Friday, May 01, 2009

Obama 2012 - Ari Shavit - Haaretz



Incluso ahora, en noviembre de 2012, es difícil no pensar con alegría en el primer año de Barack Obama como presidente de los Estados Unidos. En sus primeros 100 días en la Casa Blanca, el enérgico presidente tomó una serie de medidas audaces que extrajeron a la economía americana de su peor crisis desde la década de 1930. Inmediatamente después de que pusiera fin a la tortura e inculpara a Dick Cheney, convocó una conferencia de paz en Oriente Medio y promovió un hecho histórico con sus visitas de reconciliación a La Habana, Damasco y Teherán.

La política económica y exterior de Obama estaba fundamentada sobre una visión del mundo inspirada tanto en los estadounidenses como en los no estadounidenses, en ambos por igual. Tras años de desesperación y de cinismo, el 44 º presidente propuso una nueva agenda nacional e internacional basada en el diálogo, la desmilitarización, la justicia y la paz.

Las primeras señales de que algo andaba mal ya habían aparecido al final de ese primer año de gracia. Sin embargo, Washington fue sorprendido cuando, en el verano del 2010, el Presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad anunció que expulsaría a los inspectores internacionales y que se inclinaba completamente hacia la producción de armas nucleares. El choque se volvió terrible en la víspera de la Navidad de 2010, cuando el líder espiritual de Irán, Ali Khamenei, afirmó que su país tenía sus tres primeras ojivas nucleares destinadas a Riad, El Cairo y Tel Aviv.

La primavera de 2011 fue dramática. En primer lugar, un tratado de defensa mutua y un acuerdo para colaborar en las exportaciones de petróleo fue firmado entre Teherán y el frágil gobierno de Bagdad. A continuación, Kuwait, Qatar, Abu Dhabi y Dubai inclinaron la cabeza y firmaron los correspondientes tratados que les convertían en protectorados del estado chiita. Arabia Saudita siguió el enfoque contrario: en mayo de 2011 anunció que había comprado armas nucleares a Pakistán, tanto para sí mismo como para su aliado Egipto. Pero la repentina nuclearización de Egipto no logró apaciguar a la Hermandad Musulmana. Manifestaciones masivas obligaron al presidente Hosni Mubarak a dimitir poco después de que suspendiera el acuerdo de paz con Israel.

Para el Día de Acción de Gracias del año 2011 la situación se presentaba muy clara. El Rey Abdullah de Jordania partía hacia el exilio en Londres. Hezbollah había tomado el control de Beirut y una sangrienta guerra de desgaste estalló entre Israel y los palestinos. Los disturbios en el oeste de Asia habían tenido repercusiones en el resto de la escena internacional: Afganistán estaba en llamas, Pakistán se colapsaba y Rusia levantaba su cabeza. En vista de la impotencia de Washington, algunos países europeos comenzaron a inclinarse cada vez más hacia China. Cuando el precio del petróleo se puso por encima de los 200$ por barril, la economía americana se sumergía en otra profunda recesión.

Obama ya no tenía ninguna oportunidad cuando llegaron las nieves a Iowa en 2012. Así, con Oprah Winfrey como paño de lágrimas a su lado, el presidente más prometedor anunció que no se presentaría para un segundo mandato.

¿En qué se había equivocado? ¿Cuándo se desvió Obama por el mal camino? En retrospectiva, la respuesta era clara y simple. En el verano del 2009, el presidente tuvo que hacer frente a la decisión más valiente de su vida: evitar que Irán se dotara de armas nucleares. Por supuesto, optar por un enfrentamiento habría sido incompatible con su ADN de demócrata liberal de Chicago. Sin embargo, y paradójicamente, sólo una decisión de esa índole podría haber salvado su legado y haber hecho avanzar los nobles valores que creía que podrían haber dado lugar a una paz global en el Oriente Medio. Si Obama hubiera decidido hace tres años imponer un cerco político-económico a Teherán, habría cambiado el curso de la historia. El Roosevelt del siglo XXI habría impedido el caos regional y una carrera armamentista nuclear en todo el mundo, además del declinar de América.

Ayer, inmediatamente después de que las televisiones vaticinaran la aplastante victoria de los republicanos en noviembre de 2012, los amigos más cercanos del presidente se reunieron en torno a él. Lo encontraron triste pero sobrio. Obama no tenía dudas: si hubiera conocido al principio de su mandato lo que sabe ahora, habría tomado una decisión estratégica diferente sobre el programa nuclear de Irán. Si sólo fuera posible volver hacia atrás, le decía el pensativo presidente a su humillado jefe de personal, Rahm Emanuel. Si solamente hubiera tomado una decisión diferente en el verano de 2009.

