Friday, January 01, 2010

El etiquetado de los productos (de los asentamientos) como concesión a los boicoteadores - Daniel Finkelstein - TheJC

"El gobierno británico se opone a cualquier tipo de boicot de Israel", dice un portavoz de la embajada británica en Israel. Sí, claro. ¿Qué creen, que soy un idiota? (No respondan a esto).

La semana pasada, el gobierno británico aclaró amablemente su posición sobre los productos etiquetados en los asentamientos. Ya resultaba ilegal etiquetar un producto que provenía de los asentamientos como si hubiera sido realizado en Israel. Pero ahora nuevas orientaciones se han recibido. No es una norma, se entiende, simplemente es una recomendación. Los productos deben ser etiquetados para indicar si han sido realizados por colonos israelíes o por los palestinos.

!! Super idea !! Ahora puedo estar absolutamente seguro de que no he comprado algo, por accidente, hecho por un judío. Odio a esos tipos.

Hay una gran diferencia entre la norma original - que las mercancías de una zona que no está reconocido internacionalmente no pueden ser etiquetadas como procedentes de un país que sí lo está,  como Israel - y esta nueva recomendación. El gobierno está promoviendo la idea de que el origen étnico de los productos debe quedar bien claro en la etiqueta.

Fabuloso, vean unos cuantos ejemplos: "Estos productos han sido realizados en Irlanda del Norte, pero por individuos de extracción católica romana", "Hecho en Rwanda por tutsis"... Sin embargo, no se preocupen. Esto no ocurrirá. La nueva recomendación se inicia con Israel y también terminará con Israel.

Así que la sugerencia de que el Gobierno británico no apoya el boicot es falsa. EL etiquetado de los productos que proceden de Cisjordania puede justificarse como una pedante insistencia en el derecho internacional. Por el contrario, los bienes etiquetados como procedentes de los asentamientos es una decisión abiertamente política, en lugar de administrativa. Su objetivo es ayudar a las organizaciones que promueven el boicot de dichos productos. Esta idea fue iniciada por el etiquetado y es una concesión política a los promotores del boicot. Así pues, sólo trata de una simple y desnuda concesión política, entonces ¿qué debemos pensar de esto? Además de hacer notar que la singularización de los bienes judíos por un sistema de etiquetado étnico es repugnante, ¿se trata de una buena política?. 

Esta es mi opinión. La decisión de establecerse en el territorio que Israel conquistó en la guerra de 1967 fue un error desastroso, un error que tendrá que ser revertido. Israel y sus defensores, como yo mismo, no pueden quejarse de la enorme presión internacional para revertir esa política.

Así que me solidarizo con la posición de la administración Obama y su frustración por no poder convencer a los israelíes en dar marcha atrás en la construcción de asentamientos. No creo que una nueva política israelí sobre los asentamientos traerá la paz. O incluso un avance considerable.

Los gobiernos árabes y los palestinos se oponían al estado de Israel antes de que hubiera asentamientos en los territorios. Mataron a judíos antes de que hubiera asentamientos en los territorios. Desencadenaron guerras antes que hubiera asentamientos en los territorios. Seguirán haciéndolo después de que no haya asentamientos.

¿Cómo sabemos esto? Porque cuando el gobierno de Sharon se retiró de Gaza, la situación empeoró, en lugar de mejorar. Y la opinión mundial, que estaba tan ansiosa por ver desmantelados los asentamientos, no se movió ni se posicionó cuando Israel hizo exactamente eso (y recibió a cambio la lluvia de cohetes).

Natan Sharansky ha argumentado que, en lugar de que la paz requiera un desmantelamiento previo de los asentamientos, es lo contrario, primero la paz y luego el fin de los asentamientos,  lo fundamental. Nosotros sabremos que la paz será posible cuando creamos que los colonos podrían llegar a permanecer en un estado palestino sin ser asesinados.

La presión diplomática que se ejerce sobre Israel para que detenga la construcción de asentamientos es comprensible. También lo es el desplazamiento de la actividad internacional. Si usted insiste en una política de etiquetado de los alimentos, ¿por qué no ésta?: al final, la paz sólo llegará cuando los palestinos decidan que están dispuestos a vivir en paz junto a los judíos.

Fuente: TheJC

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Yo y mis compañeros (sionistas) de propaganda - David Aaronovitch - TheJC

El lunes por la mañana, me enteré de que había sido difamado por The Independent el domingo. Fue en una de esas columnas de chismes de los medios de comunicación que tanto proliferan en estos días porque son fáciles y baratas, y donde los jóvenes periodistas pueden escribir columnas de relleno sin salir de la oficina.

