Tuesday, December 01, 2009
"Prohíben los crucifijos por laicismo pero defienden los minaretes por ir de multiculturales" - Santiago González



Los suizos se han pronunciado mayoritariamente en referéndum contra la idea de levantar minaretes en las mezquitas que se construyan en sus ciudades. La prensa amiga ha dado cuenta del hecho, ocultando a duras penas su disgusto por el resultado.
"Nadie esperaba un rechazo ciudadano, casi el 60%, 20 puntos por encima de lo previsto en los sondeos, hacia un elemento de visibilidad arquitectónica, pero de escasa relevancia religiosa"dice El País en su editorial de hoy. Decir que el minarete es un asunto arquitectónico es como decir que el crucifijo es un elemento de orfebrería. El diario aclara que el resultado de la consulta es
"un triunfo rotundo para el ultraderechista partido popular, su promotor (...) éxito que sin duda será aprovechado por otras formaciones similares..."Hace tres semanas, el mismo diario se manifestaba en un editorial,'Crucifijos en la escuela', a favor de la resolución del Tribunal Europeo de Derechos Humanos a este respecto. Esta es la esencia de la moral socialdemócrata, el uso a voluntad de lo ancho y lo estrecho del embudo. Somos partidarios de prohibir la exhibición de crucifijos por mandato de nuestro laicismo y también partidarios de la construcción de minaretes por el mandato, no menos imperativo, de nuestra multiculturalidad.
Hay una cuestión de tamaño. El problema de orfebrería que nos plantea el crucifijo, cualesquiera que sean sus medidas, es mucho menor que el de arquitectura que presenta un minarete de 50, 70 o 100 metros de altura.
También está el inexistente quid pro quo que señala Ignacio Camacho: "traten de imaginar un referéndum en un país mahometano sobre la autorización de templos católicos". No hablamos de reproducir las agujas de la catedral de Burgos en Islamabad, ojo, ni siquiera de la construcción de templos de nueva planta, sino, por ejemplo, de la autorización para celebrar misas católicas en garajes, que es lo que viene a decir Hermann Tertsch:
"No sé si saben que bajo el Imperio Otomano la poca tolerancia que había hacia los cristianos imponía que las iglesias y capillas se construyeran cavando un foso para que nunca superaran en altura a las mezquitas circundantes. Hoy esa mínima tolerancia otomana no existe en casi ningún país que formó parte de ese último gran califato en Oriente Medio. Los cristianos son perseguidos en decenas de países, forzados a emigrar y asediados continuamente. En los países que financian y exportan a sus clérigos a Occidente, Paquistán o Arabia Saudí, por ejemplo, resulta prácticamente imposible celebrar una misa siquiera en privado. Lo de proponer construir una pequeña iglesia sería una afrenta que pagarían muy caro sus impulsores. Aquí es diferente. En Colonia, en Alemania, los musulmanes pretenden hacer una mezquita mayor que la catedral. Y muy cerca. Nadie piense que es por necesidad de estar más cerca de Dios. Eso se puede hacer en casa o en una mezquita que nadie les impide construir, ni en Suiza ni en ningún país europeo. Se trata del poder".Ayer, en el programa 'Pásalo', de ETB, había varios exponentes de esta virtud socialdemócrata. Una airada tertuliana terció en el debate para decir que la religión católica, igual o peor que la musulmana para las mujeres. Fue inútil que trataran de argumentar que en los países donde la religión católica es mayoritaria no se lapida a las mujeres por muy adúlteras que sean. ¿puede una mujer ser cura y decir misa? No, ¿verdad? Pues igual que los otros. En ese momento recordé a Hannah Arendt y su perplejidad ante el vicio alemán de tratar los hechos como si fueran opiniones y apagué la tele.
Reacciones recogidas en Factual:
"Alemania también hubiera votado por la prohibición de los minaretes" - Wolfgang Bosbach, portavoz de Seguridad Interior de la Unión Demócrata Cristiana de Alemania (CDU)
"Es una expresión de intolerancia y detesto la intolerancia" - Bernard Kouchner, ministro francés de Asuntos Exteriores
"Las elites [de Europa] deberían parar de negar las aspiraciones y miedos de los europeos, quienes, sin oponerse a la libertad religiosa, rechazan señas ostentosas que los grupos político-religiosos musulmanes quieren imponer" - Jean-Marie Le Pen, líder del Frente Popular de Francia
"El resultado del referéndum no atenta simplemente contra la libertad religiosa sino que también es un insulto a los sentimientos de la comunidad musulmana en Suiza y en otros países" - Ali Gomaa, gran mutfí de Egipto.
