Stop a la "congelación" del IDF (por parte de la izquierda israelí) - Yehuda Ben-Meir - Haaretz
La opinión pública nacional-religiosa está comenzando a aceptar el hecho de que una insubordinación de cualquier tipo es una "línea roja" que separa el trigo limpio de las malas hierbas que hay en él. Están empezando a aceptar que esta insubordinación debe ser combatida sin concesiones. Y ello se debe a que la base de esas negativas a obedecer las órdenes no son más que un síntoma de una profunda descomposición que se expresa dando la espalda a la Policía israelí, al IDF y al servicio de seguridad Shtasin Bet, es decir, a todo lo que estas instituciones representan. La adopción de una postura firme ante la insubordinación promovida por figuras prominentes de la comunidad nacional-religiosa pone de manifiesto que ahora se entiende donde está exactamente ubicada esa línea roja.
Sin embargo, esta alienación del IDF y de su papel crucial en Israel no es exclusivo de la extrema derecha. Lamentablemente estamos siendo testigos de unos acontecimientos en el sistema de educación estatal que nunca podrían haber soñado nuestros predecesores. Estos hechos no se limitan a las actitudes post-sionistas de la extrema izquierda, sino que afectan al corazón mismo del sistema educativo. Y deberían despertar preocupación en cada ciudadano en particular, incitando a una profunda reflexión entre los líderes de la izquierda sionista aún patriota.
Hace unas semanas nos enteramos de que el director de Ironi Alef High School de Tel Aviv se había reunido con los estudiantes y les había exigido que se manifestaran en las calles para protestar contra los crímenes de la ocupación causados por el IDF. El director hizo hincapié en que no debían (los alumnos) ser asociados a tales atrocidades, en otras palabras, un claro y nítido llamamiento a rechazar las órdenes.
Hoy nos enteramos que unos directores de escuela de Tel Aviv rechazan autorizar que oficiales del IDF den conferencias a los estudiantes. Primero fue el director de Ironi Alef, seguido del de Gymnasia Herzliya, el cual explicó su posición diciendo que la escuela debe educar a los estudiantes hacia la paz y no para la guerra, y que no es democrático que el ejército pueda entrar en una escuela. El lugar propio de los militares, afirmó, son sus propias bases y las fronteras del país.
El director del Gymnasia Herzliya, aparentemente, no sabe nada sobre la democracia, sobre el papel del IDF en la sociedad o sobre el papel de una escuela en el Estado de Israel. Por ley, la función principal de una escuela es educar a los estudiantes a amar a la humanidad, a su nación y a su tierra, y formar ciudadanos leales al estado. ¿Puede alcanzarse ese objetivo boicoteando al ejército? El ejército israelí no es una legión extranjera, sus soldados no son mercenarios y sus comandantes no están deseando involucrarse en guerras. La función del IDF es proteger al Estado de Israel y a sus ciudadanos de las crueles intenciones de unos enemigos acérrimos que buscan destruirnos, y que han grabado la destrucción de Israel en sus escudos.
¿Acaso piensan los señores directores, esos que se niegan a que los oficiales del IDF entren sus escuelas, que podemos obtener la paz sin un ejército? ¿No se dan cuenta de que sin el ejército israelí los acuerdos de paz con Egipto y Jordania tampoco durarían demasiado? Incluso el presidente americano Barack Obama, al aceptar el Premio Nobel de la Paz, afirmó que, en un mundo donde el mal tiene tan enorme poder, el camino militar es a veces el camino de la paz, seguramente cuando un país está tratando de establecer o mantener su soberanía.
Algo huele a podrido en el sistema de educación municipal de Tel Aviv. Y sin embargo, estas "ideas" no son sólo problema del alcalde y de los padres. Un país normal y amante de la vida no puede aceptar tales comportamientos subversivos y desagradecidos. Las escuelas no son propiedad privada de los directores y los directores no pueden hacer lo que les de la gana.
Particularmente decepcionante es el silencio de la izquierda. Si la izquierda quiere seguir formando parte del consenso israelí, también debe saber cuándo decir "basta".
Sin embargo, esta alienación del IDF y de su papel crucial en Israel no es exclusivo de la extrema derecha. Lamentablemente estamos siendo testigos de unos acontecimientos en el sistema de educación estatal que nunca podrían haber soñado nuestros predecesores. Estos hechos no se limitan a las actitudes post-sionistas de la extrema izquierda, sino que afectan al corazón mismo del sistema educativo. Y deberían despertar preocupación en cada ciudadano en particular, incitando a una profunda reflexión entre los líderes de la izquierda sionista aún patriota.
Hace unas semanas nos enteramos de que el director de Ironi Alef High School de Tel Aviv se había reunido con los estudiantes y les había exigido que se manifestaran en las calles para protestar contra los crímenes de la ocupación causados por el IDF. El director hizo hincapié en que no debían (los alumnos) ser asociados a tales atrocidades, en otras palabras, un claro y nítido llamamiento a rechazar las órdenes.
Hoy nos enteramos que unos directores de escuela de Tel Aviv rechazan autorizar que oficiales del IDF den conferencias a los estudiantes. Primero fue el director de Ironi Alef, seguido del de Gymnasia Herzliya, el cual explicó su posición diciendo que la escuela debe educar a los estudiantes hacia la paz y no para la guerra, y que no es democrático que el ejército pueda entrar en una escuela. El lugar propio de los militares, afirmó, son sus propias bases y las fronteras del país.
El director del Gymnasia Herzliya, aparentemente, no sabe nada sobre la democracia, sobre el papel del IDF en la sociedad o sobre el papel de una escuela en el Estado de Israel. Por ley, la función principal de una escuela es educar a los estudiantes a amar a la humanidad, a su nación y a su tierra, y formar ciudadanos leales al estado. ¿Puede alcanzarse ese objetivo boicoteando al ejército? El ejército israelí no es una legión extranjera, sus soldados no son mercenarios y sus comandantes no están deseando involucrarse en guerras. La función del IDF es proteger al Estado de Israel y a sus ciudadanos de las crueles intenciones de unos enemigos acérrimos que buscan destruirnos, y que han grabado la destrucción de Israel en sus escudos.
¿Acaso piensan los señores directores, esos que se niegan a que los oficiales del IDF entren sus escuelas, que podemos obtener la paz sin un ejército? ¿No se dan cuenta de que sin el ejército israelí los acuerdos de paz con Egipto y Jordania tampoco durarían demasiado? Incluso el presidente americano Barack Obama, al aceptar el Premio Nobel de la Paz, afirmó que, en un mundo donde el mal tiene tan enorme poder, el camino militar es a veces el camino de la paz, seguramente cuando un país está tratando de establecer o mantener su soberanía.
Algo huele a podrido en el sistema de educación municipal de Tel Aviv. Y sin embargo, estas "ideas" no son sólo problema del alcalde y de los padres. Un país normal y amante de la vida no puede aceptar tales comportamientos subversivos y desagradecidos. Las escuelas no son propiedad privada de los directores y los directores no pueden hacer lo que les de la gana.
Particularmente decepcionante es el silencio de la izquierda. Si la izquierda quiere seguir formando parte del consenso israelí, también debe saber cuándo decir "basta".
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