Thursday, September 30, 2010

No hay amor para los musulmanes, a menos que sean palestinos - Benny Morris - Haaretz



Christopher Hitchens, uno de los periodistas más importantes en el mundo de habla inglesa (columnista de Vanity Fair, colaborador como editor en el The Atlántic), posee dos mentes en lo que se refiere al mundo árabe islámico. O, más bien, para él ese espacio (social, religioso, político, cultural, etcétera) es divisible en dos: los palestinos y todos los demás, o sea, "el resto".

Acerca de "ese resto", las cosas están bastante claras (como parece desprenderse en su libro recién publicado, "Hitch-22: A Memoir): Es un mundo plagado de corrupción, de violencia y de autocracia brutal, que poco a poco cae en las garras de un nihilista o medieval islamismo que cuestiona todos los valores fundamentales de Occidente: el liberalismo, la democracia, la tolerancia y la igualdad de derechos para las mujeres, la homosexualidad y las minorías étnicas.

Hitchens rompió las filas de sus colegas de izquierda (con los cuales había escrito durante mucho tiempo en el británico y semanal New Statesman, y, más tarde, en el semanal americano The Nation) y se hizo famoso por su apoyo a las guerras del Golfo: de 1991 y 2003.

Hitchens ha condenado a los árabes sudaneses por el asesinato de sus hermanos cristianos y animistas en el sur de Sudán y en Darfur, y a los árabes iraquíes (y a los turcos musulmanes) por la matanza y la opresión de los kurdos.

De hecho, ha escrito libros sobre la lucha por la independencia kurda y con respecto a Chipre ha sido muy crítico con la invasión turca de 1974 y con la limpieza étnica del tercio norte de la isla.

Más recientemente, Hitchens ha expresado su simpatía por un posible ataque israelí contra las instalaciones nucleares iraníes (definiéndolo como un acto de legítima defensa).

Sin embargo, todavía tiene un punto débil y ciego por los palestinos, los cuales aparentemente no pueden hacer nada malo o equivocado (y así su visión resullta similar a la actitud de los izquierdistas occidentales hacia los republicanos españoles durante la Guerra Civil española de 1936-39, a pesar de sus ocasionales masacres de católicos, las pugnas internas entre los comunistas y los partidarios de los anarquistas y del POUM, etcétera).

En "Hitch-22", Hitchens cita con aprobación (y la extiende) una metáfora acuñada (creo) por Jeffrey Goldberg, un corresponsal de The Atlantic: la historia cuenta lo siguiente, un hombre (un sionista judío), para salvarse, salta de un edificio en llamas (la Europa antisemita del Holocausto) y aterriza en un transeunte inocente (un palestino), aplastándolo. A lo que añade Hitchens: "y el hombre cae en las tierras de Palestina una y otra vez" (la conquista de Cisjordania y Gaza, la represión de las Intifadas, la construcción de asentamientos en los territorios, etc).

Pero la metáfora es falsa, y requiere una amplificación para ajustarse a los hechos de la historia. De hecho, cuando el hombre que ha debido saltar se acerca al suelo (o al pavimento) le ofrece al transeúnte (palestino) un compromiso: vamos a compartir el suelo o la tierra, algo para ustedes y algo para mí. El transeúnte le responde con un firme "no", e intenta, una y otra vez (1920, 1921, los pogromos de 1929, la revuelta árabe de 1936-39 y la Guerra de la Independencia 1947-1948) apuñalar al hombre que esta cayendo contra el pavimento. Así que el hombre que está cayendo logra dar un giro y aplasta al transeúnte.

Más tarde, una y otra vez, el hombre que estuvo cayendo, ahora ya asentado firmemente en la pavimento, le ofrece al transeúnte aplastado un compromiso ("autonomía" en 1978, una "solución de dos estados" en 2000 y en 2008), y una y otra vez el transeúnte le responde con un "no".

El hombre que cae puede haber llegado a ofender de algún modo al transeúnte, pero el transeúnte nunca fue ni se comportó de forma inocente, de hecho fue un agente activo y tomó parte con sus decisiones en su propia desaparición.

En "Hitch-22" esto de alguna manera se omite. Más bien, el muy a menudo progresista Hitchens(que proporcionó un techo y un refugio a su amigo Salman Rushdie cuando éste tenía sobre si la sentencia de muerte de los islamistas, y que habla muy francamente acerca de los "asesinos islamistas" y de esos cobardes, ingenuos o ilusos liberales/progresistas occidentales empeñados en apaciguar a estos "asesinos"), no se da cuenta del impulso religioso constante, y de gran alcance, en que se basa la lucha nacional palestina desde sus inicios en la década de 1920. (¿Qué otro movimiento de liberación nacional en los tiempos modernos, a excepción del de los chipriotas griegos, fue dirigida por un clérigo (mufií)?).

¿Quién si no los islamistas ganaron las elecciones generales palestinas en 2006? Por otra parte, Hitchens parece aceptar la definición de los palestinos de sí mismos como "nativos" que luchan contra un enemigo "imperialista" extranjero.

¿Pero como se puede aceptar eso cuando la estancia y residencia judía en la Tierra de Israel se alarga continuadamente desde el siglo XII a.C hasta el período bizantino (siglos V y VI d.C.)?

¿Y que hacemos con toda la estancia y residencia judía en Palestina, y su carácter de "indígena", desde 1882, hace casi 130 años? Si a la residencia y estancia se le conceden grandes derechos, habrá que contrapesar todos los periodos de residencia judía con la residencia árabe desde 636 d.C.

Y si se trata de que es la conquista la que garantiza la reivindicación de un territorio, entonces, ¿cómo es que la conquista árabe en el siglo VII d.C., a sangre y fuego, es más moralmente vinculante que la conquista judía en el 1200 a.C. o en 1948 / 1967?

Hitchens necesita lanzar una mirada larga y exigente sobre la historia palestina y sobre la naturaleza, comportamiento y objetivos del movimiento nacional palestino.

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Fina y destilada mala leche: Forges, de nuevo, esquirol - Pedro Fernández Barbadillo


Forges "al pie del cañón por Haiti". Como siempre, Él "siempre yendo del lado de las fuerzas de progreso" (Mejor hubiera sido haber dibujado a Aznar, recurso cada vez más socorrido ante el Alzheimer ideológico galopante, para que la patulea progre sostenida por todos, y aún no emigrada al panfleto Público, le disculpara).



Como el cine español, los vagos sindicalizados no pueden sobrevivir sin subvenciones .

!Qué achuchado tiene que estar el pobre Forges para no poder renunciar ni a un día de salario por sus monos en El País! Ni ha podido jubilarse. Empieza a darme pena.

El defensor de las mujeres maltratadas, de los hipotecados, de los jóvenes explotados por las ETT, de los obreros, de los cristianos de base, de los iraquíes, de la naturaleza... NO HA HECHO HUELGA.

La enflaquecida edición de hoy de El País lleva un chiste de Forges en el que anima a los trabajadores a manifestarse.

Se comportó igual cuando los trabajadores de El País hicieron huelga en diciembre de 2008 por sus derechos laborales y su futuro. Él tuvo que mandar su mono. Sí, fue esquirol.

Según la doctrina revolucionaria-terrorista, uno participa en la huelga general haciendo huelga o forzando a mamporros a que los demás la hagan, no aplaudiéndola desde su puesto de trabajo retribuido, pero yo disculpo al pobre Forges. Es una víctima de este sistema capitalista y de la empresa de los Polanco y Cebrián.

¡Con 68 años de edad y tiene que seguir trabajando para ganarse el centollo de cada día! ¡Pobre Forges! Es lo malo de ser trabajador por cuenta ajena: el amo te amenaza con quitarte un día de salario y no puedes hacer huelga, que es lo que te pide tu enorme corazón solidario.

Forges, te mando un saludo... y no te olvides de Haití.

CODA: Menos de un 10% de seguimiento. En mi barrio, todos los comercios, salvo los kioscos, están abiertos. Los piquetes han amenazado a un matrimonio de septuagenarios -qué valientes esos hijos de mala madre-. Bueno, hay que agradecer a ZParo que se ha cargado a los dos sindicatos mayoritarios, CCOO y UGT, al igual que ha hecho con tantos aliados suyos. Como el cine español, los vagos sindicalizados no pueden sobrevivir sin subvenciones.

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Wednesday, September 29, 2010

¿Arte contemporáneo? Marc Fumaroli: "Me hace feliz estar contracorriente e incluso ser muy reaccionario" - El País



Entrevista de J.M.Martí Font:

La historia no tiene un sentido determinado y el arte contemporáneo no merece ser llamado arte. Marc Fumaroli (Marsella, 1932) ha estado en Barcelona para presentar París-Nueva York- París. Viaje al mundo de las artes y de las imágenes (Acantilado), "un panfleto erudito", en palabras de su editor, en el que vuelve al eterno debate entre los antiguos y los modernos.

Pregunta. ¿Es usted reaccionario?

Respuesta. ¿Reaccionario? Es verdad que me gusta mucho reaccionar y las gentes que reaccionan están muy vivas. Lo tomo en el sentido exacto del término. No creo que la historia tenga un sentido ni que tengamos que inclinarnos ante el sentido de la historia. La gente que me interesa son aquellos que van contracorriente. He conocido la época en la que todo el mundo marchaba en el sentido de la historia, que no era otro que el que se marcaba desde Moscú. Me hace feliz estar contracorriente e incluso ser muy reaccionario. Cierto, ahora hay que reaccionar contra otras cosas distintas a las del momento en el que la URSS era considerada en Francia como la promesa del futuro de la humanidad.

P. Hay quien dice que Francia es un país soviético que ha tenido éxito.

R. O que Francia es el último país del Este, sí, pero no hay que tomárselo en serio. Lo que sí es cierto es que nuestra modernidad es nuestro Estado, lo que desde el punto de vista anglosajón es una cosa extraña, pero ahora lo hemos sustituido por la sumisión servil a una imagen falsa que Europa se hace de Estados Unidos.

P. Es usted especialmente crítico con el arte contemporáneo, con esta concepción del arte espectáculo...

R. No solo del arte espectáculo, sino del arte negocio. Hay una nueva clase social que surge de la acumulación del dinero en una esfera extremadamente estrecha, pero mundial. Estos millonarios ya no quieren tener en casa un tiziano o un delacroix, sino signos exteriores de riqueza. Y eso es lo que les proporcionan las galerías que les ofrecen tiburones dentro de tanques de formol o juguetes sofisticados como los que produce Jeff Koons.

