Saturday, October 20, 2018

Siendo un judío 3.0 - Nimrod Lev - JNS



"Creo que las cosas irán bien, porque soy creyente, y esto me da fuerza, las cosas irán bien y pronto significa muy pronto". Este es un verso de un poema reciente que escribí. Parafraseando a otro poeta, mi buen amigo Ronny Someck, me pregunto: “¿Qué clase de creyente soy? Un creyente judío. ¿Qué clase de judío soy? Un judío israelí contemporáneo”.

Déjenme empezar con una anécdota. Hace varios años, conocí a un sabio rabino por quien tengo una gran deferencia. Le dije que soy un judío observante que hace todo lo que se supone que debe hacer, desde guardar el shabbat y ponerse los tefilín, hasta dar caridad a los necesitados. Estaba muy impresionado y, antes de que nos separáramos, me dijo: "Al menos, piensa en ponerte el tefilín como un comienzo".

Resulta que todas estas definiciones son confusas e incluso algunos de los más inteligentes entre nosotros se ponen nerviosos a veces. La gente ve las cosas de acuerdo con las definiciones que tienen en mente. Pero soy una persona indefinida. Soy un moderno judío israelí con cuatro aretes en una oreja. Voy a los club, pero no conduzco en shabbat. Uso máquinas de afeitar eléctricas que no violan la prohibición halájica de dañar el cuerpo. Y estudio el pensamiento judío con gran deleite.

Creo que ser un judío observante no significa necesariamente que deba cambiar mi forma de vida o cambiar mis círculos sociales y culturales y mi identidad colectiva. Crecí en Jerusalén y viví en el norte, pero me considero un ciudadano de Tel Aviv, y me encanta la riqueza artística y humana que la ciudad ofrece.

Cuando me volví observante, no podía entender por qué algunos judíos religiosos se sentían obligados a usar ropa negra y dejarse crecer la barba (aunque el vello facial está de moda en Tel Aviv). No entendí por qué se esperaba que las personas religiosas cantaran poemas judíos antiguos o salpicaran su discurso con palabras en yiddish o asistieran a eventos religiosos de grupos juveniles. Si bien todas estas actividades son agradables, no me siento conectado con ellas en un nivel emocional o cultural.

Realizo los mitzvot sin ser considerado religioso, y no siento ninguna necesidad de unirme a una determinada comunidad religiosa o identificarme con ningún grupo para validar mi identidad. Me he alojado en el entorno cultural original en el que crecí, que generalmente se considera secular.

Tampoco creo que deba categorizarme como alguien cuya fe religiosa ha sido "fortalecida", lo que automáticamente implica que me estoy moviendo hacia un extremo del espectro religioso-secular.

Soy la misma persona que siempre he sido, excepto que realizo los mitzvot. ¿Por qué tenemos que conformarnos con todas las categorías que se nos imponen? De hecho, a veces es bueno ser un poco diferente. Uniformidad significa estancamiento.

La unidad, por otro lado, es genial: estamos unidos detrás de una idea, pero esto no significa que todos debamos ser iguales. Somos un mosaico diverso y juntos somos un todo.

Y no digan que mi kipah es "transparente" (sin sustancia). Quizás podamos simplemente llamar a esto judaísmo 3.0. ¿Por qué? Debido a que uno puede ser un judío contemporáneo en el Israel moderno y aún estar conectado a sus raíces, al igual que Israel está conectado a su herencia.

Y por cierto, no considero que ésta sea una versión del judaísmo reformista. Más bien, llevo a cabo los mitzvot tal como son y con la visión de que el judaísmo es una religión en constante evolución que constantemente recibe actualizaciones del sistema, como lo requieren nuestra vida y nuestros tiempos, pero sin descartar sus principios fundamentales.

Por ejemplo, el judaísmo solía ser el producto del aislamiento en la diáspora durante 2.000 años, pero ahora nos hemos convertido en una nación independiente que ha reclamado su soberanía en su país de origen. Un número creciente de personas son como yo y no se sienten obligados a cambiar como es, o su estilo de vida en general y sus preferencias personales en asuntos culturales y sociales, solamente porque se han vuelto más religiosos.

Estamos contentos con lo que somos. No estamos en una zona de penumbra, sino que tenemos una identidad solida. Por eso, en lugar de decirle a la gente que me he fortalecido, prefiero decir que he fortalecido la religión.

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Sunday, April 30, 2017

La recuperación del término jew ('judío' como identificador de un pueblo) - Mark Oppenheimer - NYT



Judío (Jew) es una palabra divertida”, dijo una vez el comediante Louis CK, “porque judío es la única palabra que la forma cortés de denominar a un grupo de personas y una forma de insultar a ese mismo grupo”.

Me acordé de estas sabias palabras el 14 de abril, a mitad de Pascua, cuando el presidente Trump dio un breve discurso reconociendo los dos días de fiesta. Respecto a los otros discursos de Trump, fue bastante decente, un poco por debajo de los adornos Trumpianos, como llamar al Éxodo la historia de “una gente increíble”. No atacó a los inmigrantes, a los periodistas, o al Papa Francisco, y celebró los dos días de fiesta, fue algo tranquilizador.

Pero el discurso del Sr. Trump me molestó, no obstante, porque cayó en un hábito lingüístico bastante común de la mayoría de los estadounidenses, incluso entre la mayoría de los judíos americanos, aunque seguramente sin darse cuenta. Mientras que la palabra “jewish" [N.P.: judío, como relativo al judaísmo y a su cultura] apareció en el discurso, el Sr. Trump no hizo mención de los "jews" (judíos como identificador de un pueblo). En sus observaciones, los “cristianos” celebran la Semana Santa y la resurrección de Cristo, pero eran las familias judías (“jewish”) las que celebraban la Pascua y “el pueblo judío” (jew) era ese que sobrevivió a una larga historia de persecuciones. Había “cristianos” - personas con su propio nombre - y había personas “judías” (jewish), un colectivo solamente descrito por un adjetivo.