La columna tomaba como base un artículo que había escrito acerca de la bomba de Irán, y se hizo una fácil (y errónea) conexión entre eso y mis puntos de vista sobre Irak, añadiendo una peculiaridad: la información de que era "miembro de la Israel Hasbara Committee", una organización creada para realizar propaganda favorable a Israel en la esfera pública. La implicación que sugería el artículo era que yo estaba pagado o semi-pagado por ese lobby de Israel, y esa era la razón de mis argumentos sobre Irán e Iraq (como sabemos, todo el mundo está muy contento de que Irán pueda disponer de una bomba nuclear).

Envié un correo electrónico a la persona encargada del departamento jurídico del The Independent diciéndole que esa acusación era absolutamente falsa. Ella me mandó por correo su respuesta diciéndome que investigaría el asunto, sacaría el tema de la página web de inmediato, y luego publicaría una retracción, si era apropiado, el domingo siguiente. Yo le dije que esto era insuficiente, porque la difamación ya había sido publicada y se veía en Internet, y que una retracción en línea inmediata era lo necesario y lo justo.

Ella no respondió, pero al día siguiente otro compañero suyo lo hizo. Repitió que el periodista en cuestión, un tal Matthew Bell, estaba fuera de la oficina y que nada se podía hacer hasta entonces. Yo le dije que: (a) nadie era contactable durante estos días y (b) podían verificar la información por sí mismos y tomar medidas. Nada de nada.

No es de extrañar que los Yiddles [los tirabuzones de los judíos] (lo siento, los sionistas) manejen y controlen el mundo

Al día siguiente, el miércoles por la tarde, me llamó para decirme que había hablado con Bell. Le habían dado la información por una fuente. ¿Y (se atrevió, en principio) acaso no era cierto que yo estaba en la lista de la web de la Hasbará de Israel? Ella me había buscado en la lista.

Ah sí, la lista. Allí estaba yo en la Lista del Comité de Hasbará, y, por lo tanto (¿posiblemente?) yo era miembro del Comité de Hasbará. Y lo que es un comité. Sentados junto a mí, y también en la lista, también aparecían algunos compañeros extraordinarios.

Estaban Chris Hitchens, Jonathan Freedland, Melanie Phillips y Richard Littlejohn. Y los bipartidistas Michael Gove y David Miliband también estaban ahí. Cubriendo la cuota de la cosa cultural, Salman Rushdie, Jackie Mason y Frederick Forsyth se sentaban al lado uno del otro. Y se había captado para la lucha a los supuestos antisionistas Robert Fisk (del propio Independent) y al Dr. Israel Shahak. Este último ilustra otra increíble capacidad: la gran labor de los muertos, porque el ya hace mucho tiempo fallecido Shahak se unía a los también difuntos James Michener, Howard Fast, Leon Uris y, aún más notablemente, Stefan Zweig (muerto en 1942).

Las organizaciones también están representadas en la lista. Entre otras, la BBC en su totalidad, The New York Times, Associated Press, el personal de Onion, The Economist y la Israel Antiquities Authority. También había miembros en la sombra con títulos extraños, como el "30 de junio de 2005", "El entrevistador de Le Figaro" y, lo más siniestro, una columna semanal de la Torá de la OU "Torah Tidbits". Pero... ¿y el Mossad?

Por último, para más guía, tenemos - más allá de la tumba - a Winston Churchill y Menachem Begin y, como presidente aún vivo, Mahmoud Abbas. No es de extrañar que los Yiddles (lo siento, los sionistas) controlen y dirijan el mundo.

Esa es tú lista, le dije a la turbada señorita del Independent, nadie se había molestado en comprobarla. Al día siguiente, la corrección se publicó online (yo no nunca voy a demandar por ello, yo mismo he cometido errores). Pero no lo hizo el periodista implicado, el Sr. Matthew Bell, que no lo consideró lo suficientemente importante como para llamarme y pedir disculpas personalmente, así que puedo especular que obtuvo su historia de la siguiente manera:

Hay 2.000 referencias de mí y de "hasbará" en línea, y poco después vienen enlaces de dos artículos de nuestro viejo amigo anti-judío, el jazzista loco, Gilad Atzmon. Así fue como lo relacionó el tal Bell, con mucha probabilidad, junto con ese creciente número de "periodistas" que, cuando se trata de cibernautas antisionistas, no pueden decir Zs sin decir Ss.