Labels: , , ,

El affaire Ilan Halimi: "El antisemitismo cimenta al grupo" - Liberation



(Ilan Halimi era un joven judío francés que engañado por un supuesto asunto amoroso fue raptado, torturado y finalmente asesinado [apuñalado y quemado], por una de esas bandas interraciales de jóvenes de las barriadas o suburbios franceses, el famoso black-beur-blanc.

El propósito de la banda era pedir un rescate pretendiendo que todos los judíos son ricos y solidarios entre ellos, y así se le mantuvo secuestrado durante 3 semanas mientras se negociaba el rescate, mientras que el lider de la banda, una especie de caïd de barriada, volvía a su país natal, Costa de Márfil, del que sólo regresó para acabar con el secuestro asesinando a Halimi.
En estos momentos se celebra el juicio a los integrantes de la banda, un juicio a puerta cerrada, y en donde la prensa francesa prefiere no utilizar demasiado la palabra antisemitismo y opta por el de una banda crapulosa o salvaje obsesionada por el dinero. El problema es que el líder de esta banda, y supuesto asesino, ha optado por recuperar para este juicio un discurso africanista, antiimperialista, antisionista y salafista)


Entrevista al sociólogo Didier Lapeyronnie, en Liberation:

¿Es en su opinión el caso Ilan Halimi antisemita?

El acto en sí mismo es odioso, pero fue alimentado por un antisemitismo evidente: los judíos serían ricos, solidarios, comunitarios... Sin embargo, un hecho diverso es siempre un acontecimiento especial que tiende a la convergencia con una situación social y unas historias personales. El caso de Ilan Halimi supone el encuentro de un líder carismático y de un mundo social tan débil que se ha dejado arrastrar.

¿Existe un antisemitismo exclusivo de los suburbios?

Hay un montón de antisemitismo en esos barrios, pero esto no significa que las personas sean individualmente antisemitas. En esta historia, nos encontramos con todos los ingredientes del funcionamiento de estos guetos: la lógica del grupo que comete actos que no cometería individualmente, la presencia de un líder carismático, la ley del silencio, el miedo, la falta solidaridad con las personas de fuera del barrio y el antisemitismo que circula dentro del grupo como una especie de cimiento, dando a cada uno la ilusión de existir y estar en posesión de una forma de comprensión superior que el común de los mortales. Se trata de lógicas colectivas bastante clásicas.

¿Cuáles son las raíces de este antisemitismo?

No está importado del conflicto israelí-palestino. Es al contrario. La focalización sobre los acontecimientos del Oriente Medio viene del hecho de que estas personas son ya antisemitas, no a la inversa. El antisemitismo tiene su origen en las condiciones sociales y en el vacío político que prevalece en ciertos suburbios. Es una forma de "socialismo de los imbéciles". Cuando usted escucha a esta gente tener declaraciones antisemitas, lo que hacen es dictar su retrato pero a la inversa: los judíos son poderosos, yo soy débil; ellos están en todas partes [N.P.: tienen visibilidad social], yo no estoy en ninguna parte; ellos están unidos, yo estoy solo; ellos tienen derecho a reclamar su identidad, nosotros, en cambio, no tenemos ningún derecho. Inútil pensar por lo tanto, como ya lo señaló Sartre [N.P.: el antisemita inventa (lo necesita como chivo expiatorio) al judío. Así pues, Sartre define al judío a través del antisemita, y denuncia a este último como el que teme a la libertad, a sí mismo, renegando de su responsabilidad de elección. Al negarse a elegir libremente y a actuar en consecuencia, el antisemita se cosifica, adjudicando al judío, de manera dualista, la culpa de todos los males y sus propias faltas: "Incidentalmente, el antisemitismo deriva, no del pensamiento sino del temor de uno a la verdad... En una palabra, el antisemitismo es el temor a estar vivo].

¿Este antisemitismo va acompañado por otras formas de racismo?

Es inseparable del racismo, del sexismo y de la homofobia. En su descripción del judío, hay una imagen femenina, suave, homosexual, una especie de sub-humanidad que corrompe la civilización humana, y que nos viene de finales del siglo XIX.

Este proceso se celebra a puerta cerrada, ¿qué piensa de ello?

La democracia es siempre mejor. La publicidad de los debates podrían tener virtudes pedagógicas. Pero no debemos engañarnos a nosotros mismos, es necesario que las personas tengan la capacidad de decir y reconocer que "yo habría podido participar en eso". Sin embargo, la demonización de la cual se adorna el supuesto autor de los hechos, su arrogancia y el hecho de que que, visiblemente, no lo lamenta, me da que pensar que iría en contra del efecto pedagógico.

