Thursday, September 01, 2011

El renacimiento judío en la sociedad israelí: el surgimiento de un nuevo judío - Yair Sheleg - The Book of Doctrines and Opinions



Yair Sheleg escribió hace una década un gran libro sobre “Los nuevos sionistas religiosos”. En ese libro, además de actualizar la discusión sobre las nuevas tendencias religiosas sionistas, nos daba algunas primicias sobre la ruptura ideológica en el asentamiento de Ofrah, del ascenso de la escuela de cine de Maaleh, de los Shababnikim vagando alrededor de Jerusalén, del movimiento Habakuk, y de cómo las yeshivas americanas estaban llevando el materialismo al mundo haredí israelí.

Su nuevo libro, “El Renacimiento judío en la sociedad israelí: el surgimiento de un nuevo judío (The Jewish Renaissance in Israeli Society: The Emergence of a New Jew)", se refiere a la aparición de nuevas tendencias culturales religiosas en Israel. Los capítulos nos dan un caleidoscopio de idas y venidas hacia la Cábala, el Rebe Najman, los piyyut (poemas litúrgicos hebreos) y las religiones orientales dentro de la sociedad israelí. En este libro se documenta el auge del estudio secular de los textos tradicionales y la aparición de comunidades hiloni de oración. Su conclusión es que estas tendencias forman parte del ascenso de la espiritualidad New Age dentro de la cultura israelí.

Su último capítulo trata de los grandes temas culturales. Sheleg contempla al original elemento cultural judío en el Estado de Israel de una manera más negativa que positiva, donde las tiendas se cierran durante el sabbath pero el lado positivo es que la gente se puede ir a la playa, o bien pueden seguir celebrando la Pascua sedarim pero no hacer su propia versión hiloni (secular). Sheleg nos predice el surgimiento de una nueva cultura religiosa en Israel, una que cerraría la brecha entre los Dati (sionistas religiosos) y los Hiloni (los no religiosos o mundanos), ya que ahora ambos comparten textos, experiencias y ritual. Ambos sectores ahora compran los mismos libros y crean los mismos eventos judíos.

Sheleg también nos señala que este nuevo renacimiento judío es el producto de una dinámica interna fruto de la descomposición del ethos (valores) socialista, especialmente en los movimientos juveniles. La actitud heroica de los Brenner y Katznelson y la glorificación de los primeros kibbutz ya no representan el modelo a seguir. El ubermench, el guerrero y el ideólogo cananita también están acabados. Nos encontramos ante una desgana a la hora de crear nuevos modelos de judíos siguiendo la estela de autores como Bialek. El nuevo individualismo conduce a que una mayor aceptación de las exigencias de la religión, o de la coerción religiosa, no sea ya la salida. Incluso se va por las ramas cuando piensa que podría conducir a una mayor reconciliación con los árabes y musulmanes, ya que la identidad israelí será más religiosa que sionista nacionalista.

Sheleg hace hincapié en que será una revolución cultural y no religiosa. Con una cultura común en los medios de comunicación, en la sociedad y en el modo de vida. Sheleg, como periodista, trata su material de una manera descriptiva, pero me parece interesante desde un punto de vista histórico y teológico. Hay todo un estante de libros de Bialek a Agnon y de Eliezer Schweid a Shlomo Avneiri que "discuten" sobre la forma de crear una cultura israelí que incorpore los elementos judíos. Pero para la mayoría de ellos, la respuesta está en los clásicos: La Biblia, la Mishná, la Agadah, la liturgia y el racionalismo de Maimónides. Y para la mayoría de ellos, esos textos han de ser estudiados como una antología que permita un acercamiento romántico fuera del contexto religioso de la sala de estudio. Piensen en la Sefer Ha-Agadáh.

El nuevo enfoque preconiza una experiencia directa de la religión dentro de un contexto de espiritualidad. ¿Y cuál es el nuevo canon de los textos clásicos? El Zohar, la Cábala, el Rav Nachman, los piyut y la meditación en las religiones orientales. El éxtasis es personal y las antologías románticas están fuera de lugar. El otro corpus textual que también se considera "in" es la lectura de los textos rabínicos cuya interpretación es revisada y ofrecida de una manera moderna. El término “in” para la discusión sobre los textos rabínicos es mashmaut.

Sheleg nos informa que esto tiene poco que ver con la ortodoxia moderna americana, y yo añadiría que tiene poco que ver con la mayoría de los grupos de olim americanos, cuya vida religiosa recuerda a la de unos expatriados de su ortodoxia estadounidense. Asimismo, no limita su pensamiento a Jerusalem, piensa en Beer Sheva, Arad, Modiin, Ashdod, Tel Aviv, Haifa. Sheleg concluye con las salvedades de que esta tendencia, presente durante los últimos 20 años, puede haber generado sus propios anticuerpos (un resurgimiento secular en Israel), a la vez que parte de esta nueva espiritualidad puede conducir a algunos de sus seguidores a posiciones fundamentalistas.

Podemos acceder a un resumen del contenido del libro en su página web:
Durante las dos últimas décadas, una renovación del interés por el judaísmo ha vuelto cada vez más notable dentro de la sociedad israelí. Esta tendencia es evidente tanto dentro de los grupos seculares, que antes no se interesaban por el judaísmo, como dentro de los grupos religiosos, ya comprometidos, obviamente, en su interés por el judaísmo en el pasado, pero cuya participación actual es muy diferente a la de generaciones anteriores, después de haberla convertido en mucho más cultural y espiritual que halájica (en relación con la ley judía).

Las señales de este renovado interés son visibles en todas partes - en docenas de centros y grupos de estudios judíos que han surgido en todo el país, en muchas comunidades de oración de nueva creación que sirven como una especie de sustitutos de las sinagogas identificadas con las diversas corrientes religiosas (esto se debe a la voluntad de algunas personas no solamente laicas, que se distinguen de la ortodoxia liberal, sino también de grupos religiosos, como los conservadores y los movimientos de la reforma), y en el creciente número de organizaciones e individuos que buscan alternativas a las tradicionales ceremonias seculares judías - sobre todo las bodas, pero también los bat-mitzvá y los rituales de duelo y nacimiento -.

Otros signos notables incluyen el aumento del discurso sobre el judaísmo en los medios de comunicación, y en particular la porción semanal de la Torah, una mayor atención a los tradicionales poemas litúrgicos (piyut), especialmente por los músicos seculares que utilizan e interpretan viejos textos litúrgicos judíos, y el enorme interés artístico en general por las fuentes judías y el diálogo con Dios y con la tradición judía, lo que se nota especialmente en la música popular, pero también se encuentra en otros campos.

La primera sección del libro se centra en el componente cultural y describe su proceso de expansión. Este proceso comienza con la ampliación de los campos de participación – partiendo del estudio del judaísmo, de una manera estrictamente intelectual, y dando lugar a la adopción de alternativas personales a las tradiciones y textos judíos, y, finalmente, los tradicionales servicios de oración llevados a cabo por personas que siguen definiéndose como seculares.

La segunda parte del libro explora el componente espiritual, primero como parte del fenómeno de la New Age universal - una especie de individualista, y no institucionalizada, espiritualidad, que no se basa tanto en el cumplimiento de las obligaciones y sí más en las técnicas, como una forma de conectarse a un mundo que trasciende la realidad. Desde este punto de vista, el aspecto espiritual del renacimiento judío es en realidad una variante judía de la New Age. En este contexto, los israelíes establecen vínculos con la espiritualidad judía de tres maneras principales: por el estudio de la Cábala, por el renovado interés por el hasidismo y por la influencia de las religiones del Extremo Oriente, con las que muchos israelíes han entrado en contacto en los últimos años.

El libro examina los factores que han dado lugar al renacimiento judío, especialmente en estas últimas décadas, postulando que hay una diferencia apreciable entre el impulso que está detrás del renacimiento cultural y el que está detrás del renacimiento religioso. En otras palabras, el renacimiento cultural ha sido influenciado más poderosamente por la búsqueda dentro de Israel de una orientación anclada en unos valores y en una identidad, sobre todo tras los graves daños infligidos por los anteriores anclajes de la sociedad: el sionismo y el socialismo.

El resumen del libro se concentra en sus dos capítulos finales. En el primer capítulo encara los obstáculos y riesgos que deberá encarar este renacimiento judío. El proceso aún está tratando de competir con la poderosa atracción que representa la cultura de masas basada en el consumo, por lo que, efectivamente, en gran medida representa a una “provincia” ante la élite cultural y social “imperial” (especialmente en el ámbito cultural). La crisis económica de 2008- 2009 también tuvo un fuerte impacto, lo que representó un grave problema por la reducción de fondos destinados a estas organizaciones involucradas en el proceso de renacimiento. Por otro lado, el componente espiritual de éste renacimiento se enfrenta ante el peligro muy real de un deslizamiento hacia el fundamentalismo. El renacimiento judío de Israel está convirtiendo al judaísmo en un patrimonio tanto del religioso como del laico.

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El más reciente avatar de un antiguo odio – Daniel Gordis


La vieja sinagoga de Tykotzin pintada por Zygmunt (Zych) Buknowski







Si no conocen nada mejor, Tykotzin realmente puede verse como un lugar decente para vivir. Una pequeña ciudad en el noreste de Polonia, un bonito pueblo polaco. Con viviendas modestas pero bien conservadas, calles limpias y una plaza central bien cuidada, con una iglesia en una de sus esquinas. La gente de Tykotzin probablemente no sea especialmente rica, pero tampoco parecen pobres. Van razonablemente bien vestidos, y la ciudad es realmente bonita. Sólo un lugar pequeño y agradable en medio de la nada.

Si no fuera por la sinagoga de extraordinaria belleza que se ha convertido en un museo (y que está bajo el cuidado de no judíos, por supuesto, porque ya no hay judíos en Tykotzin), nadie podría saber que unos miles de judíos vivieron una vez allí. Sí, si alguien se atreve a aventurarse hasta las puertas de algunas de las casas, se dará cuenta de las muescas ahora pintadas en los marcos derechos de las puertas (¿mezuzah?). Pero si usted no mira con atención, no encontrará ninguna indicación de lo que ocurrió allí. Nada ahí nos sugiriría que algo malo está relacionado con la gente de Tykotzin. Pero esa gente no tiene nada que ocultar. "Las cosas pasan", parecen querer decirnos con despreocupación cuando tratamos de mirar más adentro "Y de todos modos, fue hace mucho tiempo". Pero no todo fue hace mucho tiempo. Fue hace 70 años precisamente. El 25 de agosto es el aniversario de la erradicación de los judíos de Tykotzin.

Tykotzin - o Tiktin, como lo llamaban los judíos - no era un shtetl más. Un pueblo necesita judíos para ser un shtetl. Dos meses después de que los nazis recapturaran esta zona de Polonia a los rusos tras la Operación Barbarroja de junio de 1941, siglos de vida judía llegaron a su fin. Según algunos informes, los nazis primeramente exigieron que todas las tiendas de los judíos se etiquetaran como tales. Entonces las tiendas fueron boicoteadas, y mucho antes de que los alemanes erradicaran a los judíos de Tykotzin, sus vecinos no judíos las evitaron. A continuación, los nazis alentaron a los pobladores no judíos a saquear las propiedades judías, un llamamiento que al parecer se obedeció felizmente. Para cuando los judíos fueron congregados en la plaza pública en agosto de 1941, ya ni siquiera se molestaban en fingir que no odiaban a los judíos. En cuanto a la sonrisa de los amistosos pobladores actuales, casi se puede sentir su alivio colectivo de que, finalmente, la ciudad es de ellos, y de ellos solamente.

Uno puede detenerse al borde de la plaza central de Tykotzin y tratar de imaginar ese día de agosto. Todos los judíos de la ciudad se habían reunido allí. Sus vecinos gentiles les observaban desde hacía bastante tiempo. Algunos se burlaban. Algunos aprovecharon el momento para entrar en los hogares judíos y robar sus propiedades, incluso antes de que los propietarios judíos se hubieran ido. Pero nadie salió en defensa de los judíos. Nadie dijo algo por el estilo de: "Hemos vivido juntos durante siglos, y cuando les hacen algo a ellos nos lo hacen a nosotros". Ni una sola alma, por lo que sabemos.

