¿Por qué no pueden tener éxito (las negociaciones de Obama)? - Mordechai Kedar - Bitterlemons

Mordechai Kedar en su salsa
El "proceso de Washington" que se inició a principios de septiembre de 2010 estaba destinado a ofrecer una solución concertada a esas cuestiones que todos los acuerdos anteriores entre Israel y los palestinos habían pasado por alto. Esto se iba a lograr mediante unas negociaciones directas y continuas en un plazo de uno a dos años, y con la participación intensiva de EEUU bajo la estrecha supervisión del presidente Barack Obama, la secretaria de Estado Hillary Clinton y el senador George Mitchell.
Es evidente que esta fórmula, y en particular su calendario, tiene por objeto proporcionar un importante logro político al presidente Obama con respecto a las elecciones presidenciales de 2012 mejorando sus posibilidades de reelección.
Sin embargo, menos de un mes después de que el actual proceso de negociación comenzara, y después de una congelación de la construcción en los asentamientos de diez meses durante la cual los palestinos se negaron a negociar directamente, Israel ha reanudado la construcción de asentamientos. Esto proporciona a los palestinos una excusa legítima a los ojos de la Casa Blanca y del mundo para detener las conversaciones.
La construcción de asentamientos nunca fue hasta ahora una justificación para un estancamiento diplomático. Esta vez, sin embargo, la cuestión de los asentamientos ha sido aprovechada por los palestinos como una especie de "asiento eyectable" que les permite evadir unas negociaciones que no les permiten mantener a flote cuestiones fundamentales como los refugiados. Ellos prefieren explotar los puntos de controversia como los asentamientos y ganar puntos con la Casa Blanca en lugar de ser acusados de permitir que el proceso se colapse.
Es ingenuo pensar que un conflicto que ha durado más de 60 años se puede resolver en dos años de negociaciones, por más directas y continuas que sean. Un verdadero fin del conflicto no se podrá lograr al menos hasta otra generación, y por varias razones relacionadas con los temas centrales.
Israel es percibido por muchos palestinos, así como por otros muchos árabes y musulmanes, como una entidad ilegítima. Israel exige que sus vecinos lo reconozcan como un Estado judío o por lo menos como el Estado del pueblo judío, mientras que el Islam considera al judaísmo como una religiión que ha dejado de ser pertinente desde el advenimiento del Islam. Los judíos no son o no representarían más que a unas comunidades religiosas que pertenecen étnicamente a los pueblos en los que viven o residen, mientras que la Tierra de Israel, desde el río Jordan hasta el mar Mediterraneo, es una tierra santa islámica "Waqf". En consecuencia, los musulmanes y los árabes no pueden reconocer a Israel como un Estado legítimo, una condición sine qua non para un acuerdo de paz exitoso.
La cuestión del Monte del Templo y de la mezquita Al-Aqsa es la más difícil de resolver. Los judíos consideran al Monte como un lugar sagrado judío e insisten en mantener su soberanía sobre él, aunque muchos evitan entrar en dicho lugar precisamente debido a su carácter santo. La destrucción de restos y antigüedades judías por las autoridades del Waqf palestino en 1996, demostró a los israelíes que los palestinos no atribuyen importancia a los restos de la cultura judía en el Monte del Templo [N.P.: No estoy tan de acuerdo con esta opinión. Precisamente la destrucción de restos judíos que evidencian la vinculación del pueblo judío con ese lugar demuestra que el Waqf sabe y valora su importancia]. Por su parte, el objetivo de los palestinos es localizar su capital en Jerusalén, a pesar de que nunca fue la capital de Palestina y nunca fue sede o residencia de ningún califa, emir o sultán árabe o islámico.
En cuanto a la cuestión de los refugiados, un retorno masivo de los palestinos a sus hogares de 1948 es percibido por la sociedad israelí como una fórmula para un suicidio nacional colectivo. Los israelíes, tanto de izquierda como derecha, están unidos a la hora de rechazar ese retorno masivo. Esa opinión también es compartida por el mundo: el Tribunal Europeo de Derechos Humanos dictaminó en marzo de 2010 que los griegos que huyeron o fueron expulsados del norte de Chipre, cuando los turcos invadieron la isla en 1974, no gozan de un "derecho de retorno". Este es un precedente muy relevante [N.P.: Lo sorprendente es que la parte occidental, y en especial la europea, se cuida mucho de expresarlo claramente, algo sorprendente tras el mencionado precedente de Chipre].
Por contra, entre los refugiados palestinos del Líbano, Siria, Jordania y la Autoridad Palestina, la narrativa del retorno sigue siendo dominante, y su ejecución se espera como inminente. Cualquier intento por parte de la dirección de la OLP de llegar a un compromiso sobre el derecho al retorno les pondría en grave conflicto tanto con los refugiados como con sus anfitriones, los estados árabes (que en buena medida desean desprenderse de ellos).
También hay razones de por qué los dirigentes israelíes no tratan de avanzar en las negociaciones sobre el estatuto definitivo. Una se refiere a las fronteras y a los asentamientos. Los acontecimientos que siguieron a la retirada unilateral de la Franja de Gaza y el norte de Samaria en el año 2005, lo que supuso el abandono de 26 asentamientos y la retirada de sus habitantes, han llevado a una reevaluación de la utilidad de dichas retiradas entre muchos israelíes (los cerca de 8.000 misiles, cohetes y morteros lanzados desde allí contra los civiles del sur de Israel). Ningún gobierno israelí actual puede persuadir a la Knesset y al público en general de llevar a cabo una evacuación masiva de los pobladores de las comunidades que se establecieron en Judea y Samaria (tanto sobre la base de decisiones gubernamentales como en aquellos terrenos que fueron adquiridos legalmente a los árabes palestinos).
En segundo lugar, los israelíes temen que si un Estado palestino con continuidad territorial se establece en Judea y Samaria, nada impedirá que, en algún momento, caiga bajo el control de Hamas - ya sea mediante unas elecciones, como en enero de 2006, o a través de un golpe militar, como en Gaza en junio de 2007 -. Ni la Casa Blanca ni las Naciones Unidas pueden prometer a Israel que eso no va a suceder. Por consiguiente, Israel tampoco se fía de que a través de unas negociaciones se evite el establecimiento de tal estado. Además, el fracaso de las fuerzas de la ONU, el FPNUL, a la hora de impedir el rearme de Hezbollah en el sur del Líbano, disuade a muchos israelíes a la hora de confiar en que una fuerza internacional regule con eficacia la separación entre israelíes y palestinos.
En conclusión, el núcleo del problema, las cuestiones finales son tan complejas que su solución en un futuro previsible no parece posible. Cualquier persona - en este caso, el gobierno de Obama - que empuje a las dos partes hacia unas negociaciones sobre una solución global puede generar una crisis o un conflicto innecesario.
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