Sunday, May 01, 2011

La enfermedad judía del "if only it is" - David Suissa - Jewish Journal



Uno de los obstáculos más irónicos para la paz en el Oriente Medio es lo que yo llamo la enfermedad de "si solamente los judíos hicieran esto o aquello" ("if only it is"). Esta es la escuela de pensamiento que sostiene que "si sólo Israel hiciera esto o aquello", entonces podría resolverse finalmente el conflicto. Sufro de ese síndrome yo mismo, y de ello culpo a mi madre. Ella me convenció desde una edad muy temprana de que "si solamente" pusiera toda mi empeño en algo, no habría nada que no pudiera conseguir.

Bueno, Mama, resulta que hay muchas cosas que no puedo ni podré conseguir, y una de esas cosas es gustar a mis enemigos.

Estuve pensando en esto la última semana cuando leí sobre un plan para aumentar la presión sobre el primer ministro Benjamin Netanyahu con el objeto de obtener la liberación de Gilad Shalit, el soldado israelí secuestrado por Hamás desde junio de 2006 [N.P.: es decir, que transigiera con las condiciones reclamadas por Hamas]. Según los informes, el plan de estos defensores de "liberar a Shalit pagando cualquier precio" parece ser actualmente "empuñar los guantes" contra Netanyahu. Esto podría incluir la politización de la causa y celebrar manifestaciones que perturbaran a todo el país.

En un editorial en Haaretz [¿dónde si no?], Nehemia Strassler escribía que la familia Shalit tenía que "librar una guerra personal contra el primer ministro" y ser "mucho más militante". Debían "organizar protestas en masa y llevar al país a un punto muerto. Netanyahu no debería tener un momento de calma" [N.P.: imaginen ahora un plan similar de los colonos,o del Shas, o de los sionistas religiosos o de los haredíes, sobre cuestiones que les afecten, y las voces a miles gritando chantaje desde el Haaretz. En resumen, el chantaje solamente es un "herramienta constructiva" en la medida que es utilizable por la izquierda israelí y/o en todos aquellos asuntos que pongan en apuros a los gobiernos que no tengan el visto bueno del Haaretz. Todo muy democrático y propio de una moral mucho más elevada].

Evidentemente, porque Netanyahu no ha logrado convencer a Hamás para que libere a Shalit a cambio de la libertad de cerca de 1.000 prisioneros palestinos, ahora él es el malo y debe ser castigado. Si alguna vez necesitan más pruebas de esa pulsión tan judía de culparnos a nosotros mismos de todo, he aquí un ejemplo.

Estos son algunos de los síntomas seguros de la enfermedad "if only it is": La creencia de que todo está en nuestras manos y depende finalmente de nosotros, y por lo tanto "podemos lograr cualquier cosa". Si solamente liberáramos a unos centenares más de terroristas palestinos con sangre judía en sus manos, por fin Hamas podría liberar a Gilad Shalit.

Así pues, si solamente hubieramos hecho esto o aquello...

Hay que reconocer que esta enfermedad contiene un maravilloso beneficio psicológico: nos da la ilusión de que mantenemos el control sobre lo que puede afectar a nuestra situación, no importando por lo tanto lo mala que sea la situación a la que nos enfrentemos. Eso nos da sensación de poder. Y precisamente cuando estamos en un ambiente hostil e impredecible, es cuando más necesitamos sentir desesperadamente que tenemos el control de nuestro destino.

Desgraciadamente, los judíos pagamos un precio muy alto por esta ilusión de un control. En primer lugar, nos lleva a una tremenda tensión y a una gran animosidad mutua entre nosotros mismos. Y es que suponemos que, finalmente, siempre somos los responsables de cualquier situación, y nos encontramos luchando constantemente los unos con los otros.

En segundo lugar, estamos tan ocupados luchando entre nosotros que hasta perdemos de vista los verdaderos obstáculos para la paz. A este columnista del Haaretz que está llamando a una "guerra" contra Netanyahu porque Shalit aún no está libre, me dan ganas de gritarle: "¿Por qué demonios estás declarando la guerra contra Bibi? En caso de olvido, te recordaré que no fue él quién secuestró a Shalit y lo mantiene como rehen!". [N.P.: Sonrio ante la "ingenuidad" de nuestro articulista, aunque intuyo que conoce el motivo. El objetivo final no es liberar a Shalit, es el medio utilizado para atacar a Netanyahu, que es el verdadero objetivo del plan].

¿Qué necesidad tenemos los judíos de enfrentarnos y odiarnos los unos a los otros?. Todo grupo terrorista que lanza premeditadamente un misil contra un autobús escolar es el verdadero mal. Cualquier grupo terrorista que estipule y santifique el asesinato de judíos y la destrucción de Israel en su Carta fundacional es nuestro verdadero enemigo. Ellos son los verdaderos obstáculos para la paz.