El cambio de un sustantivo a un adjetivo fue más discordante cerca del final del discurso, cuando el Sr. Trump oró por una época en la que “la buena gente de todas las religiones, cristianos, musulmanes, judíos (jewish) e hindúes, pueden seguir sus corazones y su culto de acuerdo a su conciencia“.

Este tic verbal no es solamente aplicable a Trump. En su primera declaración sobre la Pascua, en 1981, el presidente Ronald Reagan extendió sus “mejores deseos” a “los judíos (jewish) de todo el mundo”. En el último mensaje de Pascua del presidente Obama, se refirió a las “familias judías (jewish)” por dos veces, pero nunca a los “judíos (jews)”.

Existe, de hecho, una vacilación generalizado a la hora de describir a los judíos como judíos (Jews as Jews). En el 2000, a raíz de la victoria en el voto popular de Al Gore en la elección presidencial, un editor bien intencionado me obligó a volver a escribir una frase de un ensayo sobre Joseph Lieberman, el candidato a la vicepresidencia. Yo había escrito que los estadounidenses habían “elegido a un judío (jew) como vicepresidente”, pero el editor - un no judío - me hizo cambiar el texto a “un vicepresidente judío (jewish)”. El sabía que escribir “vicepresidente judío (jew)”, incluso en un artículo positivo de un reportero judío, era para algunos clientes ofensivo.

Nosotros los judíos, también retrocedemos a la hora de denominarnos a nosotros mismos judíos (jews). En mi experiencia como editor de una publicación centrada en las noticias y la cultura judía (jewish), me he dado cuenta que muchos escritores judíos - yo mismo incluido - evitan con frecuencia en sus artículos denominar a alguien como judío (jew). Frecuentemente mencionan a “políticos o artístas judíos (jewish)", pero no como "judíos (jews)".

Al igual que nuestros amigos no judíos, nosotros los judíos hemos sido condicionados a pensar que “judío (jew)” implica algo malo. Decimos “algunas personas judías (jewish) muy agradables...”, en lugar de “algunos judíos (jews) muy agradables...”.  Decir es “un verdadero cristiano” es un cumplido, pero afirmar que es “un auténtico judío (jew)” puede ser considerado un insulto. “Un auténtico judío (jew)” puede sonar algo mezquino, burdo o agresivo, algo que no es bueno.

Hay razones comprensibles para que uno pueda preferir la frase una “persona judía (jewish)” a un “judío (jew)”. Por un lado, a los antisemitas les encanta hablar de “judíos (jews)” y “Los judíos (The Jews)”. El sustantivo ha sido un insulto, en inglés, desde el siglo XVII y a los odiadores de todo lo judío (jew) en el mundo, la Judeidad, con toda la perfidia genéticamente hereditaria que implica, es un rasgo esencial e imborrable. Ya se trate de la mancha por haber matado supuestamente a Jesús, o por una supuesta capacidad innata para la avaricia o el engaño, los vicios percibidos por el antisemita pertenecen al “judío (jew)”, no a alguien que resulta ser una persona judía (jewish). Los antisemitas han hecho de “judío (jew)”, un término de oprobio, y el resto de nosotros lo hemos aceptado.

Pero hay otra razón para que los propios judíos prefieran “jewish”. Muchos de nosotros no pensamos que la Judeidad sea el elemento central de nuestra identidad. Si de lo que estamos hablando es de una herencia étnica, pero una que no nos define de una manera importante, podemos sentir con razón que “judío (jewish)” parece una afirmación más modesta, más débil que “judio (jew)”, al igual que “soy alemán suena un poco más suave que soy un alemán". Lo primero es puramente descriptivo, lo último parece poseer algo de orgullo.

Es precisamente porque “judío (jew)” contiene algo de orgullo, por lo que deseo que se utilice más. Los judíos, al igual que otros grupos minoritarios o marginados, tienen derecho a un sustantivo que identifiquen como propio. Aunque un término puede tener tantos significados como personas que lo asuman, no importa. Cuando se nos pregunta tras escrutar nuestro apellido o rasgos faciales, “¿Cuál es su herencia?”, debemos ser capaces de responder, asumiendo lo que implica, “yo soy un judío (I’m a Jew)”.

Para para la mayoría de nosotros, utilizar tal sentencia nos haría sentir extraños, incluso nos daría miedo. Pero no tiene por qué. No debería.

Como Cynthia M. Baker señala en su libro sobre la palabra "judío (Jew)", los judíos no han tenido la propiedad sobre el término "judío (jew)" y no han controlado el discurso sobre él en la mayor parte del últimos 2.000 años. “Fueron los cristianos quienes hablaban de los judíos (jews), mientras que nuestro término preferido para nosotros era israelita o hebreo. Pero ahora esos términos suenan anticuados, y es improbable que puedan ser restablecidos con la misma significación: la fundación del Estado de Israel y el renacimiento de la lengua hebrea han dado a esas palabras otras connotaciones".

Pero ya es hora de que retomemos el término “judío (jew)”. Podemos hacerlo mediante un mayor uso de la palabra por nosotros mismos, y dando a todos los demás permiso para llamar a los judíos, judíos (jews, jews). Judíos es lo que somos, después de todo, y los antisemitas no deben ser los únicos que lo afirmen.

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