Sunday, June 01, 2014

La Generalitat se rinde al Ejército español, o El Estado "okupa" - Arcadi Espada



Querido J:

Tengo una importante noticia que darte: el Gobierno de la Generalitat se ha rendido al Ejército español. No es la primera vez que pasa, como bien sabes, y sorprende semejante perseverancia en el cumplimiento de los ciclos de la Historia. Lo cierto es que hace cuatro días las autoridades municipales, en cumplimiento del mandato judicial de la Audiencia de Barcelona, empezaron a proceder al derribo de una finca del barrio de Sants que llevaba 17 años en poder de grupos de okupas. La reacción de los inquilinos fue violentísima: piedras y fuego durante cuatro sostenidas noches. Al principio, los hechos parecían desprender una sonora claridad sinestésica. La Policía tiraba de un lado y los okupados tiraban del otro. Pero quien hoy en día pretenda dársela a un catalán o es un bobo o es un español. Inmediatamente, la intelligentsia nacional se puso en marcha y empezó a señalar a los verdaderos culpables.

Dijo un Carles Boix, que enseña política y ¡políticas públicas! en Princeton, sin que en Princeton sepan aún bien lo que tienen: «Siempre que el catalanismo cívico [hay pleonasmos que ofenden] está a punto de ganar, han aparecido las bombas, los disturbios, los incendios».

Dijo el antiguo economista Xavier Sala i Martin, de Columbia: «Cuando los mozos identifiquen a los violentos, que informen de dónde vienen. No fuese que, además de policías, alguien estuviera enviando manifestantes».

Dijo la columnista de La Vanguardia Pilar Rahola, poco antes de hacer suya la tesis de Sala i Martin: «Quién le ha pedido a Fernández Díaz que traiga Policía española. Caramba, qué prisa tiene en ocupar policialmente el país».

Dijo el buen chico reportero Antoni Bassas: «Por lo tanto, miremos bien quiénes son los que queman unidades móviles de TV3 o contenedores, porque, de momento el Estado, como si nada, ya ha enviado a 200 agentes del Cuerpo Nacional de Policía a proteger edificios de la Administración central cuando nadie se lo había pedido. Hay mucha gente, vamos a decir alguna gente, que espera que Cataluña arda y tiene muchas ganas de encender la primera cerilla».

Dijo López Tena, del que nunca sé si es más inverosímil su presente o su pasado como vocal del Consejo General del Poder Judicial en España, mientras ardían las calles: «¿De dónde ha sacado el dinero este racista español [otro pleonasmo intolerable] que se ufana de haber quemado locales en Sants?».

Y en cuanto a un Josep Huguet, que ejerció de consejero del Gobierno de la Generalitat, debe reconocerse que se esforzó citando unas viejas palabras del escritor Joan Sales de las que se deducía que los crímenes de la FAI le importaban menos que su anticatalanismo: «Si la FAI me da tanto asco no es porque sea anarquista. O no es tanto por esto sino porque, como sus precursores los lerrouxistas, parece toda ella una turbia maniobra anticatalana».

La misma rica veta exploró el futbolero Alfons Godall, citando aproximadamente al Conde Duque: «… Se ocasione algún tumulto popular grande [en Cataluña] y con este pretexto meter la gente [ejército]… como por nueva conquista aceptar y disponer las leyes en la conformidad de las de Castilla».

Todos estos cráneos privilegiados tenían, al fin, razón. ¿Cómo un alcalde, representación del poder democrático, iba a renunciar al cumplimiento de la ley por la acción de cuatro vándalos, como si la nación catalana fuera Burgos, su Gamonal? Algo indudablemente más poderoso tenía que haber detrás. Y lo confirma la decisión que acaba de anunciar, esta tarde en que te escribo, el alcalde de Barcelona: el derribo se paraliza, y viva España.

Hemos comentado innumerables veces que uno de los graves problemas de Cataluña es que fuera de la región, empezando por Madrid, no se conoce con exactitud lo que pasa. Tres décadas de nacionalismo han organizado una bolsa amniótica, autofágica y autorreferencial cuyo contacto real con el exterior es nulo. Si el Estado supiera realmente lo que sucede en Cataluña no habría promocionado o transigido con innumerables iniciativas, empezando por los recortes en sanidad. Todos esos comentarios que te he transcrito y que culpan al Estado (¡al Estado okupa!) de haber organizado las cuatro noches de fuego en Sants no pertenecen a jóvenes anónimos que machacan su siniestra adolescencia (tarde de pleonasmos) en las redes asociales, sino a personas adultas que forman parte de la élite política, cultural y económica. Y es interesante advertir que sus fabulaciones se inscriben, además, en un histórico fondo de clasismo y de racismo que vincula la violencia con un lumpen extraño a Cataluña, pletórico lugar donde el mal no puede ser más que importado. Las fabulaciones no dejan de ser tampoco, y tal vez sea lo más inquietante, una exhibición de whishful thinking y hasta una sofisticada modalidad de acto fallido.

En algún momento del próximo otoño la gran esperanza separatista será que miles de youtubes trasladen la imagen de una buena gente pacífica a la que nunca le gustó gritar, aporreada por la Policía española al pie de cualquier urna de cartón.

Les come la impaciencia.

Sigue con salud.

A.