¿Francia es antisemita?

Es incomparablemente menos antisemita desde el punto de vista de la opinión pública de lo que ha sido, aunque restan a veces las huellas. Sin embargo, el viejo antisemitismo de la extrema derecha permanece y sigue siendo el dominante. También hay uno de extrema izquierda, que vehículan personas como Dieudonné o Soral [ensayista transfuga del PCF y próximo del FN, con quien recientemente rompió]. Pero sigue siendo muy minoritario y muy débil. Y allí, a continuación, esta especie de antisemitismo popular que ha surgido en los suburbios. Pero entre estas tres formas, por el momento, no hay conexión. Afortunadamente.


Para leer (en francés) más artículos del proceso actual: Libe

Labels: , , ,

UrbanLands, Tel Aviv - Elinor Milchan


Near the port, 2008


Independence way, 2008


The Towers I, 2008


The Towers II, 2008


Trading Places, 2008


The Cloth, 2008

Página web de Elinor Milchan

Labels: , , ,

El performer como idiota monumental - Fernando Castro Flórez - ABCD





Este artista es un perfecto idiota. Y, a pesar de su terquedad, es también admirable. Algunos han llegado a calificar su comportamiento como el de un «maratoniano» de la performance, y, en realidad, es un pesado de tomo y lomo. No quiero descalificar sus míticas acciones, pocas pero contundentes, caracterizadas por durar cada una de ellas exactamente un año.

La historia ha sido contada en bastantes ocasiones: Tehching Hsieh llega, como un emigrante más, desde Taiwán a Nueva York después de haberse formado en su país en las todavía llamadas «bellas artes» y haber intentado, con catastróficas consecuencias para su menudo cuerpo, repetir la acción del salto al vacío de Klein sin acaso saber que se trataba de un fake fotográfico. A pesar del lógico batacazo, decidió desarrollar en la ciudad babélica que eligió para vivir unas acciones que respondían al topicazo de unir el arte con la vida. Como incluso en lo estético aparece un ansia de totalidad y un afán de hacer algo decisivo y conclusivo, Hsieh tomó -algo habitual en los lectores declaradamente epigónicos- las cosas literalmente, y así consideró que lo mejor era no dejar ni un minuto de la vida ajeno a esa «coartada» que calificamos como arte.

Comenzó en 1978 encerrándose en una celda en el segundo piso del 111 de Hudson Street. En 1980 colocó en su estudio un reloj de esos que se emplean en las fábricas para fichar y, por no perder la costumbre, comenzó su rutinaria tarea de picar cada hora ahí durante un año enterito. Su tercera acción consistió en estar literalmente en la calle desde el 26 de septiembre de 1981 hasta el 26 de septiembre de 1982. Para su cuarta performance contó con la colaboración de Linda Montano, a la que se ató con una cuerda para llevar esa vida cuasi-matrimonial, de nuevo durante 365 días.

Acaso estaba cansado del mundo del arte, y por eso, a mediados de los ochenta, decidió realizar algo fácil de entender: no hacer arte, ni hablar de ello, ni verlo, ni leer nada relacionado con las cosas que se exponen o acontecen; por supuesto, tampoco entró en galerías, ni en museos. «I just go in life», escribió con cierta soberbia. Tan sólo rompió con su modus operandi cuando en 1986 inició la última de sus «piezas», que consistió en estar trece años «haciendo arte», pero sin presentarlo públicamente. Reapareció el día en el que justamente cumplía 49 años, el 31 de diciembre del 1999. Singular coincidencia de cambio de milenio y paso a la condición de cincuentón.

La ventaja de este tipo de comportamientos es que resulta mucho más fácil de describir que casi todo lo que hacen el resto de los artistas contemporáneos. En cierta medida, se trata de algo sumamente «obvio», e incluso previsible. Lo que es bastante más difícil de comprender es el furor repentino que Tehching Hsieh ha despertado en las instituciones museísticas de Nueva York.

Al mismo tiempo, se le rinde «homenaje» en el MoMA y en el Guggenheim, recibe una beca a una edad que, en bastantes sentidos, es la de la «jubilación», y los críticos, e incluso gente periférica a la pomada como Deborah Sontag, lanzan encendidas loas al pionero, al maestro de la coherencia, al sujeto que ha sido capaz de «sobrevivir» a la experiencia del arte. En la prestigiosa editorial MIT acaba de aparecer un tomo dedicado a sus life works titulado Out of Now.