Y no lo dijo el sacerdote local, por supuesto. Pero, ¿qué habría sucedido, me pregunté, si en toda Europa, cuando los nazis reunían a los judíos en las plazas centrales de los shtetl, como en Tykotzin o Tiktin, los sacerdotes de las parroquias hubieran dicho: "No ante mí. Nuestra iglesia está para algo”? ¿Qué hubiera pasado si, cuando los nazis apartaban a los hombres judíos y les llevaban fuera de la aldea, al muy verde bosque de Lupachowa, todos los hombres del pueblo se hubieran unido y mezclado con los judíos? ¿Ante esa imaginada reacción, esos hombres judíos, y luego sus mujeres e hijos que pronto les seguirían en camiones, hubieran sido fusilados en masa y luego arrojados a las fosas?

¿Pudo haber existido incluso alguna resistencia mínima que hubiera impedido momentáneamente al pelotón de ejecución de las SS Einsatzkommando disparar, o alguien al menos se habría preguntado si realmente podía intentarlo? Nunca lo sabremos. El sacerdote de Tykotzin no dijo nada. Tampoco los sacerdotes de otros cientos de pueblos. Los gentiles no se unieron a los judíos, no en Tykotzin, no en casi cualquier otro lugar.

¿Pueden los residentes de Tykotzin conmemorar su horrible aniversario esta semana? No tengo ni idea. Pero nosotros, al menos, deberíamos hacer una pausa y recordar.

No sólo por lo que pasó, sino a causa de por qué sucedió. Y no porque las cosas hayan cambiado lo suficiente. Ya no es políticamente correcto odiar a los judíos de una manera demasiado evidente, así pues el veneno ha debido transformarse. Hoy en día, el antisionismo es simplemente la más reciente encarnación de ese odio antiguo, y el antisionismo florece en Europa. Como el profesor Mark Lilla señala en su libro “El fin de la política”:
la tradición sionista... recuerda lo que suponía ser un apátrida... Recuerda la sabiduría de las fronteras y la necesidad de una autonomía colectiva para establecer el respeto a uno mismo y exigir el respeto de los demás... Con el tiempo, los europeos occidentales tendrán que volver a aprender estas lecciones que son, después de todo, las lecciones de su propia historia pre-moderna. Hasta entonces, la incomprensión de los europeos con respecto a Israel y con los judíos comprometidos con el sionismo seguirá siendo profunda”.
La soberanía judía, tal como Lilla la entiende, trata acerca de la autoestima judía y de la exigencia de respeto a los demás. Trata sobre la normalidad judía. ¿Es de extrañar entonces que la ONU pueda reconocer un Estado palestino el próximo mes de septiembre antes de que los palestinos declaren el fin de su deseo de destruir a Israel, antes de que reconozcan a Israel como un Estado judío, antes de que abandonen ese derecho al retorno que destruiría el carácter judío de Israel?

Lamentablemente, no es de extrañar en absoluto. Porque cuando en la ONU se vote, la verdadera cuestión no serán los palestinos, sino los judíos. ¿Habrá alguien que esté al lado de los judíos insistiendo en que los palestinos reconozcan primeramente la permanencia de Israel, y que sólo entonces después se vote a favor de un estado palestino?

La gente de Tykotzin sabe lo que has venido a ver. Pero no evitan mirarte sin vergüenza. Te miran a los ojos y te sonríen y te saludan. La vida sigue, y lo mismo ocurre con el odio. Si hay una votación en la ONU el próximo mes, no habrá ninguna vergüenza, y no la habrá aunque la votación haya sido un intento escasamente disfrazado de socavar el Estado que podría dar a los judíos un futuro. No, solo habrá sonrisas y apretones de manos, la sensación de que un progreso real ha sido alcanzado.

¿Pero un progreso hacia donde? Cuando todo está dicho y hecho, realmente, ¿qué ha cambiado en Europa? No lo suficiente. Es solamente por ese motivo que hay que dejar de llorar, y no sólo por los judíos de Tiktin, sino por el odio que permanece en el corazón del mundo que aún habitamos.

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