Labels: ,

Saturday, November 02, 2013

Tres artículos sobre Cataluña: dos breves de Arcadi Espada y otro de Andrés Trapiello



La primera vía

Raimundo Obiols [N.P.: antiguo dirigente del Partido Socialista de Catalunya, de su sector dirigente catalanista/nacionalista]  es un buen escritor. Tiene un apreciable ensayo, Los futuros imperfectos, y en la época en que fuimos capitanes de aquel inolvidable y efímero Brusi, escribía un estupendo dietario, muy graciosamente ilustrado por Antonio Batllori, que se llamaba El suc dels dies (El jugo de los días). Veo que ahora ha escrito sus memorias y voy a leerlas en cuanto pueda. Pero si lo traigo hoy aquí es porque a día de hoy ha pronunciado la mejor frase moderna sobre Cataluña:
«Tal vez se podría decir que en Cataluña hay una mayoría que, paradójicamente, quiere la independencia sin romper con España.» 
Yo creo que esta frase suprema denota un profundo conocimiento de su pueblo y un elegante cinismo. Dos grandes méritos. Y la emergencia, ya definitiva y resuelta, de la primera vía, que es por donde va a discurrir la ruta.

Comentario: Sin duda esa forma de "no ruptura" también es sentimental y cultural, pero a lo que más bien se refiere es a una "no ruptura" económica, o si lo desean, más bien "material".


Nunca, nada, bueno

Una información en el periódico sobre la visita a Barcelona de Martin Schulz, el presidente del Parlamento europeo. El titular dice:
«Schulz esquiva el debate soberanista en Barcelona.»
Pero bien.

Repetiré por enésima vez lo que escribió Chomsky sobre el lugar donde se aloja la verdad en los periódicos. El último párrafo. Qué digo el último párrafo. Al fondo ya del despeñadero, hecho pedazos.
«La integración europea es mejor que el nacionalismo. El nacionalismo nunca ha logrado nada bueno.»
Son unas palabras muy sencillas muy europeas. Son unas elementales palabras de fondo y están en el fondo. Porque para el periodismo lo viejo es siempre un cierto atenuante de lo verdadero.


El milagro del sol - Andrés Trapiello

“El milagro del sol, anunciado por Nuestra Señora de Fátima en varias ocasiones, fue un acontecimiento extraordinario que tuvo lugar el 13 de octubre de 1917 en la campiña de Cova da Iria, cerca de Fátima, Portugal, atestiguado por entre 30.000 y 45.000 testigos, según Avelino Almeida, que escribía para el periódico portugués O’Século, y un máximo de 100.000, estimados por el doctor Joseph Garrett, profesor de la Universidad de Ciencias Naturales de Coimbra, ambos presentes ese día. Según varias declaraciones de testigos, después de una llovizna se despejó el cielo y el sol lució como un disco opaco que giraba en el cielo, oscilando en dirección a la Tierra trazando un patrón de zig-zag (…) Atemorizadas, algunas personas que observaban esto creyeron llegado el fin del mundo. Los testigos aseguraron también que el suelo y sus ropas, que habían estado mojados por la lluvia, se habían secado completamente. (…) El fenómeno tampoco estuvo supeditado al tiempo y el espacio, ya que el papa Pío XII vio el milagro del sol 37 años después, en 1950 y desde los jardines del Vaticano, como confirmación del Cielo en un momento decisivo en el cual él iba a proclamar un dogma ex catedra”.

Con el respeto debido a las personas que creyeron y creen aún en el carácter sobrenatural de aquel fenómeno, hay algo en todo él que recuerda a lo que está sucediendo ahora en Cataluña: millones de personas (de errática cuantificación también) parecen estarse allí viendo girar el sol, un sol catalán desde luego, que amenaza con caer sobre el resto de España, aniquilándola al tiempo que aniquilándose, por aquello que recordaba Sancho Panza: “Si da el cántaro en la piedra o la piedra en el cántaro, mal para el cántaro”.

Como entonces, doctores de reputadas universidades han encontrado bases científicas para acreditar el nacionalismo y un número indeterminado de intelectuales y artistas han desenterrado también razones emocionales con las que hormigonar al pueblo, así como una legión de publicistas que difunden unas y otras, resumidas en el hoy célebre “derecho a decidir” como dogma igualmente ex catedra.

Sobre la legitimidad o ilegitimidad de este derecho ha habido en este periódico sobradas opiniones de personas mucho más cualificadas que uno, de modo que podemos dejarlo de momento a un lado, no sin declarar de paso el pálpito de todos aquellos corazones que sin ser catalanes aseguran tener también el mismo derecho a decidir en ese asunto.

Otra de las similitudes de lo que está ocurriendo con aquel “milagro del sol” la tenemos en lo que se conoce como la espiral de los acontecimientos: estos no solo avanzan girando sobre sí mismos, sino que se aceleran a medida que se aproximan al centro u ombligo, arrastrando a él y devorando todo cuanto alcanzan a su paso, instituciones, protocolos, constituciones, tratados, ideas, personas, dando lugar a nuevos acontecimientos. Acaso por eso se ha dicho con razón que las aspiraciones que parecían inalcanzables y utópicas hace solo cuatro años se han devaluado a mayor velocidad que el marco alemán de entreguerras, y así los mismos nacionalistas que hace cuatro años suspiraban por las cebollas de Egipto de un concierto fiscal o una solución federal para sus aspiraciones de autogobierno, hoy, impulsados por el viento de los ventiladores que ellos mismos han pagado y colocado en su popa, los reputan de despreciables cantos de sirena y los desdeñan.

Así es como se ha llegado, formando parte de la misma sugestión, a creer que el “derecho a decidir” es ya una independencia in pectore, dando por hecho y fuera del orden natural de las cosas que no será aceptado ningún otro resultado que el de la independencia, toda vez que ese derecho solo podrán ejercerlo los catalanes, a ser posible independentistas (el recuerdo de los referéndums secesionistas canadienses perdidos o la suspensión de la autonomía del Ulster planea sin embargo sobre la realidad como la corneja que ensombreció al Cid con sus malos agüeros).

Que esa ficción es legítima, en tanto que ficción, no le cabe la menor duda a nadie. Pero resulta extraño, al menos para uno, la poca previsión o el fingir que más allá del derecho a decidir, el pueblo catalán (no vamos a entrar ahora en el peliagudo asunto ese de definir quién o qué es pueblo y quién o qué es catalán) hallará tras el proceso independentista un amanecer radiante (casi falangista, estamos tentados de decir), un sol que habrá dejado de girar iluminando al pueblo elegido como jamás lo había hecho antes en parte alguna.

Sea, concedamos: Cataluña ha decidido ya, como no podía ser de otro modo, su independencia. Lo ha logrado prodigiosamente al margen de la legalidad constitucional y los tratados de la Unión, que se rendirán como ante milagro, rodilla en tierra. Concedamos también que el resto de los españoles, muchos de los cuales se sentirán expoliados, lo aceptan impávidos y sin resentimiento (y en el mejor de los escenarios posibles: nada de boicoteo a los productos catalanes, el Barça jugando la Liga española y puestos fronterizos, los imprescindibles).

Claro que habrá algunos pequeños inconvenientes. ¿En qué gran proceso no los ha habido? El primero, el de la nacionalidad. Algunos nacionalistas hablan ya de conceder doble nacionalidad a quienes no quieran perder la española, pero no se ha dicho nada de aquellos que se resistan a tener la catalana (habrá que persuadirlos) ni de aquellos otros que, viviendo fuera de Cataluña, quieran ser catalanes (con derecho a voto). La moneda: se le dará un nombre apropiado y significativo y será una moneda fuerte, pese a las reticencias de algunos mercados (habrá que persuadirlos). La lengua, asunto para entonces casi irrelevante: el catalán será la oficial, y el castellano, en la intimidad. Lo del Ejército parece solventado: como Suiza, algo simbólico, tal vez unas docenas de guardias para el Vaticano (después de la canonización de los 500 mártires de la Cruzada, “en su mayor parte catalanes”, como recordó una de las autoridades catalanas asistentes al acto, las relaciones con el Vaticano son inmejorables). La salida de la Guardia Civil, policía y diferentes funcionarios del Estado del territorio catalán creará una pequeña inflación en el funcionariado catalán, que se corregirá sin duda en poco tiempo.

Financiación de la deuda: el carácter pacífico, ejemplar y milagroso del proceso habrá generado una gran confianza en todos los mercados, que acudirán jubilosos en masa, paliando así el grave problema del paro del periodo preindependentista, ocasionado por el cerrilismo del Estado español y la obstrucción al “derecho a decidir”. Lo mismo puede decirse de las empresas que suspirarán por radicarse en Cataluña, corrigiendo el mal efecto de las que la abandonaron cobardemente tal y como habían anunciado (no obstante, también persuadirlas). Aunque Dalí legara su museo al Estado español y no a la Generalitat, los españoles entenderán que al surrealismo de Dalí fuera de Figueras podría sucederle lo que al vino Albariño más allá del puerto de Manzaneda, de modo que el Estado español se avendrá buenamente a dejarlo donde está; lo mismo que todas sus dependencias, millones de metros cuadrados en zonas privilegiadas de sus ciudades, como delegaciones gubernamentales y cuarteles, que a falta de Ejército, se destinarán a Centros Nacionales de Persuasión.

Y por supuesto, en ese horizonte las nuevas autoridades catalanas no contemplan ninguna hostilidad comercial, financiera, industrial de su vecina España, que, persuadida del espíritu solidario de los independentistas, se abstendrá de competir con Cataluña en asuntos que han sido de su exclusividad tradicionalmente (el cava, los telares, la política portuaria del Mediterráneo, los Juegos Olímpicos, la industria editorial en español o la corchotaponera, el cava). Etcétera. Ni que decir tiene que la espiral de los hechos avanza en paralelo a la espiral de la sugestión colectiva; a más velocidad de aquellos, más se incrementa esta, sin saber, llegados a un punto, cuál de las dos espirales implementa a cuál.


Un día la visión se desvanecerá y muchos se preguntarán: ¿qué vimos? Y otros: ¿estábamos ciegos? Tal vez ese día alguien recuerde que, en efecto, antes de la independencia los catalanes pagaban más (como los madrileños, por cierto) no porque fuesen catalanes, sino porque eran más ricos; y que estos, los ricos, no se sabe cómo sugestionaron a tantas gentes haciéndoles creer durante un tiempo, hasta que llegó la independencia, que, antes que pobres, eran catalanes. Lo probable es que después de la independencia estos mismos vuelvan a ser lo que siempre fueron: antes que catalanes, pobres.

Labels: , ,

Saturday, October 19, 2013

El buen rollito nacional (Monja invacunada - Arcadi Espada - El Mundo)



Querido J:

Ya te he comentado alguna vez que el icono principal del alba catalana es la llamada Teresa Forcades, monja, una benedictina del Monaterio de Montserrat metida en política. Le habrás visto la toca, porque su toca cabalga y corta el viento del minifundio catalán mientras su voz va repitiendo, por todo mensaje inteligible, «proceso constituyente, proceso constituyente». No tiene la menor importancia lo que este sintagma quiera decir, como nada de lo que dice la monja.

Desde el punto de vista de la articulación del pensamiento la monja es nada, y su presencia humana sólo sirve para suscitar de nuevo la pregunta de Leibniz, retocada, por qué no hay nada en vez de algo. En realidad, yo te escribo esta carta con el central propósito de advertirte de que la monja Forcades lleva pantalones. Toca y pantalones. Ella prefiere, sin embargo, mostrarse siempre de medio cuerpo; y lo comprendo, porque pantalones los lleva cualquiera. Es la toca lo que trae loco al sistema comunicativo catalán. Como el alzacuellos de aquel padre Apeles traía locos a moros y cristianos de los 90. Teresa, que es astuta, lo sabe, por más que la combinación refleje con demasiada nitidez su doble vida centaura entre la clausura de Dios (a la que, por cierto, le obligan las leyes de su congregación) y la exhibición de los hombres. Las personas no pueden hacer política con uniforme: ni toca ni sable ni toga. Política democrática, naturalmente. Pero en Cataluña la toca de Forcades se festeja, porque todo el mundo comprende que se trata sólo de un elemento clave de diseño, y en Cataluña se respeta mucho el diseño inteligente.

El lugar en el mundo de la monja nadie lo ha descrito mejor que Luis Alfonso Gámez en un post omnicomprensivo de su blog Magonia. Empezaba recordando, el bravo cazador de magufos, que se hizo famosa con un vídeo sobre los presuntos peligros apocalípticos de la vacuna contra la gripe A. Yo lo vi en su momento: y me extrañó sobremanera que la monja no aludiera a la virtud del rezo, al fin y al cabo su vocación y oficio. Pocos días después, y ya convertido ese vídeo mismo en un peligroso virus más que gripal, nuestra monja era invitada al II Congreso Ciencia y Espíritu, celebrado en Barcelona; dónde si no. Y escribe Gámez, sobre aquel momento seminal: «Forcades compartió escenario aquellos dos días con negacionistas del sida, exopolíticos, defensores de que el 11-S fue un autoatentado de Estados Unidos, creyentes en la Tierra hueca, propagandistas de la contaminación electromagnética, los chemtrails, las casas piramidales con efectos terapéuticos, el alma grupal y otras chaladuras. Tengo que admitir que nunca se me pasó por la cabeza que pudiera llegar a más ni salir de esos círculos marginales».

En ese congreso y en otras intervenciones, como su campaña posterior contra la vacunación del papiloma, la monja no se ha apartado un milímetro del eje de su discurso: las compañías farmacéuticas, aliadas con innominados intereses políticos, tienen un plan para diezmar a la población humana. Una toca así, y una cabeza así, estaría destinada a aparecer en televisiones de distrito, teletiendas, en programas de nocturnidad y alevosía, siempre entre colores ruidosos, charangas abigarradas y presentadores finos como un tanga. Pero lo que hace grande el caso de la monja invacunada y la razón de que te dé su noticia es el tratamiento que sus verificadas alucinaciones reciben en Cataluña. La alusión que te he hecho a aquel remoto padre Apeles, que hoy se ha dado a la bebida, no es gratuita. Mientras que aquél fue un miembro destacado y episódico del show business, un asunto de risa, nuestra monja sienta doctrina en el prime time del discurso político catalán y es objeto frecuente de la más solemne atención mediática. Objeto frecuente, pero, sobre todo, serio. Hazte con una galería de imágenes que la muestren en plena acción discursiva. Y fíjate lo que suele tener detrás. No verás más que anagramas respetables. Universidades, centros de reflexión y debate, oficinas gubernamentales, oficinas no gubernamentales, partidos políticos, medios de comunicación. Cataluña es ese lugar sin límites, donde la monja Forcades es una autoridad científica y política.

Es imposible no relacionar el bullshit de la monja Forcades con el del nacionalismo. Al fin y al cabo, lo que dice la monja sobre las vacunas tiene la misma base científica que lo que dice Mas Colell sobre el expolio fiscal. Y ningún rasgo decisivo de naturaleza separa sus fábulas sobre la industria farmacéutica de las fábulas nacionalistas sobre la historia. Sin embargo, donde el caso de la monja golpea de un modo más redondo es sobre la izquierda. Incluso con extensiones hispánicas. El escritor Juan José Millás, por ejemplo, que hace poco fue capaz de halagarla asegurando, sin mayor pestañazo, que el tiempo ¡le había dado la razón en sus denuncias sobre las vacunas! O el improbable prócer Alberto Garzón, que se desangraba en un nuevo tuit diciendo, después de una visita al monasterio y sus nieblas: «Saliendo de Monserrat, tras tener una interesante conversación con Teresa Forcades sobre procesos constituyentes y actualidad política». Pero bien sabemos los dos que el libro a escribir es uno y eminentemente indígena y ha de llamarse La izquierda catalana: del PSUC a Teresa Forcades. Ésta será la cita de la primera página: «En 1970 los intelectuales catalanes de izquierdas, en número de 300, se encerraron en el Monasterio de Montserrat. Aún no han salido.»

Sigue con salud.

A.

Labels: ,

Saturday, October 05, 2013

"Buenismo" hasta en la sopa: Honor a los cobardes - Arcadi Espada - El Mundo



Los franceses van a rehabilitar a sus desertores fusilados y, en general, a sus cobardes de la Gran Guerra. La rehabilitación se propone, además, según la jovial noticia del diario El País, como «una pedagogía». Es decir: estos jóvenes tuvieron sus razones para el miedo y deben gozar de nuestro aprecio institucional y patriótico. La iniciativa parece que no alcanza a los cobardes de la Segunda Guerra Mundial. No veo el porqué. La cobardía francesa en la segunda guerra fue aún más general. A partir de cierto momento, incluso, no hubo en Francia más que cobardía. Un miedo atroz a morir. Esa fue la razón fundamental del colaboracionismo, y no parece justo que el colaboracionismo deba quedar fuera de la rehabilitación. A ver si va a dar más miedo un oficial francés que un nazi.

El miedo a morir es un claro signo de civilización, y yo no puedo por menos que celebrar esta magnífica iniciativa de la izquierda francesa, empeñada desde su juventud en la organización de un mundo feliz, aunque se trate de un mundo falso. En la izquierda la felicidad, incluso alzada a punta de pistola, siempre ha contado más que la verdad. Los franceses van a honrar a sus cobardes. Es realmente llamativo que esta variante del honor resulte más específica y solemne que las que recibieron las víctimas de la cobardía de los cobardes: el soldado que sustituyó a su compañero ante la defección y, saltando por los aires en varios trozos, refrendó la lectura correcta de la situación que había hecho su compañero.