Si no tuviéramos esta obsesión por culparnos a nosotros mismos de todo, podríamos centrar nuestras energías en una mayor medida en luchar contra los verdaderos culpables en cada ocasión, y tal vez hasta llegar a obtener formas creativas de conseguir lo que queremos...

El artículo continúa, puede leerse en Jewish Journal

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Corrección política y revuelta árabe - Florentino Portero - Infomedio


Me encanta el subtitulo, "El romance de una élite americana"

Pasadas unas semanas desde que la crisis tunecina dió paso a una ola de revueltas a lo largo y ancho del Mundo Árabe las elites europeas van revisando sus primeras impresiones a la vista de que la puñetera realidad se empeña en no responder a sus legítimas y honorables aspiraciones.

Resulta que los encantadores jovencitos pro-occidentales que se comunicaban mediante redes sociales son una minoría escasamente representativa ¡Quién lo iba a decir con las formidables inversiones en banda ancha que se han realizado en la región!
Parece que el vacío de poder dejado por los regímenes pro-occidentales, como el tunecino o el egipcio, va a ser cubierto por las bien organizadas filas de los Hermanos Musulmanes a pesar de que los medios bienpensantes repitieron una y otra vez que estábamos ante una ola democratizadora. Y para colmo el pueblo que se levantó contra el dictador libio no era tal, sino un conjunto de tribus dirigidas por unos personajes tan poco democráticos como Gaddafi pero aún más inútiles que él. Mientras tanto en Siria se asesina impunemente a manifestantes sin que Occidente mueva un dedo.

Si Mahoma no va a la montaña los políticamente correctos tendrán que ajustar su discurso a unos hechos que día a día se imponen. El primer paso ha sido poner en valor el auge islamista. Es verdad que la revuelta no era tan democrática, reconocen ahora, pero eso al fin y al cabo es positivo porque obligará a los islamistas a gobernar con unas instituciones democráticas, reconduciéndolos hacia la moderación y el parlamentarismo ¿De nota, verdad? Ahora que han conseguido el poder después de décadas sufriendo una persecución atroz, soportando el paso por la cárcel y la tortura, es cuando van a ver la luz de la democracia liberal. ¿No será más probable que apliquen el programa que llevan años elaborando y que tiene en la instauración progresiva de la ley coránica su eje vertebral?

La grey progre ingiere su dosis diaria de corrección política con su pastueña renuncia al pensamiento crítico, al uso de la inteligencia y a la dignidad. Que la invasión de Libia está bien pero que hacer lo mismo en Siria está mal, pues naturalmente. Que antes Gaddafi era un amigo y que ahora resulta que es un genocida, pues claro. Que al-Asad era “parte de la solución” y ahora parte del problema, pues que le vamos a hacer. Una sociedad puede desconectar sus cerebros en un ejercicio de libertad, pero al final tendrá que pagar el precio de su irresponsabilidad y de su cobardía.

El Mundo Árabe no está al otro lado del charco sino allí donde hay árabes. Si los islamistas se hacen con los réditos de la revuelta, al tiempo que la OTAN pierde la guerra en Afganistán y Francia y el Reino Unido hacen el ridículo en Libia, a nadie le podrá extrañar que ganen posiciones entre los musulmanes europeos, que son unos millones. El problema de su integración en nuestras sociedades es y sobre todo será unos de los problemas principales del debate político europeo en las próximas décadas. El sistema de partidos está haciendo agua por la pervivencia de un discurso que tiene poco que ver con la realidad. Soñar con que lo que ocurra en Egipto no nos va a afectar puede calmar nuestras ansiedades, pero a la postre la realidad volverá, con su impertinente tenacidad, a imponerse a nuestras decadentes ensoñaciones.

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Tierra por Paz


Francamente, en nuestro caso la solución de "Tierra por Paz" no funcionó demasiado bien


Gracias a I*Consult

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¿Es Dios el fruto de la evolución humana? - William Saletan - Slate



La disputa entre la religión y la evolución ha tomado un giro interesante. En lugar de atacar a la religión, algunos darwinistas la entienden como un producto de la evolución humana. Hoy se debate en qué medida esta evolución es biológica. La evolución y la biología se separan.

Este es un concepto difícil de tratar cuando nuestra época científica está dominada por la biología. Voy a tratar de explicar dónde estamos. Hace tres años, cuando estaba unido a la Templeton Fellowship, de la Universidad de Cambridge, escuché una de estas ideas que, no contenta aferrarse en tu cabeza, también comienza a reestructurar completamente la manera de pensar. Esta idea era la convergencia. Simon Conway Morris era su portavoz, un paleontólogo de Cambridge y autor de Life's Solution. Conway Morris afirmaba que la evolución era una explicación mecánica del desarrollo humano y animal. Pero también decía que la evolución tuvo lugar en un mundo ordenado. Debido a los trazos o las características similares evolucionan siempre de la misma manera a pesar de contextos diferentes, debe haber algo en el mundo que favorezca tales características o trazos.