Basta darle un vistazo superficial a este libro para comprobar que estamos asistiendo a una suerte de canonización o ajuste académico de un performer que, si nos dejamos llevar por el viento dominante, sería la quintaesencia de lo filosófico. Adrian Heathfield escribe un ensayo de 61 páginas con 121 notas que comienza con dos citas de Heidegger y Derrida. Tampoco faltan a la ceremonia de la (confusa) entronización fragmentos de Nancy, Cixous, Bergson o Levinas. Yo mismo cometo con demasiada frecuencia este tipo de desafuero consistente en sobreinterpretar algo que de ningún modo tiene intenciones teóricas o metafísicas. ¿Qué sentido tiene montar este tinglado que hasta el propio escritor considera «un acto de restitución»? Puede que la pulsión de archivo, la voluntad taxidérmica y el afán de documentar lo anodino sean consustanciales a la pretendida «superación del arte» que Hsieh certifica.

Lo cierto es que la forma en la que el MoMA ha decidido presentar el trabajo de este performer no puede ser calificada sino como una completa tergiversación. En varias paredes está fijada una retahíla de pequeños retratos de Tehching Hsieh en los que vemos que, por lo menos, le crece el pelo y, en un cuarto en penumbra, han instalado la celda de madera en la que se recluyó voluntariamente. Podría parecer que estamos ante una «escultura». Es muy triste que alguien haya intentado hacer algo «épico» para finalmente dejar que los residuos sean tratados como reliquias. Ya sea por inconsecuencia o por debilidad, como reacción al canto de sirenas de la fama o el cotidiano afán de comercializar algo, lo cierto es que la clonación del espacio de una performance adquiere la dimensión de la impostura cabal.

¿Dónde está Hsieh mientras sus declaraciones y fotos, incluso el lavabo, el cepillo y el camastro, adquieren la dimensión de «aurático»? Seguramente encantado de la vida al comprobar que todo ha sido encuadernado en tapa dura y no hay una sola ficha del reloj sin fotografíar y, por tanto, todo, hasta lo más banal, ha sido reproducido. Al revisar esta documentación sometida a la transubstanciación museal he reparado en que este tipo tiene casi siempre cara de estar aburrido hasta extremos indescriptibles.

Los que han decidido darle una beca han cometido un lamentable error: lo que este presunto performer ha estado buscando es un trabajo. Tanta reclusión y rigor temporal es propio de alguien que hasta podría llegar a formar parte del comité de empresa. Su pretendida singularidad, el carácter romo de su existencia y la unicidad carente de misterio hacen que este individuo que anunció al comienzo de un milenio demoledor «I sep myself alive», sea un idiota incluso en años bisiestos.

Fuente: ABCD

Labels: ,

Perlas cultivadas en el ABC

A veces, un periódico es una buena inversión. Ojalá el día de las elecciones europeas venga como hoy. Perder mi tiempo con las urnas si que sería imperdonable.

ZP quiere manifestarse - César Alonso de los Ríos

Los sindicados tienden por naturaleza al verticalismo. Con Franco o con Zapatero. En realidad, sus peleas con los gobiernos lo son por parcelas de poder. Así, Nicolás Redondo con Felipe González. Las tensiones que provocó UGT (tres huelgas generales) tuvieron su origen en la lucha por el control de los carnets. Los sindicatos son conscientes de que su personalidad es marginal y buscan la permanencia en el sistema gracias a los servicios que prestan a los partidos.

(...)

Proclives al protagonismo con el poder político los sindicatos tratan siempre de disimular su subordinación real. Los Gobiernos lo saben y los cuidan. Ayer Aznar, hoy Zapatero. Sucede que este está llevando esta convivencia a la exageración. Dijo antes de ayer que su corazón estaba con los manifestantes del primero de mayo. Cualquier día bajará a la calle y se pondrá al frente de la manifestación.


Esquizofrenia madrileña - Ignacio Ruiz Quintano

ZP: Zimbawe Paradise. El Mugabe de León ha conseguido hacer de España el parque temático del paro occidental. Es su truco para ganar elecciones, que tanta admiración provoca en Sarkozy. Coges a la gente y la dejas sin trabajo. A partir de ahí, si quiere subsidio, vendrá a ti con la escudilla. Cuatro millones de parados suponen ocho millones de votos, contando que cada oveja come con su pareja. Los otros tres millones necesarios para mandar en España salen de los funcionarios (...)