La Francia de hoy, libre, rica y llena, no es el resultado de la cobardía y la deserción, claro está, sino del valor, del sacrificio y, en consecuencia, del sumarísimo castigo al desertor. El gesto gubernamental de resucitar a los fusilados por su cobardía, y pedirles un poquito de perdón cumple, en el mejor de los casos, la clásica falacia de proyectar sobre los actos del ayer la moral de hoy. Es evidente que la libertad humana ha avanzado y ahora los hombres pueden disfrutar más de su cobardía. Pero el gesto retroactivo francés es tan incongruente como si uno de nuestros ricos burgueses actuales pidiera perdón a los negros por las molestias que les causó el tatarabuelo negrero. Como si les pidiera perdón, oh, la, la, la, pero sin devolverles el dinero.

Labels:

Thursday, August 15, 2013

Dos de Arcadi Espada: Del "turismo gay" en Barcelona a Egipto "con la razón"






Barcelona, meca (gay)

Un señor de La Vanguardia escribió ayer esta carta:
"Barcelona tiene el dudoso privilegio de haberse convertido en la capital gay de Europa. Nuestra ciudad, con motivo del Circuit Festival, ha sido literalmente tomada por los homosexuales de Europa, pero, claro, no hay que hacer ascos al dinero, venga de donde venga. Lo importante es que los hoteles estén llenos y que se espera recaudar más de 100 millones de euros. Las playas de la ciudad están invadidas por musculosos jóvenes y no tan jóvenes exhibiendo cuerpo y realizando todo tipo de actividades.
En unos años, este tipo de encuentros quizá los organizarán los heterosexuales, pues tengo la sensación de que cada vez son menos. Cuando observo tanto escandaloso desatino, tanta confusión entre libertad y libertinaje, tanto exhibicionismo morboso, me viene a la memoria el trágico final de la Sodoma bíblica"
Naturalmente la carta prueba que La Vanguardia es lo que nunca muere y que su pase de Española a Soberana tiene solo importancia retórica.

Pero, pero.

¿Por qué le llaman turismo gay cuando se trata de turismo sexual? ¿Y por qué no identifican a Barcelona como lo que realmente es: la capital europea del turismo sexual, desde cualquier postura vista? No acabo de entender. En la vida solo hay tres negocios: el Deporte, la Cruz y el Sexo. No entiendo la renuncia.

NP.: Para el caso, Madrid no difiere demasiado cuando se celebra la semana del Orgullo con mero afán turístico, monetario y propio del Kistch al gusto moderno y progresista (el otro, el de los no modernos, es ontológicamente rancio y casposo por definición)


Siempre con la razón

No debe extrañar a nadie el ataque de matones islámicos contra la Biblioteca de Alejandría. Desde el inicio de la primavera árabe la biblioteca fue uno de los objetivos de la presión islamista. Los Hermanos Musulmanes criticaban los programas culturales porque incluían ballet, música y teatro. Se quejaban de que hubiera libros de Salman Rushdie. Y páginas con desnudos. Y encontraban particularmente intolerable al director, Ismail Serageldin: un hombre que años antes había retirado Los Protocolos de los Sabios de Sión de una exposición en otra biblioteca con el supremo argumento de que era mentira. Los Hermanos, en consecuencia y con su habitual gravedad, habían propuesto que la biblioteca se transformara en mezquita.

No son extrañas las piedras de ayer ni las sucias campañas de anteayer. La reconstrucción de la Biblioteca de Alejandría fue una de las estrellas de la modernidad despótica de Mubarak. La mayor biblioteca del mundo árabe. Uno más de los proyectos occidentalizadores de Egipto, pagado a medias por el gobierno y la Unesco. Un símbolo de ilustración y de ecumenismo: si durante siglos cristianos y musulmanes se echaron en cara la responsabilidad de haber quemado la biblioteca antigua, ahora no habría ninguna duda de que iban a colaborar en la reconstrucción.


Ayer rompieron algunos cristales de la biblioteca y es lógico pensar que solo la protección del ejército evitó males mayores. Ese mismo ejército que dejó ciento cincuenta muertos en las calles al acabar con los campamentos de partidarios del depuesto presidente Mursi. Es decir, el inquietante problema. ¿Qué sucede, y sobre todo, qué me sucede, aquí sentado, a 23 grados, luz filtrada, té frío e internet de 100 megas cuando los golpistas defienden lo mío, Rushdie, los desnudos y hasta las pirámides, sobre las que nunca tuve excesivo link hasta que me enteré que los Hermanos quieren destruirlas porque son edificios paganos? Lo ideal, naturalmente, sería lo contrario. Algo así como en Irán. Que los matones islámicos estuvieran en el gobierno: ¡qué briosos manifiestos brotarían, y yo el primero, en defensa de la cultura, la libertad, el laicismo!

Pero el peligroso problema, quién habría de decirlo, es tener a un tiempo la fuerza de la razón y la razón de la fuerza. Dado lo cual me digo sabiamente que ni con unos ni con otros, que yo siempre con la razón. Y me voy a dar un paseo, que se ha levantado la brisa del crepúsculo y están las calles muy tranquilitas y muy buenas..