"[El referendo es un] acto de odio de los suizos contra la comunidad musulmana" - Maskuri Abdillah, líder del Nahdlatul Ulama, el mayor grupo musulmán de Indonesia.
Fuente: Blog de Santiago González
Labels: Europa equidistante, Izquierda Maravilla, Prensa
El crimen de ser sionista - Karl Pfeifer - Haaretz
Tengo 81 años y soy un superviviente del Holocausto. Cosas extrañas me sucedieron la semana pasada en Alemania.
Como periodista, había sido invitado por una organización estudiantil al Colegio de Estudiantes de la Universidad de Bielefeld para dar una conferencia sobre "El racismo y el antisemitismo en Hungría". Mis anfitriones eran un grupo antifascista de extrema izquierda, el Antifa AG, y el lugar de la conferencia era el campus de Bielefeld, situado en el estado alemán norteño de Renania-Westfalia.
Mi conferencia estaba programada que se celebraría el 19 de noviembre, en un centro para la juventud, el hogar de un buen número de organizaciones de izquierda. El evento había sido anunciado a finales de octubre, pero dos días antes de la conferencia, en una reunión de personas que frecuentan el centro, varias de estas personas plantearon sus objeciones acerca de mi intervención en dicho lugar. Dijeron que habían recibido información de que durante la Guerra de Independencia de Israel, cuando servía en el Palmach (el grupo armado de élite de la Haganáh y anterior a la creación de Israel), yo había participado en una masacre en una aldea palestina. Llegaron tan lejos como para afirmar que yo mismo había participado activamente en la supuesta masacre.
Los acusadores no se dignaron dar el nombre del supuesto lugar donde se cometió la presunta masacre, o proporcionar otro tipo de detalles, incluso reconocieron que su información era incompleta. Pero cuando se les presionó para que corroboraran su acusación, resolvieron la cuestión explicando que "Pfeifer es un sionista". Al mismo tiempo, en un aparente - y extravagante - intento de parecer imparcial, los acusadores afirmaron que ellos tampoco estarían dispuestos a acoger a alguien que hubiera formado parte de la organización extremista palestino Septiembre Negro, tristemente famosa en la década de 1970.
Por supuesto, nadie en el Centro de la Juventud me pidió y permitió responder a las acusaciones antes de que decidieran rescindir la invitación. Tampoco ningún responsable del Centro ha estado dispuesto a responder a las preguntas de los periodistas alemanes, tras enterarse del incidente, de por qué me habían excluido. Sólo me enteré de lo sucedido gracias a gente del Antifa AG, ya que dos de sus miembros habían estado presentes en la reunión decisiva.
Afortunadamente, mis anfitriones fueron capaces de organizar un espacio alternativo aunque su notificación fuera limitada, y finalmente pronuncié mi conferencia. Mi tema fue Hungría, donde se ha podido observar un reciente recrudecimiento de los actos y las declaraciones racistas. Esto incluye el asesinato de ocho romaníes (gitanos) en ataques racistas durante los últimos dos años, y ataques verbales anti-judíos en los medios de la extrema derecha y en YouTube.
En cuanto a mí, serví en el Palmach y en las Fuerzas de Defensa de Israel desde 1946 hasta 1950, tras llegar al Mandato Británico de Palestina en 1943. Y aunque abandoné Israel en 1950, me siento orgulloso de mi servicio allí como soldado, cuando estuvimos defendiéndonos de la agresión [árabe] y luchamos por el derecho a tener nuestro propio estado. No he participado en ninguna masacre, pero sé que sucedieron actos indebidos por ambas partes en el conflicto entre Israel y sus vecinos, como sucede en tiempos de guerra.
Pero la comparación del Palmach con Septiembre Negro, que llevó a cabo actos criminales de terrorismo contra civiles en nombre de la lucha palestina, es escandaloso e ignorante.
Acusar a alguien de haber participado en una "masacre" - en este caso, sin detalles ni pruebas - es un acto de proyección que, lamentablemente, no resulta nada inusual en algunos círculos europeos. El más conocido con mucho, el ejemplo más extendido de esta proyección de la culpa, es esa difamación que equipara a los israelíes como a los "nazis de hoy". Esta es una de las formas más censurables de antisemitismo en la era post-Auschwitz. Por lo que puedo decir, mi verdadero crimen, aparentemente, proviene de ser un "sionista", algo que sólo puedo entender como "ser culpable por haber sido un judío que se defendió y que favoreció la existencia de un estado judío y democrático". En Alemania, tuve la sensación de que estaba siendo juzgado por unos antisemitas arrogantes, no sobre la base de lo que he hecho o lo que estoy haciendo, sino solamente por lo que soy.