P. ¿No cree que este arte pueda llegar a ser popular?

R. A la gente le gustan otras cosas, el deporte, la música rock... No me parece mal. Lo que me resulta odioso es vender a esta gente, que no lo quiere y que tampoco se lo puede permitir, un arte reservado a la imagen de los famosos. La gente común va mucho más al museo del Louvre, a los museos de arte antiguo... Esos lugares convocan auténticas peregrinaciones.

P. ¿En qué momento el arte toma esta deriva? ¿La culpa la tiene Marcel Duchamp?

R. No, claro que no. ¡Pobre Duchamp! Era un snob francés muy elegante que jamás se hubiera encontrado con Warhol. Lo suyo era el privilegio de pequeños grupos muy exquisitos. Cuando el MOMA hizo la primera retrospectiva de Warhol, Duchamp devolvió la invitación, que no era sino la imagen de La Gioconda con bigotes, que él mismo había realizado. Consideró obsceno que aquel mal artista utilizara una imagen que él había inventado para hacerse su propia publicidad. Hay un mundo entre Duchamp y Warhol. La fórmula de Duchamp era: 'todo lo que se pone en un museo se convierte en obra de arte'. Warhol la utiliza en el sentido de que todo lo que hay en los supermercados puede entrar en museo y convertirse en obra de arte. Nunca Duchamp pensó esto.

P. ¿La línea roja la marcaría el pop americano?

R. Creo que ha influido mucho transportándonos a este universo que no está hecho para los europeos. Hay un punto común en el arte, la exigencia de una obra, y hemos entrado en un mundo en el que el arte no supone una obra, sino solo un concepto, una cosa efímera que durará un tiempo breve y que, momentáneamente excita un poco a los periodistas. Esta es la gran ruptura. No hay derecho a utilizar la palabra arte para lo que se llama el arte contemporáneo, no lo llamemos así; habrá que inventar otra palabra, tal vez entertainment para millonarios.

P. Pero hay artistas que aún hacen arte...

R. Sí, pero no tienen el favor de los medios de comunicación, ni de los museos. En España hay gente interesante, hay pintores notables. Si vuelve la pintura y la escultura, lo que sucederá, España estará en primera fila. Sartre dijo una vez: hay gente retrasada que está por delante.

P. ¿No será usted sartriano?

R. No, pero sucede que Sartre, de vez en cuando, dijo algunas verdades. Sartre es un fenómeno de la posguerra, un profesor que nunca debió ocupar el lugar que tuvo, pero la guerra y el hecho de que una buena parte de la intelligentsia francesa fuera colaboracionista le convirtió en una especie de vedette que nunca debió ser. Y él se volvió loco, a fuerza de creerse vedette. Personalmente -y no soy el único-, nunca consideré que Sartre fuera un maître à penser.

P. Tampoco parece tener usted muchas simpatías por el Mayo del 68.

R. El único aspecto simpático de la gente de Mayo del 68 es que se reían del general De Gaulle y del gaullismo, que en el fondo era un régimen estrecho, mezquino. Por lo demás no hicieron más que abrir la puerta a la mercantilización general del universo. Todos se han convertido en capitalistas y en controladores del sistema mediático. Los sesentayochistas son quienes ahora tienen el poder. Desde el primer momento me di cuenta de que no eran más que hedonistas que se iban a lanzar a la sociedad de consumo.

P. Pero hubo varios 68...

R. Sí, en Estados Unidos era mucho más interesante, porque era un movimiento anticapitalista, un movimiento un poco ingenuo pero antiutilitarista, se trataba de reencontrar la felicidad, la voluptuosidad, la naturaleza... Estaba Bob Dylan, Allen Ginsberg, era un movimiento de salida del universo material, fordista, había algo noble en ello. En Francia era totalmente glacial, la gente que estaba vendida de antemano, gente como Cohn Bendit... insoportable. Ahora se les ve gordos, viejos.

P. ¿Es usted un optimista o un melancólico?

R. Es necesario un optimismo que sea capaz de absorber el pesimismo, no de esconderlo o rechazarlo, sino de devorarlo, de quemarlo. En la medicina antigua había la idea de que los melancólicos podían ser locos o genios. Los unos quemaban su melancolía y se convertían en genios iluminados por el incendio, y los otros se volvían locos porque la melancolía es pesada y aplasta, es como el petróleo. Es profundamente verdadera esta idea. Ahora estamos en la fase del petróleo y estamos ahogados por el petróleo. La literatura, cuando vuelva, será la literatura de lo grotesco, porque hacer reír ya es curar. Hacen falta dos o tres Rabelais.


PD: Espero que los avezados degustadores de las Noches en Blanco y demás "parafernalias y experiencias culturales" emblanquecedoras sean benévolos con Fumaroli. Hay gente incapaz, y profundamente envidiosa, de su gran "capacidad artística, transgresora y experimental". Amén

Enlace con la Editorial Acantilado

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Judea y Samaria o Cisjordania (A este lado del río Jordán - Philologos – Forward)



Obviamente es una batalla perdida, pero no puedo aprobar seguir la corriente. Cada vez que leo un artículo en el periódico, como la columna del 13 de setiembre en el Washington Post de Jackson Diehl, sobre las conversaciones de paz en curso entre israelíes y palestinos, o una columna de Roger Cohen sobre el mismo tema el 14 de septiembre en el New York Times, desearía gritar.

Aquí está el Sr. Diehl:
"Comenzó con [Benjamin] Netanyahu... su retórica había cambiando rápidamente: Empezó a llamar "un socio para la paz" a [el presidente palestino] Abbas y a usar el término "Cisjordania” en lugar de la expresión nacionalista israelí, "Judea y Samaria".
Y aquí está el señor Cohen:
"La vieja referencia bíblica del Likud de [Netanyahu] sobrevive - Judea y Samaria por la Ribera Occidental - pero él ha adoptado la solución de dos estados porque ha captado la alternativa: más árabes que judíos en un solo estado".
¿Cuánto tiempo durará ese bulo repetido continuamente por los periodistas supuestamente educados de que "Judea y Samaria" son términos ligados a la expansión territorial y resucitados de la época bíblica por los colonos judíos derechistas y por sus partidarios, y ello para nombrar una zona geográfica que realmente se denomina "la Ribera Occidental" (Cisjordania o en inglés West Bank)? ¿Cuando se detendrá finalmente esta estupidez?

A uno le gustaría pedir a los Diehls, Cohen y todos los demás que respondieran una simple pregunta: ¿Durante los largos siglos posteriores a la redacción final de la Biblia hebrea, que tuvo lugar en algún momento del siglo II o I a. C., cómo se denominaba, en su humilde opinión, la región montañosa al sur y al norte de Jerusalén?

Ciertamente, no "la Ribera Occidental", un término que apenas tiene 60 años de antiguedad. Una traducción del árabe “ad-difa'a al-Gharbiya, (la Ribera Occidental)" fue introducida en unas monedas de la década de 1950 para designar la zona de Palestina situada al oeste del río Jordán y que fue anexionada por Transjordania - su nombre luego cambió a Reino Hachemita de Jordania - después de su conquista por la Legión Árabe del rey Abdullah en la guerra árabe-israelí de 1948-49. Ustedes no hallarán esa denominación en un solo libro, atlas o artículo periodístico antes de ese momento.

¿En cambio, qué podrían encontrar? Bueno, vamos a comenzar con el período del Mandato Británico que precedió inmediatamente a la Guerra de la Independencia de Israel de 1948. Después de haber arrebatado Palestina a los turcos en la Primera Guerra Mundial, y tras habérsele concedido un Mandato sobre ella por la Liga de Naciones en 1922, Gran Bretaña dividió “al país” ese mismo año en diversos distritos administrativos.

Había cuatro de ellos: un "Distrito Sur", integrado por Hebrón, Beer Sheva y sub-distritos de Gaza; uno denominado "Distrito Jerusalém-Jaffa", que incluía sub-distritos como Belén, Jericó y Ramala; un "Distrito Norte", con los sub-distritos de Acre, Haifa, Nazaret y Safed; y un "Distrito de Samaria", compuesto por los sub-distritos de Baisan (Bet-Shean), Jenin, Naplusa y Tulkarem. Así pues: oficialmente, ya los propios británicos - a los cuales no creo que los señores Cohen y Diehl confundan con "nacionalistas israelíes" - denominaban a la región montañosa al norte de Jerusalén y hasta el Valle de Jezreel, Samaria.

Es cierto que los británicos no se refirieron a la región montañosa al sur de Jerusalén como el "Distrito de Judea", ni lo trataron como una única unidad administrativa, ya que el sub-distrito de Belén estaba ligado al “Distrito Jerusalém-Jaffa”, y los sub-distritos de Hebrón, Beersheba y Gaza al “Distrito Sur”. Uno sólo puede imaginarse cual habría sido la reacción al término “Judea” de los dirigentes árabes de Palestina teniendo en cuenta como se opusieron amargamente a la utilización en los documentos oficiales, monedas y sellos del término Eretz Yisra'el en letras hebreas, junto con el inglés "Palestina" y el árabe "Filastin" (El compromiso alcanzado al final fue escribir, en hebreo, Palestina, seguido por EY - alef-yod – entre paréntesis)

Y sin embargo, y mucho antes del Mandato Británico, Judea fue la denominación estándar en inglés de las colinas alrededor de Belén y Hebrón, así como lo fue Samaria para las montañas más al norte. El turismo comercial europeo hacia Palestina comenzó a mediados del siglo XIX, y ya desde entonces Inglaterra fue testigo de una serie de libros de viajes que describían las visitas a esa zona. Todos estos libros utilizaban una terminología similar. Así, por poner un ejemplo, el del reverendo Samuel Manning, "Those Holy Fields: Palestine Illustrated by Pen and Pencil”, publicado en Londres en 1874, tiene tres secciones: una sobre "El sur de Palestina o Judea", con itinerarios que iban de "Jaffa a Hebrón", de "Belén hasta el Mar Muerto" y de "Jericó y el Jordán hasta Jerusalén"; otra sección era "el norte de Palestina o Galilea"; y la última "el centro de Palestina o Samaria", con itinerarios de "Jerusalém a Silo" y de "Nablús a la llanura de Esdrelón”. Manning, huelga decirlo, era un pastor protestante, no un colono judío nacionalista.

Se podría ir incluso mucho más atrás, a los mapas del siglo XVIII y a los "Travels of Sir John Mandeville Mandeville" del siglo XIV (que nos dice que "Jerusalém está en la tierra de Judea" y que "Sichem "- Siquem o Naplusa – “está en la provincia de los samaritanos"), y también remontarnos al padre de la Iglesia del siglo IV, Eusebio de Cesárea, en su Historia Ecclesiastica.

Sin embargo, no resulta necesario. Judea y Samaria, a pesar de que se derivan de los términos hebreos bíblicos Yehuda y Shomron, han formado parte del vocabulario geográfico de la Europa cristiana desde la época de Jesús. La “la Ribera Occidental" o Cisjordania nunca lo han sido.