Labels:

Saturday, March 19, 2011

Qué grande, Arcadi Espada. La fantochada progresista francesa de moda "deconstruida"



Querido J:

El mayor best seller de Francia de los últimos tiempos es un panfleto que no llega a las treinta páginas, escrito por un viejito adorable que se llama Stéphane Hessel, viejito por sus 93 y adorable por una biografía de inteligencia, combate, heroísmo y puntos de vista inmaculados, que incluye una familia burguesa y bohemia (o sea lo mejor de lo mejor: son dos términos que en realidad nacieron para ir adosados: no creo que haya oxímoron más fértil y feliz), l’École Normale, la Resistencia, Buchenwald, la redacción de la Declaración de los Derechos Humanos [N.P.: eso es lo que ha dejado entender el personaje, pero la verdad es que su intervención fue nula, solamente estuvo de visita por allí, pero eso no fue óbice para apuntarse la autoría para su CV de progreso] y una defensa de la causa palestina que incluye entre los habituales argumentos la autoridad de ser hijo de padre judío. Te lo llamo panfleto acogiéndome al volumen de la obra, es decir, vinculándolo más bien con el pamphlet anglosajón, que no distingue entre nuestros folletos y nuestros panfletos. Pero folleto, sin duda, habría de llamarse para vincularlo antes a Ikea que a Zola.

La edición española acaba de salir, con una urgencia literaria digna de mejor causa y con el acierto mayúsculo de ir prologada, amartillada, por una suerte de clon ibérico de Hessel, nuestro buen Sampedro, viejo también y sentimental aussi, y autor de un prólogo tan inane, punto arriba punto abajo, como el del texto subsiguiente. Yo sé que tú no lo harías, pero espero que, dado que estas cartas las lee legión, nadie salga a reprocharme impiedad con los viejos. Como una vez me dijo Carmen Martín Gaite, cuando acudí a llevarle un cuento de mis dieciséis, y lo calificó de malo, malísimo, yo califico sin tener en cuenta la edad, porque lo contrario sería humillante.

Acabo de escribirte que lo de Hessel es un folleto, pero es mucho más preciso calificarlo de hoax. Mira qué bien retrata la Wiki al librito: «Los hoax no son virus ni tienen capacidad de reproducirse por si solos. Son mensajes de contenido falso que incitan al usuario a hacer copias y enviarla a sus contactos. Suelen apelar a los sentimientos morales (“Ayuda a un niño enfermo de cáncer”) o al espíritu de solidaridad (“Aviso de un nuevo virus peligrosísimo”) y, en cualquier caso, tratan de aprovecharse de la falta de experiencia de los internautas novatos.» Ahora te demostraré, enumeradamente, por qué:

1. «Nunca había sido tan importante la distancia entre los pobres y los más ricos». Nunca.

2. «Cuando intento comprender qué causó el fascismo (…) me digo que los propietarios, con su egoísmo, tuvieron un miedo terrible a una revolución bolchevique. Se dejaron guiar por sus temores» Fundados.

3. «Pero mi optimismo natural, que quiere que todo aquello que es deseable sea posible...» ¿Optimismo? No: sólo una sofisticada y alegre fuente de la violencia y el totalitarismo.

4. «Benjamin, quien se suicidó en septiembre de 1940 para huir del nazismo». Para huir.

5. «Evidentemente, pienso que el terrorismo es inaceptable, pero hay que admitir que cuando un pueblo está ocupado con medios militares infinitamente superiores, la reacción popular no puede ser únicamente no violenta». "Pero..." La cursiva no es mía.

6. «El pensamiento productivista, auspiciado por Occidente, ha arrastrado al mundo a una crisis de la que hay que salir a través de una ruptura radical con la fuga hacia delante del «siempre más», en el dominio financiero pero también en el de las ciencias y las técnicas». Pero también en el de las ciencias y las técnicas siempre atrás y menos.

7. «Apelamos a una verdadera insurrección pacífica contra los medios de comunicación de masas que no proponen otro horizonte para nuestra juventud que el del consumo de masas, el desprecio hacia los más débiles y hacia la cultura, la amnesia generalizada y la competición a ultranza de todos contra todos». Y son de masas.

8. «Es cierto, las razones para indignarse pueden parecer hoy menos nítidas o el mundo, demasiado complejo» Eso sí.

Vale.

Coincidiendo con mi lectura de ¡Indignaos!, recibí un correo de Anonymous. ¡Y espero que nadie diga que no son los auténticos! Habían leído a Hessel. El correo decía:
«Nosotros nos rebelamos el pasado 20 de diciembre por la conocida como Ley Sinde. Sólo es un motivo; existen tantos para indignarse que cada cual debe pensar cuál es el suyo para rebelarse. Puede ser la crisis alimentaria, que está arrastrando a cientos de millones de personas al hambre; o la financiera, por la que una minoría de la población ha estafado a la mayoría que vivirá el resto de su vida hipotecada; o por los obsoletos derechos de propiedad intelectual que impiden el tratamiento de enfermedades o la libre transmisión de la cultura, las ideas y el entretenimiento»
Observa, sobre todo, que la propiedad intelectual mata. Es la macedonia de nuestra época. Wikileaks, Sinde, Mubarak, El Clima, Wall Street. Indígnate. Entre Hessel y el joven de Anoymous no hay mayor diferencia. Pocas veces Piaget quedó tan bien probado. Ciertamente el niño es el padre del hombre.

Las razones por las que este libro vende millones de ejemplares son las mismas por las que triunfa una Belén Esteban. En el prólogo al libro que no escribió sobre la princesa, Christian Salmon escribe: «Belén Esteban es quizás un síntoma del descrédito de la palabra pública de las élites, políticas, religiosas o intelectuales». Hessel es quizás, dice. Luego está el asunto de la izquierda y la derecha. Sus respectivos panfletos. El de Thilo Sarrazin, el alto funcionario del Bundesbank, y su Alemania a la deriva. ¡Moros fuera! Puede que ese tipo de panfletos derechistas sean despreciables. Pero el de Hessel es ridículo. Puede que la diferencia esté en su diverso approachment a los datos de lo real. Puede que por eso esté ganando la derecha.

