muy pesimista pero más ajustada a las realidades sobre el terreno.

Muy recomendable este otro artículo de Carlo Strengler sobre el mismo tema: ¿Por qué ha desaparecido la izquierda israelí?

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Friday, August 14, 2009

(Era evidente, pero su "autoridad y superioridad moral" les impedía verlo) - Por qué la izquierda israelí ha desaparecido - Carlo Strenger - Haaretz

En Israel, la izquierda ha desaparecido, ya no tiene casi representación parlamentaria y muy poca presencia pública. A primera vista, esta es una paradoja, porque el programa de la izquierda, en muchos sentidos, ha ganado para bien, como dijo Yossi Sarid cuando salió de la Knesset. La idea de un Estado palestino, anatema en la sociedad israelí hace unas décadas, es ahora aceptado por la mayoría.

La izquierda se ha disipado, porque no ha logrado proporcionar una imagen realista del conflicto con los palestinos. Su fundamento ideológico se basa en una simple predicción: Si ofrecemos a los palestinos un estado en los territorios ocupados en 1967, habrá "paz ahora".

Después las cosas empezaron a ir mal. Comenzó el proceso de Oslo, la recién creada Autoridad Palestina educando a sus hijos en la violencia anti-israelí y, a menudo, directamente antisemita en sus libros de texto. Los atentados suicidas de 1996 no fueron impedidos por Arafat (algunos dicen que los animaba). Lo que finalmente llevó a al descrédito completo de la izquierda fueron los fracasos de Camp David en 2000 y en Taba en 2001, así como el inicio de la Segunda Intifada.

De cara a todo esto, la izquierda de Israel debería haber declarado "nos equivocamos en nuestras predicciones. Hemos subestimado la complejidad de la situación. Nosotros no vimos que los palestinos no estaban dispuestos a renunciar al derecho de retorno y subestimos la rabia asesina dirigida contra Israel. Seguimos pensando que tenemos que poner fin a la ocupación cuanto antes, pero tenemos que afrontar la realidad".

En lugar de admitir que sus previsiones era parcialmente erróneas, la izquierda trató de explicar todos los hechos que no cuadraban con su teoría poniendo la carga de la responsabilidad por las acciones de los palestinos exclusivamente en las políticas de Israel. La izquierda argumentó que los atentados de 1996 ocurrieron porque que el proceso de Oslo iba demasiado lento y que los palestinos querían vengarse del asesinato selectivo de Yihye Ayash; Camp David falló porque el Primer Ministro Ehud Barak no ofreció lo suficiente. La Segunda Intifada se inició a causa de la visita de Ariel Sharon al Monte del Templo en septiembre del 2000. Hamas llegó al poder porque Fatah se convirtió en colaborador de los sionistas, y así todo sucesivamente.

El pensamiento de la izquierda israelí se rige por lo que yo llamo el SLES (Standard Left Explicative System - El sistema explicativo habitual de la Izquierda). Esta construcción intelectual ganó popularidad en Europa y en los Estados Unidos en la década de 1960, después de la desaparición del colonialismo europeo. El principio básico del SLES es simple: siempre sostener al oprimido, particularmente cuando no es occidental, y siempre acusar a las potencias occidentales, de preferencia a los Estados Unidos y sus aliados, por todas las acciones de los oprimidos. Todo grupo agresivo o destructivo no occidental un grupo debe ser explicado [N.P.: justificado y exculpado] por el dominio o la opresión occidental. Esto va desde la emergencia de Al-Qaida, imputada a los Estados Unidos "por su apoyo a los muyahidin en Afganistán después de que los soviéticos fueran expulsados, a la corrupción y la violencia en África, que se atribuye a la secuelas del colonialismo europeo".

El SLES se basa en una psicología muy cuestionable: se supone que si somos agradables con la gente, todos los conflictos van a desaparecer. Simplemente se ignora el deseo humano de dominación, de poder y un sistema de creencias que les da el respeto de sí mismos [N.P.: y la justificación]. Como resultado de ello, del SLES, con el pretexto del humanitarismo, se da por supuesto que los grupos no occidentales no tienen voluntad propia; que todo lo que hacen, sienten o desean es puramente reacción a las acciones de Occidente. Paradójicamente da lugar a una falta respeto por esos mismos grupos no occidentales: se supone que ellos no son responsables de sus actos, y que todo lo que hacen debe ser explicado por su victimización por parte de Occidente.

Si ustedes escuchan las explicaciones de la izquierda sobre el problema palestino, pueden fácilmente concluir que Israel es omnipotente y que los palestinos no tienen voluntad propia. En conversaciones con los propios palestinos, les he escuchado más de una vez decir que sientan que la derecha israelí les respeta más que la izquierda israelí, y eso se debe a que la izquierda israelí siempre presume de saber lo que realmente quieren los palestinos.

Quiero dejar una cosa muy clara. Apruebo totalmente la famosa afirmación de Yeshayahu Leibowitz de que él no está seguro de si las políticas de Israel desde 1967 son más estúpidas que malvadas, y sigo pensando que la ocupación debe terminar lo antes posible. Pero creo que la estúpidez israelí está compensada por toda la serie de errores que los palestinos han cometido en su camino, y creo que la izquierda israelí debe concederles el respeto de tenerles por responsables de sus acciones en lugar de hablar de ellos como si fueran unos niños maltratados, como prescribe el SLES.

El problema más urgente de Israel es poner fin al conflicto con los palestinos, y la izquierda no ganará más popularidad volviéndose verde o más socialista. Si Israel quiere que la izquierda recupere cierta credibilidad y convenza a los votantes que tiene un papel que jugar, es necesario dar a la población israelí una imagen razonable de la realidad. Y necesita un plan de acción que sea más inteligente que la táctica de la derecha de intentar (sin éxito) explicar al mundo que el conflicto no puede resolverse, sino sólo gestionarse.


[Anexo Personal - N.P.]: Amén, solo una cosa que decir:
"Y necesita un plan de acción que sea más inteligente que la táctica de la derecha..."
Inteligente vale, pero sobre todo realista, que el SLES también es obra de la inteligencia, de la más parasitaria e indolente. En el fondo, todo el problema proviene de la vanidad de la izquierda, de esa herencia del marxismo de que el futuro, inevitablemente, sólo podría estar ligado a los ideales de la izquierda, al socialismo y demás utopías, y tras comprobar su fracaso y la omnipotente presencia de la realidad frente a sus quimeras, les ganó "el mal perder" y la denigración de lo propio, de Occidente, donde generalmente viven y desde donde pueden criticar y juzgar a los demás sin problemas, como una autojustificación que les evita la autocrítica.

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