Rechazar la mención de la Ribera Occidental con los términos Judea y Samaria, deliberadamente o no, supone declarar que judíos y cristianos no tienen y nunca han tenido ninguna conexión histórica con esas zonas. Y todo para tratar de difamar y desprestigiar a unos cuantos independientemente de lo que puedan ser sus intenciones.

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Políticas Literarias - Colin Shindler - JPost



La definición y el significado del hecho de ser judío es una preocupación constante y eterna del pueblo judío. El escritor británico Howard Jacobson no es una excepción a todo ese ejército de comentaristas. En su última novela, donde mira a 70 rostros de la identidad judía a través de personajes de ficción, conduce al lector a una casa de espejos.

Muchas de las revisiones en la prensa británica de críticos no judíos se han desecho en alabanzas a este libro. Cómo han llegado a comprender este viaje turbulento a la judeidad es un misterio. Cómo los judíos de habla inglesa y no británicos pueden captar los caprichos de ese excéntrico mundo de habitantes disfuncionales es un misterio aún más grande. Sin embargo, esta es una lectura adictiva y ya ha sido preseleccionada para el premio Mann Booker de 2010.

Jacobson agita la trama con una mezcla de humor woodyallenesco, yidismos a mansalva y obsesiones sobre Israel y, a continuación, vierte todo ese destilado en un molde muy británico. Jacobson es un escritor mordazmente ingenioso y original. Se trata de un libro seriamente divertido que te hace reír en voz alta con su artesanía literaria. Su capacidad de retorcer el idioma inglés a voluntad es simplemente deslumbrante.

La historia gira en torno a tres personajes: Libor Sevcik, de 90 años de edad, un judío checo domiciliado desde hace mucho en Londres; Sam Finkler, un famoso académico que sustituye "Palestina” por “Israel" en cualquier conversación; y Treslove, un no judío que busca la redención, la salvación y la normalidad a través de su lucha por ser judío. El diálogo, o más bien la falta de él, entre los tres es puro marxismo, pero más de Groucho que de Karl. Sin embargo, debajo de esta anarquía retórica está la soledad. Libor y Sam han perdido recientemente a sus esposas y su vida propiedad privada está apagada y sin rumbo.

Libor recuerda a Malkie, "Nuestra conversación era vulgar. Era nuestra defensa contra el patetismo”. Sam tampoco puede olvidar a su esposa, la no judía Tyler, quien le canalizaba hacia el judaísmo mientras él huía de la madriguera, "Recita la Amida. Dime una de las 18 bendiciones". Finkler entonces trataba de mirar hacia otro lado. "Cuando ella quería burlarse de él lo llamaba Shmuelly".

Treslove, por otra parte, nunca ha sido capaz de mantener una relación con una mujer. "Sólo se dio cuenta de que la amaba cuando ella se despidió [de la BBC]". Sin embargo, descubre al amor de su vida, Hephzibah, cuando accidentalmente erraba por el Seder de Libor - celebrado en septiembre cuando los participantes de más edad aparecieron antes de la verdadera llegada de Pesaj.

Finkler, como ya lo señala el título, es el personaje más intrigante, sobre todo para aquellos que han vivido en Gran Bretaña la cascada de sentimientos anti-Israel durante la última década. El egocéntrico Finkler desde hace mucho tiempo anhelaba figurar en el buque insignia del programa de la BBC “Desert Island Discs”, durante el cual una conocida figura pública elige la música para acompañarle a él o a ella durante una sesión de introspección y aislamiento del mundo exterior. Finkler aprovecha la oportunidad para anunciar a su audiencia millonaria que "en la cuestión de Palestina, estoy profundamente avergonzado".

Su esposa no judía se avergüenza de su exhibición pública de vergüenza. "Ya lo sé”, dice ella, “tu conciencia se ha realizado. Una entidad muy conveniente, tu conciencia. Está cuando la necesitas, pero no cuando no lo deseas".

Finkler intenta defender su posición proclamando que no es propio de los judíos expresar que no les gusta lo que hacen algunos judíos. "No”, le responde su anciano antagonista Libor Sevcik , "lo que es peculiar entre los judíos es avergonzarse de serlo. Ese es nuestro numerito. Nadie lo hace mejor. Sabemos los puntos débiles. Hemos estado haciéndolo tanto tiempo que sabemos exactamente dónde meter el aguijón".

Finkler agrupa y a la vez emerge como el guía principal de los “judíos avergonzados”, lo que no debe confundirse con una campaña británica contra el tabaquismo o la discapacidad severa, lo que quiere es educar a los no religiosos en su interpretación del judaísmo. Conducidos por el maravilloso Kugle Merton, el dramatis personae de los “avergonzados” y sus multidireccionales y anárquicas discusiones sobre el judaísmo y el sionismo son demasiado familiares.

El principio de incertidumbre de Treslove - al que se ha ceñido toda su vida - es fortalecido por todo esto en su intento de romper el muro de la judeidad. Finkler se ocupa de la predica pública de su virtuosa posición con respecto a Israel, hasta que su hijo “ajudío” derriba el sombrero de un judío que defiende a Israel frente al antisemitismo. Finkler queda horrorizado ante ese acto simbólico que saca a la luz el legado silenciado del antisemitismo. A Finkler sólo le resta retirarse y dejar las declaraciones públicas (N.P.: Creo recordar que, posiblemente, el primer reconocimiento de su judeidad por parte de Freud provenga de un incidente similar que tuvo como protagonista a su padre, y creo que el propio Kafka también habló de un hecho o agresión más o menos similar que le aconteció a su padre cuando paseaban por la calle. ¿De ahí su “carácter simbólico”, más aún cuando Freud y Kafka son dos figuras judías muy reivindicadas por los judíos “no judíos”?].

Jacobson captura escenarios con una gran perspicacia y con una sutileza notable. Mientras que los académicos escriben volúmenes y profundizan en cada rincón y grieta sociológica, Jacobson captura la esencia a través de una rápida réplica ingeniosa.

A diferencia de muchos intelectuales judíos, Jacobson no se unió al coro que condenó a Israel por existir. Y ello en un hombre de la izquierda, que sin duda no habría votado a favor de Benjamín Netanyahu.

La columna semanal de Jacobson en la prensa británica ha atacado los boicots, el antisemitismo y la profunda ignorancia de la intelectualidad británica. Ha utilizado sus sagaces observaciones sobre esos judíos alienados y sus organizaciones a la moda representados en los omnipresentes "judíos avergonzados”. Asimismo, también ha criticado a esos judíos israelíes políticamente frustrados e instalados en Londres, que creen que no existe ninguna diferencia real entre la izquierda israelí y la extrema izquierda de la Gran Bretaña, entre aquellos que quieren debilitar al gobierno israelí que no es de su gusto y los que quieren abolir el Estado de Israel.

Y hablando groseramente de la Hasbara, del tratar de explicar Israel, los judíos y el sionismo al mundo, Jacobson ha hecho un trabajo mucho mejor que las habituales compilaciones y lugares comunes que provienen desde Jerusalén. Este libro sin duda será reconocida por su mérito literario y por sus exquisitos juegos de palabras, ¿pero logrará verdaderamente alterar ese pensamiento sesgado sobre el conflicto Israel-Palestina tan habitual en algunos círculos de Gran Bretaña? ¿O bien, se procederá a realizar una distinción entre sus logros literarios (buenos) y los políticos (criticables)? Sea lo que sea, Howard Jacobson ha asestado un tremendo golpe contra la cerrazón de la mente progresiva.

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Tuesday, September 28, 2010

Quiz Time (Concurso de preguntas y ...) - Dry Bones



- Regulaciones para la compra de viviendas de la Autoridad Palestina. Pena de muerte para quien venda territorio a un judío.

- Regulaciones para la compra de viviendas en Israel. Se permite a los judíos construir su vivienda en Jerusalém. ¿Por qué solamente es esta disposición la que ofende a la administración Obama?

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Desde Ginebra a Oslo: Un cuento como un queso suizo - Martin Sherman - JPost



El esfuerzo actual de resucitar la Iniciativa de Ginebra pone de relieve hasta qué punto tiene una forma horizontal la curva de aprendizaje de la izquierda israelí.

"Somos sus socios [para la paz]. ¿Y ustedes?". Este es el mensaje con el que es actualmente la opinión pública israelí está siendo bombardeada. Proviene de una larga procesión de figuras bien conocidas de altos funcionarios palestinos - ninguno de los cuales tiene una influencia política real -, retratados en carteles gigantes y colocados a lo largo de las principales arterias de tráfico en las principales ciudades israelíes, o por medio de anuncios en la red y en web afines.

Redactada en un tono solemne y acompañado de miradas y rostros serios, esta hábil apelación coreográfica es la piedra angular de una resucitada y reactivada campaña de relaciones públicas para promover la quimera de la Iniciativa de Ginebra.

Como reflejo de sus orígenes helvéticos, la Iniciativa de Ginebra es llamativamente similar al queso suizo – muy tentador, pero lleno de agujeros y rico en componentes peligrosos para la salud -. Por alguna razón, este delirante derivado de Oslo ha sido recientemente resucitado por esos mismos políticos auto-ungidos como "pragmáticos", los cuales la inventaron originalmente hace varios años y que ahora están tratando de volver a vendernos la misma defectuosa mercancía bajo un suntuoso y seductor envoltorio. No obstante, es más difícil identificar exactamente lo que ha iniciado esta renovada campaña de marketing.

Después de todo, desde el punto de vista israelí, se trata de una empresa que ha demostrado ser fundamentalmente errónea en los términos de la filosofía política en la que se basa y extremadamente peligrosa con respecto a las consecuencias prácticas que presagia.

Además, es difícil discernir los cambios tangibles tanto en las esferas políticas como en las condiciones de seguridad imperantes para que se pudiera llegar a creer que la Iniciativa de Ginebra posee hoy en día más significativas probabilidades de éxito que las que tuvo en el pasado. En efecto, las razones para el escepticismo parecen incluso mayores:

- El liderazgo palestino se niega obstinadamente a reconocer a Israel como el Estado-nación del pueblo judío, declarando abiertamente que no cederá en esta posición.

- Se mantiene públicamente que están decididos a preservar la demanda del "derecho de retorno", cuyo cumplimiento anularía a todos los efectos prácticos al estado de Israel como estado judío.

- La incitación al odio vitriólico contra los judíos e Israel no ha disminuido en el sistema educativo palestino y en sus medios de comunicación.

