Saturday, January 01, 2011

Un silencio peligroso - Yehuda Ben Meir - Haaretz



(Estupendo artículo de Yehuda Ben Meir con el que coincido totalmente. El inmovilismo, aunque resulte difícil aceptar que siempre sea Israel quién deba moverse y realizar ofrecimientos mientras la otra parte permanece encastillada, no es una solución tal como están las cosas. La voluntad de querer y buscar la paz, aunque no se crea posible ante la falta de disposición del "socio" palestino a la hora de dejar atrás sus objetivos maximalistas incompatibles con una solución de "dos estados para dos pueblos", aún así, resulta obligado, nunca mejor dicho, a Israel)


El proceso de paz ha llegado a un callejón sin salida. Los Estados Unidos ha levantado sus manos sobre todo lo relacionado con una congelación de la construcción en los asentamientos, e incluso ha reconocido que es incapaz de hacer revivir las conversaciones directas entre Israel y los palestinos. Esto sin duda agradará a algunos de nosotros, y algunos de la extrema derecha incluso se regocijarán. Ellos pueden imaginar que el primer ministro Benjamin Netanyahu ha resistido y dominado al presidente de los EEUU, y que Israel se ha salvado de los malvados designios de Barack Hussein Obama. Una verdader versión moderna del milagro de Hannuka.

Pero todo es una ilusión. La evolución negativa del proceso de paz debe provocar una profunda preocupación en el corazón de todos los que en Israel estén familiarizados con la realidad internacional. El liderazgo en el proceso de paz de los Estados Unidos, que sigue siendo el mejor amigo de Israel (con la posible excepción de Fiji), ha sido un activo diplomático de primer orden para Israel. Una erosión de ese liderazgo y un aumento de la influencia de otras partes, tales como la Unión Europea, Rusia e incluso América del Sur, no augura nada bueno para Israel.

Aquellos que piensan que el mundo se está empezando a olvidar del conflicto entre israelíes y palestinos están viviendo de ilusiones. Israel está en una pendiente resbaladiza hacia quién sabe dónde. En ausencia de un proceso de paz y de una verdadera iniciativa diplomática israelí, el asedio diplomático sobre el país seguirá reforzándose. Las empresas ya se están desplazando sus fabricas desde los asentamientos judíos en Judea y Samaria hacia Israel, ya que cada vez encuentran mayores dificultades a la hora de exportar sus productos. No se trata de unos pocos acontecimiento dramáticos, sino de un proceso desastroso a largo plazo.

No se debe suponer que los Estados Unidos renunciarán a su liderazgo en el proceso. Tarde o temprano tendrá que presentar propuestas de acercamiento en todos los aspectos fundamentales. Bajo las actuales relaciones entre Israel y los Estados Unidos, resulta bastante dudoso que esas propuestas sean coordinadas con Israel. Israel, por supuesto, podría rechazarlas, pero lo que podría ser el primer acto, las propuestas americanas, podrían dar lugar a otros actos, como resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU y, finalmente, las sanciones. Los Estados Unidos tendrían dificultades a la hora de vetar una propuesta que los propios estadounidenses habrían sugerido en parte.

Además de una situación diplomática difícil, seguiría la erosión de la imagen de Israel como un estado democrático. El hecho de que sea la única democracia en el Oriente Medio es la principal fuente de su apoyo en el mundo. Si la extrema derecha, con el consentimiento tácito de la derecha moderada, continúa dañando la imagen democrática de Israel, que es también la imagen de los judíos, nos enfrentaremos a una situación desesperada.

El primer ministro debe reflexionar y volver al sentido común antes de que sea demasiado tarde. Cuando el gobierno no está dispuesto a presentar su posición sobre unas fronteras permanentes (incluso de manera condicional para las negociaciones), su apoyo a una solución de dos estados es percibida como engañosa. El primer ministro debe demostrar su liderazgo, hacer sus propias propuestas y evitar el estancamiento. Si lo hace, la gente le seguirá y estará con él.

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Sobre el racismo, el rabino de Safed y la élite izquierdista de Israel.



Leo en el Ynet que la policía israelí ha convocado para ser interrogado al rabino municipal de Safed, Shmuel Eliyahu, como consecuencia de una carta que elaboró con otros 29 rabinos donde solicitaba a la población judía de Safed abstenerse de alquilar o vender viviendas a los árabes.

Safed es una pequeña ciudad del norte de Israel, de unos 33.000 habitantes, y de una gran importancia histórica y religiosa nacional, además de funcionar en buena medida como proveedora de recursos centrales a nivel médico, económico y educativo a una parte de Galilea, región poblada a partes iguales por árabes y judíos.

Safed representa la tercera ciudad más santa para el judaísmo, sobre todo por el protagonismo de la cábala en los siglos XVI y XVII. Durante esa época fue la ciudad de Eretz Israel más habitada por los judíos, y ello no sólo a causa de su gran prestigio religioso, pues también tuvo un importante desarrollo económico textil (frustrado posteriormente por un declive comercial y por un terremoto), y fue el objeto de peregrinación de muchos judíos de Europa, entre ellos muchos ex-marranos y sefardíes.

La población de Safed es mayoritariamente judía, aunque existe un barrio árabe donde residen cerca de 100 familias, y tambien se manifiesta la presencia de las familias de antiguos miembros de una milicia del Sur del Líbano aliada de Israel que tras su huida se estableció allí. Siempre tuvo una población mixta, con población árabe, predominante, y judía. Ésta última sufrió rutinariamente la violencia de sus vecinos árabes, e inclusive las razzias de tribus beduinas de la zona, tal como sucedió en la mayoría de los países árabes que tuvieron una presencia constante de población judía (dhimmis).

Así sucede que, como relató ante una TV palestina el propio presidente de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas, natural de Safed, durante la guerra de Independencia de Israel, toda la población árabe huyó de Safed al ver como se aproximaban las milicias judías, y es que pensando de acorde a su lógica, los judíos procederían a vengarse de las matanzas de la población judía de Safed llevadas a cabo por sus vecinos árabes en 1928.

Pues bien, con ocasión de esa carta de los rabinos de tintes racistas (la medida discriminaría también afectaría a esos árabes israelíes que sólo tratan de vivir mejor en su propio país, y que le son leales), la policía ha convocado para este domingo en Jerusalem al rabino Shmuel Eliyahu con el objeto de interrogarle sobre el contenido de la carta, pero dicho rabino ya ha afirmado que no respondería a esa convocatoria.

El rabino también añadió lo siguiente: "Les pregunté si David Grossman, Yossi Sarid, y Shulamit Aloni (conocidos escritores y periodistas de la élite de izquierdas), los cuales han protestado (y protestan) públicamente criticando la instalación de judíos en el barrio Simón Hatzadik (Jerusalem oriental), también habían sido interrogados (a causa de ello), pero me dijeron que no", explicó Eliyahu.

"Si yo estoy siendo acusado de racismo (por la carta), mientras que ellos no lo son (por criticar y abogar por la no instalación de judíos en Jerusalem oriental), se trata de discriminación".

El rabino agregó que estaba en su derecho a publicar sus resoluciones halájicas. "No tenemos ninguna intención de dirimir esta asunto dejándolo en las manos de una justicia que se comporta de manera injusta".

Obviamente, los habituales diputados derechistas han hecho causa común con el rabino alegando que se "persigue a la Torah y a sus rabinos", y argumentando que "la libertad de expresión solo está permitida, por la policía y por la fiscalía, a los académicos radicales y a los post-sionistas, pues ellos si pueden solicitar a los árabes que se abstengan de alquilar viviendas en sus barrios a los judíos".

Alguien dirá que esto último lo hacen por la paz, para conseguir que se llegue cuanto antes a una solución de dos estados (para dos pueblos, no se cansen de repetir esta última frase que tanto disgusta a los líderes palestinos). Pero deben reconocer que existe cierta "contradicción" en reprobar que no se permita alquilar viviendas a los árabes en Safed, y que en cambio se preconice que no se permita alquilar viviendas a los judíos en Jerusalem. Son las cosas de los buscadores de la paz de la izquierda.

Por último, alguien pensará ¿qué demonios pasa en Safed?. Bien, como ya dije antes, la población de Safed es muy mayoritariamente judía, pero por otro lado existe una gran población árabe en aldeas y pueblos más o menos cercanos. La crisis, si dejamos de lado los problemas más que obvios derivados del conflicto israelí-árabe y de cierta obsesión del público haredí por su temor al abandono de la comunidad (expresado también, por ejemplo, ante los fenómenos asimilacionistas y la atracción que su descendencia manifestó por los movimientos ilustrados, sionistas, bundistas y revolucionarios desde mediados del s.XIX, o por ejemplo ante los matrimonios mixtos), tendría además otros tres desencadenantes:

- el primero sería debido al alcalde de Safed, representante de una coalición laica enfrentada al candidato religioso (los religiosos y haredies conforman más del 25% de la población judía de Safed). Queriendo recuperar la herencia monumental musulmana y árabe de la ciudad, se le ocurrió recurrir a la rama norte (la más radical) del Movimiento Islamico de Israel, una especie de Hamas interno (y con buenas relaciones con el auténtico Hamas).

De ahí surgieron manifestaciones de nacionalismo palestino en la ciudad y voces dentro de ese medio que llamaban a recuperar Safed para los árabes.

- el segundo desencadenante es la "amenaza demográfica" con que la izquierda israelí ha bombardeado a la opinión pública israelí para convencerla de abandonar cuanto antes la Ribera Occidental. Hay que decir que su objetivo era conjurar una "amenaza externa" (el supuesto incremento de la población palestina) que pusiera en peligro el carácter del Estado de Israel, pero que cualquiera con dos dedos de frente debería haber sospechado que se podría volver, o utilizar, contra una supuesta "amenaza interna" (los árabes de Israel).

A fin de cuentas, una buena parte del liderazgo político y social de los árabes de Israel se reconocen solamente como árabes y/o palestinos, y no como israelíes tal como es el estado hoy en día. Es decir, la actitud nacionalista - e irredentista - de esos grupos árabes israelíes ha vuelto más difícil diferenciar o delimitar la ubicación de esa "amenaza demografica" tan publicitada en gran medida por la izquierda israelí (aunque esa población no fuera su objeto, si se incluía a la hora de "contabilizar" el volumen de la amenaza).

- Por último, existe una pequeña Universidad o College en Safed donde estudian unos 1.200 alumnos. Una buena parte provienen de las aldeas y ciudades árabes cercanas, y su número es importante, pues se habla de entre 500 y 700 estudiantes árabes. Estos alumnos no suelen generar problemas y residen habitualmente en las residencias del College, volviendo a sus hogares durante el fin de semana. Pero existe una parte que pretende vivir fuera del College y desea alquilar viviendas para ello, y en ciertos casos se han producido incidentes con la población religiosa judía por no respetar ciertas normas de conducta habituales entre la población de Safed.

Safed no es una ciudad bulliciosa, más bien es religiosa y demasiado monótona y sin grandes alicientes (salvo durante los festivales estivales), y, obviamente, la oferta de ocio para una población juvenil árabe no habituada a esa cultura y a su forma de ser no resulta abundante ni de su gusto. De ahí en buena medida los incidentes que han existido fruto más bien de esos choques culturales.

Por otro lado, existe la intención del gobierno de montar una Universidad de Medicina en Safed, algo que la población religiosa entiende que provocará más problemas al atraer a más estudiantes árabes a la ciudad y desencadenará un cambio sustancial en su forma de vida. Para el gobierno eso supondría revitalizar Safed y promover una mayor integración de la población árabe de la zona, pero parece evidente que a buena parte de sus residentes no les interesa que ello lleve consigo convertirse en una nueva Jaffa, Acre o Lod, con los graves problemas de convivencia que se dan en esas poblaciones mixtas.

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¿Por qué emigran los israelíes? - JPost



Desde hace algún tiempo, una serie de "expertos" han ido avanzando el siguiente argumento: Ante el conflicto aparentemente insoluble entre Israel y Palestina, y unido a los sucesivos gobiernos israelíes que no quieren llegar a un acuerdo equitativo con los dirigentes palestinos, los israelíes moderados y altamente educados y cualificados están abandonando Israel en masa. Esta tendencia se ha visto impulsada en los últimos años, afirman, por el factor añadido de la presión amenazante que supone un Irán en búsqueda de su capacidad nuclear. Los que permanecen en Israel son cada vez más los israelíes políticamente etno-nacionalistas, como los sionistas religiosos, los rusos, los sefardíes tradicionalistas y los etíopes.

"Expertos tan ecuánimes" como Stephen Walt y Robert y Renee Belfer, profesores de relaciones internacionales en la Universidad de Harvard, sostuvieron en abril del año pasado en la web de Foreign Policy que [el primer ministro] Netanyahu "debería estar... afectado por las señales existentes de que el ideal sionista está perdiendo su influencia en el propio Israel". [N.P.: para ello, qué mejor que echar un vistazo a las resultados electorales, aunque me imagino que ese factor no será de su agrado].

Como prueba de esta afirmación, Walt señaló que "se dice que hay entre 700.000 y un millón de ciudadanos israelíes que ahora viven en el extranjero, y la emigración de israelíes ha dejado atrás la inmigración hacia Israel desde 2007". Según Walt, el conflicto con los palestinos es eminentemente solucionable, pero "debido a que Netanyahu se opuso desde hace mucho tiempo a la creación de un Estado palestino viable, y por contra quiere extender el control israelí sobre Cisjordania, tiene que diseñar un conjunto de demandas a los palestinos que den lugar a que se demora el proceso y vuelva difícil para Obama ejercer una presión significativa sobre él".

Un argumento similar ha sido presentado por Ian Lustick, el profesor de la cátedra Bess W. Heyman de ciencias políticas de la Universidad de Pennsylvania. En un artículo de 2008 en el Middle East Policy (una revista claramente anti-Israel), Lustick señalaba que la construcción de la barrera de seguridad, el movimiento de las poblaciones israelíes desde la periferia hacia el área metropolitana de Tel Aviv y el escaso número de israelíes que hablaban árabe, eran unos claros ejemplos de las "rampantes tendencias escapistas" que se adeñuaban en la sociedad israelí.

"La expresión más extrema de esta lógica escapista es, por supuesto, la emigración", señalaba Lustick. "El colapso del proceso de Oslo y el estallido de la Intifada de Al Aksa había provocado un fuerte aumento de la emigración. El peligro para el Estado judío es que, dada la posibilidad de elegir entre ser un convincente buen vecino en el Oriente Medioy abandonar ese barrio, los israelíes cada vez se veían más atraídos por esta última opción", concluía.

Al igual que el de Walt, el mensaje inequívoco de Lustick era que si el liderazgo de Israel decidía ceder y convertirse en un "buen vecino" [N.P.: de un barrio repleto de excelentes y cariñosísimos vecinos, sobre todo para sus propios residentes], "los israelíes moderados no sentirían la necesidad de salir del barrio". [N.P.: una de las cosas más ridículas de esta teoría del "buen vecino" o de una "asimilación de Israel al Oriente Medio", es que sus defensores occidentales e israelíes parecen olvidar que eso supondría deber abandonar el carácter democrático y occidental del país, dejando atras las libertades y las ventajas de la cultura y la mentalidad occidental, para a cambio introducirse en un mundo donde reina la dictadura (cada vez más hereditaria), la falta de libertades, la violencia sectaria y una ausencia casi general del desarrollo cultural e individual, y no digamos del ejercicio de la autocrítica, suplantada por el conspiracionismo como explicación de las faltas propias. Pero eso no parece representar un problema para estos "progresistas"].

En este contexto intelectual, la Oficina del Censo de EEUU acaba de publicar las nuevas cifras sobre el número de israelíes que vivían en los EEUU a finales de 2009. De acuerdo a esos datos, el número de individuos nacidos en Israel que ahora viven en los EEUU creció un 30% con relación al año 2000. Unas 140.323 personas que vivían en los EEUU a finales de 2009 nacieron en Israel, frente a las 109.720 en 2000. De los israelíes que vivían allí, 90.179 habían adquirido la ciudadanía de los EEUU, mientras que 50.144 no lo hicieron.

Algunos observadores, sin duda, tendrán la tentación de interpretar este aumento como un resultado directo del desencanto generado por el "fracaso de Israel" a la hora de llegar a un acuerdo de paz con los palestinos. Pero, sorprendentemente, los Walt, Lustick y compañía, quienes aseguran que los "israelíes moderados" estaban abandonando el proyecto sionista, aparentemente hartos de las políticas de Israel (de ahí que se les pueda considerar como "moderados" y unos buenos chicos), nunca se han molestado en investigar por qué los expatriados israelíes habían abandonado Israel.

Ahora, varios sociólogos trabajando sobre el tema de la inmigración lo han hecho. Uno de ellos es Lilach Lev-Ari, quien dirige el Departamento de Sociología del Oranim Academic College of Education. A partir de entrevistas realizadas en profundidad a cientos de expatriados israelíes en América del Norte, Lev-Ari ha llegado a la conclusión de que la "presión" ocasionada por las dos guerras del Líbano, las dos intifadas y los atentados suicidas tuvieron un impacto insignificante sobre la emigración. Al contrario, ha sido la "atracción" económica la que ha dominado desde la década de 1970, cuando los israelíes comenzaron a viajar al extranjero en masa.

En resumen, los israelíes salen de Israel para hacer dinero o para lograr alguna otra forma de movilidad social. Y según lo declarado por ellos, muchos israelíes que salen de su patria persiguiendo un progreso académico o bien realizar algún trabajo específico, lo hacen a fin de mejorar su posición antes de regresar a Israel. Mientras, los que ganan mucho dinero en el extranjero a través de empresas y negocios personales tienden a no hacerlo.

Los israelíes que han vivido gran parte de sus vidas aquí, en Israel, aparentemente mantienen pocas ilusiones con respecto a la tremenda complejidad de encontrar una solución al conflicto israelo-palestino, y no guardan rencor o se ven motivados a emigrar por los supuestos errores de sus líderes políticos.

El actual conflicto con los palestinos, poniendo en peligro el carácter judío y democrático de Israel, junto con la amenaza nuclear de Irán, representan unos verdaderos desafíos críticos para Israel. Para el electorado israelí, la cuestión palestina en particular, ha sido un factor clave a la hora de la elección de sus dirigentes elegidos democráticamente.

Los israelíes le dan muchas vueltas y dudan sobre los aspectos más nimios de este conflicto, pero evidentemente, y de acuerdo a la investigación de Lev-Ari, y a pesar de las afirmaciones de algunos críticos, no abandonan el país por su falta de resolución.

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Todo el mundo parece desconocer lo que supuestamente conoce todo el mundo - Rick Richman - Commentary

Durante más de una década, el principio rector del proceso de paz ha sido que "todo el mundo ya conoce" cuales son las condiciones para la paz: se creará un estado palestino en las fronteras de 1967 aproximadamente, con un intercambio territorial por parte de Israel a cambio de los bloques de asentamientos israelíes más importantes, una Jerusalén compartida, y una compensación internacional para los refugiados palestinos, cuyo "derecho de retorno" solo tendrá lugar en el nuevo estado palestino en lugar de Israel.

Una nueva encuesta llevada a cabo conjuntamente por Palestinian Center for Policy and Survey Research y el Harry S. Truman Research Institute for the Advancement of Peace nos demuestra que el público palestino se opone mayoritariamente a esta solución.

La encuesta presentaba un paquete inspirada en los parámetros de Clinton:

- (1) la retirada israelí de más del 97% de la Ribera Occidental y un intercambio territorial para el resto del 2-3%.

- (2) un Estado palestino con unas fuerzas de seguridad "poderosa" pero sin ejército, y con una fuerza multinacional para garantizar la seguridad.

- (3) la soberanía palestina sobre el territorio, el agua, y el espacio aéreo, pero con un derecho por parte de Israel de utilizar el espacio aéreo con fines de formación, y el mantenimiento de dos estaciones de alerta temprana en la Ribera Occidental durante 15 años.

- (4) Instalar su capital en Jerusalén oriental, con soberanía sobre los barrios árabes y la ciudad vieja (con excepción del barrio judío y del Kotel.

- (5) un "derecho de retorno" para los refugiados al nuevo estado palestino, con una compensación económica por su historia de refugiados y sus pérdidas de propiedades.

Este paquete fue rechazado por el 58% de los palestinos y sólo el 40% lo consideró favorablemente.

Y no se trataba de que uno o más elementos individuales del paquete fueran el problema. Cada uno de esos cinco elementos se sondeó por separado... y ninguno de ellos gozó de un apoyo mayoritario.

Hoy, en el Yediot Aharonot, Sever Plocker afirma que, si bien la mayoría de los israelíes están dispuestos a apoyar a un Estado palestino, lo que tienen en mente es un estado "no muy diferente a la Autoridad Palestina que existe hoy en día".
Pregunten ahora a muchos israelíes si están preparados para una evacuación de 150-200.000 colonos de Judea y Samaria, para una retirada del IDF de sus bases en el valle del Jordán, para el despliegue de la policía palestina de fronteras entre Kalkilya y Kfar Saba, para una nueva frontera en Jerusalén y para la conversión de los territorios palestinos en un país extranjero que absorberá cientos de miles de refugiados de los campamentos de milicianos del Líbano, y verá cómo el número de los partidarios de una "solución de dos estados" comienza a disminuir hasta cero.
Curiosamente, la nueva encuesta mostraba que los israelíes apoyaba ese hipotético paquete de un 52% a un 39%, lo que demuestra que la mayoría o la pluralidad de los israelíes (la encuesta tiene un margen de error del 4,5%) apoyaría un estado palestino desmilitarizado siempre y cuando el ejército israelí estuviera facultado para mantenerlo de esa manera, a que no se haga valer un "derecho de retorno" a Israel, y a un intercambio territorial que no requiera un desarraigo masivo de israelíes de sus hogares. No obstante, la afirmación de Plocker nos enseña que muchas de las respuestas dependerán de cómo se formulen las preguntas, y que las consecuencias de una inundación de refugiados en la Ribera Occidenta (en comparación con un reasentamiento de la mayoría de ellos en los lugares donde han vivido toda su vida) merecen un mayor estudio.

Pero todo esto es hipotético. Los palestinos rechazaron los parámetros de Clinton en 2000 y los volvieron a rechazar en 2008 en el proceso de Annapolis. La nueva encuesta pone de manifiesto que los rechazarían por tercera vez, a pesar de que "todo el mundo conoce" cuales serán las condiciones para la paz.

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