Basta, para entender, que te fijes en el propio título del librillo de fumar de Hessel: ¡Indignaos! Es muy significativo ese imperativo. Si el mundo que describe Hessel tuviera algún contacto vigoroso con la realidad, el imperativo sobraría. La indignación se daría por supuesta y su autor llamaría a la acción. Del uníos, proletarios, al indignaos, muchachos, hay un evidente paso atrás panfletario. Que es un paso adelante en la historia, desde luego. Lo más patético del texto de Hessel es que tenga que conquistar, antes de nada, la indignación. Que este libro cree en sí mismo ¡las condiciones objetivas de la indignación! Aunque, en fin. Puede que sólo se trate del primer volumen de esta Insurrection au bon marché.

Sigue con salud

Labels: ,

Friday, March 18, 2011

Que gran ejemplo de lo que hoy en día es (y será) la izquierda


Jesús Egiguren en su salsa radiofónica. Sobredosis de superioridad moral por partida doble

Jesús Egiguren pasa por ser el "intelectual" del Partido Socialista de Euzkadi (la marca del PSOE en dicho territorio). Para quienes no lo conozcan les diré que el término intelectual está muy barato entre la clase política del país del buen rollito, y más aún en el espectro político que supuestamente tiene más ínfulas intelectuales, y que dicen que es la izquierda (la derecha ni ejerce, ni se la espera, ni le importa gran cosa). Piensen por ejemplo que hoy en día la vanguardia intelectual de esa izquierda está compuesta mayoritariamente por actores, cantantes y artistas varios. !! Qué nivel, Maribel !!

Bueno, este fenómeno vasco ha criticado al gran, al enorme, ZP por "no ser valiente" a la hora de validar al enésimo partido político abertzale que, siendo absolutamente heredero de Herri Batasuna, ha tenido que seguir las exigencias del guión que le obligaba a "desmarcarse" más o menos, o algo así, de ETA. Jesús Egiguren juega aquí el papel de Pepito Grillo comprensivo con el mundo abertzale, con una especie de síndrome de Estocolmo más o menos ostensible (de hecho está metido en todas las negociaciones), aunque no crean que es un ente libre, cumple escrupulosamente con su papel dentro del partido.

Es de esa típica gente de la izquierda que considera que siempre será preferible entenderse entre la gente de izquierdas, aunque haya sangre de por medio, que hacerlo con los rancios y casposos de la derecha. Y por ahí va el artículo de Arcadi Espada, que me parece esplendido por sintetizar lo que es esta (¿casi toda?) izquierda. Ojo, no crean que todo es ideología, un supuesto acuerdo de paz en Euzkadi es considerado por el PSOE y sus medios afines como el único logro político que podría detener la hecatombe electoral que se avecina. Y es que para los afines, muchos de ellos viviendo de las empresas públicas y de las subvenciones estatales, el tsunami nacional del paro (el 20% de la población activa nacional, el 44% en el caso de los menores de 30 años), que se ha desarrollado bajo el mandato del gobierno socialista y se ha agudizado por su inactividad y mala gestión, sería pecata minuta ante la palabra PAZ, pues demostraría al mundo mundial que aún siendo unos inútiles totales como gestores su manifiesta superioridad moral les obligaría a gobernar a los demás

Ontologías - Arcadi Espada (15 de marzo)

El presidente del Partido Socialista de Euskadi, Jesús Eguiguren, publicó hace un par de días un artículo imborrable en el diario El País. Es muy conocida la opinión que la izquierda tiene de sí misma respecto a la derecha. La vieja y tenebrosa ilusión de la superioridad moral. Pero pocas veces se habrá manifestado con semejante hinchazón retórica.

El socialista dice textualmente: «La izquierda tiene mayor obligación que la derecha en ser responsable y [en] hacer lo que se debe». El porqué de una declamación tan tosca es sencillo: la derecha, a diferencia de la izquierda, no puede ser responsable. Su naturaleza es la irresponsabilidad.

Y es sobre este estribo que levanta el caballero Eguiguren su acusación principal: el presidente del Gobierno es un cobarde porque estando biológicamente predispuesto, en tanto que miembro del Bien, no se atreve a practicarlo. Ha dicho cobarde, pero en realidad ha querido decir traidor: traidor a su naturaleza. Por el contrario, la valentía, como cualquier otra virtud moral está fuera del alcance de la derecha: no hay razón posible contra las fuerzas de la naturaleza.

La derecha es siempre inocente porque jamás puede ser otra cosa que culpable.

Labels: ,

Sunday, January 17, 2010

El cónsul de Sodoma (La cajera de Lesbos - Arcadi Espada - El Mundo)

Querido J:

¡Cómo no iba yo a ver El cónsul de Sodoma! De casa al cine habrá medio kilómetro. Iba pasando por las casas, por los bares, por los parques e iba diciendo aquí vivía éste, aquí bebía éste, aquí venía ella. Vecinos. Gente mayor cuando era pequeño, y a los que ahora veo insólitamente jóvenes, confirmándose la trampa présbite. Jaime Gil de Biedma murió ¡a los 60 años! Un joven, sin duda. A su juventud contribuyó, desde luego, la brevedad de su obra. Todos esperaban que de un momento a otro JGB dejara la adolescencia, saliera de la ducha (que era donde hacía los poemas) y se pusiera a escribir en seco. Pero lo mató el sida, que es uno de los seudónimos más nombrados del placer.