- El prestigio y el poder de los radicales está creciendo continuamente. De hecho, dado el paralelismo con la anterior "iniciativa de Oslo", los esfuerzos actuales de los campeones de la Iniciativa de Ginebra - por lo menos de la parte israelí - se podrían expresar con la siguiente alegoría metafórica:
Un hombre de buena voluntad, lleno de fervor idealista, decidió después de largas horas de observación a las aves en vuelo que la condición de la humanidad podría elevarse considerablemente si los seres humanos también pudieran volar. "Si ellos pueden hacerlo, yo también puedo hacerlo", declaró con una resolución digna de elogio, mientras subía al techo de un edificio de dos pisos para probar la validez de su elevada visión lanzándose él mismo a los cielos.

Sus amigos trataron de disuadirlo de esa peligrosa tentativa. Sus asesores le señalaron que sus aspiraciones eran incompatibles con la Ley de la gravedad y violaba totalmente los principios de la aerodinámica. En consecuencia, se le advirtió, el fracaso y unas graves lesiones serían inevitables.

Pero todas las advertencias y súplicas no fueron escuchadas. Con una ola de impaciencia en su pecho, despidió a las dudas y a los escépticos. "Los pesimistas sufren de una falta de visión", declaró exudando confianza en sí mismo. "Los pesimistas son gente de mente estrecha, visión miope y sumidos en el pasado. Yo, en cambio, representó el futuro. Mis esfuerzos romperán las limitaciones que grava el pasado y conducirán a las nuevas posibilidades del mañana”. Tras esto, él mismo se puso en marcha desde la azotea y agitando los brazos con gran vigor… se estrelló contra el suelo.

A pesar de las graves lesiones que sufrió, de alguna manera sobrevivió a esa terrible caída para después de un largo período de convalecencia comenzar a quitarse los vendajes y las escayolas de su cuerpo herido y fracturado. Sin dejarse intimidar por las funestas consecuencias de su búsqueda infructuosa de tan noble objetivo, se dedicó a analizar las causas de su fracaso.

Después de reflexionar llegó a su propia conclusión: el problema no radicaba en la validez conceptual de los principios básicos, sino en la ejecución práctica del experimento. Por lo tanto, determinó que un intento adicional debía llevarse a cabo inmediatamente, pero esta vez con unas condiciones más favorables, es decir, desde un edificio más alto para permitir un mayor impulso absolutamente necesario para facilitar el vuelo.

Así que una vez más, armado con sus grandes esperanzas y con una memoria de corto alcance, nuestro intrépido héroe subió al techo de otro edificio, en esta ocasión de 10 pisos de altura. Una vez más ignoró el consejo de asesores y las advertencias de los amigos. Una vez más decidió desafiar la ley de la gravedad y burlarse de los principios de la aerodinámica. Una vez más, criticó severamente a los pesimistas por no poder visualizar los futuros beneficios de su audaz iniciativa. Una vez más, saltó desde lo alto con la esperanza de que su sinceridad y su buena voluntad le permitieran volar por el aire antes de que volviera a estrellarse contra la realidad que le esperaba abajo, en la tierra.
Este es un retrato alegórico de la nueva Iniciativa de Ginebra, y de otros clones similares a Oslo, que suelen estar de boca en boca con una regularidad tediosa. Todas estas iniciativas no son más que desesperantes repeticiones con ligeras modificaciones, y como las medidas de Oslo intentadas en el pasado (en condiciones posiblemente más favorables) no han traído más que el trauma y la tragedia para los israelíes y los palestinos. Existe pues, escasas - o ningunas - razones para creer que la persistencia en poner en práctica similares esfuerzos por parte de estas iniciativas no se estrellen nuevamente con la realidad, y tal vez causen incluso mayores calamidades,

Por supuesto, la oposición a iniciativas del tipo de la de Ginebra (o de Oslo) no refleja ninguna resistencia intrínseca a la paz por sí misma, como tampoco cualquier tipo de incapacidad a la hora de apreciar sus beneficios potenciales si se pusieran realmente en marcha, sino más bien escepticismo en cuanto a su real viabilidad. Al igual que en la alegoría, la oposición al intento de conseguir que el hombre vuele no refleja una falta de reconocimiento de las ventajas teóricas y prácticas de ese hecho, sino más bien una sombría y pesimista evaluación de sus posibilidades de éxito sin los medios apropiados, y de las consecuencias de su fracaso.

En consecuencia, a la luz de la experiencia pasada, esa obsesiva insistencia en persistir en una serie de conceptos sólo parece indicar la existencia de una curva de aprendizaje casi horizontal por parte de sus defensores. Después de todo, si alguna lección ha de ser obtenida de las experiencias precedentes es que las posibilidades de éxito son remotas y el coste de un nuevo fracaso enormes.

Este es un hecho que hace que la obstinación compulsiva de la prensa en la Iniciativa de Ginebra parece no sólo un ejercicio altamente imprudente, sino también una apuesta totalmente irresponsable. Pero a diferencia de ese saltador en solitario de la mencionada alegoría cuyo pobre juicio solo repercute sobre sí mismo, el salto de fe prescrito por los discípulos de Ginebra afectaría al destino de muchos otros.

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El Tisch: ¿El fin de hasidismo? – Levi Cooper - JPost


Baal Shem Tov


Ohel (lugar de reposo definitivo) del Baal Shem Tov en Medzhybizh


Tumba del Baal Shem Tov

Una mirada superficial revela que la fascinación por la tradición hasídica continúa animando a muchas de nuestras comunidades contemporáneas. Si bien el legado del Baal Shem Tov vive en el hasidismo de nuestros días, hubo algunos pensadores que creyeron que las innovaciones que representaba el hasidismo estarían limitadas en el tiempo, en lugar de representar unos valores eternos. A su juicio, el mensaje y la contribución del hasidismo iba a proseguir y continuar durante un tiempo limitado y luego se desvanecería. No sería desde luego sorprendente escuchar a los Mitnagdim, los opositores acérrimos al hasidismo, decir que el movimiento había superado ya su mejor momento. Pero sorprendentemente, esta idea surgió desde dentro del ámbito hasídico y de hecho fue la opinión de algunos de aquellos que ejercieron un liderazgo destacado dentro de la comunidad hasídica.

En una carta escrita a finales de 1866, el rabino Shlomo Zalman Schneerson (1830 a 1900), recién nombrado rabino de Kapust (Kopys, hoy en Bielorrusia), escribió: "Desde los días de la revelación a este mundo de nuestro maestro el Baal Shem Tov... hasta este momento..., han sido 150 años en los que el río fluía desde Edén y entraba en nuestro jardín..., y ahora ha cesado de manar. Y tenemos que vivir como tierras sin cultivar; ¡ay de nosotros que en nuestros días ha dejado de manar... ¿Cómo podemos vivir en la oscuridad redoblada de estos últimos estertores de la era mesiánica…?".

El Rabino Shlomo Zalman de Kapust lamentaba que la inspiración del Baal Shem Tov - el río que fluía desde Edén - ya no era una fuente dadora de vida. Él escribió estas palabras a los hasidim de Kapust después de la desaparición del rabino Yehuda Leib (1811-1866), el rabino fundador de los hasidim de Kapust. Esta angustia llegaba pocos meses después del deceso del padre del rabino Yehuda Leib, el Tzedek Tzemah, el Rabí Menajem Mendel Schneerson de Lubavitch (1789-1866). Como el rabino Shlomo Zalman debió aceptar el manto del liderazgo de los hasidim de Kapust a raíz de estas tragedias, le debió de parecer que, efectivamente, la fuerza de la vida hasídica ya no era la de antaño.

Una contemporánea, pero algo diferente tradición, nos informa de la opinión del maestro hasídico galitziano, el rabino Haim Halberstam de Sanz (1793-1876), conocido por el título de su obra, Divrei Haim ("Las palabras de Haim"). Él también afirmaba que no existía innovación religiosa que pudiera durar más de 150 años, incluso la del Baal Shem Tov. Una vez que estaba en Tarnow durante el Shabat rodeado de cientos de leales hasidim, declaró: "Ha llegado el momento de hacer regresar la corona a su antiguo lugar", y continuó con la siguiente parábola: "Había una vez una persona que tenía un traje nuevo. Después de un año o dos el color de la prenda se había desvanecido, así que la persona se la dio al sastre y le pidió que la diera la vuelta para que se viera como un traje nuevo. Uno o dos años más tarde, la prenda nuevamente lucía descolorida. El propietario de la prenda se dijo: '¿Qué voy a hacer ahora? Dado que tanto el interior como el exterior están descoloridos, tendré que volver a mis prendas anteriores y rehacer mi camino”. El rabino Haim de Sanz descubrió la parábola:"Así sucede también [con el hasidismo] -. El Baal Shem vio que en su día el sendero hacia la Torá y el temor a Dios se había deteriorado; existían una variedad de obstáculos y escollos en su camino, como por ejemplo la vanidad, el egoísmo y falta de sinceridad. Por lo tanto, [el Baal Shem Tov] abrió un camino nuevo, el del hasidismo, de servicio [a Dios] y de piedad. Ahora este camino también se ha deteriorado, sería mejor volver al sendero original hacia la Toráh y al temor de Dios".

Una tercera declaración de este tipo se atribuye al rabino Shalom Rokeah de Belz (1781-1855), conocido como el Sar Shalom (el príncipe de la Paz). Se nos informa que el Sar Shalom declaró antes de su muerte que él sería el último de los maestros hasídicos a los se permitiría realizar milagros y actuar como el Baal Shem Tov lo había hecho.

A pesar de las afirmaciones de que el resplandor de la inspiración de los primeros maestros hasídicos se ha apagado, que el manto de hasidismo está por los suelos, que los poderes milagrosos del Baal Shem Tov no existen más, nuestra experiencia común parece desafiar este análisis. De hecho, se podría decir que lo contrario es lo cierto: una mirada superficial revela que la fascinación por la tradición hasídica, las melodías hasídicas y el interés por las ideas del hasidismo siguen animando muchas de nuestras actuales comunidades.

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Friday, September 24, 2010

Una futura historia de Palestina: ¿Quieren una solución de dos estados? Entonces, háganlo bien – Barry Rubin - RubinReports


Israel a tiro de Qassam (versión antigua) desde la nueva Palestina

El siguiente artículo no pretende rechazar una solución de dos Estados sino de señalar los problemas que inevitablemente surgirán cuando finalmente llegue a ser. Recientemente, una importante revista americana ha colocado como gran tema de su portada un reportaje en el que se informaba que los israelíes no están desesperadamente ansiosos por obtener la "paz", claro que sin informar por añadidura las verdaderas razones de que esto sea así:

La cosa es muy sencilla: De una manera razonable, los israelíes quieren saber si sería mejor o peor, después de llegar a un acuerdo, la promesa de paz a cambio de aceptar un Estado palestino completamente independiente.