Fuente: TheJC

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Una década de clichés anti-Israel - Petra Marquardt-Bigman - JPost BlogCentral



Justo a tiempo para Navidad, The Financial Times publicó el habitual editorial temática propio de esas fechas sobre "La necesidad de paz en Tierra Santa". Ustedes no lo sabrán por el contenido de este editorial, pero la primera década del siglo XXI comenzó con propuestas israelíes de gran alcance para la paz que fueron rechazadas por los palestinos en Camp David y Taba en 2000/01, y ahora que la década está a punto de finalizar, resulta que el año pasado el primer ministro de Israel (Ehud Olmert) propuso un Estado palestino equivalente a todos los territorios pre-1967 en Gaza y Cisjordania, con Jerusalém Este como capital palestina, pero nuevamente la propuesta aparentemente no fue lo suficientemente buena.

Si bien estos esfuerzos israelíes ni siquiera se mencionan en el editorial, el Financial Times se preocupa por la falta de interés e implicación:

"Es falso, en el mejor de los casos, pretender que las dos partes, con un potencia, unos recursos y un apoyo diplomático y financiero enormemente desproporcionados, podrían llegar a alcanzar jamas un acuerdo por su cuenta. Los palestinos están bajo la ocupación israelí y los territorios sobre los que eventualmente esperan construir su estado están siendo diariamente erosionados. Cualquier posibilidad de dividir la Tierra Santa en dos estados - el 78% de la Palestina histórica para los israelíes y el 22% (Cisjordania, Gaza y Jerusalén oriental) para los palestinos, pronto se evaporará, si no ha empezado ya"
Este breve párrafo podría ser una entrada muy prometedora para cualquier concurso que buscara resumir de la forma más concisa las distorsiones más populares de la última década sobre el conflicto israelo-palestino.

Comenzamos con la declaración final que habla de un "78% de la Palestina histórica para los israelíes y el 22% restante para los palestinos". Suena como algo terriblemente injusto para los palestinos, ¿no es así?. Sin embargo, para que esta afirmación sea correcta, esa "Palestina histórica" tendría que ser definida como el territorio que quedó de ella después de que Gran Bretaña decidiera en la década de 1920 que la zona al este del río Jordán (de dicha Palestina histórica), y que constituía el 77% del Mandato Británico de Palestina, se consideraría (o se redefiniría) como "Transjordania", mientras que sólo al restante 23% al oeste del río Jordán se la conocería como "Palestina".

En otras palabras, Israel en sus fronteras anteriores a 1967 no cubre el "78% de la Palestina histórica", sino el 78% de la "actual Palestina". En efecto, si el punto de referencia es el Mandato Británico de Palestina, el Israel anterior a 1967 tendría "menos de un 20% de dicho territorio", mientras que "más del 80% - Gaza, Cisjordania y Jordania -" se encontraría bajo dominio árabe hasta 1967, y obviamente, estas áreas todavía están pobladas predominantemente por los palestinos.

Otro especie de afirmación/"mantra" repetida por el editorial es que "el territorio en que ellos [los palestinos] esperan eventualmente construir su estado están siendo diariamente erosionado". Dejando de lado el reciente anuncio de la congelación de la construcción, el hecho en sí de esta cuestión es que en la "última década ningún nuevo asentamiento ha sido creado" [N.P.: asentamiento como tal, no puestos avanzados con unas cuantas caravanas], y que la tantas veces invocada "implacable apropiación de territorio" desde 1967 ha dado lugar a unas aglomeraciones que representan "menos del 2% del territorio de Cisjordania" ocupado por Israel en 1967. Además, durante la "desconexión" en 2005, 25 asentamientos fueron abandonados, y la retirada de Israel de Gaza proporcionó a los palestinos la primera oportunidad en su historia de comenzar a construir su estado en una parte considerable de su territorio libre de toda presencia israelí.

Pero la distorsión quizás más insidiosa viene justamente al principio del párrafo antes citado, cuando la editorial se queja de un fuerte desequilibrio que se refleja en "una potencia, unos recursos y un apoyo diplomático y financiero enormemente desproporcionados". En el contexto de este editorial - y en el contexto del discurso político que prevalece sobre el conflicto israelo-palestino - no hay duda de que parte se considera que posee "una potencia, unos recursos y un apoyo diplomático y financiero enormemente desproporcionados".

Un lector imparcial puede dudar por un momento y preguntarse: ¿Podría considerarse que el apoyo incondicional del conjunto del mundo musulmán no sirve para nada? ¿Podría ser que la riqueza petrolera del mundo árabe resulta irrelevante, y que esa influencia económica, financiera y política asociada no importa y no vale nada? ¿Podría ser que el boicot económico y diplomático reiterado por parte del mundo árabe y musulmán desde hace décadas no tenga valor y que su mayoría automática en muchas organizaciones internacionales no tenga ninguna consecuencia?

Al parecer, un pequeño país que por una buena razón exige que todas las casas y edificios públicos dispongan de refugios antiaéreos, que es objeto a menudo de continuas amenazas por parte de grupos y regímenes que niegan su derecho a existir, y que es fuertemente criticado y condenado por el ejercicio de su derecho a la autodefensa - incluso tras sufrir años de incesantes ataques con cohetes -, aún así y después de todo esto, todavía puede ser contemplado como desproporcionadamente poderoso sólo porque ha soportado e incluso florecido a pesar de toda la hostilidad dirigida en contra suya.

Por último, hay un consejo urgente que llega con la conclusión del editorial:
"Lo que cada cual tiene que entender es que si este conflicto no deja de existir sobre la tierra - con un reparto equitativo que divida la Tierra Santa - entonces se corre el riesgo de una nueva guerra de religión. Y eso no sería una pelea más"
¿No les resulta curioso que hablen a la vez de una "división de la Tierra Santa" y adviertan en la misma frase en contra de la percepción del conflicto como una "guerra de religión"? Por supuesto, el conflicto israelo-palestino, o más bien, el conflicto árabe-israelí, nunca ha girado solamente sobre el territorio. Mientras que el sionismo y su búsqueda del restablecimiento de una patria judía en Palestina no fue un movimiento religioso [N.P.: desde luego no mayoritariamente, porque el sionismo religioso era aún muy minoritario], la oposición al sionismo siempre ha tenido una fuerte dimensión religiosa. Y es que no resulta en absoluto irrelevante que los primeros en considerar a "Palestina" como la "Tierra Santa" hayan sido los judíos, con Jerusalém como su ciudad santa. De hecho, el nombre árabe de Jerusalém, Al-Quds, fue adaptado de la palabra hebrea para el Monte del Templo, Beit HaMikdash.

Desde la antigüedad, la religión ha desempeñado un papel importante y relevante en los intentos de los invasores y conquistadores por negar a los judíos sus derechos históricos sobre su patria. Incluso en el siglo pasado, algunos de los primeros enfrentamientos violentos fueron instigados por la difusión de rumores falsos sobre supuestos planes "sionistas" de reconstruir el Templo judío en el lugar de los santuarios musulmanes, los cuales habían sido construidos para reclamar el Monte del Templo para el Islam.

De inspiración y fuente religiosa, los intentos de negar los derechos de los judíos siguen siendo centrales y fundamentales - y no sólo a nivel retórico - para grupos como Hamas, pero es que según el negociador en jefe palestino, Saeb Erekat, también representaron una importante motivación a la hora de rechazar las propuestas de paz de Israel en Camp David y Taba, así como en las conversaciones de Annapolis.

Del mismo modo, la llamada Intifada de Al Aqsa, que se cobró la vida de miles de personas en la primera mitad de la década pasada, se desató apelando a las pasiones religiosas, como el dirigente de los Tanzim, Marwan Barghouti, ha explicado:
"En la víspera de la visita de Sharon, yo participé en un programa de televisión en una estación local. Descubrí que se trataba de una buena oportunidad de invitar a la gente a que fuera a al-Aqsa a la mañana siguiente para que no le fuera posible a Sharon llegar al Monte del Templo [...] Como la cosa marchaba pacíficamente [...], vi en la situación una oportunidad histórica para inflamar el conflicto. La conflictividad más importante es la que se inició en Jerusalém debido a la sensibilidad de la ciudad, su singularidad y su lugar especial en el corazón de las masas que están dispuestas a sacrificarse a sí mismas sin ni siquiera pensar en el costo".
Existe quizás una amarga ironía en el hecho de que algunos estudiosos musulmanes afirman que los escritos islámicos en realidad reconocen el vínculo judío con Israel, porque "los comentaristas tradicionales desde el siglo VIII y IX han interpretado uniformemente que el Corán dice explícitamente que Eretz Israel ha sido dada por Dios al pueblo judío como una alianza perpetua. No hay demanda o reconvención islámica de la Tierra en cualquier parte del corpus tradicional de los comentarios (islámicos)".

Sin embargo, desde los comentarios anónimos en la prensa a los editorialistas elitistas, la sabiduría convencional actual sostiene que resulta "desproporcionado" un poderoso Estado judío por el riesgo que existe de traer un Armagedón mundial al "pisotear los derechos de unos desafortunados musulmanes árabes que con gusto harían la paz" en la zona si sólo se les ofreciera una "división equitativa de la Tierra Santa". El hecho de que incluso una propuesta (la de Ehud Olmert en 2008) que ofrecía el equivalente al 100% del territorio reclamado por los palestinos fuera rechazada, es convenientemente ignorado a fin de poder aferrarse a la narrativa popular que culpa de todo al chivo expiatorio favorito por la ausencia de paz en Tierra Santa.

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