Como periodista, había sido invitado por una organización estudiantil al Colegio de Estudiantes de la Universidad de Bielefeld para dar una conferencia sobre "El racismo y el antisemitismo en Hungría". Mis anfitriones eran un grupo antifascista de extrema izquierda, el Antifa AG, y el lugar de la conferencia era el campus de Bielefeld, situado en el estado alemán norteño de Renania-Westfalia.
Mi conferencia estaba programada que se celebraría el 19 de noviembre, en un centro para la juventud, el hogar de un buen número de organizaciones de izquierda. El evento había sido anunciado a finales de octubre, pero dos días antes de la conferencia, en una reunión de personas que frecuentan el centro, varias de estas personas plantearon sus objeciones acerca de mi intervención en dicho lugar. Dijeron que habían recibido información de que durante la Guerra de Independencia de Israel, cuando servía en el Palmach (el grupo armado de élite de la Haganáh y anterior a la creación de Israel), yo había participado en una masacre en una aldea palestina. Llegaron tan lejos como para afirmar que yo mismo había participado activamente en la supuesta masacre.
Los acusadores no se dignaron dar el nombre del supuesto lugar donde se cometió la presunta masacre, o proporcionar otro tipo de detalles, incluso reconocieron que su información era incompleta. Pero cuando se les presionó para que corroboraran su acusación, resolvieron la cuestión explicando que "Pfeifer es un sionista". Al mismo tiempo, en un aparente - y extravagante - intento de parecer imparcial, los acusadores afirmaron que ellos tampoco estarían dispuestos a acoger a alguien que hubiera formado parte de la organización extremista palestino Septiembre Negro, tristemente famosa en la década de 1970.
Por supuesto, nadie en el Centro de la Juventud me pidió y permitió responder a las acusaciones antes de que decidieran rescindir la invitación. Tampoco ningún responsable del Centro ha estado dispuesto a responder a las preguntas de los periodistas alemanes, tras enterarse del incidente, de por qué me habían excluido. Sólo me enteré de lo sucedido gracias a gente del Antifa AG, ya que dos de sus miembros habían estado presentes en la reunión decisiva.
Afortunadamente, mis anfitriones fueron capaces de organizar un espacio alternativo aunque su notificación fuera limitada, y finalmente pronuncié mi conferencia. Mi tema fue Hungría, donde se ha podido observar un reciente recrudecimiento de los actos y las declaraciones racistas. Esto incluye el asesinato de ocho romaníes (gitanos) en ataques racistas durante los últimos dos años, y ataques verbales anti-judíos en los medios de la extrema derecha y en YouTube.
En cuanto a mí, serví en el Palmach y en las Fuerzas de Defensa de Israel desde 1946 hasta 1950, tras llegar al Mandato Británico de Palestina en 1943. Y aunque abandoné Israel en 1950, me siento orgulloso de mi servicio allí como soldado, cuando estuvimos defendiéndonos de la agresión [árabe] y luchamos por el derecho a tener nuestro propio estado. No he participado en ninguna masacre, pero sé que sucedieron actos indebidos por ambas partes en el conflicto entre Israel y sus vecinos, como sucede en tiempos de guerra.
Pero la comparación del Palmach con Septiembre Negro, que llevó a cabo actos criminales de terrorismo contra civiles en nombre de la lucha palestina, es escandaloso e ignorante.
Acusar a alguien de haber participado en una "masacre" - en este caso, sin detalles ni pruebas - es un acto de proyección que, lamentablemente, no resulta nada inusual en algunos círculos europeos. El más conocido con mucho, el ejemplo más extendido de esta proyección de la culpa, es esa difamación que equipara a los israelíes como a los "nazis de hoy". Esta es una de las formas más censurables de antisemitismo en la era post-Auschwitz. Por lo que puedo decir, mi verdadero crimen, aparentemente, proviene de ser un "sionista", algo que sólo puedo entender como "ser culpable por haber sido un judío que se defendió y que favoreció la existencia de un estado judío y democrático". En Alemania, tuve la sensación de que estaba siendo juzgado por unos antisemitas arrogantes, no sobre la base de lo que he hecho o lo que estoy haciendo, sino solamente por lo que soy.
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