La realización de una estrategia requiere averiguar dónde las cosas pueden salir mal y así trabajar para evitar o reducir las consecuencias. Fingir que los problemas se acabarían definitivamente es la mejor manera de obviar las posibles futuras catástrofes. Así que echemos un vistazo a lo que sucedería:
- Una celebración de gala celebra el Día de la independencia de Palestina. Algunos líderes mundiales vienen con promesas de ayuda financiera. Los líderes árabes que asisten ofrecen poco dinero y, salvo por el presidente de Egipto y el rey de Jordania, evitan el contacto con la delegación de Israel.

- Estas celebraciones son marcadas por la ausencia de los líderes de los países - entre ellos Irán, Siria, Libia, Sudán y Yemen – que se niegan a reconocer el nuevo estado.

- Hamas, con el control de la Franja de Gaza, junto con la Yihad Islámica y otros grupos palestinos, también rechazan la entidad "traidora". Los gobernantes de Gaza marcan la ocasión con el lanzamiento de cohetes contra Israel. El presidente palestino asegura con voz hueca que su país incluye también toda la Franja de Gaza, pero no la controla.

- Casi ninguno de los medios de comunicación occidentales se hace eco de las declaraciones de algunos líderes del grupo palestino Fatah de que la independencia del nuevo país no es el fin del conflicto, sino el primer paso hacia la victoria total y la conquista (y destrucción) de Israel.

- Tampoco se recogen las declaraciones de grupos de árabes israelíes – de ideología islamista y nacionalista árabe - que ahora pretende desmantelar el carácter sionista del Estado de Israel, un objetivo respaldado por varios periódicos europeos.

- Tampoco es ampliamente reseñado por los medios occidentales que el nuevo país se proclama oficialmente un estado árabe y musulmán y al mismo tiempo ridiculiza la idea de aceptar a Israel como un estado judío.

- Dentro de unas semanas, infiltrados - algunos de Hamas, otros de Fatah - cruzan la frontera entre Palestina e Israel para atacar a los automovilistas israelíes y las aldeas agrícolas, provocando destrucciones y participando en sabotajes. El gobierno de Palestina realiza una grandilocuente condena de los atentados y afirma que está tratando de detenerlos. Pero los ataques continúan a pesar de que algunos partidarios de Hamas son detenidos, golpeados y encarcelados brevemente. Es muy posible que un pequeño número de cohetes puede que sean lanzadas contra el territorio israelí o haya intentos de derribar aviones que despegan del aeropuerto de Israel.

- Muy pronto, el Museo de Historia de Palestina abre sus puertas con una exposición donde se reclama la totalidad de Israel como parte de Palestina por derecho. A los escolares que lo visitan se les dice que Tel Aviv, Haifa, Beer Sheva y el resto de Israel les pertenece y que algún día formarán parte de Palestina. Un gran exposición mostrará las presuntas atrocidades cometidas por Israel y ensalzará a los héroes que han inmolado sus vidas matando a muchos civiles israelíes.
Sin embargo, todas estas cosas, junto con la constante incitación anti-israelí en los medios de comunicación palestinos, mezquitas y libros de texto, atraen poco la atención de extranjeros. El conflicto ya ha terminado, ¿no es así? Y dar a conocer estos hechos, se dicen los corresponsales unos a otros, sólo supondría "hacer el juego a los radicales israelíes" y "socavar la paz".

Israel, por supuesto, protesta ante las Naciones Unidas y los gobiernos occidentales por la constante incitación y por las agresiones que sufre, pero los esfuerzos diplomáticos no traen ninguna respuesta. Es por ello que Israel toma medidas para su defensa y construye una valla fronteriza con un alto coste, lo que ayuda un poco a su seguridad. Sin embargo, cada vez que las patrullas israelíes abren fuego contra los palestinos que se tratan de infiltrar en su territorio, surgen las protestas palestinas respaldadas por los estados de mayoría musulmana, alegando que se trata de una agresión israelí no justificada.

En el Oriente Medio, el acuerdo de paz trae pocos cambios. Es cierto que en algunos países el odio hacia Israel disminuye un poco. Sin embargo, Siria sigue estando poco interesada en la paz. Por otra parte, el temor cada vez mayor al eje compuesto por un Irán nuclear, Siria y los grupos islamistas revolucionarios, intimida a los otros países árabes a la hora de hacer la paz con Israel. Después de todo, dicen, ahora que hay un Estado de Palestina que no necesitan hacerlo.

Grupos islamistas lanzan manifestaciones en contra del "traidor" régimen palestino responsable de la “capitulación de Palestina” y recluta nuevos miembros. América no es mucho más popular por haber facilitado el nacimiento de un estado palestino desde que éste tuvo que realizar obligadas concesiones y no puso toda la tierra bajo el dominio musulmán. Los ataques violentos en contra de EEUU, Europa y, en ocasiones, las instituciones palestinas, tienen lugar en una media docena de países.

Desde de todo esto podemos pasar a imaginar varios escenarios probables:
- La creciente tensión fronteriza y los ataques transfronterizos conducen a incursiones de parte de Israel para luchar contra unos terroristas contra los cuales el gobierno palestino no actúa con eficacia. Esto da lugar a una crisis en la que Israel es calificado como el agresor que amenaza la paz y donde se piden sanciones contra ella.

- Un golpe de estado puede tener lugar dando lugar a que Palestina se convierta en un régimen militar que podrían ser más militante, con deseos de un enfrentamiento contra Israel, o más prudente, tratando de aplastar a Hamas.

- Como resultado de las tensiones con Israel, los conflictos internos, la conversión en un régimen radical o en un régimen militar, el gobierno palestino obtiene equipo militar, incluidos misiles antiaéreos avanzados, violando el acuerdo de paz. ¿Qué es lo que hará el mundo para hacer cumplir el tratado? Probablemente muy poco.

- Como resultado de la lista de escenarios que figuran en el párrafo anterior, podría haber un llamamiento del gobierno palestino a la asistencia de tropas extranjeras, posiblemente sirias o iraníes. ¿Qué es lo que hará el mundo al respecto? ¿Cómo respondería a las inevitables acciones militares de Israel contra esas amenazas y violaciones del tratado?

- El golpe de estado más probable, y la correspondiente toma del poder, provendría de parte de Hamas - mucho más probable que la conquista de la Franja de Gaza por parte del gobierno palestino responsable del acuerdo de paz -, lo que daría lugar a un régimen pro-Teherán que tal vez se asociaría con los líderes de Fatah más militantes, rompiendo el acuerdo de paz y anunciando una alianza con Irán, lo que colocaría a los intereses estratégicos occidentales y de Israel en peor situación que nunca.
Por supuesto, también podemos suponer que todo va bien y que todos viviremos felices para siempre, que los palestinos sólo se interesarían por mejorar sus niveles de vida y mantener las cosas tranquilas. También eso podría suceder. Pero mientras los peores escenarios reseñados son especulaciones, en el mejor de los casos tienen mayores raíces en la experiencia y en la realidad que la alternativa "más favorable”. En todo caso, para apostar la vida de millones de personas, el futuro de Israel y los intereses estratégicos occidentales deberíamos basarnos en algo más que un deseo y una ilusión, y no negarnos a reconocer las amenazas en cuestión.

Díganme, si pueden, si las predicciones anteriores son ridículamente poco probables o imposibles. La única y probable respuesta será: “¡Cállate! Usted está poniendo en peligro la posibilidad de la paz!”. De hecho, un experto europeo en el Oriente Medio respondió a este artículo diciendo que Israel también hace cosas malas y que el palestino de la calle quiere la paz. Pero esos sentimientos, basados en gran medida en deseos e ilusiones, no tienen nada que ver con los graves problemas reseñados aquí.

¿Alguna vez han contemplado un debate serio sobre cualquiera de estos puntos por parte de los expertos occidentales, de los medios de comunicación, o de los gobiernos? ¿Hay alguna señal de que se han adoptado medidas dentro del enfoque occidental para evitar tales posibles derivas?

Por supuesto, todo esto es hipotético. En la práctica, la Autoridad Palestina no va a firmar la paz durante muchos años. Si bien muchos leerán este artículo como una razón para oponerse a cualquier solución de dos estados (N.P.: para dos pueblos] en conjunto, yo, como la mayoría de los israelíes, estoy a favor de una solución de dos estados si se construye correctamente. Sin embargo, si no se toman en serio estos peligros, ¿por qué Israel debería hacer concesiones, tomar riesgos y precipitarse en una situación que sería muy probablemente peor que la actual? Todo lo que estamos diciendo es que demos una verdadera oportunidad a la paz. Pero sólo si es probable que esa paz sea duradera y sus resultados sean mejores que el statu quo actual para todos los interesados.

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Movimientos equivocados. Robert Aumann: La clave para una paz duradera es no insistir en “una paz ahora” – Lee Smith – Tablet



¿Por qué, a pesar del respaldo de la superpotencia americana, el proceso de paz en Oriente Medio ha fracasado una y otra vez? Yo estaba en Jerusalém la semana pasada cuando la secretaria de Estado de EEUU, Hillary Clinton, llevó nuevamente el desfile de la paz desde Washington hasta la ciudad, y había tan poca fanfarria que me vi casi obligado a llegar a una conclusión similar a la de la revista Time: tal vez, dado el dinamismo actual de la economía de Israel, tiempo atrás una economía cuasi socialista, los israelíes se encuentran ahora demasiado atareados ganando dinero y yendo a la playa como para participar en esa especie de pasión secular llamada proceso de paz.

Pero también es cierto que el entusiasmo generado por los acuerdos de paz de Oslo culminó (y fue fulminado) con la segunda Intifada y con la posterior retirada de Gaza en 2005 que dio lugar a miles de misiles de Hamas dirigidos al sur de Israel. Tal vez entonces el problema no es que los israelíes no quieren la paz, sino que el contexto en el que se han visto obligados a buscarla es fatalmente defectuoso. Así que, ¿por qué los diplomáticos y políticos occidentales prosiguen con las mismas fórmulas, aunque la evidencia de su fracaso sea evidente?

Para obtener respuestas fui a visitar al ganador del Premio Nobel de Economía de 2005, Robert Aumann, cuyo trabajo sobre la teoría de juegos, o “teoría de la decisión interactiva”, es un análisis formal de la mecánica de los juegos repetitivos (un juego sin solución y reincidente en el tiempo). "El modelo de interacción de los juegos repetitivos a largo plazo da cuenta de la presencia de fenómenos como el altruismo, la cooperación, la confianza, la lealtad, la venganza", dijo Aumann en su conferencia tras la entrega del Nobel, "Guerra y paz". Si alguien puede explicar el fracaso reiterado de los procesos de paz en Oriente Medio, pensé, es un premio Nobel que realmente vive en la región y que además ha experimentado los resultados de los fracasos diplomáticos en su vida diaria.

"Deseo la paz", me dijo Aumann en su despacho del Centro para el Estudio de la Racionalidad, en la Universidad Hebrea, donde ha enseñado desde 1956 después de obtener su doctorado en el MIT. "Yo no soy un defensor del Gran Israel. Estoy a favor de una solución de dos estados o algo así. Pero lo que estamos haciendo no promueve eso". "Quiero la paz", puntualizó, haciendo una pausa para el efecto, “pero no la paz ahora".

De 79 años de edad, este israelí nacido en Alemania todavía habla inglés con un acento de Nueva York - se graduó del City College en 1950 -, pero resulta un poco extraño oírle de vez en cuando pedir a su asistente que le ayude a traducir ciertas palabras hebreas al inglés. Se trata de un despacho pequeño para todo un premio Nobel, pero corresponde bien a la modestia de un hombre que perdió a un hijo en una de las guerras de Israel y a una esposa de cáncer.

Aumann se levantó y me llevó hacia su pizarra, allí me mostró una cita de uno de sus compañeros en los discursos de aceptación de los Premio Nobel en Estocolmo: "La creencia de que la paz es deseable no es suficiente para conseguirla". "Es de Barack Obama", me dice Aumann, asintiendo con la cabeza con admiración. "Chico listo". Aumann luego me habla de esa opinión que considera que Obama es poco amigo de Israel, definiendo esa opinión como sólo marginalmente cierta. "Siempre ha existido mucha presión sobre nosotros procedente de Washington durante los últimos 50 años", me asegura.

Aumann, que lleva kipa y luce una larga barba blanca, es un judío observante cuyo escepticismo con relación al proceso de paz le ha colocado en la parte derecha del espectro político de Israel, y ha dado lugar a la polémica en los círculos académicos por utilizar su investigación científica para apoyar sus opiniones políticas. Por supuesto, la otra manera de verlo es que las opiniones políticas de Aumann han sido determinadas por los hechos que dejan en evidencia su propia investigación y análisis de los juegos repetitivos - los cuales explican cómo las culturas construyen sistemas que les permiten funcionar razonablemente bien -.

El problema se presenta cuando un jugador no entiende el tipo de juego en el que está embarcado. Por ejemplo, cuando se trata del proceso de paz árabe-israelí, Aumann no cree que el problema consista en que los israelíes y los árabes no desean la paz, sino más bien en que los israelíes y sus mecenas los EEUU creen que están jugando un juego de una única partida, mientras que los árabes se ven jugando un juego repetitivo. Jerusalém y Washington tienen prisa por terminar y por concluir las negociaciones de inmediato, mientras que los árabes están dispuestos a esperar y seguir jugando el mismo juego. El resultado es que las concesiones de Israel, o el deseo de tener paz ahora mismo, no han dado lugar a una paz.

Es por lo que Aumann ha podido llegar a eso que denominó en su conferencia "uno de esos puntos de vista paradójicos (que dan la vuelta al asunto) de la teoría de juegos". Por supuesto, los jugadores de póquer están familiarizados con ese principio: no volver a mostrar su juego (mano) con dinero pendiente sobre la mesa. "En los juegos repetitivos, para generar y obtener la cooperación de los jugadores, nunca se debe ser demasiado ansioso y desear resultados inmediatos", dijo Aumann en su conferencia. "El presente, el ahora, puede no ser importante. Si quieres la paz ahora, puede que nunca la consigas. Pero si tienes tiempo, si puedes esperar que se produzcan cambios en la imagen o visión completa (de los participantes), a continuación, podría ser posible la obtención de la paz ahora”.

Según la visión de Aumann, el período post-Oslo nos muestra como el comportamiento de Israel le produjo una seria desventaja en lo que respecta al proceso de un juego repetitivo. "Con el paso del tiempo, en los juegos repetitivos”, escribió Aumann en un artículo titulado La paradoja del chantajista, “el equilibrio estratégico genera una paradójica neutralidad que da lugar a una cooperación entre las partes enfrentadas”. Aumann ofreció el ejemplo de dos personas obligadas a repartirse 100.000$ para poder salir con ese dinero de una habitación. La persona A supone inmediatamente que se lo repartirán en partes iguales y se sorprende cuando la persona B le explica que no aceptará el trato – por lo que no podrán salir rápidamente de la habitación con el dinero -, a menos que reciba 90.000$ de los 100.000$. La persona A, temerosa de que finalmente puedan irse con las manos vacías si no llegan a un rápido acuerdo, cede y acepta llevarse solamente la décima parte del dinero.

En esta situación, la persona A actuó como si se tratara de una única partida, es decir, no entendió que se trataba de un juego repetitivo y temió que si no llegaban pronto a un acuerdo se marcharían con las manos vacías, por lo que no quiso demostrar que podía mostrarse tan determinado como la persona B (y forzar más partidas o negociaciones para el reparto del dinero). Pero sería precisamente esto, su determinación a resistir y a continuar con el juego, lo que haría que la persona B se mostrara más dispuesta a ceder en sus exigencias. "De igual manera", escribió Aumann, "Israel debería actuar con paciencia y con visión a largo plazo, aun a costa de no llegar a ningún acuerdo en el presente y persistiendo el estado de beligerancia, y ello con el fin de mejorar su posición en las futuras negociaciones".

La teoría de juegos, me explicó Aumman, "tiene que ser confirmada por la historia y por la evidencia histórica". Se podría añadir también que es corroborada por otras experiencias humanas, como el comercio. En un zoco de Oriente Medio, como una vez observó el novelista árabe Abdul Rahman Munif, el mostrar interés por un artículo consigue de inmediato triplicar su precio de venta por parte del comerciante. Y sin embargo, como Aumann me explicó, "las personas del Oriente Medio no son diferentes de cualquier otra persona en el mundo. La teoría de juegos se basa en la idea de que la gente reacciona a los incentivos, y usted debería ser consciente de que la otra parte reacciona a sus propios incentivos. Por otro la lado, la otra parte no siempre está de acuerdo con usted, o comparten sus mismos objetivos".

Para tomar otro ejemplo, consideren la Segunda Guerra Mundial. Aumann se acuerda de su familia huyendo de Frankfurt en 1938 cuando su padre entendió lo que se dibujaba en el horizonte. "Fue Chamberlain el que trajo la guerra, no Hitler", dice Aumann. Ambos, Chamberlain y Hitler, querían la paz, la diferencia estribaba en que la visión de Hitler de una Alemania en paz incluía poseer y dominar grandes extensiones de Europa Central. "Hitler se enfureció cuando los británicos le declararon la guerra", dice Aumann. Y tenía razón de pensar así. Chamberlain le había enviado el mensaje equivocado. Si Chamberlain hubiera querido la paz no le hubiera indicado con el Acuerdo de Munich que Hitler era libre de poder apoderarse del resto de Checoslovaquia, además de los Sudetes. Los británicos finalmente trazaron su línea roja con la invasión de Polonia, lanzándose a la guerra, pero esa decisión iba en contra de las reglas del juego que tanto Hitler como Chamberlain habían aceptado hasta entonces.

En otro ejemplo, pero ya en el contexto de Israel, Aumann me dijo que consideráramos la Segunda Guerra del Líbano. "Nasrallah afirmó que si hubiera sabido como los israelíes iban a reaccionar, él nunca la hubiera comenzado", dijo Aumann. A los ojos de Nasrallah, la retirada de Gaza le había dado rienda suelta para actuar con impunidad, y es por eso por lo que fue Israel quien se salió de las reglas del juego.

"La manera de hacer la paz es conseguir que tus intenciones sean claras", me dijo Aumann. Pero la retirada de Israel de Gaza no solamente trajo la Segunda Guerra del Líbano, sino también el bombardeo del sur de Israel y, más recientemente, el incidente del Mavi Mármara. Para explicar lo que estaba equivocada en la retirada de Gaza, Aumann se basó en una fuente inusual para un científico, la Biblia, y para ello citó a Jeremías 2:13: "Porque dos males ha hecho mi pueblo: me han abandonado a mí, fuente de aguas vivas, y han cavado para sí cisternas, cisternas agrietadas que no retienen el agua".

El pueblo de Dios, según la interpretación de Aumann, han hecho dos cosas: no sólo ha abandonado estúpidamente a Dios, sino que también ha adorado a ídolos rotos. "Una cosa es hacer algo inconscientemente equivocado", me dice Aumann. Para él, una expulsión que ha desarraigado a miles de personas que aún tienen que poner en orden sus vidas es "sin duda, inmoral". "Si hubiera traído la paz", prosigue, "si el fin justificara los medios, eso sería otra cosa, pero si esos medios ni siquiera logran alcanzar el objetivo, es moralmente equivocada y torpe estratégicamente. La expulsión de Gaza no tiene precedentes. Los judíos han sido expulsados a lo largo de la historia, pero somos poseedores de la dudosa distinción de ser los primeros en autoexpulsarnos. Nunca antes había sucedido esto, y nos condujo al desastre. Nuestra posición en el mundo no se mejoró. No conseguimos más simpatía. Nosotros conseguimos simpatía cuando actuamos con determinación, después de Entebbe, de Osirak, después de la guerra de los Seis Días".

Cuando políticos y analistas utilizan el mismo tipo de ejemplos para sacar parecidas conclusiones históricas, son rechazados como ideólogos de derechas, y Aumann ha sufrido el mismo tratamiento. El Comité Nobel, no obstante, se dio cuenta de que había hallado una verdad que explica un aspecto fundamental de lo que somos como seres políticos - o bien lo que hacemos cuando somos más humanos, sentados a la mesa con nuestros vecinos y tratando de averiguar cómo vivir juntos -. La paradoja es que no puede haber convivencia si una persona no está dispuesta a negociar más duramente que la otra. El apaciguador siempre será absorbido y simplemente dejará de existir. Es más, es la tenacidad y la buena voluntad de querer hacer concesiones (por ambas partes) lo que trae negociaciones exitosas. En otras palabras, si quieres la paz, prepárate para la guerra.

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Thursday, September 23, 2010

Laico gracias a Dios - Alexander Yakobson - Haaretz



¿Qué quiso decir el rabino Ovadia Yosef (líder espiritual y verdadero patrón del Shas, partido ortodoxo sefardí) cuando dijo: "Dios los hiera con una plaga, a esos ismaelitas palestino". Esa es, después de todo, una declaración muy poco ambigua que no necesita explicación. Pero los partidarios de Shas tienen una irresistible querencia, cada vez que su líder espiritual dice algo particularmente irritante y escandaloso, de abrir los ojos a la opinión pública secular y desvelarles la luz que se oculta tras sus comentarios. Eso es lo que el ex portavoz del Shas, Itzik Sudri, nos reveló en un artículo de opinión en la edición hebrea del 07 de septiembre del Haaretz.

"El rabino", nos dijo Sudri, "no pertenece al ámbito de los fanáticos izquierdistas, esos que creen que los palestinos siempre tienen la razón”, "ni tampoco idealiza a nuestros enemigos". Su punto de partida, aun cuando admite concesiones, es "judío y patriótico". El rabino Yosef "no siente ninguna animosidad hacia los árabes como colectivo, y se adhiere, a pesar de su decepción con el comportamiento de los palestinos desde los Acuerdos de Oslo, a su resolución de que salvar vidas es más importante que el territorio. Si los palestinos demuestran que están listos para una paz verdadera, el rabino apoyaría, con toda su fuerza, el proceso de paz con todas sus ramificaciones dolorosas".

Estas afirmaciones son bastante moderadas y hay que considerarlas cuidadosamente. Pero hay un problema: están completamente desconectadas de la desagradable invectiva del rabino. ¿Realmente "no siente ninguna animosidad hacia los árabes como colectivo”? Lo que convendría saber es si la plaga sería individual y no colectiva. De hecho, al despreciar a todo un colectivo no judío, el rabino Ovadia Yosef ni siquiera tiene necesidad de que esa colectividad pueda estar en conflicto con los judíos. Por ejemplo, cuando dijo: "Hubo un tsunami y otros terribles desastres naturales… y se deben a la ausencia de la Torá. Allí [en Nueva Orleans] tienen a los negros. ¿Ellos estudian la Torá? Nooo, entonces se les manda un tsunami y ellos se ahogan. Decenas de miles de muertos. Todo porque no tienen al Santo, bendito sea".

¿No hay una forma menos desagradable para poner de relieve la importancia del estudio de la Torá, incluso en un sermón popular y ejemplificador? Es difícil creer que la cultura que creó estas declaraciones repulsivas también creara el libro de Jonás.

A pesar de que las declaraciones del ex portavoz de Shas en defensa de su rabino son infundadas, tal vez uno pueda encontrar algo positivo en el hecho mismo de que se realizaran. Tal vez uno podría esperar que las mismas personas que nos venden esas justificaciones crean en ellas, además de atribuírselas a su rabino. Tal vez uno podría esperar que, en el fondo, la mayoría de la gente del Shas se sienta avergonzada por comentarios del tipo de "… entonces se les manda un tsunami …" y perlas similares emergiendo de la boca de su rabino, aunque ellos no se atrevan a admitirlo ni ante sí mismos, por no mencionar expresar criticas en público.

Tal vez hasta se podría suponer, en defensa del rabino, que éste no habría llegado a donde está, y no se expresaría de esa manera, si durante décadas sus seguidores no se hubieran limitado a practicar más que la adulación y el servilismo, y nunca una palabra de crítica. ¿Qué persona podría haberse mantenido en pie (y crítico ante sí mismo) bajo el peso de una adulación como la que ha disfrutado este ilustre rabino?

Los judíos religiosos, y las personas religiosas en general, se enorgullecen del hecho de que adoran solamente a Dios y no a los seres humanos. Esa es la teoría. De hecho, ilustres figuras religiosas gozan frecuentemente de una adulación ciega, muda e incuestionable, y todo esto dentro de una cultura cuyos héroes antiguos sabían cómo discutir incluso con el mismo Dios.

¡Qué bien que haya una gran opinión pública secular en Israel y una potente, confiada y bien desarrollada cultura laica! Con todos sus defectos y debilidades, es una sociedad libre - no siempre lo suficientemente libre – que no tiene comparación con una supuesta alternativa.

Israel es un país libre, ante todo y en primer lugar, por esta opinión pública y por esta cultura. Para apreciar la libertad, sólo se debe echar un vistazo a lo que ocurre cuando está ausente.

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Los nuevos haredim: educados, adictos a Internet y soldados - Nati Tucker - Haaretz


Un haredí en una clase universitaria - Dan Keinan

Es uno de los rabinos más conocidos en el mundo haredí. Bajo, con una barba gris y siempre con un libro en la mano, su palabra tiene una gran influencia en vastos sectores de la sociedad ultra-ortodoxa. Su ayudante me pidió que lo condujera a su casa después de que hubiéramos realizado una corta visita de consuelo a una casa en luto.

Durante el trayecto le pregunté: "Maestro, ¿por qué no está dispuesto a que las materias básicas no religiosos se enseñen en las escuelas haredíes? Después de todo, generaciones de padres han tenido que enseñar a sus hijos un oficio. No resulta evidente que también tendrán que trabajar?"

"Ehh, ¿y donde está el problema de salir y conseguir un trabajo?" me contestó. "El que quiere trabajar siempre puede hacerlo". “Pero rabino, le respondí, en el mundo actual, para ganarse la vida, se necesitan conocimientos básicos tales como inglés y matemáticas". "¿En serio?", dijo mirándome con sorpresa. "¿Quien no sabe matemáticas e inglés no puede encontrar un trabajo? ¿Realmente necesitas todo eso? Yo no lo sabía".

Esa conversación revela la complejidad subyacente del mundo haredí. Por un lado, el liderazgo rabínico y político está intentando con todas sus fuerzas preservar el principio de la separación hasta el punto de no tener una idea clara de cómo funciona la sociedad occidental. El objetivo es hacer todo lo posible para evitar que los jóvenes haredim deseen el mundo permisivo de los no religiosos, aun a costa de un destino de pobreza.

Por otra parte, la comunidad ultra-ortodoxa ha dejado de ser una comunidad pequeña y conformista. Bajo la superficie, las cosas están empezando a bullir. La pobreza ya resulta insoportable, y cada más gente está diciendo que un grupo tan numeroso de hombres no pueden permanecer encerrados en las salas de estudio durante todo el día. Lo peor de todo, se está desarrollando una clase media haredí que, manteniendo sus viejas costumbres, también desea disfrutar de vez en cuando de los placeres del mundo.

En Bnei Brak [N.P.: población o suburbio haredí cercano a Tel Aviv] nunca han oído hablar de la OCDE, o de las recomendaciones de la organización sobre la participación de la mano de obra en Israel. Sin embargo, muchos jóvenes haredim ya no se ven como una parte integral del mundo haredí. Son los nuevos haredim. Se trata de conseguir una educación, de prestar sus servicios en las Fuerzas de Defensa de Israel – dentro de unos marcos especiales -, de llevar una vida más cómoda y, que Dios tenga misericordia, de navegar inclusive por Internet.

¿Cómo se podrá calmar esta tensión entre los dirigentes y la población haredí? ¿Cómo podemos encontrar el camino adecuado para fomentar el empleo haredí, un camino efectivo que no inflame al liderazgo haredí y de lugar a una guerra que ambas partes perderían?

Los métodos normales y habituales de recompensa y castigo no funcionarán aquí. Para obtener un delicado equilibrio necesitamos una nueva fórmula. No necesitamos una zanahoria y un palo, sino algo más parecido a una zanahoria y un "coscorrón".

El inicio del proceso debe consistir en tentar, atacando con mucha suavidad, en lugar de involucrarnos en una guerra total por la enseñanza de los estudios básicos en los centros educativos haredim o bien amenazar con cortar los fondos a las instituciones haredíes. Es posible hacer mucho actuando con comprensión. Podemos hacer frente a problemas específicos, como las ciudades haredíes con un alto nivel de desempleo en lugar de utilizar los enormes subsidios del gobierno para fomentar el empleo.

La discusión con el director del Banco Central, Stanley Fischer, fue un primer paso en esta dirección, mientras que una petición al Tribunal Superior de Justicia con respecto a la implantación de los estudios básicos constituyó “un gran palo”, uno que podría echar abajo toda la solución en sí y uno que los haredim suelen utilizar bastante.

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Saturday, September 18, 2010

Yom Kippur o el fin del chivo expiatorio - Delphine Horvilleur - Le Monde



El azar de los calendarios solar y lunar ha hecho que este año las fiestas musulmanas y judías vayan de la mano. Mientras que el Ramadán termina para unos, nos adentramos en los días más solemnes para los otros, el año nuevo judío y el Yom Kippur, el día de la "expiación" o del "gran perdón”.

Para numerosos musulmanes y judíos en Francia, esta rentrée (al inicio del otoño) es un tiempo donde se conjugan los calendarios plurales de nuestras vidas, tiempos civiles y religiosos, calendarios institucionales y espirituales. Es quizá entonces cuando se expresan, con más intensidad que en el resto del año, los elementos compuestos de nuestras pertenencias y las afiliaciones múltiples con las que están tejidas nuestras vidas. Ninguno de los componentes constituye una infidelidad al otro, pero cada uno alimenta las identidades complejas que fundan la ciudadanía moderna.

Este viernes por la tarde, miles de judíos en Francia tomarán el camino de las sinagogas para celebrar el día más solemne del calendario hebreo, Yom Kippur.

Este día "de la expiación”, a menudo traducido como "gran perdón", es primeramente un tiempo de introspección, de oración y ayuno. Se trata de un ascesis obligada y, sin embargo, muy seguida, tanto por aquellos que practican con regularidad la observancia religiosa como por esos otros, los llamados "judíos de kippur”, visitantes episódicos y ocasionales de las sinagogas.

Judíos practicantes o de cultura, en Yom Kippur la distinción entre los unos y los otros se atenúa hasta el punto de ser irrelevante. Nadie es ese día, a priori, irreprochable o libre de autocrítica. No es este día uno para los "buenos" o "malos” judíos. No existe falta irreparable, ni individuo por encima de toda sospecha. El cara a cara individual de cada persona con sus faltas pasadas es aquí ritualizado colectivamente. El plural predomina sobre el singular. El día solemne de Yom Kippur es primeramente una gran cita con la sinagoga, en el sentido etimológico del término (synagoga), "lugar de reunión”. En el día de la gran reunión, en todas las sinagogas del mundo se relata un episodio bíblico tan famoso que ya no pertenece más al léxico religioso y se ha integrado al lenguaje popular. Se trata de la historia del chivo expiatorio.

Se nos recuerda que hubo un tiempo en el que el Templo estaba en Jerusalém, y el sumo sacerdote, en el día de Yom Kippur, elegía al azar un macho cabrio cuya suerte quedaba sellada. A continuación, apoyaba sus manos sobre la cabeza del animal y le confiaba todas las ofensas y pecados del pueblo. Luego le enviaba al desierto y el animal se llevaba consigo el peso de las faltas humanas hacia un paraje solitario, hacia una muerte segura.