Esta relación entre sexo y verso ha sido una de las cosas más comentadas de la película. Incluso antes de que se proyectara. Han salido algunos amigos/as del poeta a decir que es una relación desequilibrada: que sobran polvos y faltan versos. Me hace mucha gracia este argumento. Voy a desplazarlo un poquitín para que se vea lo extraño. Imaginad, perdonadme, una cajera de supermercado y su película: La cajera de Lesbos. Y que salieran los vecinos a decir que no hay supermercado. ¡Hombre, hombre! Y en el caso de la cajera la objeción aún tendría algún fundamento, porque, realmente, los horarios de las cajeras son inhumanos. ¿Pero el oficio de los versos? ¿Hay alguien con conocimiento en este mundo que pueda dudar de que JGB dedicó mucho más tiempo a los polvos que a los versos? Esto es así incluso por razones completamente poéticas. Porque de haber dedicado más tiempo al poema que a los polvos habría sido un poeta leonés, de los que ignoran la arcilla seminal del verso. Es muy absurda la objeción de los amigos. ¿En razón de qué protocolo podría alguien negar a nadie la posibilidad de hacer una película sobre la vida sexual de JGB? Y entrando por derecho en materia literaria: ¿qué autoridad tiene nadie para decirle a un escritor o a un director de cine que debe ocuparse de la poesía de JGB y no de su poética?

Lo que debieran de haberle dicho los amigos y vecinos a Sigfrid Monleón, el director de la película, es otra cosa muy distinta. ¿Por qué se ha apropiado usted de JGB (entero: polvos y versos) para sostener una ruina? A las películas o las obras literarias con nombres propios reales es muy fácil hacerles la prueba del algodón: convierte Jaime Gil de Biedma en Juan Gutiérrez de Bransó, a Carlos Barral en Cósimo Bernal, a Juan Marsé en José Miret, y así con el resto de secundarios. Y observa lo que sucede. No hay película. Sólo la penosa zarzuela de un joven y fino ejecutivo maricón que va a Filipinas y se enreda con mozalbetes y cuyos padres sufren por si la mariconería le impide heredar la empresa, lo que acaba sucediendo.

El joven, que se dedica a la poesía en sus ratos libres, acaba cogiendo el sida, lo que resulta naturalísimo y severo broche de la vida y el film. La plusvalía de los nombre propios actúa mediante un sencillo mecanismo: el conocimiento que el espectador tiene sobre los originales acaba llenando el vacío factual y psicológico de los trasuntos, dotándoles incluso de coherencia. Además, el fenómeno imitativo distrae extraordinariamente y disuade al espectador de mayores jonduras: en El cónsul de Sodoma uno pasa media película preguntándose cómo el actor Mollà se atrevió a hacer de JGB. Y un entretenimiento aún mayor. Los acertijos del roman à clef. La satisfacción de desentrañar que el chiquito Fotogramas era el escritor Vila-Matas. Y la incógnita acerca del hijo de la frutera, y en consecuencia inexorable, poeta frutal que sale despedido de Ultramort, poema («Una casa desierta que yo amo,/a dos horas de aquí») y pueblo ampurdanés.

Alguno de los amigos hoy indignados de JGB entiende perfectamente la plusvalía de los nombres propios. La fotógrafa Colita, por ejemplo, sabe cuánto mejora una foto de arte... cuando retrata a un artista. Y lo sabe, sobre todo, Juan Marsé. El gran novelista lo sabe por partida doble. Para empezar, él creó un inolvidable nombre propio: Pijoaparte. Y fue deudor, en la más ambiciosa de sus novelas, de un nombre propio nacido de madre, Carmen Broto, cuyo asesinato en la Barcelona de posguerra fue un orín de perro que todavía marca territorio. Hace algún tiempo, Marsé reaccionó contra los periodistas Guixá y Trallero, autores de La invención de Carmen Broto, cuando le reprocharon haber manipulado la realidad en beneficio de sus intereses o posibilidades ficcionales. La respuesta de Marsé tuvo algo de despótica. Yo soy dueño de mis ficciones, vino a decir, antes de reprocharles, muy biedma, que hubiesen aparecido en sus posesiones, pelmazos, embarazosos huéspedes, memos vestidos con mis trajes, zánganos de colmena, inútiles, cacasenos, con vuestras manos lavadas, a comer en mi plato y a ensuciar la casa.

No se entiende qué hace el escritor ahora en la casa del otro. ¿Que ése de la película no es JGB? ¿Y a él qué le importa? Entiéndaseme. Yo no niego a Marsé el derecho a convertirse en el albacea moral de JGB. Lo tiene. Fue su amigo. Tiene el mismo derecho que Guixà y Trallero a convertirse en albaceas de Carmen Broto. Pero es extraño que reclame para JGB el trato que no quiso darle a la señora. El estatuto de la ficción, si existe tal burocracia, rige para JGB y para Carmen Broto. El cónsul de Sodoma no es un documental. Es decir, se mueve con la desfachatez habitual en esa línea de sombra fiction/faction, que en cine llaman un biopic, o golosina así. Y, como sus pares de la literatura, se muestra siempre dispuesta a chulear a la realidad, más puta que JGB y Carmen Broto juntos. Mi opinión sobre esa estética de proxenetas está clara; pero mucho me temo que no es el caso de Marsé, que según le conviene va y vuelve con una galanura que, francamente, y aunque mucho le queremos, está empezando a resultar irritante.

Ve a verla. Va de nuestras vecindades administrativas y poéticas. Si hubiese sido una buena película, habría sido como ver follar a los padres. A cambio, no te aburrirás. Atención cuando el poeta se sienta en el sillón a leer a Eliot, cuatro cuartos. Y que no se te escape su exacta mímesis, que también la tiene. Ha sido muy criticado por los jóvenes imberbes que los diálogos fueran de cartón piedra. Je, je. No los conocieron. Sabes como yo que el grupito hablaba exactamente así y la razón era que todos vivían en un film permanente, y lo sabían. Hablaban así en todas partes, excepto en la ducha, el único lugar, ya quedó escrito, donde pudo oírse aquella voz tan limpia y humana.

Sigue con salud

Labels: , ,