Básicamente, no hay nada místico o religioso en esta idea. Se encuentra un simple ejemplo de esta idea en los famosos diagramas de fase . A ciertas temperaturas y presiones, un elemento dado pasará de manera natural del estado líquido al estado gaseoso. El hecho de que estas transiciones pueden ser explicadas mecánicamente no se opone el hecho de que los puntos de cambio pueden ser calculados de manera independiente. En este sentido, no son sólo causados ​​por el calentamiento o el enfriamiento, sino por una estructura pre-existente del universo.

Conway Morris va más lejos. Sugirió que tales causalidades estructurales se producen no sólo en la física, sino también en la biología. Es una apuesta, ya que la biología es mucho más compleja que la física o la química. En la química o la física, pueden hacerce predicciones sólidas para un conjunto limitado de datos y leyes. La biología es mucho más desordenada. Con la emergencia de la vida, los organismos procedentes de la química y de la física comenzaron a evolucionar según nuevos esquemas. Las explicaciones funcionales reemplazaron a las explicaciones químicas. No se puede asumir que un orden subyacente presida la evolución biológica de la misma manera que un orden subyacente puede determinar los cambios en las fases físicas. Pero Conway Morris sugiere que, de acuerdo con la convergencia evolutiva, ese es el caso, hasta cierto punto.

Si eso es cierto, dos grandes cuestiones comienzan a devenir muy serias. La primera: ¿hasta dónde se extiende la arquitectura del universo? Si ella influye en el desarrollo en los niveles químicos y biológicos, también desempeñará un papel en un nivel superior de complejidad, es decir, sobre el espíritu? ¿Y sobre el nivel posterior: la sociedad o social? ¿Existen leyes mentales y/o culturales? ¿Es que cualquier orden pre-existente favorece, y por lo tanto produce por adaptación o selección, ciertos tipos de desarrollos culturales?

La otra pregunta es: ¿qué pasa con esa arquitectura? ¿Es que las cosas son justamente así y aquí? ¿Hubo una creación? ¿Hay un Dios?

Si están interesados en estas cuestiones - y ya que estamos en la vanguardia del desarrollo cultural y biológico, debemos estarlo - la persona cuyo trabajo debería interesarles se llama Robert Wright. Dos confesiones antes que nada: Una, me considero un amigo de Robert Wright. Dos, desde hace bastante tiempo regularmente me da palizas jugando al squash. Así pues abandoné el squash y me dediqué a la popularización de la ciencia. Y ¿adivinen qué? Él también me gana constantemente en este ámbito.

En una serie de libros - Three Scientists and Their Gods, The Moral Animal y Nonzero - Wright ha llevado,del nivel químico al cultural y biológico, la idea de una arquitectura pre-existente. Él cree que la estructura de nuestro mundo ha propiciado la evolución de las sociedades basadas en la paz, el comercio, el altruismo recíproco yel mutuo beneficio. Su último libro, The Evolution of God, da un paso más en ese argumento: Dios podría o no podría haber dado forma a nuestra evolución cultural y biológica (simplemente estableciendo un algoritmo inicial), pero esos procesos le han definitivamente conformado (a Dios). La evolución del cerebro humano lleva a la religión, y nuestras ideas acerca de Dios han, por consiguiente, cambiado con el progreso cultural. Globalmente, y a pesar de los altibajos de la historia, Dios se ha vuelto más pacífico, benévolo y más compatible con una comprensión científica del mundo.

Todo el mundo no salta de alegría con la versión de Dios que ofrece Wright. Para muchas personas religiosas, una deidad que nunca interviene en un mundo ordenado no es una deidad. Pero la crítica más interesante ha venido de los científicos. A muchos de ellos no les gusta el teísmo, incluso bajo la forma que deística de Wright. Ellos prefieren explicaciones simples. Creen que la evolución biológica puede explicar el surgimiento de la religión y que esta forma de explicación ignora totalmente a Dios.
Una de las críticas científicas más importante proviene de Nicholas Wade , un escritor del New York Times. Wade es el autor de Before the Dawn, una ingeniosa reconstrucción de la prehistoria humana a partir de las pruebas genéticas y lingüísticas. Este otoño, publicó otro libro: The Faith Instinct. En un extracto publicado en la página web del Times, está de acuerdo con Wright en que "la moralidad tiene una base genética y bien podría haber evolucionado a lo largo de los milenios, hacia formas objetivamente superiores". Sin embargo, Wade cree que la función original de la religión es clara: "aprender, a través de la cohesión del grupo, a ser (tener un comportamiento) moral con los miembros del grupo y a ser hostil contra los del exterior. Así, en las primeras sociedades humanas, los grupos con comportamientos religiosos fuertes han dominado a sus oponentes menos cohesionados. Somos los descendientes de estos grupos religiosos - continúa su argumento -, y es por eso que todo el mundo siente un instinto religioso...".

Y Wade concluye: "La selección natural explica muy bien por qué el comportamiento religioso ha dado lugar a tales ventajas en las sociedades humanas primitivas y por qué estos comportamientos se han convertido en inherentes a la naturaleza humana".

Wright no está de acuerdo. Para él, la religión es un "subproducto secundario" de la evolución biológica. "La religión emerge de un montón de mecanismos mentales cuyas bases genéticas han sido diseñadas por la selección natural para perseguir objetivos sociales". Estos mecanismos incluyen el sesgo conformista (creyendo lo mismo que los más cercanos con el fin de integrarse), una tendencia a explicar los acontecimientos en términos de una acción personal (debido a que la maquinaria mental que nos permite pensar la causalidad ha evolucionado en un contexto de interacción social) y el interés por un mando a distancia o control remoto (un prejuicio hacia las creencias que prometen una influencia sobre los depredadores, las enfermedades y el mal tiempo). De acuerdo con estos prejuicios, tendemos a creer en los dioses poderosos, celosos y tempestuosos.

Pero Wright no cree que nuestros sistemas de creencias religiosas posteriores hayan evolucionado de la misma manera que los mecanismos subyacentes. Él sostiene que "la evolución biológica no es el únicos gran "diseñador" que trabaja en este planeta. Está también la evolución cultural: la transmisión y selección de los elementos culturales reconocibles: creencias, costumbres, rituales, canciones, tecnologías, teorías... de una persona a otra. Y uno de los criterios que dan forma a la evolución cultural es la utilidad social; los elementos culturales reconocibles que permitan una mayor fluidez social tienen ventaja sobre los otros elementos culturales que no lo permitan. La evolución cultural es lo que nos ha dado las empresas, el gobierno y las religiones modernas".

Para Wade, su teoría es lo que él llama "una decepción desde un punto de vista darwinista". Esta no es un "verdadera evolución, concluye, es simplemente el desarrollo de las ideas acerca de Dios". Así pues, el "Dios del título [de Wright] no debe nada a Darwin".

¿Quién tiene razón en este debate? ¿Es la religión un producto de la selección natural, de la evolución cultural, o la verdad de Dios?

He aquí un posible escenario: de los tres a la vez.

Estoy de acuerdo con Wade en que la evolución cultural es una metáfora exagerada. Wright declara que "del mismo modo que los genes se transmiten de un cuerpo a otro, de una generación a otra, los elementos culturales se transmiten de mente en mente". Pero es una aproximación. Los elementos culturales no pasan de generación en generación de la misma manera que los genes. Algunos requieren solamente la procreación, otros requieren la educación y la inversión de los padres. Es por eso que nuestro patrimonio cultural es vulnerable de una manera que no conoce nuestra herencia biológica.

Por otro lado, estoy de acuerdo con Wright en que la evolución biológica no es el único proceso ordenado que nos ha formado. La vida se ha desarrollado originalmente a partir de un edificio de leyes físicas y químicas. La selección natural no es por lo tanto el primer nivel del orden cósmico, es al menos el segundo o el tercero. ¿Por qué suponer que ese edificio se detendrá ahí? ¿No deberíamos buscar esquemas direccionales en nuestra historia cultural? Si estos patrones o esquemas existen, son unos patrones bastantes más complejos que los esquemas biológicos, de la misma manera que los patrones de la biología lo son en comparación con los químicos y físicos. Pero la ciencia no promete explicar todo tan fácilmente, o no lo haría en términos semejantes. Debemos confrontarnos al mundo tal como es, y desarrollar nuevas herramientas cuando los antiguos ya no funcionan.

La selección natural se ha convertido en una herramienta prodigiosa para comprender la biología. Pero ese no es el primer tipo de ciencia que hemos inventado, y no será el último. La noción según la cual los grandes componentes de nuestra sociedad o de su desarrollo, como la religión, deben explicarse por la selección natural no es más científico que el que quiere explicarlos gracias a la física o la química. Todas estas ciencias, todos estos niveles de orden, trabajan en conjunto. Somos organismos fisicoquímicos concebidos biológicamente y orientados culturalmente.

Si esta estructura compleja, de varios niveles, y emergiendo gradualmente, es el concepto de Dios hacia el que nos dirigimos, entonces sí, Dios está totalmente en deuda con Darwin. Y también Darwin le debe todo a Dios.

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