En el día de Yom Kippur, el grupo reunido vuelve a leer este relato ancestral de una transferencia de culpabilidad, de la del grupo hacia un portador elegido al azar, puesto a parte y destinado a la muerte. Reunidos en la sinagoga, el grupo escucha, con la plena conciencia de que este rito ya no tiene más lugar, que la historia y la interpretación humana han tenido razón con ciertas prácticas.

Ya no hay Templo ni sumos sacerdotes. El judaísmo actual ya no practica más sacrificios porque, como dicen los rabinos, "nuestras palabras han reemplazado a los animales", es decir, nuestros relatos y nuestras liturgias subliman esos ritos. Lo que perdura no es el ritual original, sino su narración colectiva, y ella también tiene el poder de transferir nuestras emociones e interrogar y examinar los procesos mediante los cuales el grupo se cohesiona. Reunido, el grupo sabe que ya no puede trasladar sobre la cabeza de otro su culpabilidad. Sabe que no se transferirán más sus culpas hacia un paraje solitario. Se le recuerda que ya no es posible convertir a los otros en “chivos expiatorios”.

Lo que sucede el día de la "expiación" o del “gran perdón” está en las antípodas del repliegue comunitario, se trata de la expresión particular de una cuestión universal. Se expresa en un lenguaje particularista, el del ritual judío, pero las interrogaciones van más allá del grupo y son las propias del vivir juntos. Estas cuestiones son también las que nos agitan en estos momentos (*1). Ninguna sociedad puede eludir y descargarse de sus responsabilidades sobre uno de sus componentes, ningún grupo humano puede aspirar a verse exonerado de sus faltas o errores atribuyéndoselos a otro. Es nuestro deber escuchar las historias y los textos "sagrados" que construyen la cohesión nacional, a través de nuestras identidades plurales.


(*1) ¿Alusión a las recientes expulsiones de gitanos rumanos y bulgaros de Francia?

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Un Plan B para la paz - Ari Shavit - Haaretz

El 5 de octubre de 1995, el primer ministro Yitzhak Rabin presentó el acuerdo Oslo 2 en la Knesset. En el discurso que pronunció en aquella ocasión memorable, Rabin prometió que en el acuerdo-estatuto definitivo Jerusalén permanecería unida, los bloques de asentamientos seguirían formando parte de Israel y la frontera de seguridad estaría en el Valle del Jordán. También dijo que Israel no volvería a las líneas del 04 de junio de 1967 y que los palestinos gobernarían su propia vida en el marco de una entidad que sería algo menos que un estado.

Sólo hay tres explicaciones posibles para que Rabin hubiera realizado tales afirmaciones, las cuales un mes más tarde se convertirían en su última voluntad y en su testamento político. Una de esas explicaciones es que era un ingenuo o un loco. No entendía que no podría existir ningún acuerdo de paz palestino-israelí sin dividir Jerusalén. La segunda explicación es que era un mentiroso. Hizo esas afirmaciones a sabiendas de que no eran verdad y no constituirían los parámetros de la paz en el futuro.

La tercera explicación es que Rabin tenía un concepto completamente diferente de la paz del que se le atribuye después de que fuera asesinado, un concepto opuesto al que los estadounidenses están tratando ahora de imponer al primer ministro Benjamin Netanyahu y el presidente palestino Mahmoud Abbas.

Rabin no era ni un ingenuo, ni un loco, ni un mentiroso. Él era un discípulo de Henry Kissinger. Rabin y Kissinger creían que la ocupación no podía durar y que los asentamientos eran un desastre, pero sabían que la paz estaba distante. Por lo tanto, pensaron que en lugar de buscar un acuerdo imposible sobre un estatuto definitivo, debían trabajar hacia un acuerdo provisional a largo plazo: un acuerdo que no ponga fin al conflicto, pero al menos lo calme.

Tal acuerdo no resolvería los problemas de Jerusalém y los refugiados, pero establecería una entidad palestina independiente. Esto permitiría a Israel y a los palestinos a vivir el uno al lado del otro sin dominar el uno al otro y sin matarse entre ellos.

Netanyahu ahora mismo ya está situado a la izquierda de donde estaba Rabin cuando fue asesinado. Netanyahu está dispuesto a ir más allá de lo que Rabin lo estaba cuando se presentó ante la Knesset.

Al igual que Rabin, Netanyahu exige Jerusalém, los bloques de asentamientos y el Valle del Jordán. Pero a diferencia de Rabin, Netanyahu ha llegado a un acuerdo para el establecimiento de un estado palestino desmilitarizado. Las posiciones del líder de la derecha en 2010 son más moderadas que las posiciones del líder de la izquierda en 1995.

Pero hay un problema: a cambio de lo que Netanyahu está dispuesto a conceder, él exige un fin al conflicto. Pero a cambio de ese fin al conflicto, los palestinos están exigiendo lo que no se les puede para dar.

Así pues, una situación estúpida se ha creado en la que la nueva disposición de Netanyahu a realizar concesiones no podrá llegar a buen término. Incluso si él quisiera ser Rabin, la trayectoria actual del proceso de paz no lo permite. El sendero que conducía al abismo en Camp David y en Annapolis nos lleva al abismo en el proceso actual.

Una paz duradera entre israelíes y palestinos exige el cumplimiento de seis principios bien conocidos: el reconocimiento de un estado judío y democrático, el establecimiento de un estado palestino desmilitarizado, la división de Jerusalém, una extensa evacuación de los asentamientos, un no al derecho al retorno de los refugiados palestinos y un acuerdo sobre las fronteras. Pero hay al menos un principio en el que los palestinos no están de acuerdo: no van a renunciar a su demanda de un derecho de retorno. Y hay por lo menos un principio con el que Netanyahu no está de acuerdo: no compartirá la soberanía sobre el Monte del Templo.
Por lo tanto, el intento actual de hacer frente a la base del conflicto es como tratar de entrar en el núcleo de Chernobyl. La paz no surgirá. Sin duda, quizá una explosión.

La única solución es pensar fuera de lo establecido No donde fracasaron los presidentes Bill Clinton y George Bush, sino volviendo a la senda pragmática de Kissinger y Rabin. Sentar a israelíes y palestinos en una habitación cerrada con la tarea de formular un acuerdo provisional a largo plazo.

Es cierto que los palestinos dicen que no. Aparentemente, ellos quieren ahora una paz total. Pero en realidad, no están dispuestos a pagar los precios de esa paz.
Por lo tanto, tienen que ser persuadidos de que el proceso que el primer ministro palestino Salam Fayyad ha comenzado en Cisjordania, requiere un enfoque diferente. Salvar un sano nacionalismo palestino requiere una idea política diferente.

En lugar de que el presidente Barack Obama, la secretaria de Estado Hillary Clinton y el enviado especial en Oriente Medio George Mitchell, sigan haciendo el ridículo en un vano esfuerzo por llegar a un acuerdo estéril, lo que se debería comenzar inmediatamente es preparar un plan alternativo: una división de la tierra ahora mismo, y la paz para después.

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Friday, September 17, 2010

No (sólo) es cuestión de semántica - Giora Eiland - Ynet



El primer ministro israelí mantiene que la finalización del conflicto tras un acuerdo definitivo con los palestinos les exige no sólo estar de acuerdo con la noción de "dos Estados", sino también con la afirmación más explícita de: "Dos estados para dos pueblos". En otras palabras, tendrían que estar de acuerdo que al igual que el futuro Estado palestino sería el Estado-nación del pueblo palestino, el Estado de Israel sería el Estado-nación del pueblo judío.

Antes que Netanyahu, la ex ministra de Asuntos Exteriores, Tzipi Livni, también hizo declaraciones similares. Parece que una mayoría entre los judíos de Israel también apoya en principio esta demanda, y ello a pesar de que algunos israelíes no logran entender "por qué resulta tan importante".

Sin embargo, la demanda expresada por el primer ministro es más importante de lo que puede parecer a primera vista. No se trata de semántica. Más bien, se trata de una condición necesaria (aunque no necesariamente suficiente) para lograr un acuerdo estable.

Hay dos razones para ello. La primera tiene que ver con la exigencia israelí de poner fin al conflicto y a las demandas árabes. Los palestinos hacen una distinción entre reconocer el hecho de que el Estado de Israel ya existe y el reconocimiento del hecho de que tiene el derecho a existir. El grupo que apoya a Mahmoud Abbas no tiene reparos con la primera definición: "Israel existe, y aparentemente vale la pena reconocerlo diplomáticamente, ya que es la única vía garantizada para que los palestinos obtengan lo que sólo Israel les puede dar. Este acuerdo es apto para el presente, pero en cuanto al futuro - ¿quién sabe...?"

Todo el concepto de "Hudna" (alto el fuego a largo plazo) se basa en un enfoque que propugna un compromiso en un esfuerzo por conseguir todo que se pueda obtener en estos momentos, sin abandonar la intención de luchar y de tratar de conseguir mucho más en el futuro. La forma de frenar las futuras demandas, especialmente en lo que respecta a la cuestión de los refugiados, es la obligación por parte palestina de aceptar el derecho de Israel a existir como estado judío.

Por otra parte, la iniciativa de la Liga Árabe se compromete a un reconocimiento de Israel por todos los estados árabes, después de firmar un tratado de paz con los palestinos (y con Siria.) ¿Qué tipo de reconocimiento sería? Israel tiene un evidente interés en recibir un pleno reconocimiento, es decir, el reconocimiento de nuestro derecho a mantener un estado judío aquí. Si esto no se puede conseguir en nuestra relación con los palestinos, nunca se logrará con los otros estados árabes.

La segunda razón tiene que ver con la situación de los árabes israelíes (o palestinos israelíes, como Ariel Sharon se refería a ellos y como la mayoría de ellos se ven a sí mismos.) A los ojos de los palestinos, el Estado de Israel es un estado "de todos sus ciudadanos". No tiene, y no debe tener, un carácter nacional. Si, a través de un compromiso se dota de un carácter nacional, éste debe representar por igual a las dos nacionalidades que viven aquí, los judíos y los palestinos.

Caso de que el futuro Estado palestino no reconozca al Estado de Israel como el Estado-nación del pueblo judío, no hay ninguna posibilidad de que los palestinos residentes en Israel lo acepten por contra. Si no somos capaces de insistir en esto ahora, nos podemos encontrar dentro de una generación o dos con una situación en la que los árabes israelíes demanden (posiblemente a través de la violencia) una igualdad de derechos nacionales.

El estado palestino creado apoyaría esto automáticamente, y puede incluir o contemplar esta cuestión como una razón para violar el tratado de paz. La manera de minimizar este riesgo, o al menos crear una situación en la que los Estados del mundo nos ayuden (si esa confrontación se desata a pesar de todo), es definir con claridad (en la forma convenida por todas las partes) al Estado de Israel como el Estado-nación del pueblo judío.

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