El centenario de la expulsión de los moriscos - Ricardo García Cárcel

(...) En definitiva, la valoración de la expulsión de los moriscos ha estado tradicionalmente marcada por la bipolaridad, más emocional que racional, de los maurófilos y los maurófobos. Los primeros consideran que fue posible la asimilación o integración de los moriscos, que eran posibles alternativas distintas a la expulsión (ya en 1609 el extremeño Pedro de Valencia sugirió siete alternativas distintas aparte de la expulsión). Y reconocen en los moriscos una plasticidad política y cultural, una capacidad de adaptación, que podía conjugarse con los cristianos en el marco de una España tolerante, que la hubo. Los segundos, han partido siempre de la inasimilabilidad de los moriscos por su estructural capacidad conspirativa y lanzan un diagnóstico fatalista: no fue posible otra solución. Contraponen a los sueños alternativos de la España que no pudo ser, el implacable pesimismo de la España que fue.

Me temo que no hemos avanzado mucho en estas posiciones. Los atentados terroristas islamistas de los comienzos de nuestro siglo han condicionado una radicalización de la actitud ideológica. Hoy unos defienden la alianza de civilizaciones, otros el choque de culturas. Unos se mecen en el idealismo de la España de las tres culturas. Otros se lanzan por la vía del apocalipticismo catastrofista. El sueño de la tolerancia, el mundo feliz de la convivencia entre cristianos, musulmanes y judíos, impregna de buenismo banal muchos análisis que ya no sólo lamentan la expulsión sino que parecen subrayar que la legitimidad histórica se halla en el Al-Andalus medieval que tendría derecho a recuperar el territorio perdido a lo largo de la Reconquista. La mirada complacida y complaciente hacia la dominación musulmana en España lleva hasta extremos tan políticamente correctos como querer borrar todo signo de expresiones racistas o violentas antimusulmanas en España expurgando incluso iconos representativos de aquella violencia como el de Santiago Matamoros y, desde luego, a exaltar el andalucismo como un puro reflejo del legado cultural musulmán. La expulsión de los moriscos, desde esta óptica, sería una avanzadilla de las «soluciones finales» dramáticas tomadas en nuestro siglo contra comunidades culturales por imperativos racistas.

En el otro lado, no faltan los que parecen no haber superado la literatura de cruzada, deteniéndose en los contenidos más integristas del Corán y exaltando la yihad como el supuesto eje que marca la vocación expansionista del Islam.
La verdad es que la atribución de connotaciones progresistas sólo a la maurofília es absolutamente ingenua, si recordamos la flamante guardia mora de Franco o las connotaciones reaccionarias de muchos aspectos de la cultura islámica.

El nacionalismo andaluz, recogiendo la semilla sembrada por Blas Infante, ha reasumido el patrimonio histórico musulmán soñando con la identificación de Andalucía con el global Al-Andalus musulmán y dejándose llevar por la nostalgia de una presunta prosperidad andaluza cortada en seco por los Reyes Católicos y los «castellanos invasores» y definitivamente liquidada con la expulsión de 1609.

Es obvio que Andalucía no sería igual sin los árabes, pero es absurdo pretender explicar Andalucía sólo en clave musulmana. Nadie puede negar la trascendencia de las aportaciones culturales de los musulmanes en España y en Andalucía en particular, pero es delirante el simplismo maniqueo que ha llevado a la mitificación de lo musulmán como intrínsecamente bueno y lo cristiano como intrínsecamente malo.


El «Mátrix progre» según Juan Manuel de Prada

En ese «Mátrix progre» que usted denuncia, pergeñado por la izquierda, ¿por qué la derecha renuncia a presentar batalla?

-El «Mátrix progre» alude a la película de los Wachowski, en donde la Humanidad está esclavizada por unas máquinas que infiltran en la mente de las personas una realidad virtual. Yo hago una metáfora, y considero que vivimos en una época en la que efectivamente hay una serie de paradigmas culturales, de patrones de juicio, que se han introducido como injertos emocionales en toda la población. Y contra los y las cuales la gente tiene la percepción de que no tiene sentido rebelarse. Son el marco o límite o terreno de juego en el que tiene que de-senvolverse la vida social, política, etc... Este territorio, efectivamente, lo ha establecido la izquierda, que en un determinado momento acepta los postulados económicos de la derecha, con leves rectificaciones, pero a cambio impone un orden social y moral que la derecha acata. De tal manera que la derecha, realmente no importa si es liberal o conservadora, siempre actúa como conservadora cuando llega al poder, porque se limita a conservar el orden social impuesto por la izquierda.

-¿Y dónde queda la ideología?

-El combate contra el «Mátrix progre» no puede ser ideológico. puesto que la ideología es una batalla que la derecha ha renunciado a ofrecer, y la única posibilidad de de-senmascarar el «Mátrix progre» es intentando dar una visión alternativa del hombre y de su lugar en el mundo, una visión antropológica.

Labels: